"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Mente, memoria y Arquetipo: Resonancia mórfica e Inconsciente Colectivo (II)

Por Rupert Sheldrake

(Perspectivas Psicológicas, 1997)

Parte 1

Rupert2_400x400 Rupert Sheldrake es un biólogo teórico cuyo libro Una Nueva Ciencia de la Vida: la hipótesis de la causación formativa (Tarcher, 1981) provocó numerosas controversias. Nature lo describió como “el mejor candidato para la quema en la hoguera”, mientras que la revista New Scientist lo calificó como “una importante investigación científica sobre la naturaleza de la diversidad biológica y la realidad física”. Debido a que su trabajo tiene implicaciones en los conceptos desarrollados por Jung, como son el Arquetipo y el Inconsciente colectivo, hemos invitado a que Sheldrake exponga sus puntos de vista en cuatro artículo que irán apareciendo de manera sucesiva en las revista Perspectivas Psicológicas. Estos artículos suponen una actualización de la conferencia que dio en mayo de 1986, “Resonancia mórfica e inconsciente colectivo”, en el Instituto de Relaciones Humanas de Santa Bárbara.

Leyes de la naturaleza, ¿o simplemente hábitos?

Sin embargo, hay una alternativa. La alternativa es que el universo sería algo más parecido a un organismo que a una máquina. El Big Bang recuerda las historias míticas de la eclosión de un huevo cósmico: crece, y a medida que crece se produce una diferenciación interna, algo así como un gigantesco embrión cósmico, en lugar de la máquina eterna de la teoría mecanicista. Con esta alternativa orgánica, podríamos pensar en unas leyes de la naturaleza más bien como hábitos; tal vez las leyes de la naturaleza sean los hábitos del universo, y tal vez el universo tenga memoria.

En muchos de los mitos de la Edad del Bronce, el huevo cósmico del universo fue puesto por la madre-pájaro cósmica. Cuando se abrió comenzaron a existir el tiempo y el espacio. La cultura egipcia lo concibe como el “Huevo del Mundo”, o “Huevo Cósmico” , representando la expansión cósmica naciendo desde su Centro, o Inicio del Universo; por eso está también relacionado con el sol, , fuente de energía y “corazón del mundo”. De modo tal que siendo un ´símbolo no estático sino de intenso dinamismo, es el hogar de donde parte el movimiento de lo uno hacia lo múltiple, de lo interior hacia lo exterior, de lo no manifestado a lo manifestado.

Hace unos 100 años el filósofo estadounidense C.S. Pierce dijo que si nos tomamos en serio la evolución y pensamos que todo el universo se encuentra en evolución, entonces tendríamos que pensar que las leyes de la naturaleza serían algo parecido a unos hábitos. Esta idea fue algo bastante común, sobre todo en los Estados Unidos, y fue expuesta por William James y otros filósofos estadounidenses, y muy discutida hacia finales del siglo XIX. En Alemania, Nietzsche fue más lejos al sugerir que las leyes de la naturaleza están sometidas a la selección natural: quizás hubiera muchas leyes en la naturaleza, pero sólo unas cuantas se habrían mantenido. Por lo tanto, el universo que vemos tendría unas leyes que han evolucionado por selección natural.

Los biólogos también se inclinaron hacia una interpretación de los fenómenos en términos de hábitos. El más interesante de tales teóricos quizás sea el escritor inglés Samuel Butler, cuyas obras más importantes fueron Vida y Hábito (1878) y La memoria inconsciente (1881). Butler sostuvo que la totalidad de la vida implicaba una memoria inconsciente inherente: los hábitos, los instintos de los animales, la forma en que se desarrollan los embriones, todo ello refleja un principio básico de una memoria inherente a la vida. . Incluso propuso que debía haber una memoria inherente en los átomos, las moléculas y los cristales. Por lo tanto, todo esto nos habla de una biología que se vio en términos evolutivos a finales del siglo XIX. Sólo es a partir de 1920 cuando se asienta el pensamiento mecanicista y adquiere un dominio absoluto sobre el pensamiento biológico.

¿Cómo surge la forma?

La hipótesis de la causación formativa, que es la base de mi trabajo, se inicia por el problema de las formas biológicas. En la Biología se ha producido una larga discusión sobre cómo explicar el desarrollo de los embriones y organismos. ¿Cómo crecen las plantas a partir de las semillas? ¿Cómo se desarrollan los embriones a partir de los huevos fertilizados? Esto supone un problema para los biólogos, aunque no supone ningún problema para los embriones y las plantas, que finalmente se desarrollan y acaban adquiriendo su forma. Sin embargo, los biólogos señalan que es difícil dar una explicación causal de la forma. En Física, se considera que una causa iguala al efecto. La cantidad de energía, de materia, y la energía suministrada para que se produzca un cambio es igual a la cantidad obtenida después. La causa subyace en el efecto y el efecto en la causa. Sin embargo, cuando observamos el crecimiento de un roble a partir de una bellota, no parece haber tal equivalencia entre causa y efecto, al menos de una manera obvia.

En el siglo XVII, la principal teoría mecanicista de la embriología decía simplemente que el roble se encontraba dentro de la bellota: dentro de cada bellota había un roble en miniatura que luego crecía para convertirse en un árbol.

embrion_miniatura Esta teoría estuvo bastante aceptada y era consistente con el enfoque mecanicista tal y como se entendía en aquella época. Sin embargo, como señalaron rápidamente los críticos, si el roble crecía produciría bellotas que contendrían en su interior robles que podrían crecer y producir bellotas que contendrían robles… y así ad infinitum. Si por el contrario una forma procede de una ausencia de forma ( el nombre técnico de esto es epigénesis), entonces ¿de dónde viene la forma?

¿Cómo aparecen las estructuras que antes no estaban allí? Ni platónicos ni aristotélicos tuvieron ningún problema en responder a esta pregunta. Los platónicos dijeron que la forma provenía de los arquetipos platónicos: si hay un roble es porque hay una forma arquetípica de roble, y todos los robles serían simplemente reflejos de ese arquetipo. Desde este arquetipo que está más allá del tiempo y del espacio, no hay necesidad de que la forma esté ya incrustada en el interior de la bellota. Los aristotélicos dijeron que todas las especies tienen su propio tipo de alma, y el alma es la forma del cuerpo. El cuerpo está en el alma, no el alma en el cuerpo. El alma es la forma del cuerpo y está alrededor del cuerpo y contiene el objetivo del desarrollo ( lo que formalmente se llama una entelequia). El alma de un roble contiene eventualmente un roble.

¿Es el ADN un programa genético?

 Sin embargo, una visión mecanicista del mundo niega el animismo en todas sus formas, niegaADN la existencia del alma y cualesquiera otros principios de organización material. Por lo tanto, los mecanicistas tienen que tener algún tipo de preformacionismo. Al final del siglo XIX, la teoría del plasma germinal del biólogo alemán August Weismann revivió la idea del preformacionismo. Esta teoría establece unos determinantes que supuestamente dio origen al organismo dentro del embrión. Es el antepasado de la actual idea de la programación genética, lo que constituye el resurgimiento del preformacionismo en su apariencia moderna.

Como veremos, este modelo no funciona muy bien. El programa genético se identifica hoy en día con el ADN, la sustancia de los genes. Pero tal salto requiere conceder al ADN unas propiedades que en realidad no posee. Sabemos lo que hace el ADN: codifica proteínas, es decir, codifica las secuencias de aminoácidos para la formación de las proteínas. Sin embargo, hay una gran diferencia entre la codificación para construir la estructura de las proteínas que son constituyentes químicos del organismo, y la programación del desarrollo completo de un organismo. Es la diferencia entre fabricar ladrillos y la construcción de una casa: son necesarios los ladrillos para construir una casa, y si los ladrillos son defectuosos, la casa también será defectuosa. Pero el plan de la casa no está contenida en los ladrillos, ni en las vigas ni el cemento.

De manera análoga, el ADN sólo codifica los materiales para la construcción del cuerpo: enzimas, proteínas estructurales, etc. No hay pruebas de que también disponga de un código para dar forma, para establecer la morfología del cuerpo. La forma de los brazos y de las piernas es diferente; es algo obvio que tienen una forma diferente unos y otros. Sin embargo, los productos químicos de los brazos y las piernas son idénticos. Lo mismo ocurre con los músculos, con las células nerviosas, con las células de la piel, que el ADN es el mismo en todas las células de los brazos y las piernas. De hecho, el ADN es el mismo en todas las células del cuerpo. El ADN por sí solo no puede explicar la diferencia de formas. Es necesario algo más para explicar la forma.

La actual Biología mecanicista dice que se debe a los “complejos patrones de interacción físico-química que todavía no entendemos completamente”. Por lo tanto, la teoría mecanicista actual no tiene una explicación, sino simplemente una promesa de explicación. Es lo que Karl Popper llama un “mecanismo promisorio”, algo así como la emisión de unos pagarés contra futuras explicaciones que todavía no se dan. No sería un argumento objetivo, sino simplemente una declaración de fe.

Parte 3

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