"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

La complicidad de los medios de comunicación en la crisis climática

Por Media Lens, 30 de enero de 2017

Dissident Voice

crisis_climaticaEn un reciente libro del escritor indio Amitav Ghosh se hace referencia a la actual crisis climática impulsada por los procesos industriales como “La Gran Locura”. Durante casi 12.000 años, desde la última Edad del Hielo, la humanidad ha vivido en un período de relativa estabilidad climática, período que se conoce con el nombre de Holoceno. Cuando el Homo sapiens pasó de ser un cazador-recolector nómada a llevar una vida más sedentaria con base en la agricultura, la ciudades crecieron, los seres humanos empezaron a ocupar el espacio y la población mundial alcanzó más de 7 mil millones de personas.

Muchos científicos creen que hemos entrado en una nueva era geológica denominada Antropoceno, en la cual las actividades humanas han “comenzado a tener un fuerte impacto en la geología y los ecosistemas de la tierra”. De hecho, nos enfrentamos a una severa inestabilidad climática inducida por el hombre y a una catástrofe en la pérdida de especies: la sexta extinción masiva en 4 mil quinientos millones de años de historia geológica, pero la única provocada por nosotros mismos.

El jueves pasado, el Boletín de los Científicos Atómicos adelantó el simbólico reloj del Juicio Final 30 segundos, situándose ahora a dos minutos y medio de la medianoche, la hora más cercana a ese fatídico punto desde 1953. Históricamente, el Reloj del Juicio Final ha representado la amenaza ante una guerra nuclear, pero ahora el cambio climático también se reconoce como un peligro extremo.

Las generaciones futuras, advierte Ghosh, quizás miren hacia atrás y se pregunten si estábamos locos para continuar como si nada estuviese ocurriendo. De hecho, muchas personas de hoy en día así lo piensan. Se ha puesto de manifiesto que los Gobiernos prestan un mal servicio a la urgente necesidad de abordar el calentamiento global ( que a veces ni siquiera consideran), mientras que por el contrario abundan en políticas que profundizan la crisis climática. Como dice el escritor y activista Bill McKibben, el Presidente Trump ha nombrado en altos cargos relacionados con la energía y medio ambiente a hombres que:

Nada saben de Ciencia, pero les encanta el carbón, el petróleo y el gas, provienen de Estados con abundantes reservas de combustibles fósiles, como Oklahoma y Texas, y sus carreras han estado lubricada con el dinero del petróleo”.

Rex Tillerson, Secretario de Estado de la Administración Trump, ex Presidente de la empresa petrolera ExxonMobil, una vez dijo a sus accionistas que “de que vale reducir la producción de petróleo si la humanidad iba a sufrir”.

En cuanto al legado de Obama en relación al clima, el célebre científico James Hansen sólo le da una nota “D” (deficiente). Obama habría perdido una oportunidad de oro. Si bien empleó las palabras correctas, evitó tomar las medidas necesarias que se necesitan. Esto contrasta con la opinión del diario The Guardian sobre el legado de Obama, ya que “habría colocado a los Estados Unidos como líder mundial del cambio climático”. El escritor Ian Sinclair se percató de las discrepancias entre los escasos logros de Obama sobre el clima y los comentarios de los medios de comunicación, especialmente de la BBC y The Guardian:

A pesar de la veneración que tienen los medios liberales al ex Presidente de los Estados Unidos, Obama hizo muy poco para proteger el medio ambiente”.

Y así vamos, mientras los líderes políticos se niegan a cambiar el rumbo hacia el desastre, los banqueros y los especuladores financieros continúan arriesgando el futuro de la humanidad con tal de ganar más dinero; las industrias de combustibles fósiles continúan quemando las reservas; las Grandes Empresas contaminan y arrasan los ecosistemas; las guerras, las intervenciones y los acuerdos armamentísticos luchan por unos objetivos geopolíticos de poder, eso sí, con mensajes envueltos en palabras como “paz”, “seguridad” y “Democracia”. Y los medios de comunicación corporativos promueven a todos ellos, actuando como cómplices. “La Gran Locura” está en marcha.

Consideremos, por ejemplo, a los conocidos hermanos Koch, de los Estados Unidos, que han utilizado su inmensa riqueza para asegurar que el sistema político estadounidense no lleve a cabo acciones contra el cambio climático. El científico Michael Mann es franco en este sentido:

Han contaminado el discurso público. Han censurado la información de los medios sobre las evidencias científicas en torno al cambio climático. Han comprado a los políticos”.

Y continúa diciendo:

El número de vidas que se perderán debido al perjudicial impacto del cambio climático será de cientos de millones de personas […] Para mí, no se trata sólo de un crimen contra la humanidad, sino un crimen contra la tierra”.

Pero los hermanos Koch son sólo una mínima parte de un sistema estatal-Corporativo que está camino de llevar al Homo sapiens hacia una catástrofe final.

A principios del mes de enero, las principales agencias climáticas del mundo confirmaron que el año 2016 fue el más cálido de todo el registro moderno. La temperatura global es ahora de 1º C más alta que en los tiempos preindustriales, y los tres últimos años han visto superar sucesivamente un récord tras otro, la primera vez que esto sucede.

Hacia finales de 2016, los científicos informaron de unas condiciones climáticas extraordinariamente cálidas. Los investigadores daneses y estadounidenses se “sorprendieron y alarmaron por las temperaturas del aire, hasta 20º C por encima de lo normal en esa época del año”. Uno de los científicos dijo:

Estas temperaturas se salen literalmente fuera de las gráficas que debieran dibujarse en esta época del año. Es algo que impacta”.

Otro investigador destacó:

Esto va mucho más rápido que los modelos que hemos desarrollado. Es una situación alarmante porque tiene sus consecuencias”.

Son terribles consecuencias. Los científicos han advertido que la fusión del hielo del Ártico, cada con mayor rapidez, podría provocar un cambio climático a nivel mundial incontrolable.

La situación empeora. Un nuevo estudio sugiere que el calentamiento mundial está provocando un aumento del nivel del mar de entre seis y nueve metros, cubriendo las ciudades costeras situadas alrededor del mundo. Mann describe este descubrimiento como algo muy serio y añade:

Pues muy bien podríamos estar en camino de ver un aumento del nivel del mar de varios metros, cuando el sistema climático se vea comprometido por todo el dióxido de carbono que hemos lanzado a la atmósfera”.

O sea, todavía peor.

El Acuerdo sobre el Clima de París del año 2015 supuso un compromiso internacional para mantener el calentamiento mundial por debajo de los 2ºC. Incluso este aumento ya supone una amenaza para la vida tal y como la conocemos. Cuando se solicitó a una docena de climatólogos que dieran su opinión sincera sobre si este objetivo podría cumplirse, ninguno de ellos se mostró optimista. Bill McGuire, profesor emérito de riesgos geofísicos y climáticos en el Colegio Universitario de Londres, fue el que se mostró más firme:

No tenemos más oportunidades que un gato en el infierno [de mantener el aumento de la temperatura media por debajo de los 2ºC]”.

Pero aún hay noticias más alarmantes. El calentamiento mundial podría producirse de una manera tan rápida que podría suponer el “Final de la Partida”. El clima de la Tierra podría ser tan sensible a los gases de efecto invernadero que podríamos incluso llegar a un aumento de las temperaturas de 7ºC en el plazo de la duración de una vida. Mark Lynas, autor del reconocido libro Seis grados: nuestro futuro en un Planeta más Cálido, se sorprendió del estudio de los investigadores, al que describió como “el lado apocalíptico del mal”.

Ocultando los problemas del cambio climático

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿qué decir del Gobierno británico que quiere ocultar un informe alarmante sobre los probables impactos del cambio climático en el Reino Unido? Estos impactos serían:

Una duplicación de las muertes durante las olas de calor; un riesgo significativo para los suministros alimentarios y perspectiva de daños en las infraestructuras por inundaciones”.

En un momento marcado por las llamadas falsas noticias y la política de la post-verdad, ¿no se produce el divorcio con la realidad cuando el Gobierno prefiere ignorar tan destacado informe y mucho menos abordar seriamente la urgencia de la crisis climática?

Un artículo aparecido en The Independent señaló que el informe climático apenas tuvo repercusión cuando fue publicado el pasado 18 de enero en el sito web del Gobierno, el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra):

A pesar de su indudable importancia, la Secretaria de Medio Ambiente Andrea Leadsom no dio ningún discurso ni emitió ninguna declaración, e incluso la cuenta de Twiter de Defra se mantuvo en silencio. Ningún medio de comunicación, que sepamos, dio noticia de este informe”.

El Gobierno dice en el Informe que el cambio climático es una de las prioridades urgentes que deben ser tratadas, incluyendo el considerable aumento de las muertes relacionadas con el calor, las inundaciones en las zonas costeras y los riesgos significativos para la disponibilidad de alimentos en el Reino Unido. Al menos labia sí que tienen. Pero Bob Ward, director de políticas y comunicaciones del Instituto de Investigaciones Grantham sobre Cambio Climático y Medio Ambiente, de Londres, dijo que se estaba asombrado de que el Gobierno hubiera hecho tan poco para dar conocer dicho Informe:

Es como si estuvieran tratando de escabullirse sin que la gente se diera cuenta”.

Las autoridades, los jefes de los servicios de inteligencia y sus aliados los medios de comunicación, no hacen otra cosa que advertirnos de las amenazas a nuestra seguridad, que con frecuencia no suponen otra cosa que un retroceso en la política exterior de Occidente, o para justificar sus propias agendas de creación de un estado de temor. Esto nos quiere decir que se trata de una mentira escondida bajo la retórica del Gobierno y los servicios de seguridad, y no es una preocupación real por el bienestar de la población. La verdad es que los que detentan el poder lo único que pretenden es preservar y aumentar la consecución de sus propias intereses, en su propio beneficio, seguir manteniendo su dominio.

Amitav Ghosh señala con razón que los Estados más poderosos mantienen su posición de privilegio en gran parte por unas economías basadas en el carbono, precisamente aquello que amenaza al mundo:

Vivimos en un mundo que ha sido profundamente remodelado por el Imperio y sus contrastes. El contraste entre el poder de las diferentes naciones quizás sea hoy en día mayor que nunca. Estas diferencias están estrechamente relacionadas con las emisiones de carbono. Por lo tanto, la distribución del poder en el mundo está en el meollo de la crisis climática”. (Ghosh, “La Gran Locura”, Universidad de Chicago, Press, 2016, página 146, énfasis nuestro)

Por tanto, enfrentarse al cambio climático supone abordar el problema de la injusticia. Esto requiere no sólo un compromiso con la “redistribución de la riqueza, sino también una redistribución del poder”. Hace hincapié en un punto crucial:

Desde el punto de vista del establishment de la seguridad orientado hacia el mantenimiento de un dominio mundial, este es precisamente el escenario más temible. Desde esta perspectiva, la continuación del statu quo sería la situación más deseable” (Ibid., pág. 143, énfasis nuestro).

El mito del periodismo libre y sin miedos

Los medios de comunicación corporativos no están de ninguna manera separados de este statu quo del poder estatal-corporativo, y no son una valiente ventana neutral frente a los poderos sectores de la sociedad. Al contrario, los principales medios de comunicación son un componente intrínseco de este sistema dirigido en beneficio de las élites. Los medios de comunicación son, de hecho, la facción de relaciones públicas de un red mundial de explotación, abuso y destrucción. La crisis climática es el síntoma más grave de este terrible aparato global.

Por ejemplo, los Informes económicos suelen estar desconectados de los informes sobre la crisis climática. A juzgar por la falta de atención dada al tema del clima en el Autumn Statement del año pasado, ya fuera por parte del propio Philip Hammond o por los medios de comunicación que informaron sobre ello, la emergencia del calentamiento global había desaparecido casi milagrosamente. Es como si hubiera dos planetas separados: uno donde sólo se dan hechos económicos y otro acosado por las incertidumbres del cambio climático.

Algunos lectores dirán: “¿Pero al menos los medios de mayor difusión sí que informarán sobre las cuestiones relacionadas con el clima con algo de honestidad?”. Sí, hacen un buen trabajo en informar sobre asuntos científicos (aunque a veces la BBC ha sido acusada de tratar el tema con bastante parcialidad). Pero rara vez hablan de las medidas necesarias y radicales que hay que tomar para hacer frente a la crisis climática, o la naturaleza y alcance de los negacionistas del cambio climático. Es un tema tabú, pero algo no menos importante, y eso porque plantearía preguntas incómodas sobre el desenfrenado neoliberalismo, que por ejemplo abordó Naomi Klein en sus libro “La Doctrina del Shock” y “Esto lo cambia todo”.

Como observa Ghosh, el Capitalismo y el Imperialismo están entrelazados en provocar la crisis climática. Pero, ¿cuándo en la BBC en alguna de sus secciones se ha denunciado esta obvia verdad? Su silencio es vergonzoso, tanto más por su responsabilidad declarada hacia aquellos que la financian. Incluso por el hecho de que “vivamos en un mundo profundamente remodelado por el Imperio y sus contrastes… permanece en gran medida sin reconocer”. (Ibid., pág. 146). Desde luego que no es algo que reconozca la propia BBC y el resto de los principales medios de comunicación hacia los que la gente se supone que debiera estar agradecida. La BBC todavía refleja sus orígenes en el Imperio y el establishment, al mismo tiempo que falsamente declara su independencia e imparcialidad. Consideremos, por ejemplo, al ex Vicegobernador del Banco de Inglaterra, David Clementi, que acaba de ser confirmado como el nuevo Presidente de la BBC. Así es como funciona el sistema estatal de medios corporativos. Un ex banquero será el nuevo Presidente de una BBC que se dice independiente, y nombrado por el Gobierno. Todo esto forma parte de la ficción de la pluralidad de medios, de la “imparcialidad” y la “libertad” sin “interferencia política”.

Incluso cuando The Guardian publicó una página sobre el cambio climático el día en que el Presidente Trump asumió el cargo, bajo el título “¿Quiere ser un activista del clima?”. Quería dar una evidente visión comprometida. En el sitio web de The Guardian se decía con orgullo:

Al entrar en la Casa Blanca un escéptico del cambio climático, The Guardian pasará las próximas 24 horas tratando el tema del cambio climático, algo que está sucediendo ahora mismo, y qué podemos hacer para proteger la tierra”.

Pero hemos buscado en vano algún análisis en profundidad de cómo los Grandes Negocios, junto con sus Gobiernos de los que se han apoderado, han empleado enormes recursos para sofocar cualquier progreso en la lucha contra el cambio climático y lo que podemos hacer al respecto. En concreto, ningún compromiso por parte de The Guardian para dejar de incluir publicidad relacionada con los combustibles fósiles. La propuesta de rechazar los anuncios de los villanos medioambientales ha sido adelantada varias veces, incluso por parte del periodista George Monbiot en 2009, tras un reto por parte de Media Lens, pero que no llegó a ninguna parte. La cobertura sobre el clima que da The Guardian se aleja de su propio comportamiento y de sus relaciones con el dinero, el poder y la élite. Mientras tanto, el periódico está plagado de anuncios que promueven emisiones de carbono, especialmente vuelos de corta distancia y vehículos, que irónicamente aparecen al lado de los artículos que hablan de los peligros del calentamiento global.

A pesar de tales flagrantes contradicciones, las omisiones y silencios se vuelven cada vez más falsos de cara a los lectores de The Guardian, que hace repetidos llamamientos a los lectores para que aflojen sus bolsillos. Cuando Trump ganó en las elecciones estadounidenses de noviembre pasado, Lee Glendinning, editor de The Guardian en los Estados Unidos, dijo:

El mundo nunca ha necesitado más del periodismo independiente… que ahora, que es el momento de apoyar el periodismo libre sin miedo”.

La retórica estándar de The Guardian:

Debido a que The Guardian no está obligado con unos accionistas o un propietario multimillonario, podemos informar sin miedo, libres de las influencias comerciales y políticas”.

Al repetir una y otra vez el mito que The Guardian está “libre de influencias comerciales y políticas”, se supone que no hay ninguna duda sobre su naturaleza pública. Pero los lectores se dan cuenta de que están siendo engañados. Y ya no caen en la trampa.

El papel de cómplice que ejerce The Guardian, un guardián liberal de la verdad, no puede ser tratado con honestidad por el propio periódico, ni por los bien recompensados periodistas y comentaristas que escriben regularmente en sus páginas.

La era actual de la “Gran Locura” durará mientras la gente permita que las noticias y los debates estén manipulados por un sistema estatal de medios corporativos, convirtiéndose en cómplices de los daños a la tierra. Necesitamos urgentemente considerar alternativas por el bien de la humanidad.

Media Lens es un organismo de control de los medios de comunicación del Reino Unido, encabezado por David Edwards y David Cromvell. El segundo libro de Media Lens, Neolengua en el siglo XXI, por David Edwards y David Cromwell, fue publicado en 2009 por Pluto Press. Visite Media Lens’s website.

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