"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Las Bombas de Palomares 50 años después: los daños en la salud entre el personal militar que participó en las labores de limpieza ( y III)

Por Dave Philipps, 19 de junio de 2016

The New York Times

Parte 1, Parte 2

El personal militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que trabajó en las labores de limpieza y recuperación se alimentó muy a menudo de los productos locales de Palomares.

El personal militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que trabajó en las labores de limpieza y recuperación se alimentó muy a menudo de los productos locales de Palomares.

La cancelación del programa de seguimiento

Convencido de que las muestras de orina recogidas no eran las más adecuadas [para comprobar la presencia de plutonio en el organismo], el Dr. Odland persuadió a la Fuerza Aérea para que en 1966 se crease un Consejo de Registro de la Exposición al Plutonio para llevar a cabo un seguimiento de por vida del personal militar.

Los expertos de la Fuerza Aérea, del Ejército, la Marina, la Administración de Veteranos (ahora Departamento de Asuntos de los Veteranos) y la Comisión de la Energía Atómica, se reunieron para establecer un programa de seguimiento después de las labores de limpieza. En las palabras de bienvenida, el General de la Fuerza Aérea dijo que el programa era algo esencial y que el seguimiento de los hombres de por vida proporcionaría “los datos que se necesitaban con urgencia”.

Los organizadores propusieron no informar al personal militar de su exposición a la radiación y mantener ocultos los detalles de los análisis realizados y recogidos en los registros médicos, de acuerdo con las Actas de la reunión, debido a que de notificarles esos datos se podía dar lugar a acciones legales.

El plan del Dr. Odland consistía en realizar un seguimiento de los hombres. Pero al cabo de unos meses, el programa se encontraba inoperante.

No fue capaz de obtener el apoyo del Departamento de Defensa para proseguir con el control del personal militar o la creación de un registro, debido a la política de abandono a su suerte”, según se decía en una nota de la Comisión de la Energía Atómica del año 1967.

¿Una política de abandono a su suerte” Esto era dejarles indefensos. No estaba de acuerdo. Por supuesto que no estaba de acuerdo. Todo el mundo decidió que deberíamos hacer un seguimiento de estos chicos, hacerse cargo de ellos. Pero después, en algún lugar de lo más alto, se decidió que era mejor cancelar dicho programa”, dijo el Dr. Odland.

El Dr. Odland no sabe quién dio las órdenes para dar por finalizado el programa, pero dijo que ya que el Consejo estaba formado por todas las ramas militares y agencias de veteranos, posiblemente procedió de funcionarios de alto nivel.

La Fuerza Aérea dio por finalizado oficialmente el programa en 1968. El Consejo se había reunido sólo una vez.

¡No están realizando labores de limpieza, es el Servicio Postal!

¡No están realizando labores de limpieza, es el Servicio Postal!

Después de la limpieza, enfermedades

El personal militar comenzó a enfermar poco después de que terminase la limpieza. Unos hombres sanos, en torno a los 20 años, empezaron a sentir dolor en las articulaciones, dolores de cabeza y debilidad. Los médicos les dijeron que se debía a la artritis. Un joven policía militar tenía una fuerte inflamación de los senos paranasales, tan aguda que se golpeaba la cabeza contra el suelo para distraer el dolor. Los médicos dijeron que se trataba de una alergia.

En varios hombres aparecieron erupciones cutáneas o tumores. Un soldado llamado Noris N. Paul tenía gran cantidad de quistes, de modo que tuvo que pasar seis meses en el hospital, en el año 1967, y hubo que realizarle varios injertos de piel. También se dieron casos de infertilidad.

Nadie daba cuenta de lo que me pasaba”, dijo Paul.

Un empleado del suministro de comestibles, Arthur Kindler, que quedó tan cubierto de los restos de plutonio mientras buscaba restos en el campo de tomates pocos días después del accidente que le obligaron a lavarse en el mar, contrajo un cáncer testicular y una rara infección pulmonar que casi acaba con su vida cuatro años después del accidente. En los años posteriores, ha sufrido en tres ocasiones de cáncer de los ganglios linfáticos.

Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que quizás esto podía deberse a la limpieza de los restos de las bombas”, dijo el Sr. Kindler, de 74 años de edad, en una entrevista realizada en su casa de Tucson. “Hay que entender que nos habían dicho que todo era seguro. Éramos jóvenes. Confiábamos en ellos ¿Por qué nos iban a mentir?”.

El Sr. Kindler ha presentado por dos veces solicitud de ayuda al Departamento de Asuntos de los Veteranos. “Siempre me lo han denegado. Finalmente me di por vencido”.

Seguimiento y control en España

Estados Unidos se comprometió a pagar un programa de seguimiento a largo plazo de la salud de los vecinos del pueblo, pero durante décadas sólo ha aportado el 15% de la financiación necesario, pagando España el resto, de acuerdo con un documento desclasificado del Departamento de Energía. Las estaciones de medición rotas no se repararon y los equipos eran viejos y poco fiables. A principios de la década de 1970, un científico de la Comisión de la Energía Atómica señaló que el único equipo de medición situado en terreno español era un estudiante universitario en solitario.

Los Informes hablaban de la muerte de dos niños por leucemia, que fueron investigados durante este tiempo. El principal científico español que realizaba un seguimiento de la población dijo a sus homólogos estadounidenses en una nota de 1976 que, a la luz de los casos de leucemia, Palomares necesita “algún tipo de vigilancia médica de la población para supervisar las enfermedades o muertes”. No se hizo nada.

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A finales de 1990, después de años de presión por parte de España, Estados Unidos estuvo de acuerdo en aumentar las ayudas económicas. Nuevos estudios realizados en la localidad encontraron una amplia contaminación que había sido pasada por alto, incluso en aquellas zonas donde la radiación sobrepasaba en 200 veces el nivel admisible para las zonas habitadas. En el año 2004, España cercó las tierras más contaminadas cercanas a los cráteres formados por las bombas.

Desde entonces, España no ha dejado de insistir para que Estados Unidos termine de limpiar la zona.

Debido a unos programas de seguimiento interrumpidos, el efecto sobre la salud pública está lejos de estar aclarado. Un pequeño estudio de mortalidad realizado en el año 2005 encontró que la tasa de cáncer había aumentado en el pueblo en comparación con localidades similares de la región, pero el autor, Pedro Antonio Martínez Pinilla, epidemiólogo, advirtió que los resultados podían estar sesgados por un error arbitrario, y sugirió la realización de más estudios.

No hace mucho, un científico del Departamento de Energía de Estados Unidos, Terry Hamilton, propuso otro estudio, teniendo en cuenta los problemas de las técnicas de seguimiento y control realizadas en España. “Ha quedado claro que la absorción de plutonio fue mal entendida”, dijo en una entrevista. El Departamento no ha aprobado su propuesta.

Las autoridades españolas dicen que los temores son exagerados. Yolanda Benito, que dirige el Departamento de Medio Ambiente del Ciemat, la Agencia Nuclear de España, dijo que los controles médicos no habían mostrado ningún aumento en los casos de cáncer en Palomares.

Desde un punto de vista científico, no hay nada que nos permita establecer una relación entre los casos de cáncer en la población local y el accidente”, dijo.

En declaraciones a Europa Press, Yolanda Benito dijo que “No hubo ninguna exposición ni ningún riesgo para los ciudadanos” y que el CIEMAT siempre ha buscado una solución final para Palomares. Según ella serían unas 40 hectáreas el área contaminada por el plutonio.

Se calcula que todavía quedaría una quinta parte del plutonio emitido en 1966 y todavía contamina el área. Después de años de presión, Estados Unidos está dispuesto a limpiar el plutonio restante, pero no existe ningún plan o calendario aprobado.

Voy a hablar de mi historia

En una reciente mañana lluviosa, Nona A. Watson, profesora de Ciencias ya jubilada, de Buckhead, Georgia, mantiene abierta la puerta de un centro médico de veteranos en Atlanta para que entre su marido, Nolan F. Watson, que cojea y su mano temblorosa es incapaz de mantener firme el bastón.

Con 22 años de edad, el Sr. Watson era adiestrador de perros y dormía en el suelo a pocos metros de distancia de uno de los cráteres que había abierto una de las bombas. Un año más tarde, se vio aquejado de fuertes dolores de cabeza y sus caderas estaban tan rígidas que apenas podía caminar. Así que fue en busca de ayuda al Departamento de Asuntos de los Veteranos. No fue atendido. Desde hace años tiene dolores en las articulaciones, cálculos renales y cáncer de piel localizado. En el año 2002, se le diagnosticó un cáncer de riñón, y uno de sus riñones le fue extirpado. En el año 2010, el cáncer apareció en el riñón que le quedaba, y recientes análisis de sangre sugieren que padece una leucemia.

Aquello arruinó mi vida. Yo era un joven en buena forma. Pero desde ese día, no he dejado de tener problemas”.

El Sr. Watson, que ahora tiene 73 años de edad, presentó una reclamación a la Agencia de Veteranos, que le fue denegada, y está en trámites de hacer una apelación. Otros veteranos de Palomares ya le habían dicho que todo era inútil. Sólo se sabía de un veterano que había tenido éxito en la reclamación de daños por la radiación, aunque tardó 10 años en conseguirlo, y le llegó cuando ya estaba postrado en la cama con cáncer de estómago. Pero el Sr. Watson quería acudir al centro médico para dar testimonio sobre la exposición al plutonio.

En la sala de espera de la clínica su nariz empezó a sangrar.

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Hace algunos años, cuando la primera reclamación le fue denegada, la esposa del Sr. Watson comenzó a la búsqueda de antiguos documentos del Gobierno con la esperanza de encontrar algo que demostrase que la Fuerza Aérea estaba encubriendo lo ocurrido en Palomares. Tal vez, pensó, podía descubrir alguna prueba para que las autoridades diesen permiso para un nuevo examen.

Presentó documentos que se remontaban a 40 años atrás, confirmando que hubo altos niveles de radiación y pocas medidas de seguridad en los hombres. Pero su descubrimiento más sorprendente fue un estudio de la Fuerza Aérea del año 2001, en el que se volvió a evaluar la contaminación en los veteranos de Palomares. El estudio determinaba que las antiguas pruebas de orina realizadas fueron insuficientes y que por tanto se deberían realizar nuevas revisiones a los hombres.

La Sra. Watson no sabe que se haya realizado una nueva revisión, por lo que llamó al Servicio Médico de la Fuerza Aérea para preguntar por qué. Como no pudo obtener una respuesta convincente, preguntó a un miembro del Congreso, Paul Broun, un republicano de Georgia, para que enviase una carta a la Fuerza Aérea. Tampoco el miembro del Congreso pudo obtener una respuesta clara, por lo que propuso la aprobación de una nueva ley, aprobada en 2013, por la cual la Fuerza Aérea debe responder al Congreso.

En el año 2013, la Fuerza Aérea envió la carta que le fue requerida legalmente a la Comisión de Servicios Armados de la Cámara. Para consternación de la Sra. Watson, la carta venía a decir lo que ella y el miembro del Congreso ya sabían: que las nuevas pruebas recomendadas en el Informe del año 2001 no eran necesarias, porque las tropas habían llevado equipos de protección y las pruebas realizadas de la orina mostraban que casi nadie había estado expuesto a la radiación. Documentos desclasificados y testimonios plantean serias dudas sobre la exactitud de la respuesta de la Fuerza Aérea al Congreso.

Después del envío de la carta, el Servicio Médico de la Fuerza Aérea quitó de su página web la única copia pública del Informe de 2001.

Primero pensé que debía tratarse de algún error, pero luego me di cuenta de que estaban tratando de encubrir lo ocurrido”, dijo la Sra. Watson en una entrevista en su casa.

El Coronel Kirk Phillips, que supervisa el programa de salud relacionado con la radiación de los Servicios Médicos de la Fuerza Aérea, dijo en una reciente entrevista que la Fuerza Aérea había hecho todo lo posible para atender a los veteranos de Palomares. Se quitó el Informe porque no quería que los veteranos tuviesen falsas esperanzas y temía que resultase confuso para los lectores.

Creemos que hay muchos veteranos que no estuvieron expuestos”, dijo.

Dijo que los niveles de radiación en Palomares fueron bajos, y los hombres llevaban equipos de seguridad. Un nuevo examen con unas técnicas más precisas, como se decía en el informe del año 2001, podría revelar unos niveles de contaminación aún más bajos, lo que hacía aún más improbable que los veteranos recibiesen algún tipo de compensación por parte del Departamento.

Creemos que un nuevo análisis sería un verdadero error. Podría perjudicar a nuestros veteranos al encontrar unos niveles más bajos de radiación”.

Con el fin de conceder a los veteranos de Palomares lo que se denomina beneficio de la duda, la Fuerza Aérea en el año 2013 dejó de basarse en los resultados de las pruebas de orina realizadas al personal militar que participó en las labores de limpieza y empezó a considerar el peor escenario teniendo en cuenta las lecturas de los equipos de medición de la radiación ambiental de aquella época.

Se determinó una dosis de 0,31 rem, una dosis muy pequeña como para que sea considerada por el Departamento como prueba para la obtención de beneficios. A los veteranos de Groenlandia que limpiaron los restos de un accidente similar, se les ha asignado una dosis cero de radiación.

La Sra. Watson, que ha estudiado con detalle los resultados de las pruebas e Informes de Palomares, dijo que las mediciones del ambiente, probablemente, no reflejen las dosis recibidas por las personas que trabajaron cerca de los cráteres. “En lo que yo puedo saber, no se basan en nada y a nadie sirven de nada. Una se pregunta por qué incluso se molestan”.

Mientras esperaba en la clínica con su marido, ella nos explicaba que esperaba que su apelación siguiese siendo denegada. Ellos no tienen pruebas. No importa lo que se dijese en el testimonio, el Departamento se refería a las antiguas muestras de orina para determinar los daños. No puede realizarse una nueva prueba de la orina porque el cáncer había acabado con las mayor parte de sus riñones.

De tener éxito en la apelación, el Sr. Watson tendría todos sus gastos médicos cubiertos y recibiría una paga mensual por incapacidad.

Pero no es por esa razón por lo que lo hago. No estoy aquí por el dinero”, nos dijo mientras se secaba la nariz.

Dudo que viva mucho tiempo como para reunir mucho. Más que nada, quiere aclarar las cosas. Quiero decir a la Fuerza Aérea que él y otros hombres a la que sirvieron, les debiera importar lo suficiente como para decir la verdad.

Voy a dar testimonio de lo sucedido, Dang. Ellos saben que todo lo que dicen es mentira”, dijo Watson.

Raphael Minder contribuyó a la redacción de este reportaje.

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Procedencia del artículo:

http://www.nytimes.com/2016/06/20/us/decades-later-sickness-among-airmen-after-a-hydrogen-bomb-accident.html


Artículos relacionados:

http://rebelion.org/noticia.php?id=213886

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Clasificado en:Cáncer, Contaminación química, Energía nuclear

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