"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

El primer maíz Bt transgénico en ser comercializado era tóxico, así lo confirman un científico y un agricultor

Un agricultor alemán, acosado y perseguido por Syngenta tras descubrir que el maíz Bt176 era muy tóxico para sus vacas, cuenta ahora lo que pasó, dice la Dra. Mae-Wan Ho.

Por la Dra. Mae-Wan Ho, 1 de febrero de 2016

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 Una larga lucha por obtener justicia, en vano

Gottfried Glöckner tenía una explotación lechera convencional en Weidenhof, Wölfersheim, Hesse, Alemania, que pudo sacar adelante durante varios años [1]. Fue uno de los primeros agricultores en defender y difundir los cultivos modificados genéticamente. Y tan pronto como se aprobó la comercialización del primer cultivo transgénico, el maíz Bt176 de Syngenta, así como su empleo para piensos en la Unión Europa, en 1977, él enseguida decidió cultivarlo en su explotación agraria.

El maíz transgénico Bt176 fue diseñado para expresar la proteína Cry 1Ab para hacer frente a las plagas de lepidópteros. Presenta varios rasgos apilados: tolerancia al herbicida glufosinato y la ampicilina, así como otros antibióticos betalactámicos [2]. Pero Glóckner nunca utilizó el herbicida glufosinato en sus cultivos Bt ( comunicación personal de Glöckner).

Tenía una finca de 80 hectáreas, de las que 10 dedicó al cultivo de maíz. Glöckner comenzó sembrando un 5% de maíz transgénico Bt en las 10 hectáreas, en 1997, y de manera progresiva fue aumentando hasta el 10% en 1998, el 50% en 1999 y el 100% de esa superficie en el año 2000. Las 62 vacas lecheras mantuvieron una producción óptima de leche al año. Pero a medida que la proporción de maíz Bt aumentaba en sus campos, también lo hacía la cantidad de maíz Bt que consumían sus vacas, que pasó del 0% al 40% ( la cantidad máxima de maíz con que se puede alimentar a una vaca). Fue entonces cuando las vacas empezaron a morir después de un largo período de enfermedad [3], y comenzó su larga lucha contra Syngenta (ver también [4] Las vacas que comieron maíz transgénico y murieron, SiS 21).

La proporción de vacas sanas en su hato se redujo hasta el 40% en 2002, momento en el que sus vacas consumieron la máxima cantidad de maíz Bt, y hasta el 10% de las vacas murieron tras una parálisis parcial con signos de insuficiencia renal y problemas epiteliales y de la mucosa, pero ninguna señal de infección microbiana [1]. Escribió a Syngenta indicando que las enfermedades y las muertes estaban relacionadas con el maíz Bt, y dejó de alimentarlas con este maíz por consejo de su abogado. Las pruebas aportadas al Ministerio de Sanidad y varias Universidades confirmaron que el origen de las enfermedades no tenía un carácter microbiano. Syngenta siempre negó cualquier relación entre las enfermedades y muertes con el maíz transgénico. Después de numerosas peticiones de forma oral y por escrito dirigidas a Syngenta, recibe una compensación de 43.224 euros, sólo una parte de los 97.374 euros en pérdidas en 2001, por la muerte de las vacas, los análisis veterinarios, la merma en la producción de leche y los piensos. Par evitar ir a un proceso judicial, Syngenta propuso compensar a Glöckner con el 50% de sus pérdidas, que ya por el año 2002 ascendían a 143.213 euros. Glöckner se negó a este apaño y demandó a Syngenta. El caso llegó a los tribunales en el año 2005 y se concluyó ese mismo mes. Apenas un año antes, la explotación de productos lácteos fue cerrada y todas las vacas restantes se vendieron a causa de los problemas de salud persistentes desde que empezó la alimentación con maíz Bt en 2001. El maíz Bt176 fue oficialmente retirado de la Unión Europea en 2007.

Después de la presentación de la demanda, la empresa propuso un acuerdo por el cual pagaría primera una indemnización de 70.000 euros y luego otros 100.000 euros. El agricultor, finalmente, perdió el caso en 2009 por un tecnicismo: la falta de la firma de la esposa del granjero en un documento. Se divorciaron en 2005, después de que ella hubiese abandonado la familia (tres hijos de 17, 15 y 13 años) y la finca en el año 2000, formando otra pareja.

Su esposa le denunció por primera vez en 2003 (Distrito Judicial de Friedberg, Hesse, Az. 605 Js 673/03 y apelación en el Tribunal Regional de Giessen en marzo de 2005 8 Ns 605 Js 673/03) por violencia por parte del marido, “en octubre de 1999, o en año nuevo del año 2000”, como dijo ante el Tribunal, sin pruebas médicas u otros testimonios. Poco antes de la presentación de esta demanda, Syngenta había presionado al agricultor, enero de 2003, para que aceptase una indemnización del 50%. Después de que el agricultor se negase y dijese que iba a demandar a Syngenta, el representante de la Empresa le dijo que algo iba a ir mal con su esposa. Hasta este momento la esposa no había realizado ninguna denuncia por violencia. Gottfried Glöckner no hizo acto de presencia ante la Corte Suprema de Frankfurt en noviembre de 2005 (Fiscal General, ref. Ss 209/05), porque su abogado le dijo que no era necesario que asistiera, agregando que él como abogado le representaría. Pero el abogado tampoco apareció. Esto hizo que el juez dictase una sentencia inusualmente dura. Así que el agricultor fue encarcelado durante un año por violencia hacia su esposa, una violencia que nunca reconoció. Posteriormente cambió de empleo, ya que parte de la venta de su finca fue confiscada por el Tribunal.

La historia completa

Sin desanimarse, Glóckner se puso en contacto con un toxicólogo molecular francés de la Universidad de Caen, Giles-Eric Séralini, para redactar un informe completo de esta primera experiencia en su granja de ganado con una dieta rica en maíz transgénico [3]. Glöckner llevó un registro meticuloso, incluidos informes patológicos de los veterinarios durante el período de aparición de problemas inusuales que surgieron en su rebaño.

El maíz Bt se cultivaba y utilizaba como forraje en la granja. La alimentación contenía forraje con un promedio del 40% de maíz, 24,5% de hierba, un 15,5% de malta, un 7,8% de cebada, 7,8% de trigo, un 4% de soja y un 0,4% de minerales. Las vacas eran de las razas Holstein, frisonas y Schwartzbund. Alrededor de 62 vacas eran controladas regularmente por veterinarios certificados. Las vacas se reemplazaban cada tres años o cuando enfermaban, con el fin de mantener una alta producción de leche, como es habitual en la gestión de un hato lechero. De 1997 a 2002, los animales fueron alimentados con cantidades crecientes de maíz Bt, del 2% al 40% de la alimentación total. Los resultados se resumen en la Figura 1.

 

Figura 1: Resumen de la situación de las vacas a medida que aumentaba la cantidad de maíz Bt presente en la alimentación de las vacas.

Figura 1: Resumen de la situación de las vacas a medida que aumentaba la cantidad de maíz Bt presente en la alimentación de las vacas.

A medida que aumentaba la proporción de maíz Bt en la alimentación hasta un 40%, el número de vacas sanas se redujo del 70% al 40%, y las muertes aumentaron de 0 al 10%. El número de partos de las vacas se redujo aproximadamente un año después, cuando el maíz Bt alcanzó el nivel máximo. La duración del período de gestación de una vaca es de 282 días.

Antes de la introducción del maíz Bt, la explotación agrícola obtenía beneficios y estaba bien administrada. En 1997, una vaca recibió un premio de la Organización German Holstein Friesian Herd Book por la gran producción de leche (114 toneladas) a lo largo de su vida, en la que parió 14 crías. La explotación agrícola también recibió el premio de la German Food Society, de Frankfurt, por sus altos rendimientos durante un período de 10 años y la producción de leche de excelente calidad, de 1991 a 2000.

Entre mayo y agosto de 2001, cuando el maíz Bt alcanzó su nivel máximo en la alimentación de las vacas, se produjeron 5 muertes anormales en el rebaño de 66 vacas, algo que no tenía precedentes en el historial de la granja. Se realizaron cuidados análisis para comprobar la presencia de infecciones bacterianas o virales, o bien la presencia de parásitos y micotoxinas. Las muertes parecían no estar relacionadas con enfermedades infecciosas. Como medida preventiva, el 52% de las vacas (34) se retiraron del programa de producción de leche.

El primer diagnóstico de las patologías fue el de paresia ( parálisis parcial), comparable a la que se observa después del parto, pero mucho más duradera. Patologías similares se hicieron más frecuentes en otras vacas. Los síntomas eran atípicos, porque se repetían de forma irregular durante el transcurrir de los meses. El tratamiento habitual de la paresia, una infusión de glucosa, no produjo ningún efecto duradero. Los análisis de sangre y orina revelaron la presencia de sodio en la orina en unos niveles del 400% al 700% por encima de los límites superiores normales (10mM/l), un 100% más en otro caso, y en algunos casos casi indetectable. Eso indicaba problemas en los riñones.

Algunos animales fueron analizados con más detalle antes o después de su muerte. La vaca Gisela murió el 13 de agosto de 2001 de pleuritis crónica, endometritis y paresia severa. Dio negativo en los análisis EEB (encefalopatía espongiforme bovina), virus, Clamydia y otras bacterias patógenas o parásitos en la sangre o el útero. No tenía ninguna enfermedad genética ni malformaciones. En el plasma, los niveles de urea estaban en niveles máximos en comparación con los análisis realizados en todos los animales 12 días antes de la muerte. También se comprobó la presencia de altos niveles de sodio en la orina ( 5 veces mayor que el límite superior normal), mientras que el potasio se había reducido a la mitad. Los riñones parecían no funcionar bien.

Entre 2001 y 2002 murieron otros 6 animales. El examen veterinario realizado en julio de 2002 llegó a la conclusión de que 8 de esas vacas tenían parálisis crónica, daño hepático, y problemas en la mucosa, que se evidenciaban por la presencia del hocico blanco y la lengua seca. No se detectaron infecciones virales ni bacterianas. La urea en el plasma estaba 2 veces por encima de los niveles normales, y el sodio en la orina se elevó de 3 a 15 veces por encima del límite superior normal, mientras que el potasio se había reducido a la mitad del límite superior.

La vaca Lilie murió en la clínica veterinaria de Giess en mayo de 2002, después de sufrir paresia. Estaba cansada y se acostaba muy a menudo, el corazón funcionaba de forma irregular y la paresia muscular le afectaba, entre otros órganos, a la lengua. Tenía niveles muy bajos de calcio en el plasma en el momento de la muerte. Otra vaca, Liesel, murió el 27 de junio de 2002, y hubo que practicarla la eutanasia porque no se podía mantener de pie, siempre esta amodorrada y no tenía energía. Los niveles de urea en el plasma eran altos ( un 41% por encima de los normal), los niveles de sodio en la orina eran bajos (20% de lo normal). Es decir, las funciones renales parecían estar perturbadas.

El 17 de junio de 2003, se llevó a cabo un nuevo análisis debido a la aparición todavía de una serie de síntomas inusuales en el rebaño después de retirar de la alimentación del maíz Bt, y sólo una vaca murió. No tenía señales de infección, ni fue detectada. La urea en el plasma era doble de lo normal y 4 animales tenían altos niveles de cetonas en la orina. El sodio en la orina era de un 10% a un 30% de lo normal. Se observaron grietas en los pezones, problemas en la mucosa y el epitelio de las glándulas mamarias, muy agrietadas y sangrantes. La exposición a la toxina Bt del maíz transgénico u otro metabolito durante la vida fetal de estos animales pudo haber inducido una malformación en las glándulas mamarias y el tejido epitelial pudo haberse visto afectado durante su primera diferenciación.

El cuarto análisis se realizó en agosto de 2004, 2,5 años después de que fuese retirado de la alimentación de las vacas el maíz Bt. Estos animales habían estado expuestos al maíz Bt sólo durante su vida fetal. Sólo se produjo una muerte con síntomas anormales, y no se encontró ningún tipo de infección en las vacas. Los niveles de urea en el plasma eran muy altos en uno de los casos.

En el momento en el que la proporción de maíz Bt aumentó a su nivel máximo, se detectaron 8,3 ng/g de toxina Cry 1Ab en el forraje, 1,5 años después de la cosecha, que correspondería con una exposición mínima de ~ 0,15 mg / vaca / ración / día. En el año 2000, se detectó en la leche el fragmento específico de ADN Bt176, dos veces en la grasa de la leche y una vez en las células. Además, se detectó una vez los pequeños fragmentos de la sonda específica del gen tolerante Roundup Ready de la soja transgénica.

Una Justicia que actúa con dureza y permisividad en los sistemas de regulación

Pero, ¿por qué Glöckner fracasó en su intentó de obtener justicia? Pues resulta que cuando se desarrolló el primer maíz transgénico Bt, Novartis (posteriormente Syngenta) realizó un ensayo inicial a petición del Gobierno de Estados Unidos. Los registros obtenidos por Séralini como experto en transgénicos del Gobierno francés, que no están a disposición del público, mostraron que sólo se alimentó a 4 vacas con el maíz durante un período de 2 semanas, según información aportada por Novartis a la Universidad Estatal de Iowa; una vaca murió en el transcurso del ensayo por problemas con los electrolitos y de las mucosas y se retiró del protocolo ( ver un artículo anterior [5] Syngenta ocultó la muerte de animales que consumieron  maíz transgénico, SiS 55).

En un informe sobre las pruebas de alimentación de 1 septiembre de 2015 [6], parece que se anuló el permiso a Syngenta en 2001 debido a los riesgos graves para el ganado, lo que conllevó la prohibición de su cultivo en los países europeos. De acuerdo con el código de Ingeniería Genética alemana, se debiera de haber denegado el permiso de comercialización en Alemania, pero la Oficina Federal de Protección al Consumidor y Seguridad Alimentaria no lo hizo. En consecuencia, la responsabilidad objetiva de Syngenta respecto al maíz Bt176 quedó extinta. Y esta fue una de las razones principales por las cuales Syngenta tampoco fue responsable en otros juicios civiles.

Literatura científica que apoya la toxicidad del maíz Bt

Una información exhaustiva sobre los efectos de la toxina Cry en los mamíferos se publicó en 2015 [7], mostrando que los insecticidas pueden inducir efectos tóxicos renales y hepáticos, incluso cuando se alimentan por períodos subcrónicos, algo consistente con lo sucedido en la granja de Glöckner.

Alteraciones bioquímicas en el riñón y el hígado también se encontraron previamente en el laboratorio de Séralini [8, 9]; y alteraciones bioquímicas en las células de riñón embrionario expuestas al maíz Bt [10].

Para concluir

La documentación detallada de los síntomas patológicos y las correspondientes alteraciones bioquímicas en el ensayo de alimentación a largo plazo en la explotación agrícola con maíz Bt, proporciona unos valiosos datos de dominio público, también consistentes con los hallazgos científicos. Glöckner, que sufrió grandes perdidas personales y financieras, a pesar de todo ha hecho un gran servicio a la humanidad, a la ciencia y a la sociedad.

Referencias:

  1. Séralini G-E. The experience of one of the first GM crop farmers in Europe. Scholarly Journal of Agricultural Science 2016, 6, 9-10.
  2. Event Name: Bt176, ISAAA GM Approval Database, accessed 27 January 2016, http://www.isaaa.org/gmapprovaldatabase/event/default.asp?EventID=127
  3. Glöckner G and Séralini G-E. Pathology reports on the first cows fed with Bt 176 maize (1997-2002). Scholarly Journal of Agricultural Science 2016, 6, 1-8.
  4. Ho MW and Burcher S. Cows ate GM maize and died. Science in Society 21, 4-6, 2004.
  5. Sirinathinghji E. Syngenta charged for covering up livestock deaths from GM corn. Science in Society 55, 4-5, 2012.
  6. Legal assessment (criminal law) of the Glöckner feeding trials. 1 September 2015, Cologne.
  7. Rubio-Infante N. and Moreno-Fierros L. An overview of the safety and biological effects of Bacillus thuringiensis Cry toxins in mammals. J Appl Toxicol doi: 10.1002jat 3252.
  8. Séralini G-E, Cellier D and Spiroux de Vendômois J. New analysis of a rat feeding study with a genetically modified maize reveals signs of hepatorenal toxicity. Arch Environ Contam Toxicol 2007, 52, 596-602.
  9. Spiroux de Vendômois J, Roulier F, Cellier D and Séralini G-E. A comparison of the effects of three GM corn varieties on mammalian health. Int J Biol Sci 2009, 5, 438-43.
  10. Mesnage R, Clair E, Gress S, Then C. Székacs A and Séralini G-E. Cytotoxicity on human cells of Cry1Ab and Cry1Ac Bt insecticidal toxins alone or with a glyphosate-based herbicide. J Appl Toxicol 2013, 33, 695-9.

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Procedencia del artículo:

http://www.i-sis.org.uk/First_Commercial_Bt-Maize_was_Toxic.php

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  1. La mayor parte de la carne que consumimos proviene de animales que se alimentan con piensos modificados genéticamente (I) – noticias de abajo

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