"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Industria de fabricación del PVC y cáncer: cómo ocultar el alcance de un problema

Después de que se produjeran un número de excesivo de tumores en una planta química, la Industria puso en marcha un estudio para oscurecer el alcance del problema

Por David Heath, febrero de 2016

publicintegrity.org

La antigua empresa Atofina, posteriormente denominada Arkema Química, que se dedicaba a la producción de PVC, donde habrían sido 27 los trabajadores fallecidos a causa de algún tipo de cáncer durante los últimos 15 años, según denuncia del sindicato CC.OO. porexperiencia.comLa antigua empresa Atofina, posteriormente denominada Arkema Química, que se dedicaba a la producción de PVC, donde habrían sido 27 los trabajadores fallecidos a causa de algún tipo de cáncer durante los últimos 15 años, según denuncia del sindicato CC.OO. porexperiencia.com

Comenzó con un dolor de cabeza, luego se produjeron temblores en las manos. La esposa de Leuwell Malone notó un comportamiento inusual: tenía dificultades para abrocharse correctamente los botones de la camisa y en un incidente con su coche en la cochera, se llevó por delante el calentador de agua. Y finalmente, a los 55 años de edad, este trabajador de la Industria Química acabó en el hospital.

La primera impresión del médico que atendió a Malone fue la de que había sufrido un derrame cerebral. Pero fue algo bastante peor. El padre de 4 hijos tenía un raro y mortal tumor cerebral.

Durante 32 años se encargó del mantenimiento de las máquinas de la planta que Union Carbide tenía al sur de Houston. Malone tenía miedo a los productos químicos, por si algún día podía contraer algún tipo de enfermedad, recuerdan sus hijos. Así que informó de su enfermedad a la oficina de la Administración de la Seguridad Social y Salud Ocupacional (OSHA) de la localidad.

Eso fue en noviembre de 1978. Pocos días más tarde, Bobby Hinson, uno de los compañeros de trabajo de Malone, moría del mismo tipo de tumor poco frecuente, conocido como glioblastoma. Tenía 49 años de edad. Los inspectores de la OSHA, acudieron a la fábrica con objeto de averiguar cuántos otros trabajadores habían muerto allí por cáncer cerebral.

Para su sorpresa, el Director médico de la fábrica ya había hecho una relación de 10 nombres. “Entrar simplemente por la puerta y antes de realizar un estudio y disponer ya de 10 casos de cáncer de cerebro es algo simplemente sorprendente”, dijo el investigador de la OSHA, el Dr. Victor Alexander, a un periodista de la localidad. Malone moriría tres meses después de que le fuese diagnosticado el cáncer.

Más de 7.500 personas habían trabajado en la fábrica desde su apertura en 1941. Así que realizar un seguimiento de los que habían fallecido parecía una tarea desalentadora. Se necesitaron 3 años, pero los científicos de la OSHA y sus colegas del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH), descubrirían 23 muertes por tumor cerebral, el doble de la tasa normal. Fue la mayor cantidad de tumores cerebrales relacionadas con el trabajo que nunca se hayan notificado, siendo una noticia recogida a nivel nacional, captando la atención de The Washigton Post, The New York Times, e incluso el Walter Cronkite.

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El  diario El País, del 30 de noviembre de 2002, informaba de que el fiscal aprecia delito contra la salud en el caso Atofina, por la posibilidad de que se hubieran producido 27 muertes en 12 años, por procesos cancerígenos entre los trabajadores de la planta de producción de PVC.

El principal sospechoso era el cloruro de vinilo, un producto químico que se utiliza para la fabricación de plásticos de cloruro de polivinilo (PVC). El PVC se encuentra en un sin fin de productos de plástico, incluso en los juguetes de los niños. Estudios realizados por la Industria ya habían descubierto que las tasas de cáncer cerebral eran mayores de lo esperado en las plantas de producción del cloruro de vinilo, y en 1979, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, o IARC, que forma parte de la Organización Mundial de la Salud, consideró de manera inequívoca al cloruro de vinilo como causante de tumores cerebrales.

Sin embargo, hoy en día, la mayor parte de la literatura científica no establece esta relación entre el cáncer y el cloruro de vinilo. Una revisión del año 2000 sobre las muertes por cáncer cerebral en las plantas de producción de cloruro de vinilo, encontró que “no estaba clara” la relación entre este producto químico y el cáncer cerebral. De modo que la IARC en 2008, citando éste y otros estudios, cambió su anterior dictamen.

No obstante, una revisión realizada por el Centro para la Integridad Pública de miles de documentos confidenciales, muestra que el estudio de la Industria citado por la IARC era defectuoso, incluso se puede decir que estaba manipulado. A pesar de que ese estudio se supone que contabilizaba las muertes por cáncer cerebral entre los trabajadores expuestos al cloruro de vinilo, Union Carbide no incluyó la muerte de Malone. Es más, la empresa sólo contabilizó una de las 23 muertes por tumor cerebral en su planta de Texas.

Nuestra investigación encontró que debido a cómo diseñaron el estudio los investigadores de la Industria, no incluyeron a muchos trabajadores que habían estado expuestos al cloruro de vinilo, incluyendo a algunos que habían muerto por tumor cerebral. Excluyendo incluso a algunos que habían muerto por enfermedades raras, de modo que los resultados de su estudio cambiaron drásticamente.

Preguntamos al ex Director de Epidemiología de Dow Chemical, James J. Collins, que luego se fusionó con Union Carbide en 2001, sobre por qué no se habían incluido dichas muertes, a lo cual dijo: “Eso habría sido hacer las cosas de una forma no científicamente correcta”.

Richard Lemen, director general adjunto del NIOSH y ex Inspector general de sanidad , lo dijo muy claramente: “Esto raya en el comportamiento criminal”.

El episodio del cloruro de vinilo muestra lo que puede suceder cuando la investigación científica se deja en manos de las Empresas si tienen un especial interés en el resultado. Después de publicarse una serie de estudios sobre el cloruro de vinilo a finales de 1970, tanto la OSHA como el NIOSH dejaron de ejercer bruscamente su labor, sometidos al clima de desregulación inculcado por la Administración Reagan. La Industria Química, por su parte, continuó actualizando sus estudios y los utilizó para defenderse en las demandas presentadas por los trabajadores que culpaban al cloruro de vinilo de sus cánceres cerebrales. El resultado fue una investigación muy sesgada, que cambió el consenso científico anteriormente existente. Se espera una actualización con un estudio de más amplias proporciones sobre el cloruro de vinilo, que probablemente se publique este año.

El predominio de la investigación financiada por la Industria Química se ha hecho algo común, ya que la investigación financiada con fondos públicos es cada vez más escasa. Una disminución de un 23%, ajustando la inflación, se ha producido desde el año 2003, según la Federación de Sociedades Americanas de Biología Experimental. Por contra, la Industria ha mostrado mayor disposición a gastar más profusamente en la investigación que sirva en sus litigios.

Las Agencias de regulación y los tribunales a veces confían más en las investigaciones pagadas por las Empresas, cuando hay de por medio un elevado interés económico en sus resultados.

En una breve declaración realizada a este Centro, el American Chemistry Council, el grupo comercial y de presión que paga los estudios de la Industria, señaló que cuando la IARC relacionó el cloruro de vinilo con el cáncer cerebral: “se basaron en hallazgos inconsistentes entre los estudios disponibles, faltando una relación dosis-respuesta, e informando de un pequeño número de casos en la mayor parte de los estudios”.

Otto Wong, uno de los autores, ya retirado, de uno de los estudios de actualización, expresó su preocupación después de escuchar las conclusiones de este Centro. Si los responsables de la Industria sabían de antemano que estaban excluyendo las muertes de los trabajadores que pudieron haber estado expuestos, debieran haber diseñado el estudio de un modo diferente, dijo Wong.

Aquí se puede observar:

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 Un científico de Union Carbide realiza la observación de que la actualización de estudios anteriores que mostraban unas tasas más altas de cáncer cerebral en las fábricas de producción de cloruro de vinilo, podría tener un importante sesgo. Sería así porque el estudio no permitiría a los trabajadores que habían estado expuestos al cloruro de vinilo ser incluidos en el estudio si habían sido excluidos erróneamente en estudios anteriores (Página 1). https://www.publicintegrity.org/2016/02/10/19265/making-cancer-cluster-disappear

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 La Industria Química contrató a una Empresa de consultoría científica en la década de 1970 para estudiar si los trabajadores expuestos al cloruro de vinilo tenían unas tasas mayores de cáncer. El informe final reconoce que los métodos utilizados para determinar los niveles de exposición tenían una validez cuestionable” (Página 11). https://www.publicintegrity.org/2016/02/10/19265/making-cancer-cluster-disappear

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 Del mismo que los responsables de la Industria Química discutían sobre la actualización de un viejo estudio sobre las tasas de cáncer en las plantas de producción de cloruro de vinilo, un representante de Union Carbide les dijo que ninguno de los trabajadores de su planta de Texas que habían muerto de cáncer cerebral había sido incluidos en los estudios previos. Sólo una semana antes, un responsable médico de la Empresa había informado que la mitad de esas muertas estaba relacionada con la exposición al cloruro de vinilo. Sin embargo, el Centro para la Integridad Pública encontró que el estudio de actualización tampoco les incluiría, lo que plantea dudas sobre su validez científica (Página 2). https://www.publicintegrity.org/2016/02/10/19265/making-cancer-cluster-disappear

Búsqueda realizada por Chris Zubak-Skees y Merlin Chowkwanyun. Contribución al trabajo de David Heart y David Rosner.

Continúa el peligro medioambiental

A pesar de las estrictas normas de regulación sobre la exposición al cloruro de vinilo en el lugar de trabajo, desde 1975, sigue discutiéndose sobre sus efectos sobre la salud. Las fábricas de PVC de lugares tales como Calvert City, Kentucky y Plaquemine, Louisina, todavía emiten cloruro de vinilo a la atmósfera. En el año 2014, las empresas informaron de unas emisiones de unos 230.000 kilogramos de cloruro de vinilo, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Se espera que la EPA establezca este año unos límites más estrictos en las emisiones de cloruro de vinilo y otros productos químicos vertidos por las plantas de PVC.

También se han producido destacados casos de contaminación por cloruro de vinilo. En el año 2012, el descarrilamiento de un tren en Paulsboro, Nueva Jersey, produjo el derrame de grandes cantidades de esta sustancia química al río Mantua Creek, con el ingreso de 250 personas en la salas de emergencia y haciendo aumentar los temores sobre los efectos a largo plazo en la salud. “Estaré preocupada el resto de mi vida”, dijo Alice Breeman, una madre de tres hijos que fue una de las víctimas de las emisiones y que demandó a Conrail,  CSX Transportation y Norfolk Southern Railway. Posteriormente, tanto en el caso de CSX como de Norfolk Southern Railway, la causa fue sobreseída.

En 2014, los residentes de McCullon Lake, Illinois, mantuvieron un pleito durante ocho años con una cercana planta química de producción de cloruro de vinilo, propiedad de Dow, porque vertía en las aguas subterráneas y aseguraban que había causado al menos 33 tumores cerebrales. El pueblo cuenta con poco más de 1000 habitantes. Dow no admitió ningún tipo de delito en la resolución, cuyos términos son confidenciales.

Hoy en día, todas las disputas legales y las normas de regulación del cloruro de vinilo tienen en cuenta los estudios realizados por la Industria, dada la escasez de investigaciones independientes. Una revisión patrocinada por la Industria en el año 2000, el estudio más amplio y más citado sobre el cloruro de vinilo, descubrió 36 muertes por cáncer cerebral en las 37 plantas de producción de cloruro de vinilo entre los trabajadores, entre 1942 y 1972. A pesar del pequeño número de cánceres, está tasa representa un 42% más de lo que sería de esperar entre la población en general.

Sin embargo, por un estrecho margen, el número de muertes no cumplió con la norma para que se considere que tiene significación estadística – por lo menos un 95% de certeza de que las altas tasas de cáncer cerebral no se debieron simplemente a circunstancias del azar. Una muerte más podría haber alterado esa conclusión.

Este Centro de Integridad Pública examinó la forma en que se diseñó y se llevó a cabo este estudio, después de examinar más de 200.000 documentos internos de la industria, en manos del abogado William Baggett Jr. Estuvo durante 9 años en una demanda presentada por Elaine Ross, cuyo esposo, Dan, trabajó en una planta de producción de cloruro de vinilo en Lake Charles, Louisiana, muriendo de cáncer cerebral en 1990, a la edad de 46 años. El caso quedó zanjado hace 15 años mediante el pago de varios millones de dólares, pero los términos exactos de la resolución son confidenciales.

El cloruro de vinilo alcanzó cierta notoriedad en 1974, cuando se supo que cuatro trabajadores de una planta de B. F. Goodrich en Louisville, habían muerto de angiosarcoma de hígado, un tipo de cáncer muy raro del cual apenas se presentan no más de 25 casos por año en Estados Unidos. Un reciente recuento de los casos de angiosarcoma hepático entre las personas expuestas al cloruro de vinilo es de 197 en todo el mundo, de los cuales 50 se han dado en Estados Unidos.

Las evidencia de carcinogenicidad en los casos de Louisville fueron tan abrumadoras que la Industria del plástico no pudo negarlo. Aún así, la Industria presionó contra las normas que lo regulaban, diciendo que eso podría suponer la pérdida de 2,2 millones de puestos de trabajo y la paralización de toda la industria del plástico.

OSHA, sin embargo, siguió adelante en 1974 con el establecimiento de unos límites de exposición 500 veces más estrictos de los que existían antes de conocerse los casos de Louisville. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) prohibió el uso de este producto químico en cosméticos y espráis para el cabello. Las predicciones de la Industria de que se producirían grandes pérdidas nunca se hicieron realidad cuando se aprobaron los nuevos reglamentos.

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Debilidades inherentes

El estudio sobre el cloruro de vinilo que se cita con mayor frecuencia hoy en día, incluyendo un importante estudio que será publicado en breve, en realidad es una actualización de un estudio publicado por primera vez en 1974. Después de conocerse los casos de trabajadores que sufrieron angiosarcoma, en silencio la Industria decidió averiguar qué otros tipos de cáncer podrían estar relacionados con la exposición al cloruro de vinilo.

El estudio de la Industria ya presentaba desde el principio errores de bulto, y las sucesivas actualizaciones incorporadas no consiguieron remedar sus debilidades.

En junio de 1973, un grupo comercial de la Industria, conocido entonces como Manufacturing Chemists’ Association, contrató a la consultora Tabershaw-Cooper Associates para analizar los casos de cáncer en las plantas de cloruro de vinilo. El primer reto consistió en recopilar una lista de todos los trabajadores que habían estado expuestos a este producto químico. En lugar de dejar las decisiones en manos de los científicos de Tabershaw-Cooper, y que elaborase la lista de estos trabajadores, los administradores asignaron esta tarea a los propios gerentes de la Empresa. En Union Carbide, los administradores decidieron incluir sólo a las personas que trabajaron directamente con el cloruro de vinilo, en base a algunos registros escritos y los lejanos recuerdos de los supervisores.

Hasta mediados de la década de 1970, los datos de exposición eran muy burdos o inexistentes. Los gerentes tuvieron en cuenta cuestiones tan subjetivas como la potencia de los olores que percibían los trabajadores, que clasificaron como alta, media o baja, para cuantificar la exposición. Jim Tarr, que trabajaba como supervisor de la contaminación del aire en Texas en dicho momento, dijo que un procedimiento de este tipo “ni siquiera llega al nivel de que pueda considerarse Ciencia basura”.

Tarr, ahora consultor ambiental en el sur de California, dijo que es ridículo preguntar a alguien por el recuerdo que pueda tener de los olores años después de sucedidos los hechos. De hecho, el cloruro de vinilo se puede oler de manera más intensa ahora que cuando regían los viejos reglamentos.

El Informe final de Tabershaw-Cooper, que no revela los métodos utilizados, dice que “ha resultado imposible medir los niveles de exposición en las plantas”. Reconocían que las técnicas utilizadas por los gerentes para determinar los niveles de exposición fueron subjetivas y de una validez cuestionable.

Pero incluso con esta metodología, Tabershaw-Cooper informaba en 1974 de que había más casos de tumores cerebrales en las plantas de cloruro de vinilo de los que eran de esperar. Un seguimiento que se completó en 1978, informaba de que los cánceres cerebrales en las plantas de cloruro de vinilo se estaban produciendo en una tasa doble de la normal.

Había evidencias de que los trabajadores de Union Carbide de la planta en Texas City que murieron de cáncer cerebral habían estado expuestos al cloruro de vinilo. Cuando se hizo pública la noticia de los 10 primeros casos de cáncer cerebral en dicha planta en 1979, el Director médico de Union Carbide, el Dr. David Glenn, reconocía que se había estado intentando desviar la culpa de la sustancia química.

A pesar de que la prensa haya dicho que el cloruro de vinilo es el culpable, sólo la mitad de nuestros casos (de cáncer cerebral) tienen relación con la exposición a esta sustancia química”, dijo en un comunicado.

Sin embargo, ninguno de esos trabajadores fueron incluidos en las actualizaciones del estudio que se han llevado a cabo en base al consenso científico actual. La única muerte por cáncer cerebral de las que se produjeron en la planta de Texas City y que se incluiría posteriormente, fue la de Luther Ott, de 57 años de edad, trabajador que ni siquiera fue diagnosticado hasta un mes después de la declaración del Director médico. Ott murió en febrero de 1980.

Responsables de la Industria Química sabían que antes contratar a Otto Wong para que realizase una actualización del estudio, que no se habían incluido en estudios anteriores ninguna de las 10 muertes por cáncer cerebral de la planta de Texas City, a pesar de que Glenn dijera que la mitad de los trabajadores habían estado expuesto al cloruro de vinilo.

Una semana después de la declaración de Glenn, el Director médico de Union Carbide, el Dr. Mike Utidjian, dijo a un grupo de trabajo de la Industria que ninguna de las 10 muertes en Texas City tenía bien definidos los niveles de exposición. Tampoco se incluyeron en los estudios anteriores.

Wong dijo que habría tenido más sentido realizar un nuevo estudio que actualizar uno defectuoso.

Desde el punto de vista científico, el mejor enfoque sería realizar un huevo estudio”.

Ello conllevaría volver a analizar a los trabajadores que estuvieron expuestos y a los que no lo estuvieron.

En marzo de 1981, los científicos de Union Carbide determinaron que al menos cuatro de los trabajadores que murieron de cáncer cerebral habían estado expuestos al cloruro de vinilo. El experto en bioestadística que redactó esa nota, Rob Schnatter, no quiso realizar comentarios para este artículo.

Schnatter no quiso mantener ocultas estas cuatro muertes. Él y otro científico de Unión Carbide las reconocieron en un artículo publicado en 1983.

Schnatter quiso modificar los trabajadores que habían sido incluidos en el estudio de la Industria. En 1982 envió un Informe a sus colegas de Union Carbide, uno de los cuales le contestó con una nota escrita a mano: “No, nosotros no estamos añadiendo a más gente en la cohorte”.

Esto refleja una decisión crítica que casi garantizaba unos determinados resultados del estudio. De acuerdo con el protocolo, los trabajadores incluidos en el estudio original podían ser excluidos de las actualizaciones si las nuevas informaciones mostraban que no habían estado expuestos al cloruro de vinilo. Pero lo contrario no: los trabajadores no incluidos inicialmente en el estudio no podrían incluirse posteriormente si las nuevas informaciones mostraban que habían estado expuestos, según una nota de Union Carbide.

En 1974, se entregó una lista a Tabershaw-Cooper de 431 trabajadores que habían estado expuestos en la planta de Texas City. Pero cuando el estudio se modificó una década más tarde, el número de trabajadores expuestos se había reducido a 289.

Susan Austin, epidemióloga de Union Carbide en ese momento, se quejó en un Informe interno de que el complejo reglamento para reclasificar si los trabajadores habían estado expuestos o no “podría dar lugar a un importante sesgo”.

Collins, ex epidemiólogo de Dow, dijo que era prácticamente imposible hacer algún tipo de trampa en este estudio. Cuando los científicos estaban decidiendo qué trabajadores habían estado expuestos a esta sustancia química, por lo general no se sabe cuáles de ellos habían muerto. Por lo tanto, el resultado no queda sesgado por la exclusión de los trabajadores ya fallecidos.

No hay manera de eludir los datos”, dijo Collins.

Pero en este caso, Union Carbide sí que sabía qué trabajadores habían fallecido. También sabía que estaba excluyendo a trabajadores que habían estado expuestos al cloruro de vinilo. Este Centro no encontró ninguna prueba de que Union Carbide hubiese excluido a trabajadores con cáncer cerebral que ya estuvieron en el estudio original de 1974. Pero los documentos muestran que cuando se actualiza ese estudio, al menos tres víctimas de cáncer cerebral que habían estado expuestas no se incluyeron.

Parece que les dejaron fuera por sus propios criterios de admisión”, dijo un ex representante de NIOSH Lemen, que a la vez ejerce de consultora del abogado Baggett.

Kenneth Mundt, autor principal de la actualización más reciente del estudio sobre el cloruro de vinilo, y uno de los Directores de la consultora Rambøll Environ, se comprometió en un primer momento a responder a las preguntas de este Centro de Integridad Pública. Pero semanas más tarde, Mundt dijo que el patrocinador del estudio, la American Chemistry Council, no le permitía hablar debido a un litigio todavía pendiente.

Un portavoz de Dow dijo: “Si los trabajadores de la planta de Texas City hubieran cumplido con los criterios de elegibilidad… entonces habrían sido incluidos en el estudio de la Industria, independientemente de la causa de muerte… No todos los trabajadores de Texas City estuvieron expuestos al cloruro de vinilo”.

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Decisiones inusuales

Los documentos demuestran que fueron más de tres los trabajadores que estando expuestos fueron excluidos en las posteriores actualizaciones. Eso se debe a una decisión tomada a principios de los años 1970, que consistió en no incluir a las personas que no tuvieron contacto directo con el cloruro de vinilo. Científicos de la OSHA y NIOSH señalaron que muchas de las víctimas por cáncer cerebral tuvieron puestos de trabajo donde no estaban en contacto directo con la sustancia, ya que ésta estaba presente en toda la planta: siete trabajadores de mantenimiento, dos de la sección de envíos y tres de construcción.

El padre de Leuvell Malone trabajaba en mantenimiento. Su hijo, Leuvell Malone Jr., dijo que no conocía que Union Carbide había afirmado que su padre no había tenido contacto con el cloruro de vinilo.

Estaba presente en toda la planta. Realizaba las tareas de lubricación de la maquinaria”, dijo Malone. “Tuvo que estar en contacto”.

El estudio realizado por el Gobierno parece respaldar esta afirmación. NIOSH informó en su estudio que “los trabajadores de mantenimiento se desplazaban por toda la planta y estuvieron expuestos a muchos agentes diferentes, de manera irregular”.

Richard Waxweiler, ex epidemiólogo del NIOSH, que participó en la investigación del grupo que contrajo cáncer en la planta de Texas City, dijo en una reciente entrevista que él no sabía que Union Carbide había excluido del estudio a tantas personas fallecidas por un tumor cerebral. Dijo que era algo inusual que trabajadores de mantenimiento, como Malone, hubieran quedado fuera.

Documentos internos de Union Carbide muestran que la Empresa no descartó la posibilidad de que otros 10 trabajadores que murieron por cáncer cerebral también hubieran podido estar en contacto con el cloruro de vinilo.

De hecho, la exposición pudo haber sido mucho más amplia. En el propio Informe de la planta que envió a la Junta de Control de Aire de Texas, que regula las emisiones atmosféricas, Union Carbide dijo que emitieron 940 toneladas de cloruro de vinilo al aire en 1975. Eso fue después de que la Compañía hubiese llevado a cabo nuevas medidas de control de la contaminación.

La Junta de Control del Aire calcula que en 1974, la empresa de Texas City emitió 3.000 toneladas de cloruro de vinilo, 12 veces las emisiones de todas las plantas estadounidenses en 2014.

Collins dijo que los datos sobres las emisiones no prueban que todos los trabajadores de la planta estuvieran expuestos al cloruro de vinilo. Pero Tarr, que por aquella época realizaba las mediciones, discrepa:

No hay ninguna duda de que todos los trabajadores de esa planta estuvieron expuestos al cloruro de vinilo. Así que la cuestión se centra únicamente en saber cuál fue la duración de dicha exposición y en qué cantidad”.

Union Carbide utilizó durante casi dos años la estrategia de intentar limitar el riesgo de cáncer que se mostraba en los estudios realizados por el Gobierno entre los trabajadores de la planta de Texas City. Un abogado de Union Carbide señaló que cuantas más muertes por cáncer cerebral se produjesen, más fácil sería para la viudas, como la de Leuvell Malone, Ada, ganar en los Tribunales.

Así que la Compañía decidió realizar sus propios estudios de forma simultánea, razonando que “investigaciones independientes sobre un mismo conjunto de datos con frecuencia producen unos resultados diferentes”.

Una vez realizado el estudio, la Empresa ofreció una conferencia de prensa para anunciar sus resultados, haciéndolo sólo dos semanas antes que la NIOSH. La noticia ocupó la primera plana de los periódicos:

Nuestros estudios exhaustivos indican que las muertes por cáncer cerebral no han sido causadas por la exposición ocupacional, ni sugieren que cambiemos nuestros programas de salud que se llevan a cabo con los empleados, ni los procedimientos de producción”, dijo el gerente de la planta, Damon Engle, en un comunicado de prensa.

Union Carbide dijo que solamente habían muerto 12 trabajadores por tumores cerebrales malignos. A pesar de algunas noticias anteriores aparecidas en la prensa habían dicho que el número había sido mayor, los médicos especialistas de la Empresa habían descartado finalmente nueve tumores cerebrales y por tanto no aparecían en las conclusiones estadísticas finales.

La NIOSH se vio relegada por las tácticas de Union Carbide. Cuando la Agencia publicó sus propias conclusiones dos semanas más tarde, la atención de los medios ya se había desvanecido. La NIOSH contabilizó 23 muertes por cáncer cerebral, una tasa que era el doble de la media nacional. Atribuía las muertes a los productos químicos utilizados en la planta.

Todavía sigue doliendo

La Industria Química ha utilizado sus más recientes estudios en los juicios para argumentar que el cloruro de vinilo no causa tumores cerebrales.

Frank y Joanne Branham crecieron en un pueblecito de McCullom Lake, Illinois, a unas 60 millas al noroeste de Chicago, y les gustaba vivir allí. Cuando se casaron, construyeron una casa justo al lado del lago. Pero había un problema: el olor que provenía de la cercana planta química.

Hubo momentos en los que no podíamos tener las ventanas abiertas durante el verano. El olor era tan insoportable que incluso nos hacía daño en los ojos”, recuerda Joanne.

En 1988 se mudaron a Arizona. Seis años más tarde, Franklin Branham empezó a tener convulsiones. Su médico le diagnosticó gliobastoma, el mismo tipo de raro cáncer cerebral que había causado la muerte de Leuvell Malone. Branham viviría sólo tres meses más.

Joanne aún rompe a llorar cuando recuerda el día en que murió Franklin: “Han pasado 11 años y todavía siento el dolor”.

No mucho tiempo después de la muerte de su marido, Joanne visitó McCullon Lake y habló con su antiguo vecino de al lado, Bryan Freund. Freund padecía el mismo tipo de cáncer que su marido, y el vecino de Freund, Kurt Weisenberger, también lo tenía.

Para Joanne era evidente que la causa de todos ellos era la contaminación ambiental: “No hace falta ser científico. Algo así no puede suceder porque sí”.

Contrató a un abogado y presentó una demanda alegando que una planta química cercana había estado vertiendo sustancias químicas en el lago. Habían sido envenenados por el cloruro de vinilo y otros productos químicos volátiles.

Con el tiempo, 33 personas que vivían en el entorno del lago McCullon desarrollaron tumores cerebrales.

Freund, uno de los pocos supervivientes de cáncer cerebral del entono, se ha estado ocupando de su enfermedad durante más de una década y dijo que se cansa con facilidad. Hace un año tuvo que ser operado “para eliminar tumores de su cerebro. Me han sacado tanto que parece mentira”.

Ahora ha vuelto a recibir quimioterapia.

El actual propietario de la planta, Dow Chemical, niega que las personas de esa comunidad estuvieran expuestas al cloruro de vinilo, a pesar de producirse tantos casos de cáncer cerebral. Durante el juicio, la Empresa contrató a peritos que citaron el estudio de Mundt para demostrar que los tumores cerebrales no pudieron producirse por el cloruro de vinilo.

Uno de los expertos, Peter Valberg, de Gradient Corp., escribió que las familias que vivían en el lago McCullon citaban los primeros estudios, que sí establecían una relación entre el cloruro de vinilo y el cáncer cerebral, pero ya no pudieron citar las revisiones más recientes:

Estos resúmenes y actualizaciones de las cohortes de trabajadores no apoyan una relación de causa entre la exposición al cloruro de vinilo y el cáncer cerebral”.

Aaron Freiwald, abogado de las familias de McCullon Lake, dijo que el consenso científico no tuvo en cuenta el hecho de que fueron excluidos trabajadores de los estudios sobre el cáncer cerebral realizados por la Industria:

Nos dimos cuenta que incluso la contabilización de un caso más de cáncer cerebral habría cambiado por completo los datos. De haber considerado tres casos adicionales más, parece bastante claro que la literatura científica sobre el cloruro de vinilo y el cáncer cerebral, debiera ser reescrita”.

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Procedencia del artículo:

https://www.publicintegrity.org/2016/02/10/19265/making-cancer-cluster-disappear

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Artículos relacionados:

http://elpais.com/diario/2002/11/30/paisvasco/1038688812_850215.html

http://www.porexperiencia.com/articulo.asp?num=17&pag=06&titulo=Cloruro-de-vinilo-y-cancer-en-Euskadi

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