"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Muerte en Honduras: golpe de Estado, Hillary Clinton y el asesinato de Berta Cáceres

Por Media Lens, 10 de marzo de 2016

dissidentvoice.org

Berta_Caceres

El 28 de febrero, Hillary Clinton dijo a la audiencia desde el púlpito de una iglesia de Memphis: “necesitamos más amor y bondad en América. Esto es algo que siento en el fondo de mi corazón”.

Estos benévolos sentimientos recuerdan aquel objetivo nacional establecido por el Presidente George H. W. Bush en 1989, poco antes de aplastar Irak. Dijo: “… para hacer más amable la cara de la nación y más apacible la faz de la tierra”.

Clinton, por supuesto, cuando habla de América se refiere por supuesto a la del norte, es decir, más concretamente, a Estados Unidos. Para otros lugares de América reserva poca bondad y amor. Consideremos, por ejemplo, el caso de Honduras.

El 28 de junio de 2009, el Presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue secuestrado a punta de pistola por soldados enmascarados y obligado a exiliarse. Desde su expulsión, en el país se han ido deteriorando los derechos humanos y la seguridad ha caído en una sima: “el golpe militar abrió las puertas al aumento del tráfico de drogas y la violencia y… desatando una continua represión estatal”. En 2012, Honduras registró una tasa de homicidios de 90,4 por cada 100.000 habitantes, la tasa más alta del mundo. En 2006, tres años antes del golpe militar, la tasa de homicidios se encontraba en 46,2 cada 100.000 habitantes.

Los años transcurridos desde 2009 han visto un enorme aumento de los megaproyectos que destruyen la tierra, desplazando a las comunidades indígenas. Casi el 30% de la superficie del país está destinada a concesiones mineras, creándose una demanda de energía barata para abastecer a las futuras operaciones mineras. Para satisfacer esta necesidad, el Gobierno aprobó cientos de proyectos de presas por todo el país, con la privatización de ríos, de la tierra y el desarraigo de las comunidades. En el año 2015, Global Witness informaba que Honduras era “el país más peligroso para los defensores del medio ambiente”.

Berta Cáceres, madre de cuatro hijos, fue cofundadora y coordinara general del Consejo Cívico de Honduras de Organizaciones Populares Indígenas (COPINH), grupo que se opone a la explotación Corporativa que permite el Estado. El año pasado, Cáceres fue galardonada con el Premio Ambiental Goldman, el premio más importante del mundo que reconoce el ecologismo de base, por su trabajo de oposición a un importante proyecto de construcción de una presa. Muchos de los líderes del COPINH han sido asesinados en los últimos años. En el año 2013, Berta Cáceres dijo:

El Ejército dispone de una lista con 18 luchadores por los derechos humanos, y yo ocupo uno de los primeros lugares. Quiero vivir, hay muchas cosas que todavía quiero hacer en este mundo. Tomo precauciones, pero al final soy vulnerable, en un país donde existe la impunidad. Cuando quieran matarme, lo harán”.

La semana pasada, en la noche del 3 de marzo, hombres armados entraron por la puerta trasera de la casa de Berta y le dispararon cuatro veces, matándola cuando se encontraba en su cama. El sitio web estadounidense  Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR) comentaba:

Se han producido protestas generalizadas y muestras de dolor por su muerte, una noticia que fue destacada por los principales medios de comunicación de Estados Unidos. Pero había un problema en la cobertura de esta noticia: casi ninguno mencionaba que el régimen brutal, que llegó al poder en 2009 tras el golpe d Estado apoyado por Estados Unidos, siendo Presidente Barack Obama y Hillary Clinton Secretaria de Estado, fue probablemente el que mató a Cáceres”.

Confidencial – El punto de vista de la Embajada

Tras el golpe de Estado de 2009, las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea, condenaron el golpe de Estado y el exilio forzoso de Celaya. Un mensaje confidencial de la Embajada, publicado por Wikileaks, decía:

El punto de vista de la Embajada es que no hay duda de que los militares, la Corte Suprema y el Congreso Nacional conspiraron el 28 de junio, día en el que se produjo un golpe de Estado ilegal e inconstitucional contra el Ejecutivo… Existen dudas, del mismo modo, a nuestro parecer, que la toma de poder por parte de Roberto Micheletti haya sido legítima”.

Eso a puerta cerrada. En público, quince demócratas del Congreso de Estados Unidos instaron al régimen estadounidense a que reconociese plenamente que se había producido un golpe de Estado y… “que cancelase totalmente las ayudas no humanitarias, como así lo establece la ley”. Lo explicó con detalle Alexander Main en Common Dreams:

Ann-Marie Slaughter, directora por entonces de las Políticas de Planificación del Departamento de Estado, envió un correo electrónico a (la Secretaria de Estado) Clinton el 16 de agosto ( de 2009) instando encarecidamente a que tomase “medidas enérgicas” y “reconociese que se había producido un golpe de Estado” según la ley estadounidense, “algo que tendría que provocar de inmediato la suspensión de toda la ayuda no humanitaria estadounidense a Honduras”.

El Departamento de Estado, con Hillary Clinton al frente, se negó a hacerlo, reconociendo así de manera implícita el Gobierno surgido del golpe militar. Se ha dicho en FAIR que Clinton deja claro en sus memorias que no tenía ninguna intención de devolver el poder al Presidente Zelaya:

En los días posteriores ( al golpe de Estado) hablé con mis colegas de todo el hemisferio, entre ellos con la Secretaria Espinosa de México. Nos propusieron una estrategia para restaurar el el Orden en Honduras y asegurar unas elecciones libres y justas, que podrían celebrarse de forma rápida y legítima, que pondrían en entredicho la elección de Zelaya”.

En septiembre de 2009, funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, bloquearon en la reunión de la OEA una resolución que habría rechazado la legitimidad de las elecciones hondureñas realizadas bajo una dictadura, dando así el sello final de aprobación al golpe de Estado por parte de Estados Unidos.

El derrocado Presidente Manuel Zelaya, dijo el año pasado:

La Secretaria Clinton tenía numerosos contactos con nosotros. Es una mujer capaz, inteligente, pero muy débil frente a las presiones de los grupos de poder estadounidenses, la mayoría de los sectores de extrema derecha del Gobierno de Estados Unidos, los conocidos como los halcones de Washington. Ella cedió ante estas presiones. La política estadounidense hacia Honduras es ambigua y va por derroteros equivocados”.

Y Zelaya añadió:

El Presidente Obama no ha querido escuchar a nuestros pueblos. Ha hecho oídos sordos a los gritos de la gente. Primero protestamos desde la oposición. Hace unos meses me tuvieron que sacar del Congreso Nacional, cuando nuestro partido organizó una protesta pacífica. El Ejército de Estados Unidos nos disolvió utilizando gases lacrimógenos. Nos expulsaron golpeándonos con porras, en plena calle. Este es el Gobierno del Presidente Obama, un Gobierno represivo, un Gobierno que viola los derechos humanos, como se ha demostrado por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos. Se ha comprobado que este es el caso”.

Alexander Main llegaba a la siguiente conclusión:

Una cuidadosa lectura de los correos electrónicos de Clinton y los cables diplomáticos estadounidenses publicados por Wikileaks, desde el comienzo de su mandato, revelan que hay una política hacia América Latina que dirige sus esfuerzos para aislar y acabar con los Gobiernos de izquierdas en la región”.

Una afirmación que es apoyada por el aumento de la ayuda militar estadounidense a Honduras, incluso a pesar de que ha aumentado en gran medida la violencia corporativa y Estatal. Así lo explica Noam Chomsky:

Zelaya inició tentativas de reformas sociales que Estados Unidos no veía con buenos ojos, y trató de pararlo”.

Un asunto interno – La respuesta de los medios de comunicación

Los medios de comunicación Corporativos, por supuesto, no se han cansado de proclamar y proteger las actuaciones de Occidente en Irak, Libia y Siria. ¿Cómo han respondido estos medios al asesinato de esta activista, respetada y asombrosamente valiente? FAIR comenta que existen abrumadoras evidencias del apoyo estadounidense al golpe de Estado:

Nada de lo aquí dicho sobre la muerte de Berta Cáceres puede conocerse en Estados Unidos. El golpe de Estado, y la posterior depuración de los activistas indígenas defensores de la tierra y LGBT, dicen se trata de un asunto interno… The Washington Post, The Guardian, la NBC, CNN y NPR, no han mencionado el golpe de Estado de 2009 que llevó al poder a los probables asesinos de Cáceres, por no hablar de la tácita implicación de Estados Unidos en el golpe”.

El mismo día en que apareció el artículo en FAIR, se publicó en el Reino Unido la primera y única referencia a estas verdades que se ocultan, registrada por la base de datos Nexis, redactada por Jonathan Watts en The Guardian:

Pero el papel de Washington resulta controvertido, porque Estados Unidos avala al actual Gobierno, que asumió el poder tras un golpe de Estado en 2009, que derrocó al Presidente constitucional Manuel Zelaya. Estados Unidos está proporcionando fondos (sic) para la policía hondureña”.

Watts cita a International Rivers, una ONG que trabajó con Cáceres:

Debemos tener en cuenta que durante el golpe de Estado de 2009 en Honduras, el Gobierno de Estados Unidos, siendo Hillary Clinton Secretaria de Estado, trabajó entre bambalinas para impedir la vuelta del Gobierno electo de Honduras. Además, el Gobierno de Estados Unidos continúa financiando a los militares hondureños, a pesar del aumento de la tasa de homicidios, la represión política y los asesinatos de activistas de la oposición y campesinos”.

Aunque no sea exhaustivo, esta parece ser la única mención que sobre estos temas hemos podido encontrar en la presa Corporativa del Reino Unido. Un artículo más reciente del corresponsal en Washington de The Guardian, David Smith, menciona el golpe, pero no la participación de Estados Unidos. Con una conmovedora ingenuidas, Smith observa que “Estados Unidos está decidido a detener el influjo de inmigrantes ilegales procedentes de América Central, razón por la que está destinando dinero al aparato de seguridad de Honduras”.

En The Times, tan propenso a defender las intervenciones occidentales para proteger los derechos humanos, destina 68 palabras al asesinato, recogiendo lo escrito por la Associated Press. The Telegraph sólo hace una ligera mención. En The Indepedent, Phil Davison escribía de Cáceres:

Como si necesitásemos acudir a los recuerdos, su asesinato nos trajo de vuelta los días oscuros de la década de 1980, las guerrillas de América Central, que luchaban por librarse de los dictadores respaldados por Estados Unidos”.

Sin embargo, en marcado contraste con la valía de Cáceres y otros muchos hondureños, Davison no fue capaz de la tiranía que se ha establecido en Honduras, respaldada por la gran superpotencia de la región. Tampoco en The Independent, Caroline Mortimer hizo ninguna mención a la complicidad de Estados Unidos en el golpe. Tampoco, como era de esperar, la BBC lo hizo en dos informaciones sobre el asesinato.

Como casi siempre, muestras de compasión, que parecen estar muy arraigadas. Si un enemigo del oficialismo hubiese sido el responsable de la muerte de Cáceres, los gritos de indignación, de horror y denuncia habrían inflamado las primeras páginas de los medios Corporativos y las pantallas de televisión. Se habría exigido una acción enérgica, incluso una intervención. Pero cuando el horror ha sido perpetrado por un sirviente fiel, corrupto y brutal del Imperio, con la complicidad del llamado mundo libre, ninguno de los resortes de la vasta máquina de propaganda salta, y esta noticia queda rápidamente relegada a los abismos de la Historia.

No hace falta decir, que la conciencia de clase que aquí se ofrece amenaza ese tópico de la compasión que acompaña a la propaganda Corporativa, algo que debe ser escrupulosamente ignorado e incluso ridiculizado.

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Media Lens es un organismo de control de los medios de comunicación del Reino Unido, encabezado por David Edwards y David Cromvell. El segundo libro de Media Lens, Neolengua en el siglo XXI, por David Edwards y David Cromwell, fue publicado en 2009 por Pluto Press. Visite Media Lens’s website.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2016/03/death-in-honduras-the-coup-hillary-clinton-and-the-killing-of-berta-caceres/

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  1. Los medios de comunicación y las elecciones de Estados Unidos – noticias de abajo

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