"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Medicamentos psiquiátricos: un asalto a la Condición Humana (II)

Por Terry Messman

thestreetspirit.org

Portada de Anatomía de una epidemia: Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales, libro de Robert Whitaker

Portada de Anatomía de una epidemia: Medicamentos psiquiátricos y el asombroso aumento de las enfermedades mentales, libro de Robert Whitaker

Parte I

SS: Su investigación también muestra que se está produciendo un aumento real del número de personas con un trastorno mental grave. Aunque parezca contradictorio, ¿no cree usted que gran parte de este incremento se debe a la prescripción excesiva de los nuevos fármacos psiquiátricos?

RW: Sí, exactamente. Si miramos la cifra de personas que están seriamente discapacitadas, los llamados enfermos mentales, personas que no trabajan o que muestran un comportamiento disfuncional debido a una enfermedad mental, está en aumento. De modo que quería establecer el porcentaje de la población que ha sido considerada discapacitada por enfermedad mental a través de la historia.

En 1903, vemos que aproximadamente 1 de cada 500 personas en los Estados Unidos era hospitalizada por una enfermedad mental. En 1955, al comienzo de la era moderna de las drogas psiquiátricas, aproximadamente era 1 de cada 300 personas la que tenía incapacidad por enfermedad mental. En 1987, cuando termina la primera generación de fármacos antipsicóticos, y luego con los modernos medicamentos psiquiátricos, Thorazine y Haldol y los antidepresivos tricíclicos (como Elavil y Anafranil), hemos visto aumentar el número de personas con discapacidad por enfermedad mental en cuatro veces, hasta el punto de que 1 de cada 75 personas con discapacidad se consideran enfermos mentales.

También se ha producido un cambio en la forma de tratar a los enfermos mentales entre 1955 y 1987. En 1955 se hospitalizaban. En 1987, que se produjo un notable cambio social, se ponían a estas personas en refugios, hogares de ancianos, o en algún centro de atención comunitaria, recibiendo ayudas a través de los programas de discapacidad, SSI o SSDI. En 1987 aparecieron unos medicamentos psiquiátricos supuestamente mejores, de segunda generación, como los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de la seratonina (ISRS) y Prozac. Poco después aparecen otros nuevos fármacos antipsicóticos atípicos, como Zyprexa (olanzapina), Clozaril y Risperdal.

¿Qué ha pasado desde 1987? Pues que la tasa de discapacidad ha seguido aumentando de tal modo que llega a 1 de cada 50 estadounidenses. Piense en lo que le digo: 1 de cada 50 estadounidenses está discapacitado en la actualidad por una enfermedad mental. Y sigue en aumento. El número de personas con discapacidad por enfermedad mental en los Estados Unidos va aumentando a razón de 150.000 personas al año, desde 1987. Esto representa un aumento cada día en los últimos 17 años de 410 personas con discapacidad por enfermedad mental.

SS: Llega la pregunta obvia. Si la Psiquiatría ha introducido estos milagrosos medicamentos, como Prozac, Zoloft y Zyprexa, ¿por qué la incidencia de la enfermedad mental está aumentando de manera tan dramática?

RW: Pues por la misma razón. Es una cuestión científica. Se están usando estos fármacos de una manera mucho más amplia, y se supone que tenemos mejores fármacos que se han convertido en la piedra angular de nuestra atención, por lo que deberíamos ver disminuir las tasas de discapacidad. Eso es lo que sería de esperar.

En cambio, desde 1987 hasta el presente, hemos visto un aumento en el número de personas con discapacidad mental, pasando de los 3,3 millones de personas a los 5,7 millones en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, nuestro gasto en fármacos psiquiátricos ha aumentado de manera sorprendente: el gasto combinado de fármacos antipsicóticos y antidepresivos ha aumentado desde los 500 millones de dólares en 1986 a los casi 20 mil millones de gasto en 2004. Por lo tanto hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿No será el uso de estos fármacos lo que está alimentado este incremento en el número de personas con discapacidad mental?

Cuando repasamos la literatura científica para intentar encontrar un patrón claro en los resultados de estos fármacos, los antipsicóticos, los antidepresivos, los ansiolíticos y los estimulantes como Ritalin utilizados para tratar el TDAH, se observa que apenas son más eficaces que un placebo, al menos en un período corto de tiempo, digamos de unas 6 semanas. Un antidepresivo puede mejorar los síntomas mejor que un placebo a corto plazo.

Lo que se observa con todos estos fármacos psiquiátricos es un empeoramiento de los síntomas de la depresión, de la psicosis o la ansiedad a largo plazo, en comparación con los pacientes tratados con un placebo. Incluso en el tratamiento de ciertos síntomas, se observa mayor cronicidad y mayor gravedad en esos síntomas. Y se observa en un número significativo de pacientes que los síntomas son más graves y están provocados por estos fármacos.

SS: ¿Los nuevos síntomas psiquiátricos provocados por los mismos medicamentos que debieran ayudarles a recuperarse?

RW: Exactamente. El caso más evidente es de los antidepresivos. Un porcentaje de las personas que son tratadas con un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) porque tienen algún tipo de depresión, se verán afectado por algún tipo de ataque maníaco o psicótico inducido por los fármacos. Esto es algo que se sabe. Así que ahora en lugar de tratarse de una depresión, se ha pasado a una manía o síntomas psicóticos. Y una vez que se tiene un episodio maníaco inducido por fármacos, ¿qué pasa? Van a los servicios de urgencia, y se les diagnostica, y se dice que son bipolares y se les da un antipsicótico para que actúe junto al antidepresivo. Se va camino de la incapacidad crónica.

Algunos medicamentos antidepresivos

Algunos medicamentos antidepresivos utilizados por la Psiquiatría Moderna

SS: La Psiquiatría moderna afirma que estos fármacos psiquiátricos normalizan la anormal química del cerebro. ¿Hay alguna evidencia que respalde esta afirmación de que una química anormal del cerebro sea la culpable de la esquizofrenia y de la depresión?

RW: Este es un asunto clave que todos debemos entender. Es la respuesta a este misterio: por qué estos fármacos tienen un efecto negativo a largo plazo. Comencemos por la esquizofrenia. Su hipótesis es que estos fármacos funcionan mediante la corrección de un desequilibrio de la dopamina, un neurotransmisor del cerebro.

La teoría dice que en las personas esquizofrénicas hay un exceso de dopamina, y estos medicamentos bloquean la dopamina en el cerebro, resolviendo el desequilibrio químico. Por lo tanto, si recurrimos a una metáfora, sería como la insulina en el caso de la diabetes, ajustando una anormalidad. Con los antidepresivos, la teoría es que las personas con depresión tienen unos niveles muy bajos de serotonina: los medicamentos suben esos niveles de serotonina en el cerebro y por lo tanto equilibran la química del cerebro.

Nunca se han encontrado pruebas consistentes

de que cualquiera de estos trastornos (esquizofrenia, depresión, etc)

estén asociados con desequilibrios químicos en el cerebro.

Eso de que las personas con trastornos mentales

presentan desequilibrios químicos es una mentira…

Esa teoría lo único que hace

es ayudar a vender más fármacos

y a vender un modelo biológico

de los trastornos mentales.

En primer lugar hay que decir que todas estas teorías no han surgido de unas investigaciones que traten de saber qué es lo que realmente le pasa a la gente. Más bien, descubrirían que los antipsicóticos bloquean la dopamina y por lo tanto dedujeron que estas personas tenían un sistema de la dopamina muy activo. Lo mismo pasa con los antidepresivos. Vieron que los antidepresivos subían los niveles de serotonina, por lo tanto dedujeron que las personas con depresión tienen unos bajos niveles de serotonina.

Y aquí algo que todos deberíamos saber y la Psiquiatría debiera reconocer: que nunca han sido capaces de encontrar personas con esquizofrenia que tengan un sistema de la dopamina hiperactivo; nunca han sido capaces de encontrar que las personas con depresión tengan un sistema de la serotonina escasamente activo. Nunca se han encontrado pruebas consistentes de que cualquiera de estos trastornos estén asociados con desequilibrios químicos en el cerebro. Eso de que las personas con trastornos mentales presentan desequilibrios químicos es una mentira. No sabemos por qué. Esa teoría lo único que hace es ayudar a vender más fármacos y a vender un modelo biológico de los trastornos mentales.

Pero el truco es el siguiente. Lo que sí sabemos, de hecho, es que estos fármacos perturban el funcionamiento de los mensajeros químicos del cerebro: las personas diagnosticadas con trastorno mental no tienen ningún problema conocido con sus sistemas de neurotransmisores, y estos fármacos lo que hacen es perturbar el funcionamiento normal de los neurotransmisores.

SS: Entonces, en lugar de arreglar un desequilibrio químico, estos fármacos tan ampliamente prescritos distorsionan la química del cerebro y generan una nueva patología.

RW: Por supuesto. Stephen Hyman, un reconocido neurocientífico y ex Director del Instituto Nacional de Salud Mental, escribió un artículo en 1996 en el que examinaba la forma en la que los fármacos psiquiátricos afectan al cerebro. Decía que estos fármacos psiquiátricos provocan perturbaciones que afectan al cerebro, y que dichas perturbaciones afectan a las funciones de los neurotransmisores. El cerebro, en respuesta a estos fármacos, altera sus funciones normales e intenta una serie de adaptaciones que compensen las perturbaciones.

En otras palabras, trata de adaptarse por el hecho de que un fármaco antipsicótico ha bloqueado las funciones normales de dopamina. O en el caso de los antidepresivos, trata de compensar el bloqueo de la recaptación de serotonina. La adaptación trata de actuar en sentido opuesto. Si usted sufre un bloqueo de la dopamina en el cerebro, el cerebro tratará de aumentar la cantidad de dopamina y en realidad está aumentando la cantidad de receptores de dopamina. Por lo tanto, una persona que esté tomando fármacos antipsicóticos va a terminar con un número anormalmente alto de receptores de dopamina en el cerebro.

Si a la persona se la está tratando con antidepresivos para elevar los niveles de serotonina en el cerebro, éste hace exactamente lo contrario: deja de producir la cantidad normal de serotonina y reduce el número de receptores de serotonina en el cerebro. De modo que una persona tratada con antidepresivos acabará con un número anormalmente bajo de receptores de serotonina en el cerebro. Y Hyman concluye: “Después de que se produzcan estos cambios, el cerebro del paciente funciona de una manera que es cualitativa y cuantitativamente diferente de su estado normal”. Así que lo dicho por Stephen Hyman, ex Jefe del NIMH, es que estos fármacos inducen un estado patológico.

El Marketing de la Locura:

SS: Por lo tanto, ¿la paradoja es que no hay evidencias para que la Psiquiatría moderna afirme que hay un desequilibrio bioquímico patológico en el cerebro que sea la causa de las enfermedades mentales, y que si usted trata con estos fármacos maravillosos lo que está creando es un desequilibrio patológico?

RW: Sí, estos fármacos alteran la química normal del cerebro. Esa es la verdadera paradoja. Y la verdadera tragedia es que a medida que se utilizan más estos fármacos como equilibradores químicos, la verdad es que estamos haciendo justamente lo contrario. Estamos pasando de un cerebro que tenía una química anormal, a un cerebro que está sufriendo una perturbación debido a estos fármacos. Barry Jacobs, un neurocientífico de Princeton, describe lo que le sucede a una persona a la que se le administra un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS): “Estos medicamentos alteran el nivel de la transmisión sináptica más allá del rango fisiológico que se puede encontrar en condiciones biológicas normales. Por lo tanto, cualquier cambio de comportamiento o fisiológico producido en estas condiciones podría considerarse como algo patológico en lugar de un reflejo del papel biológico normal de la serotonina”.

Parte III

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