"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Transgénicos y herbicidas: unos métodos obsoletos de evaluación de riesgos

Por Prof. Jack Heinemann, 11 de enero de 2017

sciblogs.co.nz

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Los nuevos estudios publicados por la revista científica Nature Reports cuestionan los métodos empleados para determinar la seguridad de los productos utilizados en la agricultura y el hogar.

El primero de estos estudios trata sobre la aplicación de técnicas multiómicas a una variedad de maíz transgénico, el NK603. El segundo estudio trata también del empleo técnicas multiómicas a unas ratas alimentadas con trazas de Roundup en su alimentación, uno de los herbicidas en cuya composición entra el glifosato y se utiliza en el maíz transgénico NK603.

¿Dónde está presente el método científico en la evaluación científica de los riesgos?

La mayoría de las evaluaciones de riesgos de los cultivos transgénicos se hace por comparación: el producto transgénico se compara con algo que se supone que es seguro. La evaluación de riesgos trata de comprobar la similitud o no del producto transgénico con el pariente más cercano no transgénico.

El método comparativo estará avalado por el método científico, pero no por los datos científicos. Para los que inician la investigación, alguien tiene que decidir qué partes de la planta transgénica y no transgénica serán aisladas para someterlas a comparación. Lo que puede ser importante puede que no sea conocido en el momento de tomar esta decisión. Además, los componentes que pueden detectar pueden variar a medida que cambian los instrumentos utilizados y las metodologías científicas.

Después de realizar la oportunas mediciones, la empresa que ha desarrollado los cultivos y la Agencias de Regulación deciden si puede ser preocupante alguna disparidad y si la suma de las similitudes es suficiente para considerar el nuevo producto tan seguro como su alternativa no transgénica. Esto se conoce a menudo como el principio de “equivalencia sustancial”.

Determinar la equivalencia sustancial requiere de la intervención de expertos, de científicos, pero en sí mismo no se puede considerar como un método científico ni los datos se obtienen de un experimento científico en particular. En la evaluación de los riesgos de la tecnología, merecemos saber dónde termina el método científico y dónde comienza la interpretación del experto.

Equivalencia sustancial

Las plantas transgénicas deben poseer al menos un rasgo importante, por ejemplo ser tolerantes a un herbicida. A continuación se toma una decisión sobre la seguridad del producto considerando los posibles efectos adversos, tanto de un cambio en los rasgos como diferencias no deseadas. La equivalencia sustancial de un transgénico con su contraparte no transgénica no implica que puedan producirse cambios importantes no deseados en la planta transgénica.

El maíz transgénico NK603 fue diseñado para que no se seque después de ser tratado con un herbicida (por ejemplo, Roundup). La aprobación del maíz transgénico NK603 para su comercialización ya cuenta con 17 años y está aprobado para su cultivo en 13 países. Es uno de los productos transgénicos más antiguos y más cultivados de toda la historia. No debe sorprendernos por tanto si el principio de equivalencia sustancial se está utilizando para evaluar su seguridad.

Desafío al principio de equivalencia sustancial

Utilizando metodologías que no estaban disponibles cuando este producto fue desarrollado a finales de 1990, el primer estudio al que hemos hecho referencia encontró cambios que previamente no habían sido detectados en el proteoma y metaboloma del maíz transgénico NK603 en comparación con su contraparte no transgénica. El proteoma es el conjunto de proteínas y el metaboloma es el conjunto de pequeñas moléculas bioquímicas, tomando en cada caso tejidos específicos en un momento determinado.

Es importante destacar que el estudio también comparó el maíz transgénico NK603 fumigado con el herbicida con el mismo maíz no tratado con el herbicida. También se encontraron en este caso diferencias entre unas semillas y otras.

Las diferencias entre uno y otro no quiere decir que el producto sea perjudicial para los seres humanos, los animales o el medio ambiente. Sin embargo, identificar las diferencias es un primer paso importante para construir hipótesis sobre cómo esas diferencias podrían provocar un daño. Si este primer paso de una evaluación de los riesgos por comparación se ve comprometido, entonces la evaluación final del riesgo también se puede ver comprometida.

Un crítico al estudio preguntó: “¿Cuánto tiene que ser el nivel de equivalencia para que se considere seguro?”. Es una pregunta razonable. Como la respuesta es una interpretación, no el resultado de un experimento, es motivo de discusión, algo que ha sido tenido en cuenta por los autores de este estudio. ¿De que interpretación nos fiamos, y cómo podría cambiar esa interpretación dependiendo del contexto de cómo se usa el producto o quién se beneficia de su comercialización?

Por ejemplo, los fármacos tienen efectos secundarios y no siempre tienen efectividad. La decisión de usar un medicamento en particular está influenciada por la salud y el historial del paciente y la evaluación de que los efectos secundarios y otros riesgos a que se somete al paciente son menos importantes que los beneficios que el fármaco promete proporcionar.

Las plantas transgénicas no están sometidas a las mismas evaluaciones de seguridad que los fármacos ni su uso está controlado mediante una receta. Los productos transgénicos pueden distribuirse de muchas maneras, por ejemplo, mediante la inhalación de harina o su ingestión como una mezcla compleja que varía de un país a otro, de los bebés a los adultos.

El principio de equivalencia sustancial funciona mejor cuando se han encontrado diferencias significativas, pero es un método marginal para garantizar la seguridad porque no pueden detectarse de forma completa la diferencias relevantes.

Desafío a la seguridad de los herbicidas

El segundo estudio mencionado anteriormente describe algunos cambios fisiológicos importantes en la ratas que han ingerido durante un largo período herbicidas en niveles inferiores a los límites permitidos legalmente en los alimentos y el agua potable.

En este estudio se utilizaron los hígados de ratas, en cuya alimentación había una pequeña cantidad del herbicida Roundup, utilizadas en un estudio anterior que informaba de cambios significativos en la bioquímica de la sangre y de la orina, alteraciones histológicas que reflejaban un daño estructural, trastornos funcionales en el hígado y los riñones y formaciones tumorales, especialmente en las glándulas mamarias. Aunque esta última observación fue impugnada, desde mi punto de vista el resto de afirmaciones han sido poco cuestionadas.

Se observaron diferencias significativas entre el proteoma y los perfiles de los metabolomas de los hígados de las ratas tratadas y las ratas del grupo de control. Los cambios provocados por unos niveles de exposición muy bajos de herbicida fueron consistes con manifestaciones de enfermedad hepática grasa no alcohólica y su progresión hacia una esteatohepatitis no alcohólica.

Roundup

Estas enfermedades del hígado son importantes y se observa un incremento. El estudio no realiza ninguna afirmación de que todos los casos se deban a la presencia de residuos de herbicidas, dejando esto para investigaciones futuras. Sin embargo, cuando los síntomas de estas enfermedades aparecen en las ratas por una exposición a herbicidas, tiene sentido reconsiderar la evaluación de riesgos del herbicida Roundup y otros herbicidas que tengan como principio activo el glifosato.

Aunque se dedica mucho tiempo y espacio a la carcinogenicidad, los herbicidas a base de glifosato se han asociado con una amplia variedad de efectos sobre la salud: desde resistencia a los antibióticos hasta alteraciones del sistema endocrino (disruptores endocrinos). Si estos herbicidas de formulación opaca fueran utilizados en instalaciones especializadas, tales preocupaciones quizás no fueran de interés público. Pero se utilizan en todo el mundo y más que cualquier otro herbicida, y los herbicidas son algunos de los productos químicos más comunes que se utilizan en alimentos y el medio ambiente.

Las preocupaciones acerca de los herbicidas que presentan glifosato a menudo son contrarrestadas por amenazas que dicen que su eliminación causaría un mayor uso de otras alternativas más tóxicas. Es una amenaza huera, tanto porque su excesivo uso está generando resistencia en muchas plantas, lo que está llevando a muchos agricultores a usar otros herbicidas, como porque se trata de una falsa dicotomía.

No cambiemos los herbicidas basados en glifosato por otros que tienen otros efectos tóxicos. Al contrario, utilicemos los conocimientos científicos para reducir el uso de herbicidas y los productos tecnológicos que dependen de ellos.

Jack Heinemann es profesor de genética en la Universidad de Canterbury

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