"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

¿Qué está causando la pérdida de memoria? No se trata únicamente de Alzheimer (II)

Por el Dr. Gary G. Kohls, 8 de febrero de 2018

globalresearch.ca

Parte I

La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud. El impacto del control profesional sobre la medicina, que inhabilita a la gente, ha alcanzado las proporciones de una epidemia. Iatrogénesis, el nombre de esta nueva plaga, viene de iatros, el término griego para “médico”, y de genesis, que significa “origen”. La discusión de la enfermedad del progreso médico ha cobrado importancia en las conferencias médicas, los investigadores se concentran en los poderes enfermantes de la diagnosis y la terapia, y los informes sobre el paradójico daño causado por curas contra enfermedad ocupan cada vez mayor espacio en los prontuarios médicos”. Némesis médica, Iván Illich.

El comienzo: la historia de Alois Alzheimer

En 191o, el psiquiatra alemán Alois Alzheimer publicó el caso clínico de una paciente con demencia y “mentalmente enferma” que presentaba unas características peculiares al realizar la autopsia de su tejido cerebral. En el estudio, incluyó dibujos de lo que había visto. Los dos hallazgos, 1) los ovillos neurofribilares y 2) las “placas seniles”, se convirtieron en los signos fundamentales del trastorno que pronto recibió su nombre. Esos peculiares descubrimientos son a nivel microscópico y, por lo tanto, sólo son visibles mediante autopsia. Por lo tanto, no se puede realizar un diagnóstico certero mientras el paciente se encuentre vivo. Consulte la información de Harvard sobre el diagnóstico diferencial de la enfermedad de Alzheimer. El primer y único paciente con demencia causada por la enfermedad de Alzheimer al que se le realizó una autopsia también mostró una pérdida de ⅓ de las neuronas de su corteza cerebral.

¿Es la llamada epidemia de Alzheimer (de “etiología desconocida”) una epidemia iatrogénica inducida por medicamentos y vacunas que la profesión médica y las grandes Empresas Farmacéuticas están tratando desesperadamente de encubrir?

La respuesta probable a esta pregunta es sí, y se podría decir lo mismo sobre otras epidemias gemelas, como son los trastornos del espectro autista y trastornos autoinmunes crónicos entre niños totalmente vacunados en el Primer Mundo.

En sincronía con las aceleradas agendas de vacunación de las últimas décadas, que los observadores de las grandes Industrias Farmacéuticas, de la Industria Médica y las Corporaciones denominaron “Primer Mundo”, observadores cuidadosos, no cegados y sin conflictos de interés, están presenciando y documentando las siguientes realidades inconvenientes:

1) Se está produciendo un aumento en el número de vacunas para niños y adultos que tienen ingredientes neurotóxicos inyectados por vía intramuscular y que destruyen la barrera hematoencefálica, tales como el aluminio, el formaldehído, el glutamato y virus vivos;

2) El uso generalizado y crónico de medicamentos psicotrópicos se sabe que causan daño cerebral, destrucción de la barrera hematoencefálica, presentan toxicidad para los mitocondrias y demencia;

3) El uso generalizado de estatinas que disminuyen el colesterol (que provoca la disminución de sustancias esenciales, que también proporcionan energía, como la sustancia CoQ10), también se sabe se provocan pérdida de memoria, depresión y toxicidad mitocondrial;

4) La ingestión de sustancias neurotóxicas, como el fluoruro y el plomo, que contaminan los suministros municipales de agua potable.

5) La ingestión generalizada de una gran variedad de alimentos tóxicos y poco nutritivos que la Industria Alimentaria ha puesto en nuestra dieta, como colorantes, NutraSweet, Splenda, aceites que contienen grasas trans y margarinas, glutamato monosódico y otros productos químicos tóxicos que se encuentran virtualmente en todos los alimentos no ecológicos; y

6) Etc, etc, etc.

No es coincidencia que también se haya producido paralelamente un aumento de los siguientes trastornos: la alarmante y creciente incidencia de enfermedades crónicas, trastornos autoinmunes en la infancia y trastornos del espectro autista (ver esto), y un aumento alarmante en el diagnóstico de enfermedades mentales y demencias de etiología supuestamente “desconocida”.

Pero se echa la culpa de ambos tipos de trastornos, de manera conveniente y falsa, a la “genética” por aquellos que al menos son parcialmente responsables. Y debe señalarse que hay evidencias sólidas para afirmar que la causa sea genética.

Los trastornos que no se han confirmado en pruebas de laboratorio son trastornos tales como el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), desorden del espectro autista (TEA), Asperger, trastornos del aprendizaje, desorden obsesivo-compulsivo (TOC), trastorno bipolar, síndrome de la Guerra del Golfo, “enfermedades mentales de etiología desconocida”, etc. Estos diagnósticos, supuestamente de “etiología desconocida”, son en realidad realidades multifactoriales, que a través de inteligentes esfuerzos de mercadotecnia y la estudiada ignorancia de sus causas reales, están siendo tratados ciegamente con sustancias químicas que alteran el cerebro y que no tienen ninguna posibilidad de curar nada, incluida la llamada enfermedad de Alzheimer.

Es importante preguntar y exigir una respuesta honesta a esta importante pregunta: “¿Podría haber alguna conexión entre la excesiva prescripción cada vez más común de medicamentos inmunotóxicos, neurotóxicos, tóxicos para las mitocondrias, tóxicos para las barrera hematoencefálica, sintéticos y las agendas de sobrevacunación bendecidas por los organismos de salud y medicamentos antipsicóticos (AAP), que tan a menudo se emplean para los trastornos que supuestamente “no tienen causa conocida”? Cualquier estudiante de primaria respondería a ese pregunta poniendo los ojos en blanco y diciendo: ¡por supuesto!

La epidemia estadounidense de “desórdenes de origen desconocido” económicamente incapacitantes (de hecho, la bancarrota) ¿podría ser reconocida como una epidemia de supuestos “desórdenes de origen desconocido”, tener unas causas reconocibles y por lo tanto ser curables y, lo que es más importante, prevenibles, en lugar de ser “manejados” crónicamente con medicamentos recetados a unos precios inaccesibles, que tendrían que ser evaluados, renovados, o continuar con visitas mensuales a los consultorios médicos durante el resto de su vidas?

Son preguntas muy importantes, especialmente en el caso de las epidemias de enfermedades crónicas en los Estados Unidos. Hay muchas organizaciones de defensa del paciente que están siendo financiadas por grandes corporaciones con fines lucrativos, que no donan dinero por la bondad de su corazones de hojalata. Tales Asociaciones de Pacientes respaldadas por la Industria Farmacéutica hacen todo lo posible por ocultar este apoyo financiero, que reciben de fundaciones, dulces protectores y otros inversores.

Muchas Asociaciones de Pacientes tienen motivaciones ocultas, aunque muchas de ellas tienen un carácter altruista que apenas sobreviven de unas pocas y modestas donaciones. Estas asociaciones están tratando de hacer lo correcto y no aceptan dinero de las grandes corporaciones, que están a la caza del dinero. Asociaciones como la Asociación de Pacientes de Alzheimer, NAMI, MakeitOK y la Asociación Estadounidense de la Enfermedad de Parkinson, están recibiendo mucho dinero de las Grandes Empresas y de algunas fundaciones de Grandes Negocios bastante nefastas. Los dirigentes de tales Asociaciones de Pacientes actúan como si ignorasen (o ignoraran deliberadamente) el hecho de que muchos de los medicamentos recetados, especialmente los psicotrópicos, provocan dependencia. Y una potencial causa de daño cerebral irreversible.

El uso durante un largo período de tiempo de medicamentos psicoactivos neurotóxicos fácilmente podría perjudicar los síntomas de trastornos neurológicos ( y por lo tanto psicológicos) debido al daño causado a las células cerebrales, algo que puede suceder si se lesionan o se eliminar una gran cantidad de mitocondrias de las células cerebrales (Nota: Vea la información sobre los medicamentos y las mitocondrias).

Uno de los grandes problemas de la cultura, los medios e Industria médicas controladas por las empresas estadounidenses, es que las grandes empresas farmacéuticas, que se dedican a desarrollar, comercializar y beneficiarse de sus medicamentos y vacunas, tienen un especial interés en difundir que no se conocen las causas y no hay medios de cura para aquellos trastornos para los cuales tienen productos a la venta.

Todos hemos escuchado alguna vez una estratagema muy común y que genera mucha desinformación, que no ha sido comprobada y que es muy simplista: según nos dicen, aquellos que quieren vendernos un medicamento o vacuna, “el problema es de origen genético”, lo que implica que el trastorno no es prevenible ni curable. Esto quiere decir que la actual epidemia de trastornos iatrogénicos, como la epidemia de opiáceos (iatrogénica= causado por un médico, un tratamiento o por un medicamento recetado), no es responsabilidad de los medicamentos o vacunas tóxicas fabricadas por la Industria Farmacéutica o la Industria Médica. Y los infelices de nosotros, tanto los tragamedicamentos como los que los prescriben, para nuestra vergüenza, con demasiada frecuencia no cuestionamos esta mentira tan descarada.

Debiera ser una preocupación para todos los que conocen o tratan a pacientes con demencia o con Parkinson, que las Asociaciones de Pacientes más poderosas y con mayores cantidades de dinero y de personal, conocidas por ser una fachada de las grandes Empresas Farmacéuticas, que se benefician de cualquier medicamento virtualmente inútil ( y que no cura) para la demencia, como Aricept de Pfizer, Exelon de Novartis, Namenda de Eli Lilly y Razadyne de Jansen.


Curiosamente, Pfizer anunció el mes pasado que estaba desistiendo en sus intentos de buscar y probar nuevos medicamentos contra la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. Han cerrado ambas secciones de investigación de estas dos enfermedades. Pfizer observó que estaba desperdiciando grandes cantidades de dinero en lo que ahora reconocen como una búsqueda inútil de nuevos medicamentos. Dichas búsquedas todavía son perseguidas por muchas empresas farmacéuticas, de momento. Las acciones de Pfizer cayeron un 4% al hacer dicho anuncio.

Pero tanto el Alzheimer como el Parkinson son trastornos neurodegenerativos cuyas principales características son daño cerebral permanente en ciertas áreas del cerebro. Sabiendo que ambas enfermedades están causadas por daños cerebrales permanentes e irreversibles, la forma en que cualquier inversor pueda pensar que un producto químico o vacuna pueda ser eficaz como tratamiento o cura, es algo que me supera.

Sin embargo, sabiendo cuán astutas son estas grandes Empresas Farmacéuticas, sospecho que Pfizer, en el caso de su fármaco Aricept, aún gana mucho dinero con su venta. No debería sorprender a nadie que los médicos que lo prescriben sean engañados por la pseudociencia corporativa y la publicidad fraudulenta de la Industria Farmacéutica, como también lo son nuestros pacientes, ya sean por los anuncios comerciales en la televisión, revistas, periódicos o atendiendo a esos hombres y mujeres atractivos que nos traen bolígrafos, pizzas y hojas para anotaciones.

Hace unos días, la BBC informaba de que en la actualidad se están realizando más de 100 ensayos clínicos con medicamentos para el Alzheimer en todo el mundo, pero que “más del 99% de los ensayos de medicamentos para el Alzheimer han fallado en los últimos 15 años”. Así que mientras espera una cura, no aguante la respiración. Pfizer, probablemente haya hecho un movimiento inteligente. Quizás pronto otras empresas farmacéuticas le sigan el ejemplo.

y Parte III

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