"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Reacción de los científicos ante la decisión de los Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París sobre el cambio climático

Lo que la salida de los Estados Unidos de un pacto histórico supone para los esfuerzos de combatir el calentamiento global

Por Jeff Tollefson y Quirin Schiermeier, 2 de junio de 2017

Nature


Nature recoge las reacciones de investigadores de todo el mundo ante la decisión del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de renunciar al Acuerdo sobre el clima de París.

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Jane Lubchenco, bióloga marina de la Universidad Estatal de Oregón, Corvallis, ex administradora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos:

¿Por dónde empezar? La decisión del Presidente Trump de retirarse del Acuerdo de París muestra un enorme desprecio ante los deseos de la mayoría de los estadounidenses y responsables empresariales, una irresponsable y cruel indiferencia ante la salud, la seguridad y el bienestar económico de los estadounidenses, un vacío moral al ignorar el impacto que esto tendrá en los más pobres, tanto de los Estados Unidos como de todo el mundo, y una burda ignorancia ante las abrumadoras evidencias científicas. Lejos de “proteger a los Estados Unidos”, como dijo el Presidente, al abandonar el Acuerdo de París, los Estados Unidos serán más vulnerables y disminuirá su liderazgo a nivel mundial. Resulta aterrador que la persona que debiera ser un ejemplo ante el resto del mundo sea tan arrogante e irresponsable.

Nuestro futuro colectivo y el de la mayor parte del resto de la vida en la tierra depende de afrontar los efectos del cambio climático y la acidificación de los océanos. Hacerlo requiere de una acción colectiva. Es difícil imaginar que alguien decida conscientemente dejar un legado mísero, con más problemas económicos, con un clima cada vez más errático, con un mayor impacto en la salud, desde mayores temperaturas a la propagación de enfermedades, el aumento del nivel del mar e inundaciones. Pues bien, eso es lo que ha hecho este Presidente. Además, el nuevo rumbo y los nuevos presupuestos dejan a un lado importantes oportunidades económicas.

Afortunadamente, alcaldes, gobernadores, líderes religiosos, científicos y ejecutivos, entienden lo que está en riesgo, respetan las evidencias científicas y ven el potencial económico y los imperativos morales de una transición hacia las energías renovables, para adaptarse a los cambios que ya se han producido, realizando investigaciones científicas que guíen las futuras decisiones. Hay un enorme impulso económico para seguir en esta línea, pero sería más efectivo si detrás hubiese un fuerte apoyo por parte del Presidente. Por desgracia, el ha decidido esconder la cabeza en la arena.

Jean-Pascal van Ypersele, científico climático de la Universidad Católica de Lovaina, Lovaina-la-Nueve, Bélgica, y ex Vicepresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC):

La decisión del Presidente Trump de presentar una solicitud para abandonar el Acuerdo de París en 2020 me parece lamentable. Niega los resultados de análisis científicos serios (muchos de ellos realizados por científicos estadounidenses) sobre la urgencia de abordar el problema del cambio climático, y las evaluaciones rigurosas realizadas por el IPCC sobre los aspectos técnicos y socieconómicos de las opciones de respuesta, entre los que se encontrarían los importantes beneficios en otros ámbitos, como la mejora de la calidad del aire, la seguridad energética, la salud o la creación de empleo.

El discurso del Presidente Trump, en el que intentó justificar su decisión, fue un popurrí de los aturullados argumentos de los que niegan el cambio climático y de los lobbies del combustibles fósiles.

Los Estados Unidos han desempeñado un papel muy importante a los largo de los años para fomentar la investigación científica de calidad sobre las causas y los procesos del cambio climático, los riesgos potenciales y las opciones de respuesta. Es una lástima que este liderazgo por parte de los Estados Unidos se pierda temporalmente. Otros países de Europa, Asía y de economías emergentes, probablemente compensen esta pérdida, transformado estas dificultades en nuevas oportunidades.

Casi 150 países, que representan el 85% de las emisiones de gases de efecto invernadero, han ratificado el Acuerdo de París. Al eliminar la contribución estadounidense a este total, son casi los ⅔ de las emisiones están cubiertas por el resto de países, que han confirmado su deseo de no abandonar el Acuerdo. Esto significa que la transición hacia una economía baja en carbono ahora se ve como una oportunidad para muchos, con o sin los Estados Unidos.

Susanne Dröge, investigadora de política climática del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad, Berlín:

La salida de los Estados Unidos es una mala noticia en lo que se refiere a las acciones contra el cambio climático a nivel internacional. Esto lo hará todavía más difícil, sobre todo porque no está claro cómo Trump quiere renegociar el Acuerdo. Lamentablemente, la atención política se dirige hacia esta actitud de los Estados Unidos, una atención que se debiera poner en cosas mucho más importantes, como la de llevar las acciones sobre el clima hacia adelante.

Thomas Stocker, ex copresidente de Ciencia Climática del IPCC y físico climático y ambiental de la Universidad de Berna, Suiza:

La decisión de Trump de ignorar las evidencias científicas del cambio climático y los elevados riesgos de sus impactos es algo irresponsable, no sólo hacia su propia gente, sino también hacia todas las personas y la vida que se sustenta sobre la tierra. La Administración estadounidense prefiere las viejas tecnologías frente a la innovación y la transformación. Está rechazando unos enormes beneficios, incluidos los de la próxima revolución industrial, la descarbonización.

Estados Unidos es el segundo mayor emisor de dióxido de carbono de todo el mundo (y ha contribuido, junto con Europa, al 52% de todas la emisiones acumuladas de carbono desde la industrialización). Abandona su responsabilidad histórica de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero encabezando el camino a seguir. Dado el compromiso de la mayoría de los países para reducir las emisiones y el firme liderazgo de Europa, China y Rusia en la transición hacia una economía descarbonizada, los Estados Unidos corren el riesgo de quedarse atrás y de perderse una de las mayores oportunidades económicas de nuestros países.

Susan Lozier, oceanógrafa de la Universidad de Duke, Durham, Carolina del Norte:

La decisión de Trump es tan miope como desalentadora. Los océanos ya contienen alrededor del 35% del dióxido de carbono que se ha lanzado a la atmósfera desde la Revolución Industrial, nada bueno ni para el océano ni para la vida que hay en él. Si admiramos la vida marina y la fuente de subsistencia que también supone, esta decisión no es nada favorable. Un océano ya frágil de por sí, se pone todavía más en peligro.

Kevin Anderson, subdirector del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático, Manchester, Reino Unido:

Bajo el velo de la retórica de más bajas emisiones de carbono recogidas en el Acuerdo de París, no hay evidencias de que haya un programa de reducción de las emisiones a la escala de nuestras obligaciones internacionales. La decisión, ostensiblemente imprudente de Trump, puede ser utilizada como una excusa adicional para continuar con esta apatía, o como un catalizador para transformar nuestra cómoda retórica en una acción significativa y oportuna. En este sentido, los ignorantes desaciertos de Trump pueden ser utilizados en sentido positivo, y de ser así podría obligarnos a renunciar a nuestra dependencia cada vez mayor de tecnologías de carácter especulativo y de un aumento en las emisiones de carbono, y comenzar a dar forma a una agenda de reducción que sea apta para nuestros propósitos.

Hay que tomar la decisión de Trump en su sentido nominal. Si tiene éxito en restituir en los Estados Unidos una economía basado en el carbón (algo que parece poco probable), entonces la Unión Europea necesitaría tomar prestada una legislación “proteccionista” sobre las emisiones de carbono y aplicarla a los productos importados.

Hay que situar a Trump en un contexto. Los estados y las ciudades de los Estados Unidos tienen muchas atribuciones transferidas, y muchos de sus responsables apoyan las evidencias científicas sobre el cambio climático.

Joeri Rogelj, investigador sobre la energía en el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, Laxenburg, Austria:

El abandono de los Estados Unidos del Acuerdo de París es algo perjudicial frente a los esfuerzos de colaboración internacional para limitar los efectos del cambio climático, pero probablemente sea más perjudicial para la propia economía estadounidense. Los Estados Unidos ha decidido marginarse a nivel internacional, diplomático y moral, no para prepararse para el futuro, sino para mirar hacia el pasado durante algunos años más. Otras importantes economías, entre China y la Unión Europea, han manifestado su firme compromiso con la aplicación del Acuerdo sobre el clima. Es una señal que impulsará la innovación y el desarrollo empresarial en estas regiones. Sin embargo, el Gobierno estadounidense se niega a establecer una dirección clara para la empresas y desprecia las evidencias científicas más sólidas al tomar esta decisión. Al establecer la investigación, la innovación y las prioridades de negocios en unas metas ficticias a corto plazo, los Estados Unidos perderá este barco y podría convertirse en un país rezagado a nivel mundial en tecnología e innovación.

El problema del cambio climático es un problema mundial y acumulativo, que no se va a resolver con el Acuerdo de París, pero que requiere de actuaciones que aumenten en intensidad y de ajustes en la lucha contra el cambio climático. Para frenar el cambio climático, las emisiones mundiales de dióxido de carbono deben limitarse de modo que las emisiones anuales se reduzcan a cero. Un país que no cumple sus compromisos requiere que otros las recorten aún más. Esto hace que el problema sea más difícil y menos equitativo en la forma de resolverlo.

Oliver Geden, investigador visitante en el Instituto de Ciencia, Innovación y Sociedad, Universidad de Oxford, Reino Unido:

Los Estados Unidos abandonó el liderazgo en la lucha contra el cambio climático el mismo día que Trump tomó posesión. En marzo, Trump ya anunció que anulaba las leyes que sobre el cambio climático se habían aprobado en la era Obama. Así que ha quedado claro que el Gobierno Federal de los Estados Unidos no va a hacer nada sobre el cambio climático en un futuro previsible. Retirarse del Acuerdo de París es sólo otro paso más, aunque tenga una elevada carga simbólica.

De momento, parece que esta medida ha logrado juntar al resto del mundo, aunque sólo sea a nivel simbólico. Es muy fácil para un Gobierno decir que mantendrá lo firmado en el Acuerdo de París. Sin embargo, en un régimen de política climática que pretende una reducción en el aumento de la temperaturas medias, otros Gobiernos tendrían que intensificar y aumentar sus restricciones en las emisiones y actuar en consecuencia. Eso es, obviamente, lo más difícil de hacer.

Katharine Hayhoe, directora del Centro de Ciencias del Clima de la Universidad Tecnológica de Texas, Lubbock:

El mayor perdedor de la decisión podría ser los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque aunque el Acuerdo de París es un tratado sobre el clima, un triunfo basado en evidencias científicas, también es mucho más: un acuerdo comercial, un plan de inversión y un fuerte incentivo para la innovación energética y la economía del futuro.

A principios de esta semana, la India superó su propio récord en cuanto a las ofertas más bajas de electricidad producida por la energía solar. El mes pasado, Ernst & Young reseñaron como uno de los mercados más atractivos el de las energías renovables: Estado Unidos se queda en tercer lugar, por detrás de China y la India. Y a principios de este año, China anunció una inversión de 360.000 millones de dólares en energías limpias que crearán unos 13 millones de nuevos empleos. El anuncio de los Estados Unidos muestra que hará todo lo posible para dar marcha atrás, mientras que el resto del mundo se mueve hacia adelante.

Es cierto que las políticas del Gobierno federal son solamente una parte del pastel, ni siquiera la más grande. Las ciudades, los Estados y la Industria privada han desempeñado un papel aún más importante en la configuración de la innovación tecnológica en el campo de la energía y la reducción de las emisiones de carbono en los últimos diez años, incluso bajo una política climática preventiva del Gobierno federal. Pero el anuncio de Trump lanza un mensaje contundente de que los Estados Unidos prefieren ser una de los dos únicas naciones del mundo que no están interesadas en prevenir la “peligrosa interferencia humana en el sistema climático” ¿Cuál es esa otra nación? Siria, un país destrozado por la guerra. (Tenga en cuenta que Nicaragua también rechaza el acuerdo, pero en este caso porque piensa que hay que hacer más, no menos).

Atte Korhola, investigadora de políticas climáticas y cambio ambiental en la Universidad de Helsinki, Finlandia:

El abandono de los Estados Unidos del Acuerdo de París es algo decepcionante, que no favorece a los Estados Unidos y el resto del mundo. Muchos científicos consideran que el Acuerdo de París es insuficiente para limitar el calentamiento a 2º C, por lo que la tarea será aún más difícil. Sin embargo, los acuerdos internacionales sobre el clima no han sido muy eficaces hasta ahora en reducir las emisiones, por lo que todavía queda la esperanza de los Estados Unidos actúe en otros frentes, como acuerdos bilaterales, desarrollo de tecnologías limpias e inversiones en nuevas tecnologías de “emisiones negativas”.

Pero los planes de la Administración Trump de recortar en más del 30% el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y alrededor del 70% de los fondos para la investigación y desarrollo de energías renovables apuntan en otra dirección. La situación, en todos los sentidos, es deprimente. La única esperanza es que los Estados, las ciudades y las empresas estadounidense continúen con su trabajo de reducción de las emisiones.

Benjamin Santer, científico climático del Lawrence Livermore National Laboratory, California:

En la obra Julio César de Shakespeare, Bruto dijo esta famosa frase: “En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas”.

Hoy, día en el que los Estados Unidos abandonó el Acuerdo Climático de París, se perdió esa marea que se toma a tiempo. Lejos de “Hacer grande a América de Nuevo”, esta decisión condena a los Estados Unidos a convertirse en una de las viejas glorias del pasado. Nos volveremos cada vez más irrelevantes para el mundo. El resto marcha hacia adelante, nosotros retrocedemos.

Hans Joachim Schellnhuber, Director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, Potsdam, Alemania:

No supondrá esencialmente un obstáculo en la lucha contra el cambio climático si Estados Unidos realmente abandona el Acuerdo de París, pero perjudicará gravemente tanto la economía como a la sociedad estadounidenses. China y Europa se han convertido en los líderes mundiales en el camino hacia las energías más limpias y fortalecerá su posición frente a los Estados Unidos, que retrocede a nivel nacional. Sin embargo, estados innovadores como California, la sexta economía mayor del mundo, seguirán adelante en la lucha contra el cambio climático. El pueblo de Washington se esconde en las trincheras del pasado en lugar de construir otro futuro. No reconocen que se han terminado las guerras climáticas mientras se busca una prosperidad sostenible.

David Victor, experto en política climática de la Universidad de California, San Diego:

Las probabilidades de que otros países renegocien el Acuerdo de París están por debajo de cero. Toda la estructura del Acuerdo de París se basa en permitir a los países que fijen sus propios compromisos. Así que no hay nadie con quien negociar si un país necesita fijar sus propios límites. Las afirmaciones que hablan de que el Acuerdo de París no se alcanzó de manera correcta es un argumento que no se ajusta a la verdad, o que no está informado de cómo funciona realmente este Acuerdo, ni cómo funcionan las artes de otros grandes y complejos acuerdos.

Glen Peters, experto en política climática del Centro para la Investigación Internacional del Clima y el Medio Ambiente, Oslo:

Parece que Trump y sus asesores se han confundido por completo sobre lo que supone el Acuerdo de París. Todas las razones que ha dado para retirarse fueron concesiones que permitieron la aprobación del Acuerdo de París. ¡El Acuerdo de París es el acuerdo que Trump deseaba!

La genialidad del Acuerdo de París es el de permitir que los países cumplan con aquellas promesas que crean pueden cumplir (unas contribuciones determinadas a nivel nacional). Las intenciones de Estados Unidos fue presentada por el propio Estados Unidos. Los países ya están aprobando su plan de emisiones, y como podría esperarse del diseño del Acuerdo de París, la mayoría de los países muestran signos de superación de sus iniciales promesas de emisiones. China parece que podría alcanzar un pico de emisiones dentro de una década antes de lo prometido. La India ha frenado el consumo de carbón y acelerado las instalaciones solares. Incluso los Estados Unidos ha hecho grandes progresos en la última década, y estaba a punto de hacer más.

¡La ironía es que el Acuerdo de París es un acuerdo flexible adaptado a las circunstancias nacionales, algo que el propio Trump defiende!

Myles Allen, científico climático de la Universidad de Oxford, Reino Unido:

El Acuerdo de París está lejos de ser un acuerdo perfecto, y uno de sus problemas, como lo estamos comprobando ahora, es el de la falta de penalizaciones en caso de incumplimiento o abandono del acuerdo. Hablar de sanciones económicas es una hipérbole y lo último que el mundo necesita ahora mismo. Pero tal vez es hora de pensar en una simple etiqueta añadida a los productos: “Producto fabricado en una región que apoya el Acuerdo Climático de París”. Mientras California y Oregón dicen que cumplirán los términos del Acuerdo de París de todos modos, podría haber una interesante discusión sobre cómo se podría poner en un zumo de naranja de California, o en las computadoras con microprocesadores Intel.

Aunque resulte algo doloroso para los partidarios del acuerdo, reconocer que no es perfecto también debe ser parte de la respuesta a esa propuesta de renegociación de los términos de participación de los Estados Unidos. Algunos verán en esto una táctica de distracción. Otros dirán que incluso renegociar supondría un triunfo político para Trump. Pero si pensamos más allá de 2020, finalmente deberíamos encontrar una forma para que el acuerdo fuese más efectivo y aceptable para las naciones, empresas e individuos que poseen importantes reservas de combustibles fósiles, o los Estados Unidos no será el único país en abandonar el Acuerdo Climático de París.

Benjamin Sanderson, experto en modelos climáticos en el Centro para la Investigación Atmosférica, Boulder, Colorado:

El anuncio de hoy, de que los Estados Unidos abandonan el Acuerdo de París, es algo lamentable, pero no es el momento para fatalismos. A partir de este punto, surgen grandes incertidumbres sobre los esfuerzos mundiales para mitigar los efectos del cambio climático. La evolución del clima a largo plazo depende de los que hagan otros países y agentes, tanto de dentro como de fuera de los Estados Unidos, y su respuesta a la salida de los Estados Unidos del Acuerdo.

Un fracaso del Acuerdo en este momento, con el mismo ritmo de crecimiento que anteriores décadas, casi seguramente supondría un calentamiento mayor del previsto en los objetivos del Acuerdo de París, y las consecuencias para los seres humanos serían catastróficas. Sin embargo, algunos de los principales restantes signatarios han expresado su compromiso de incrementar la reducción de emisiones, y dentro de los Estados Unidos, muchos estados, ciudades y algunas grandes empresas del país, se han comprometido a una reducción independientemente de la participación estadounidense en el acuerdo.

Las decisiones tomadas hoy se deben considerar en el contexto de las proyecciones sobre el futuro calentamiento y la continuidad de las emisiones, pero hay que hacer más para conocer mejor las consecuencias humanas y económicas de retrasar la lucha contra el cambio climático y cómo enmarcar estas cuestiones en el contexto de otras preocupaciones. El papel de la comunidad científica es más importante que nunca, tanto para seguir proporcionando las mejores investigaciones posibles para la posterior toma de decisiones, como para comunicar cualquier riesgo asociado con nuevas emisiones de forma accesible al público.

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