"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Nuevos documentos detallan el tratamiento de las semillas de cultivos transgénicos con insecticidas neonicotinoides

Por Emily Unglesbee, 16 de enero de 2017

The Progressive Farmer

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ROCKVILLE, Md. (DTN).- Nuevos documentos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) exponen los números sobre el uso de los insecticidas neonicotinoides, que se han extendido silenciosamente por los cultivos de maíz y soja de los Estados Unidos durante los últimos 5 a 6 años.

Los datos sobre el uso de clotianidina (Poncho, de Bayer), thiametoxam (Cruiser, de Syngenta) e imidacloprid (Gaucho, de Bayer y Valent USA) eran escasos hasta hace poco, en parte debido a que la EPA no regula los tratamientos de las semillas de la misma manera que hace de las aplicaciones de las hojas de los cultivos o del suelo con esos mismos productos químicos.

Ahora, las evaluaciones de riesgo de tres insecticidas neonicotinoides en tres polinizadores y organismos acuáticos, publicadas el pasado 12 de enero, revelaron lo que ya muchos sospechaban: estos productos químicos se encuentran por todas partes.

La EPA estima que entre 17 y 25 millones de hectáreas de maíz están siendo tratadas cada año con clotianidina (del 45% al 65% de todas las hectáreas de maíz cultivadas en los Estados Unidos) y entre 10 millones y 17 millones de hectáreas de maíz son tratadas con thiametoxam (lo que supone del 26% al 45% de las hectáreas de maíz cultivadas en los Estados Unidos).

Esto significa, que casi la totalidad del maíz cultivado en los Estados Unidos esté probablemente tratado con alguno de estos insecticidas.

En estos mapas se puede observar el aumento de la superficie tratada con el insecticida neonicotinoide imidacloprid, que creció ampliamente entre 2006 y 2014 (Foto cortesía de la EPA y USGS).

En estos mapas se puede observar el aumento de la superficie tratada con el insecticida neonicotinoide imidacloprid, que creció ampliamente entre 2006 y 2014 (Foto cortesía de la EPA y USGS).

 

En los cultivos de soja, de 5 a 8 millones de hectáreas son tratadas con tiametoxam (del 16 al 25% de todas las hectáreas de soja cultivadas en los Estados Unidos); y 800.000 hectáreas son tratadas con clotianidina cada año. Es probable que el número de hectáreas de cultivo de soja tratadas con imidacloprid sean también considerables, aunque la EPA no ha aportado información sobre este insecticida. Sin embargo, la Agencia estimó que se aplicaron 400.000 kilogramos de imidacloprid en la soja en el año 2014. En comparación, esta cantidad es de casi tres veces la cantidad de thiametoxam aplicada en la soja cada año, que representó de 5 millones a 8 millones de hectáreas.

Remolque cargado de semillas recubiertas con un insecticida.

Remolque cargado de semillas recubiertas con un insecticida.

Estos números representan un importante cambio en la comprensión del uso de pesticidas en la agricultura, allí donde se pensaba que únicamente se utilizaban herbicidas. En el año 2014, la USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) informó que mientras en el 97% de las hectáreas de maíz cultivadas se aplicaban herbicidas, los insecticidas sólo se usaban en el 13%. Así mismo, en el año 2015, la USDA estimó que el 96% de las hectáreas de soja fueron tratadas con herbicidas, y sólo se aplicaron insecticidas en el 22% de esos cultivos de soja.

Estos nuevos números sobre el tratamiento de las semillas con insecticidas neonicotinoides confirman que el uso de insecticidas y herbicidas andan parejos. El uso de los insecticidas se ha mantenido oculto, en forma de tratamiento de las semillas.

La excesiva dependencia del uso de herbicidas, insecticidas y de rasgos genéticos ha generado problemas de resistencia a las plagas.

No es menos cierto que los tratamientos de las semillas con insecticidas neonicotinoides puedan crear problemas similares. El insecticida tiene como objetivo la erradicación de insectos que pican y succionan en los cultivos de maíz y soja, el tratamiento de plagas tales como el gusano de la semilla de maíz, las larvas blancas y el escarabajo de la hoja de la alubia verde.

Dave Fischer, director de seguridad de los polinizadores de Bayer, dijo que las plagas demostraron en el pasado ser mucho más lentas en adquirir resistencia ante los insecticidas neonicotinoides, aunque algunos problemas han aparecido, como el escarabajo de la patata en Colorado.

Fisher defendió la práctica de la Industria de tratar las semillas con productos químicos neonicotinoides, tanto las semillas de maíz como la mayoría de las de soja, independientemente de la posible incidencia de la plaga: “No hay nada malo en asegurar las cosechas. Da mayor flexibilidad al agricultura de suceder esto. Es una práctica parecida a ponerse la vacuna contra la gripe”, dijo.

Es decir, Fisher defiende una “aplicación preventiva” y señaló que es difícil investigar aquellas parásitos presentes en el suelo que los insecticidas neonicotinoides dicen tratar.

A diferencia de la vacuna de la gripe, los plaguicidas neonicotinoides están bajo investigación por el papel que pueden desempeñar en la disminución de la supervivencia y daños en los insectos polinizadores. Estas preocupaciones han llevado a la EPA a realizar evaluaciones de riesgo específicas de los polinizadores y a una revisión de esta clase de productos químicos. Vea la historia de estas evaluaciones aquí:

https://www.dtnpf.com/agriculture/web/ag/news/article/2017/01/13/epa-releases-flurry-risk-assessments

Algunos científicos están siendo muy críticos con el uso generalizado de los insecticidas neonicotinoides. Cuando la EPA publicó un Informe en 2014, las conclusiones determinaron que el tratamiento de las semillas con neonicotinoides no tiene ningún beneficio económico para los productores de soja, y un grupo de científicos de la región central y sureste emitieron declaraciones diciendo que estaban de acuerdo con estas conclusiones.

En una entrevista de DNT con el entomólogo John Tooker, de la Universidad Penn State, comparó el uso por parte de la Industria de los insecticidas neonicotinoides con el uso excesivo del glifosato por parte de muchos agricultores durante la última década.:

Esto parece otro ejemplo más de la Industria Agrícola extendiendo la muerte por doquier. Me gustaría que los agricultores usasen los neonicotinoides cuando fuera necesario, pero al usarlos de manera indiscriminada, su utilidad queda empañada”.

Puede acceder a las evaluaciones de riesgo de la EPA, que contienen datos de uso y superficie cultivada en la que se emplean neonicotinoides: https://www.epa.gov/pollinator-protection/schedule-review-neonicotinoid-pesticides

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