"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Anatomía de una campaña de propaganda

Por Media Lens, 12 de mayo de 2016

dissidentvoice.org

propaganda

Vivimos unos tiempos en los que los intereses de los organismos estatales y de las Corporaciones están actuando de manera conjunta en campañas de propaganda destinadas a demonizar y destruir a los enemigos de los grupos de poder (Establishment).

Vamos a examinar los cinco componentes clave de una campaña de propaganda eficaz de este tipo:

1: Nuevas evidencias de especial interés

2: El tono y la intensidad emocional

3: La fabricación de un consenso

4: Consentimiento en la demonización

5: Momento oportuno y extrañas coincidencias

1: Nuevas evidencias de especial interés

Una campaña de propaganda a menudo se pone en marcha después de haberse revelado “nuevas evidencias de especial interés”, lo que significa que un enemigo del Establishment debe ser considerado como alguien despreciable y cuyo único objetivo es la acción.

En el infame Expediente de septiembre de 2002 del Gobierno de Blair sobre las armas de destrucción masivas de Irak, se hacían cuatro menciones a la afirmación de que Irak era capaz de desplegar esas armas de destrucción masiva contra los ciudadanos británicos en 45 minutos. Pero destacados funcionarios de los Servicios de Inteligencia revelaron después que esa afirmación de los 45 minutos se refería al tiempo que podría haber llevado a los iraquíes en disparar un misil Scud. Los Servicios de Inteligencia nada habían dicho hasta entonces de si Irak poseía armas químicas o biológicas para su uso en este tipo de cohetes. De un peligro puramente hipotético, de repente se convirtió en una amenaza inmediata y mortal.

En el año 2011, se empezó a afirmar que el Gobierno de Libia estaba preparando una masacre en Bengasi, exactamente el tipo de acción que Gadafi sabía podía desencadenar una intervención Occidental. El periodista de investigación Gareth Porter comentaba:

Cuando el Gobierno de Obama inició sus preparativos para derrocar a Gadafi, no pidió públicamente un cambio de Régimen, sino que simplemente dijo que estaba tratando de evitar la muerte de funcionarios de la Administración, algo que podía alcanzar niveles para que fuese considerado un genocidio. Sin embargo, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), que era el principal agente que informaba de la situación en Libia, no encontró pruebas para apoyar tales temores y concluyó que se basaban únicamente en argumentos especulativos”.

En 2013, se dijo que se había iniciado un ataque con armas químicas en Ghouta, Damasco, casi al mismo tiempo que los expertos en armas químicas de la ONU estaban de visita en la ciudad del Gobierno sirio. Se alegó que Assad habría superado las líneas rojas establecidas muy claramente por Obama para apoyar la intervención – una guerra que habría destruido al Gobierno sirio y posiblemente habría dado como resultado la muerte violenta de Assad. El periodista de investigación Seymour Hersh informaba sobre el ataque de Ghouta:

Las noticias que hablan de ese ataque por parte de Bashar al-Assad, simplemente no son ciertas”.

Los considerados disidentes por Occidente se ven sometidos repetidas veces a este tipo de estratagemas, a veces con una campaña de propaganda en toda regla.

En 2012, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, pidió asilo en la embajada de Ecuador en Londres, y los medios Corporativos casi al unísono se levantaron para calificarle como un narcisista vil y un bufón. Siempre polémico, los periodistas no han perdido la oportunidad de presentar a Assange como una persona a la que odiar en toda regla.

En 2013, un solo comentario por parte de Russell Brand en una entrevista, que hasta entonces habría estado promoviendo una forma de resistencia contra las Corporaciones, produjo un revuelo, de modo que periodistas de todo el espectro llegaron a la conclusión de que era un vicioso machista, un narcisista y un idiota. La intensidad de estos ataques contra él llevó a la desaparición de su programa.

No hay dudas de que Assange, Brand y otros están en el punto de mira de la propaganda del Estado y de las Corporaciones, ya que suponen un reto al poder de ambos. ¿Cómo podemos entonces explicar el hecho de que muchos periodistas y parlamentarios hayan apoyado y votado a favor de guerras que han destruido países enteros y sin embargo nada se dice de todo esto? No sólo es que las críticas hacia Assange, Brand y otros hayan sido desproporcionadas, sino que no se han producido críticas en absoluto contra aquellas personas que han provocado tanta muerte, tantos daños y el desplazamiento de millones de seres humanos. Pero cuando Brand bromeó acerca de la que entonces era su novia, “Cuando me pidieron que modificase una cuestión de New Statesman, dije que sí, porque era una mujer hermosa la que me lo pedía”, estas palabras fueron consideradas mucho más despreciables por los medios de comunicación que las acciones políticas llevadas a cabo por aquellos que son responsables de la destrucción de países enteros.

El líder laborista Jeremy Corbyn ha sido también objeto de una implacable y casi surrealista campaña de propaganda. Como veremos en la Parte 2, esta campaña ha tomado la forma de acusaciones de que “El Partido Laborista parece ser una fiesta que atrae a los antisemitas como moscas a un pozo negro”.

Estas campañas de propaganda se desarrollan con gran rapidez, y están destinadas a causar el máximo daño. Los propagandistas del Estado y de las Corporaciones saben que la atención mediática se centrará en las nuevas evidencias de especial interés, por lo que la duración de las reclamaciones no es motivo de excesiva preocupación. Los blogs de medios marginados y de artículos que se salen de la corriente principal pueden exponer rápidamente las exageraciones, pero la mayor parte de los medios de comunicación no lo tendrán en cuenta y no aprenderán la lección de que afirmaciones similares deben ser recibidas con extrema cautela. Un buen ejemplo de ello fue la campaña de justificación de la guerra contra Libia en 2011, que no produjo ningún tipo de escepticismo en los medios corporativos, sólo ocho años después de la decepción de la guerra de Irak.

2: El tono y la intensidad emocional

Un componente crucial de las campañas de propaganda es el tono de los comentarios políticos y de las Corporaciones, siempre vehementes, incluso histéricos. Los altos niveles emocionales se utilizan para dar idea de unas fuertes convicciones, alimentadas por una intensa indignación moral.

La razón está bastante clara: dejando a un lado el desequilibrio emocional, un comportamiento de este tipo sería un signo de que alguien tiene buenas razones para estar enfadado. La gente, por lo general, no se muestra demasiado enfadada cuando tiene dudas. Así que el mensaje que se quiere enviar a la gente es el de que no tenemos dudas. Las constantes irrupciones ante el ultraje moral exigiendo que hay que hacer algo para salvar Libia o Siria de una inminente matanza, algo publicado por los periodistas de una forma alegremente indiferente a las consecuencias de los ultrajes morales anteriores, por ejemplo, Irak. Así la presencia de “Fascistas en el corazón envenenado del Partido Laborista” con un odio racista escalofriante.

3.- La fabricación de un consenso

El tercer componente de una campaña de propaganda es la afirmación de que existe un consenso informado. La afirmación exagerada, dada con certeza y recurriendo al ultraje, se repite normalmente desde la derecha hasta el otro lado del espectro político y de los medios de comunicación. Esta cruzada de todo el espectro afirmando la existencia de un consenso da la impresión de que todo el mundo sabe que la campaña de propaganda hunde sus raíces en la Realidad. Por esta razón, el mito del espectro de los medios de comunicación es tan importante.

Mientras que una campaña de propaganda para demonizar algo o a alguien puede surgir del espectro político de la derecha y de los medios de comunicación, la propaganda para acabar con las dudas de la gente proviene de los periodistas liberales de izquierdas, como los de The Guardian, The Independent, la BBC y Channel 4. Una vez más la lógica que hay detrás está clara: si incluso reconocidos periodistas, famosos por sus puestos y calcetines de colores, se unen a las denuncias, entonces debe haber algo cierto en sus afirmaciones. Llegados a este punto, se hace difícil dudar de ellos.

Así, en el año 2002, The Guardian publicaba como un hecho que Irak conservaba armas de destrucción masiva que podrían suponer una amenaza, a pesar del hecho de que ambas afirmaciones eran fácilmente refutables.

En el año 2007. George Monbiot escribía en The Guardian: “Creo que Irán está intentando fabricar una bomba atómica”. En octubre de 2011, Monbiot escribió sobre la guerra de la OTAN en Libia: “Siento que se está haciendo lo correcto por razones equivocadas”. En un momento crucial de agosto de 2013, Monbiot afirmaba: “Hay pruebas evidentes de que Assad está utilizando armas químicas contra los civiles”. Y posteriormente escribió en The Guardian sobre “la larga serie de crímenes horribles, incluyendo el uso de armas químicas por parte del Gobierno de Assad”.

La noticia de la muerte de varios Ministros del Gobierno sirio por la explosión de una bomba fue recibida por Owen Jones de The Guardian con un “Adiós, Assad (espero)”. Jones tuiteaba que “esto es un levantamiento popular, no siendo apoyado por detrás con los misiles occidentales, sus tanques y sus balas”. Como ha quedado claro, Jones estaba mal informado, Occidente es responsable directamente, y a través de sus aliados regionales, de la enorme violencia que se ha desatado. Como si hubiera leído el manual de estrategias de la OTAN, Jones añadió:

Estoy a favor del derrocamiento de dictaduras brutales ilegítimas y que la gente del propio país restablezca la Democracia”.

Estas son las razones y la mitología empleada por los liberales de izquierdas de The Guardian o The Independent, un puñado de progresistas, retóricos de ruidosos demagogos, y por esta razón nos empeñamos en destaparlas. Es por este motivo que la aparición de artículos en The Guardian de destacadas figuras como Noam Chomsky o Russell Brand sirva de apoyo a este medio.

La gente ni por un momento se deja engañar por el consenso de la extrema derecha, pero sí por todos los bienpensantes, incluyendo los izquierdistas de The Guardian.

4. Consentimiento en la demonización

Se uno desafía las campañas de propaganda corre el riesgo de convertirse en el blanco de dichas campañas. Los disidentes se pueden calificar como tontos útiles, apologistas, negadores del genocidio.

Cualquiera que saque a la luz las campañas contra Julian Assange y Russell Brand, corre el riesgo de ser etiquetado de machista, misógino, y en el caso de Assange, de apologista de las violaciones. Y eso a pesar de lo dicho, Oliver Kamm, de The Times, tuiteó que Media Lens es un medio de comunicación que repetidas veces “ha negado el genocidio, y ha mostrado actitudes misóginas y xenófobas”.

De hecho se nos ha acusado de disculpar desde los crímenes de Stalin a los de Milosevic y apoyar la dictadura de los ayatolás en Irán o las dictaduras de Corea del Norte, Assad. Gadafi, Saddam y así sucesivamente. Parece que estamos tan desquiciados que apoyamos movimientos e ideologías políticas completamente contradictorias, incluso a enemigos que se desprecian entre sí. Esto puede ser debido a que nuestro odio lo dirigimos hacia Occidente, o tal vez porque estamos desafiando a los medios Corporativos y la propaganda del Estado.

Cuando el ultraje moral se dirige contra personas que desafían las campañas de propaganda, la reputación puede ser fácilmente dañada de manera irreparable. El público se puede quedar con la vaga sensación de que el objetivo es poco fiable y casi moralmente antihigiénico. El desprestigio puede durar el resto de su carrera o incluso de la vida de una persona.

5: Momento oportuno y extrañas coincidencias

Las nuevas evidencias de especial interés que alimentan las campañas de propaganda a menudo salen a la luz pública en el peor momento para los objetivos del Establishment. Podría parecer que se trata de una coincidencia absurda: ¿por qué el enemigo oficial provocaría en el momento más inadecuado invasiones, bombardeos o desastres electorales?

Pero recuerde, estamos hablando de gente con malas entrañas, que como todo el mundo sabe, son famosos por su perversidad. Forma parte del modo de pensar del Dr. Maligno, que provoca y se ríe de los desastres. Los comportamientos idiotas son ciegamente autodestructivos, que precisamente es lo que hacen estas gentes de malas entrañas. Así que este momento por inverosímil que parezca resulta oportuno para que la gente piense: estos tipos realmente están locos. Mucho periodismo que se ocupa de los enemigos oficiales dicen cómicamente que son caricaturas, exactamente de esta manera.

No tenemos ninguna duda de que, con los recursos adecuados, los analistas de los medios de comunicación podrían con facilidad demostrar que las campañas de propaganda aparecen en el momento más oportuno, justo en el momento clave de una votación en la ONU, en el Parlamento o en las elecciones.

En noviembre de 2002, antes de la votación en la ONU de la Resolución 1441, que marcaba la cuenta atrás para el inicio de una guerra, el Régimen de Blair comenzó a emitir advertencias diarias de inminentes ataques terroristas contra transbordadores del Reino Unido, el metro y en grandes eventos públicos. En 2003, Blair rodeó el aeropuerto de Heathrow con tanques, acción que justificó como una respuesta a un aumento de las amenazas terroristas, ataques con misiles, de los que nada se supo posteriormente. Incluso los editores de The Guardian expresaron escepticismo sobre esta oleada repentina de amenazas:

No se puede descartar que Blair tenga sus razones políticas para mostrar signos de inquietud, con la finalidad de justificarse en caso de que haya una guerra contra Irak, que sólo está respaldada por un votante de cada tres” (1).

John Pilger citó a un ex oficial de inteligencia que describía las advertencias terroristas del Gobierno como “preparación del proceso antes de la guerra de Irak y un juego de mentiras a gran escala” (2). De hecho, Blair estaba desarrollando una forma de terrorismo psicológico entre los suyos.

Del mismo modo, las alegaciones de las atrocidades cometidas en Siria alcanzaron su momento culminante cuando Estados Unidos se fue acercando a los escenarios de los combates en verano de 2013. Después de que Obama decidiese no bombardear, fue algo asombroso ver cómo de las primeras páginas desaparecían las informaciones sobre esas atrocidades.

En 2012, la milicia pro-Assad, la shabiha, se hizo mundialmente famosa cuando fue acusada de la masacre de Holua en mayo de 2012. En septiembre de 2014, mediante la herramienta Lexis se pudo comprobar que en los tres años anteriores la shabiha había sido mencionada en 993 artículos publicados en la prensa nacional. Sin embargo, desde septiembre de 2013 a septiembre de 2014, en un momento en el que el punto de mira de Occidente se desplazó de Assad al Estado islámico, sólo se produjeron 28 menciones de la Shabiha (búsqueda de Media Lens, septiembre de 2014). En el último año, la herramienta Nexis sólo ha encontrado 12 artículos que mencionen los términos Siria y shabiha en toda la prensa nacional del Reino Unido.

En la Segunda Parte, vamos a comprobar cómo la campaña de propaganda contra Jeremy Corbyn ha coincidido perfectamente con las elecciones locales en el Reino Unido, con objeto de dañar sus posibilidades.

Todo unido, las nuevas evidencias de especial interés, el ultraje moral y el aparente amplio consenso, todo ello tiene un impacto considerable.

La mayoría de las personas desconocían la existencia o no de las armas de destrucción masiva en Irak, las intenciones de Gadafi en Libia, o lo que piensa Corbyn sobre el antisemitismo. Con esta incertidumbre, no es de extrañar que la gente se quede impresionada por las explosiones de indignación moral de tantos políticos y expertos en los medios de comunicación.

Las expresiones de odio de estas gentes de malas entrañas y sus apologistas persuaden a la gente a que no agache la cabeza. Saben que incluso con un moderado escepticismo, incluso si se solicitase una aclaración, eso puede provocar que los Gigantes Corporativos le señalen con el dedo. Tal vez, incluso, sean acusados de ser partidarios de la tiranías, apologistas de la negación del genocidio, racistas y machistas. La posibilidad de denunciar intimida mucho y puede resultar especialmente desastroso para una persona que depende de un empleo o del patrocinio de las Corporaciones. Las Corporaciones, y en particular los anunciantes, no desean verse relacionados con ninguna controversia desagradable. Es notable ver cómo personas de cierta notoriedad social, con capacidad de difundir un mensaje, se mantienen a menudo en silencio.

Es fácil imaginar que la gente diga a menudo que tal cuestión no es de importancia para ellos, o que no saben mucho acerca de ella, para evitar meterse en problemas. Y como ya se ha discutido, es natural imaginar que los periodistas profesionales que tienen acceso a una gran cantidad de información, y experiencia, prefieran guardar silencio. Este es el efecto de rápido enfriamiento de una campaña de propaganda desarrollada con rapidez.

Propaganda y cambio climático

Sin embargo, el impacto más preocupante se produce en la percepción pública de las amenazas.

Una serie de campañas de propaganda ha ensañado a la gente a asociar una situación alarmante con la irrupción al unísono de muestras de preocupación y de indignación por parte de los partidos políticos y los medios de comunicación. Supone un problema, porque las verdaderas amenazas no provocan esas campañas de propaganda, de modo que parece que es algo menos urgente y que supone una amenaza menor de lo que realmente es. Y esto es exactamente lo que ha ocurrido con el cambio climático.

A pesar de que los registros nos hablan una y otra vez del aumento de las temperaturas y de que se están produciendo fenómenos meteorológicos extremos, a pesar de los intentos cada vez más urgentes de advertir a la gente de una verdadera emergencia climática, los científicos no son capaces de crear una situación de alarma generalizada como lo hacen las orquestadas campañas de propaganda.

Estas campañas se sirven del gran poder y de la gran cantidad de recursos que poseen los grupos de poder, y su enorme codicia. Se mueven por la necesidad de despejar aquellos obstáculos que impidan la obtención de beneficios, el control de los recursos naturales, para justificar su enormes presupuestos militares (socialismo para los ricos). Desde luego, está claro que una campaña de propaganda no va a servir para perjudicar sus propios intereses, los de la élite.

Como la respuesta ante el cambio climático por parte de las Corporaciones y de los Estados está muy clara, las campañas de propaganda no se dirigen realmente para intentar reducir las amenazas. Resulta tragicómico el hecho de ver a los altos funcionarios del Estado y los comentarios en los medios corporativos haciendo hincapié en las preocupaciones por la seguridad, mientras que poco o nada se hace frente a una amenaza que pone en peligro nuestra propia existencia, como es la del cambio climático. Se trataría por tanto de un tipo de amenaza que no debiera darse y que por tanto no requiere de la atención que precisaría.

El resultado es que la emergencia climática es percibida por la gente como un problema menor rodeado de muchas incertidumbres. Una encuesta de YouGov del pasado mes de enero encontró que el “público británico está mucho más preocupado por la amenaza que representa el crecimiento de la población que por el problema del cambio climático”. Vienen al caso las nuevas evidencias de especial interés, las expresiones con alto contenido emocional, o la existencia de un amplio consenso científico sobre el cambio climático, todo ello justificado en esta ocasión, pero las denuncias de esas gentes de malas entrañas caen en saco roto.

Este es el increíble precio que tenemos que pagar por la dominación a que estamos sometidos por las Corporaciones, los Partidos Políticos y los Medios de Comunicación. Aunque las víctimas sean los mismos propagandistas y la gente engañada por ellos.

En la Parte Segunda veremos la reciente campaña de propaganda dirigida contra Corbyn, que se ajusta perfectamente al patrón descrito anteriormente.

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Notas:

  1. Leading article, ‘Gloom in Guildhall,’ The Guardian, November 12, 2002. []

  2. Pilger, ‘Lies, damned lies and government terror warnings,’ Daily Mirror, December 3, 2002. []

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Media Lens es un organismo de control de los medios de comunicación del Reino Unido, encabezado por David Edwards y David Cromvell. El segundo libro de Media Lens, Neolengua en el siglo XXI, por David Edwards y David Cromwell, fue publicado en 2009 por Pluto Press. Visite Media Lens’s website.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2016/05/anatomy-of-a-propaganda-blitz/

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