"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

La dura experiencia de uno de los primeros agricultores europeos en cultivar maíz transgénico

Por Gilles-Eric Séralini

Scholarly Journal of Agricultural Science Vol. 6(1), pp. 9-10 January 2016

ISSN 2276-7118 © 2016 Scholarly-Journals

vacas_transgenicos

El propósito de este comentario no es el de entrar en detalles sobre los resultados de la alimentación con transgénicos a un hato de vacas lecheras, que se ofrecen en un artículo científico (pdf) aparecido en otros lugares, sino más bien se entra en los detalles históricos y en el contexto sociológico. Terminado el proceso judicial sobre este asunto, el autor tuvo acceso a los archivos recopilados por los Tribunales, los resúmenes del abogado, los archivos de la explotación ganadera y los testimonios del ganadero.

Introducción

Gottfried Glöckner fue uno de los primeros agricultores en defender y difundir la Agricultura Biotecnológica, creyendo que de este modo mejoraría el rendimiento de sus cosechas y aumentaría la producción de leche. Tenía experiencia en la administración de una explotación lechera convencional (80 hectáreas; la superficie máxima de cultivo de maíz Bt llegó a las 10 hectáreas en 2001), en Weidenhof, Wölfersheim, Hessen, Alemania. También producía cultivos convencionales. Sembró el primer cultivo transgénico tan pronto como fue aprobado en Europa para su comercialización y su empleo en piensos. Se trataba del maíz transgénico Bt 176, que producía una toxina Bt nunca probada en los mamíferos, algo que ya se conocía en aquellos momentos. Utilizó esta cosecha de plantas transgénicas para alimentar a sus vacas lecheras, las primeras que se sepa, desde 1997 hasta 2002.

Se realizó una observación detalla de la finca debido a la aparición de problemas de salud inusuales e importantes, que empezaron en 2001, cuando el maíz transgénico alcanzó un nivel del 40% en la dieta de las vacas (Glöckner y Séralini, 2016). Estos problemas no se creyeron en un principio asociados con la alimentación con transgénicos. Sólo después de una investigación realizada por el agricultor se empezó a establecer esa relación. Se realizó un estudio detallado de la alimentación y análisis veterinarios de la sangre, la orina y la leche, y de forma regular se realizaron inspecciones. La proporción de vacas sanas en el hato se redujo a sólo el 40% en 2002, coincidiendo con el aumento progresivo de transgénicos en la dieta. En esos momentos, hasta el 10% de las muertes se producían por paresia, un síndrome que se complicaba con el tiempo, sin hipocalcemia o fiebre, pero con signos bioquímicos de insuficiencia renal, así como problemas de la mucosa y del epitelio. No se detectaron signos microbianos que explicasen las enfermedades, pero sí se detectó en la leche el ADN específico del rasgo Bt (Glöckner y Séralini, 2016). La presencia de transgénicos en la dieta fue el único cambio introducido por el administrador en la explotación ganadera.

La granja de productos lácteos se cerró en diciembre de 2004. El resto de vacas fueron vendidas debido a los problemas de salud que aparecieron después de la introducción de una alimentación con transgénicos, ocasionando una pérdida económica muy importante para la granja a partir de 2001. Por entonces, sólo se introducían en el mercado alemán 12 toneladas de semillas al año ( alrededor de 500 hectáreas). El maíz Bt176 fue retirado oficialmente de la UE en 2007.

Abreviaturas: GM: modificado genéticamente; OGM: organismo modificado genéticamente; Bt: Bacillus thuringiensis.

Primera demanda ante los Tribunales

El 2 de febrero de 2002, el agricultor escribió a Syngenta, la empresa que había desarrollado el maíz Bt176, afirmando que las enfermedades estaban relacionadas con la presencia de transgénicos en la dieta. El 21 de febrero su abogado le aconsejó que dejase de alimentar a las vacas con esta dieta. Después, en una mesa redonda celebrada en el Ministerio de Sanidad en Berlín el 13 de marzo de 2002, se analizaron las muestras obtenidas y fue confirmado por varias Universidades que el origen de las enfermedades no tenía un carácter microbiano. Syngenta hizo una llamada y realizó una visita, concluyendo que no creía que los problemas se debieran a la alimentación con transgénicos, aunque no dieron otras explicaciones. Después de numerosas peticiones orales y escritas por parte del agricultor desde el año 2001, en abril de 2002 Syngenta le paga la cantidad de 43.224,62 euros, lejos de los 97.374 euros de pérdidas por parte del agricultor en 2001, que es lo que representó el coste de las muertes y análisis veterinarios, así como las pérdidas en la producción de leche y en la alimentación. Sin embargo, la empresa no habló de la presencia de la toxina Bt en la alimentación, aunque el maíz transgénico produce niveles muy altos de esta toxina y los resultados de los análisis realizados por un laboratorio oficial en 2002 dieron positivo (Glöckner y Séralini, 2016, anexo). Con el fin de evitar un proceso judicial, en enero de 2003, un representante de la Empresa propuso al agricultor una indemnización por un valor equivalente al 50% de sus pérdidas. Sólo en 2002 las pérdidas ya ascendían a 143.213,60 euros. El agricultor rechazó la propuesta informal ( ver más abajo) y demandó a Syngenta. El caso fue llevado a los tribunales en diciembre de 2005 y concluido ese mismo mes (Distrito Judicial de Giessen, sentencia de 7 de marzo de 2007, Az. 3 O 564/05; y apelación ante el Tribunal Regional Superior de Frankfurt, sentencia de 6 de febrero 2009, Az. 2 U 128/07). Después de la presentación de la demanda, la empresa propuso un acuerdo por el cual pagaría primera una indemnización de 70.000 euros y luego otros 100.000 euros. El agricultor, finalmente, perdió el caso en 2009 por un tecnicismo: la falta de la firma de la esposa del granjero en un documento. Se divorciaron en 2005, después de que ella hubiese abandonado la familia (tres hijos de 17, 15 y 13 años) y la finca en el año 2000, formando otra pareja.

Una segunda demanda se superpone a la primera

Una segunda demanda se superpuso a la primera y terminó con la encarcelación del agricultor desde 2006 hasta 2007. Su esposa le denunció por primera vez en 2003 (Distrito Judicial de Friedberg, Hesse, Az. 605 Js 673/03 y apelación en el Tribunal Regional de Giessen en marzo de 2005 8 Ns 605 Js 673/03) por violencia por parte del marido, “en octubre de 1999, o en año nuevo del año 2000”, como dijo ante el Tribunal, sin pruebas médicas u otros testimonios. Poco antes de la presentación de esta demanda, Syngenta había presionado al agricultor, enero de 2003, para que aceptase una indemnización del 50%. Después de que el agricultor se negase y dijese que iba a demandar a Syngenta, el representante de la Empresa le dijo que algo iba a ir mal con su esposa. Hasta este momento la esposa no había realizado ninguna denuncia por violencia. La ex esposa también nombró a un abogado. Gottfried Glöckner no hizo acto de presencia ante la Corte Suprema de Frankfurt en noviembre de 2005 (Fiscal General, ref. Ss 209/05), porque su abogado le dijo que no era necesario que asistiera, agregando que él como abogado le representaría. Pero el abogado tampoco apareció. Esto hizo que el juez dictase una sentencia inusualmente dura. Así que el agricultor fue encarcelado durante un año por violencia hacia su esposa, una violencia que nunca reconoció. Posteriormente cambió de empleo, ya que parte de la venta de su finca fue confiscada por el Tribunal. Esta es la experiencia de un agricultor y ganadero que alimentaba a sus vacas con transgénicos.

Agradecimientos:

Agradezco al CRIIGEN por su apoyo estructural.

Referencias:

Glöckner, G. and Séralini, G.E. (2016). “Pathological reports for the first

cows fed with Bt176 maize,” Scholarly J. Agric. Sci. 6(1): 1-8.

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