"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

King CONG contra Solartopía

Por Harvey Wasserman, 16 de enero de 2017

Common Dreams

La otrora esperanza de la Industria de la Energía en manos de las Corporaciones se ve defraudada por el fracaso de la energía atómica, que es el fracaso de esta tecnología” (Imagen de John Ueland)

La otrora esperanza de la Industria de la Energía en manos de las Corporaciones se ve defraudada por el fracaso de la energía atómica, que es el fracaso de esta tecnología” (Imagen de John Ueland)

Al recorrer la costa del Pacífico entre Los Ángeles y San Diego por la red estatal interurbana de trenes de pasajeros (Amtrak), se pasa cerca de la central nuclear de San Onofre, donde se levantan tres gigantescos reactores atómicos cerrados gracias a las protestas ciudadanas.

Rodeados por hermosas playas de arenas y algunos de los mejores sitios para practicar surf de toda California, los reactores nucleares ahora apagados son un silencioso homenaje a las reivindicaciones en favor de la energía renovable. De ello da fe uno de los movimientos más vigorosos y persistentes de la historia.

Pero a 250 millas de la costa, dos reactores todavía operan en el Cañón del Diablo, rodeados por una docena de fallas tectónicas activas. Se encuentran a menos de 112 kilómetros de San Andrés, aproximadamente la mitad de la distancia de la central nuclear de Fukushima a la falla tectónica que la destruyó. Si se produjera un terremoto mientras se encuentra en funcionamiento la central del Cañón del Diablo, los reactores podrían quedar reducidos a escombros y la contaminación radiactiva podría llegar a Los Ángeles.

Se han producido unas 10.000 detenciones durante las protestas ciudadanas en contra de esta central nuclear, dentro de la campaña mundial en contra de la Energía Nuclear. Pero esta épica batalla va más allá de la energía atómica: es un enfrentamiento sobre la propiedad de los suministros de energía y cómo esto afectará al futuro de nuestra tierra.

Por un lado está King CONG (carbón, oro negro, nucleares y gas), el megalito corporativo que está desequilibrando el clima y domeñando a los Gobiernos en nombre de un control centralizado con fines lucrativos. Por otra parte, una comunidad decidida a reorganizar las fuentes de energía para que funcionen en armonía con la naturaleza, para que sirva a las comunidades y a las personas que consumen y producen cada vez más ese tipo de energía y para construir los cimientos de una ecodemocracia sostenible.

La guerra moderna por el control de la energía se inició en los Estados Unidos en los años 1880, cuando Thomas Edison y Nikola Tesla se enfrentaron sobre cómo debía ser el nuevo negocio de la electricidad, que ahora está entrando en su fase final, ya que los combustibles fósiles y la energía nuclear se hunden en el abismo, mientras que las energías renovables están provocando una auténtica revolución, aparentemente imparable.

En muchos sentidos, ambas concepciones se separaron nada más nacer.

Edison fue el pionero en la idea de establecer una red centralizada, alimentada por grandes generadores en manos de grandes Corporaciones. Apoyado por el banquero J. Pierpont Morgan, Edison desarrolló la bombilla eléctrica y previó la forma de hacer dinero mediante una red que llevara la electricidad a los hogares, oficinas y fábricas. Comenzó con una central térmica de carbón en la Quinta Avenida, donde se encontraba la mansión de Morgan, siendo la primera vivienda en el mundo con iluminación eléctrica.

El padre de Morgan no parecía muy impresionado, y su esposa quería que esa central estuviese fuera de la propiedad. Así que Edison y Morgan comenzaron a colocar cables por toda Nueva York, inicialmente con una sola central eléctrica. La ciudad pronto se vio llena de cables eléctricos de otras compañías competidoras.

Pero la corriente continua producida por el generador de Edison no podía llegar muy lejos, así que ofreció a su ayudante serbio, Nikola Tesla, 50.000 dólares para que intentase resolver el problema.

Tesla pensó en la corriente alterna, pero Edison dijo que era muy peligrosa y nada práctica. Así que renegó de esta idea de Tesla y los dos se convirtieron en rivales de por vida.

Para demostrar los peligros de la corriente alterna, Edison lanzó la “Guerra de las Corrientes”, usándola para matar grandes animales (incluso un elefante). También realizó una ejecución humana utilizando una silla eléctrica, que secretamente había financiado.

La idea principal de Edison era la de centrales eléctricas centralizadas de propiedad de Corporaciones que alimentasen una red eléctrica con fines lucrativos, beneficiando a capitalistas como Morgan.

Tesla se hizo millonario trabajando con el industrial George Westinghouse, utilizando corriente alterna procedente de la primera estación generadora en Niagara Falls, pero Morgan le obligó a salir del negocio, de modo que Tesla entregó sus derechos a Westinghouse, y luego dedicó el resto de su carrera a una serie de invenciones para producir grandes cantidades de electricidad y la forma de distribuirla sin necesidad de cables.

Mientras tanto, las empresas propiedad de los inversionistas, que llevaban el nombre de Edison y el dinero de Morgan, construyeron nuevas redes conectadas con grandes centrales térmicas, que les dieron sus buenos beneficios, pero produjeron contaminantes letales para el agua y el aire.

En la década de 1930, el New Deal de Franklin Roosevelt estableció la Tennessee Valley Authority y el Bonneville Power Project. El New Deal también permitió la conexión mediante cables de las explotaciones agrícolas a través de la Administración de Electrificación Rural. Cientos de cooperativas eléctricas rurales surgieron por todos lados. Como organizaciones sin fines lucrativos, con raíces y de propiedad comunitaria, las cooperativas han proporcionado mejores servicios y han sido más receptivas que las empresas privadas con fines lucrativos.

Pero fue otra Agencia federal, la Comisión de la Energía Atómica, la que llevó a la Industria de servicios públicos a la actual situación de crisis que conocemos hoy en día. Después de la Segunda Guerra Mundial, la misión de la Comisión era la de mantener la capacidad nuclear de los Estados Unidos. Pero después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, cambió la situación, impulsada por científicos del Proyecto Manhattan que esperaban que la utilización pacífica de la energía atómica les redimiese de las culpas por haber desarrollado una arma tan destructiva.

Cuando el presidente de AEC, Lewis Strauss, prometió una electricidad proceden de la energía atómica muy barata, también anunció el compromiso gubernamental de invertir miles de millones y la creación de miles de empleos. Después, en 1952, el presidente Harry Truman formó una comisión para discutir el futuro energético de los Estados Unidos, comisión encabezada por el presidente de CBS, William Paley. El informe de la Comisión incluía la energía nuclear, pero llevaba una cosmovisión en la que las energías renovables acabarían teniendo un papel determinante. Paley predijo que los Estados Unidos tendrían 13 millones de hogares con calefacción solar en 1975.

Por supuesto, se trataba de una visión irreal. En cambio, la energía nuclear siguió creciendo de manera atropellada y sin seguir una planificación racional. El diseño de los reactores no estaba estandarizado, así que cada nueva planta nuclear que se construía se convertía en una aventura de ingeniería, ya que la capacidad subió de los aproximadamente 100 megavatios de la central de Shippingport en 1957, a los más de 1000 MW de los años 70. Por aquella época ya se observaba un declive en esta industria. De hecho no se ha terminado ninguna nueva planta desde 1974.

Pero contra la energía nuclear, peligrosa y sucia, se han levantado alternativas más amigables con la tierra, que arrancaron con los movimientos populares de los años 60. “Lo pequeño es hermoso” se convirtió en la biblia de un movimiento de vuelta a la tierra, dando lugar a una nueva generación de veteranos activistas.

Se produjeron multitud de enfrentamientos, siendo miles de personas las arrestadas. En junio de 1978, nueve meses antes del accidente nuclear en Three Mile Island, la Alianza Clamshell convocó a 20.000 participantes en una marcha en Seabrook, New Hampshire. Y en uno de los primeros artículos de Amory Lovins, “Estrategia energética: el camino que no se ha tomado”, se abogaba por un nuevo futuro energético, basado en tecnologías fotovoltaicas y eólicas, junto con avances en conservación y eficiencia, y un poder descentralizado y de propiedad comunitaria.

A medida que ha ido creciendo la preocupación sobre el calentamiento global y cambiando nuestra visión de los combustibles fósiles, la Industria Nuclear que parecía se iba desvaneciendo, de repente vio un nuevo resurgir. El experto en clima James Hansen, la anterior directora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) Christine Todd Whitman y el fundador de Whole Earth Catalog Stewart Brand, comenzaron a patrocinar la energía nuclear ante el aumento de las emisiones de CO2. Los medios de comunicación corporativos también apoyaron la campaña de renacimiento nuclear, supuestamente liderada por unas hordas de ecologistas.

Pero la propaganda de Átomo con Fines Pacíficos 2.0 está en pleno descrédito.

Como se señala en un reciente artículo aparecido en The Progressive, la energía atómica favorece más que reduce el calentamiento global. Todos los reactores nucleares emiten Carbono-14. En el proceso de extracción, trituración y enriquecimiento, se emiten grandes cantidades de CO2. El ingeniero nuclear Arnie Gundersen ha reunido una gran cantidad de estudios que concluyen diciendo que la construcción de nuevos reactores nucleares empeoraría la crisis climática.

Además, han fracasado los intentos de reciclar el combustible gastado o el utilizado en armamento nuclear, del mismo modo que también han fracasado los intentos de establecer un protocolo viable de gestión de los desechos nucleares. Durante décadas, los defensores de la energía nuclear han argumentado que los impedimentos para el almacenamiento de los desechos radiactivos era algo más cuestión de políticas que de tecnologías. Pero después de 6 décadas, ningún país ha presentado una estrategia eficiente de almacenamiento a largo plazo de los residuos nucleares.

A pesar de todo el dinero gastado, ese renacer de la Industria nuclear no ha producido ni siquiera un nuevo reactor. Nuevos proyectos en Francia, Finlandia, Carolina del Sur y Georgia han visto un incremento desmedido en los costes, de modo que se van retrasando las fechas de apertura. Cinco proyectos impulsados por el Sistema de Energía Pública de Washington provocaron la mayor bancarrota municipal en la historia de los Estados Unidos. Que sepamos no hay grupos ecologistas que se hayan autoproclamado pronucleares. En Wall Street también está en retroceso.

Incluso los más ardientes partidarios de la división del átomo se ven obligados a discutir sobre todos y cada uno de los nuevos reactores que se quisieran construir en los Estados Unidos, u otros dispersos en cualquier otro lugar que no sea China, con un debate que se intensifica y de resultado incierto.

Hoy en día, cerca de 100 reactores estadounidenses todavía tienen autorización para su funcionamiento, y alrededor de 450 en todo el mundo. Cerca de una docena de centrales nucleares se han cerrado en los últimos años en los Estados Unidos. Otra media docena están a punto de cerrar por motivos financieros. La caída en los precios del gas y las energías renovables las han llevado a una incierta situación. Como señala Gundersen, los costes de operación y mantenimiento han aumentado a medida que la eficiencia y el rendimiento ha disminuido. El envejecimiento de una mano de obra cualificada hará que las operaciones de mantenimiento sean cada vez más arriesgadas.

Y las centrales nucleares tienen un período de vida útil corto para un funcionamiento más seguro.

Cuando se produjo el accidente del 11 de marzo de 2011, emitiéndose grandes dosis de radiactividad por el hemisferio norte, la central nuclear de Fukushima Daiichi llevaba operando sólo un mes después de que hubiese cumplido 40 años de vida”, dice Gundersen.

Pero la Industria Nuclear no se rinde. Ahora quiere 100.000 millones de dólares en rescates por parte del Estado. El gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, aprobó recientemente la concesión de 7.600 millones de dólares para apuntalar los cuatro decrépitos reactores que se encuentran al norte del Estado. Un rescate similar fue aprobado en Ohio. Si antes exigían desregulación y la competencia del mercado, la Industria Nuclear ahora quiere regulaciones y unos beneficios garantizados, sin importar lo mal que gestione el negocio.

El rechazo por parte de la gente es contundente. Rescates similares han sido rechazados en Illinois y están cuestionados los de Nueva York e Illinois. Un acuerdo entre grupos ecologistas y sindicales ha establecido plazos para cerrar los reactores nucleares del Cañón del Diablo, aunque activistas locales han exigido un acortamiento de los plazos. Cada vez están más preocupados por los posibles accidentes; las campañas en contra de los viejos reactores nucleares están aumentado tanto en Estados Unidos como en Europa. En Japón, las protestas ciudadanas han impedido la apertura de casi todas las centrales nucleares desde el accidente de la central nuclear de Fukushima.

Al contemplar el parón nuclear, personas como Lovins ven un sistema solartopiano descentralizado, siendo propiedad y gestionado desde sus bases.

El principal campo de batalla ahora mismo es Alemania, la cuarta mayor economía del mundo. Hace muchos años, el poderoso movimiento ecologista logró arrancar el compromiso de ir cerrando las centrales térmicas y nucleares del país y obtener la energía exclusivamente de energías renovables. Pero el régimen de centroderecha de Angela Merkel va arrastrando los pies.

A principios de 2011, los verdes exigieron una reconversión total hacia una energía verde descentralizada. Pero poco después, se produjo el accidente nuclear de Fukushima, y ante la sacudida que esto produjo en la opinión pública, la canciller Merkel (con formación en química cuántica) reafirmó su compromiso con los verdes. 8 de los 19 reactores de Alemania se cerraron con rapidez, con planes de cerrar el resto antes del año 2022.

El hecho de que la economía europea más importante tuviera esa deriva contra la energía nuclear, llevó a una respuesta dura de la resistencia corporativa, siempre bien financiada. “Se puede construir un parque eólico en tres o cuatro años. Obtener un permiso para una línea de alta tensión puede durar 10 años”, dijo Henrich Quick de 50 Hertz, un operador de la red eléctrica alemana.

Pero de hecho, la transición está teniendo más éxito y está siendo más rentable de lo que sus más firmes partidarios podían imaginar. Las energías eólica y solar están avanzando. Los precios de la energía verde se han reducido y los alemanes están dispuestos a poner células solares en sus tejados. Las ventas de paneles solares se han disparado, con un porcentaje cada vez mayor de proyectos comunitarios e instalaciones en edificios independientes. La red se ha inundado de una energía verde más barata, desplazando a la energía nuclear y los combustibles fósiles, cortando las piernas al viejo sistema.

En muchos sentidos es la peor pesadilla de los inversionistas, ya que parece que estuviéramos retrocediendo a la década de 1880, aquella batalla entre Edison y Tesla. Por aquel entonces, el Edison Electric Institute, financiado por la industria, advirtió que una generación diversificada podía significar el fin de la Industria que apoya la existencia de una red centralizada. Y eso que temía la Industria está llegando, la producción local y descentralizada.

En los Estados Unidos, donde dominan los millonarios hermanos Koch, cuyo negocio es el de los combustibles fósiles, muchos estados han recortado los programas de eficiencia energética y de conservación. Ohio, Arizona y otros estados que habían aprobado transiciones progresivas hacia la energía verde, ahora las están cancelando. En Florida, una consulta estatal en apoyo de la energía solar fue presentada de tal modo que el resultado estaba cantado de antemano: en contra.

En Nevada, los propietarios que ponen paneles solares en sus tejados están siendo perseguidos. El monopolio del Estado, con el apoyo del gobernador y legisladores, está tratando de que los propietarios de viviendas que pongan paneles solares en sus tejados paguen más que otros por la electricidad.

Pero estas medidas pueden ser anacrónicas. En su acuerdo con el Estado, los sindicatos y los grupos ecologistas, Pacific Gas and Electric han admitido que las energías renovables podrían absorber toda la energía que producen las centrales nucleares del Cañón del Diablo, en franca decadencia. El Distrito Municipal de Servicios Públicos de Sacramento cerró un reactor en 1989 y ahora está floreciendo con la oleada de las renovables.

La revolución se ha extendido al sector del transporte: automóviles eléctricos conectados a tomas de corriente alimentadas por paneles solares instalados en las viviendas, oficinas, edificios comerciales y fábricas. Del mismo modo que la energía nuclear, el automóvil impulsado por gasolina puede estar en camino de desaparecer.

A nivel nacional, más de 200.000 estadounidenses trabajan ahora en la industria solar, incluyendo más de 75.000 sólo en California. Por contra, sólo unas 100.000 personas trabajan ahora en la Industria nuclear estadounidense. Unos 88.000 estadounidenses trabajan en la industria eólica, en comparación con los 83.000 que lo hacen en las minas de carbón, un número que sigue cayendo constantemente.

Según Irena, que utiliza como fuente a la Asociación de Empresas de Energía Renovables (APPA), el sector empleó en 2014 a 76.300 personas, lo que supone la mitad que en 2008, cuando se registró la cifra más elevada en nuestro país. Irena culpa de esta situación a “las políticas adversas en el sector eléctrico”, que hacen que sigan disminuyendo los empleados en la eólica, la solar y la biomasa.

economía.elpais.com

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Arrumbada la esperanza de la Industria energética corporativa, con el declive de la energía nuclear, quizás estemos ante un cambio épico, lejos del control corporativo en el suministro de la energía basado en una red centralizada, hacia una red de energía verde y operada comunitariamente.

A medida que los propietarios de las viviendas, los administradores de edificios, fábricas y comunidades afianzan cada vez más el control sobre una fuente de energía con base local, el arco de nuestra guerra energética que ya dura 128 años, se inclina hacia Solartopía.

El último libro de Harvey Wasserman, America in the Brink of Rebirth: The Organic Spiral of US History, publicado en 2016. Su Solartopia Green Power & Wellness Show está en http://www.progressiveradionetwork.com y edita http://www.nukefree.org

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