"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Argentina puede servir de ejemplo a Grecia ante la imposibilidad del pago de la deuda

Por Joseph Stiglitz y Martín Guzmán, 1 de julio de 2015

Common Dreams

Protestas en Argentina durante la crisis económica en el año 2002 (Foto: Getty Images)

Protestas en Argentina durante la crisis económica en el año 2002 (Foto: Getty Images)

Cuando hace cinco años comenzó la crisis de Grecia, Europa le ofreció una mano, pero era un tipo de ayuda que uno no hubiera querido, muy diferente de lo que se podría haber esperado de existir un poco de humanidad y de solidaridad europea.

Las propuestas iniciales de Alemania y otros salvadores, lo que querían realmente era obtener beneficio de la angustia griega: el cobro de unas tasas de interés muy superiores a su coste de capital. Peor aún, le impusieron unas condiciones en las políticas macroeconómicas y microeconómicas a cambio de préstamo de dinero.

Dichas condiciones forman parte de la práctica estándar de los préstamos del FMI y el Banco Mundial. Normalmente, cuando se impusieron estas condiciones, se tenían pocos conocimientos sobre el funcionamiento real de la economía, y con frecuencia se reducían a unas pocas demandas políticas. Había un elemento neocolonialista: los viejos europeos blancos venían a decir a sus antiguas colonias lo que tenían que hacer. Pero a menudo estas políticas no funcionaban de la forma que se esperaba. Se producían enormes discrepancias entre lo que los expertos occidentales esperaban y lo que realmente ocurría.

Se esperaba un mejor comportamiento de Grecia como socio de la Zona Euro. Pero las demandas fueron muy intrusivas, y las políticas y los modelos propuestos enteramente viciados. La disparidad entre lo que la Troika pensó que sucedería y lo que ha sucedido realmente es algo sorprendente, y no porque Grecia no hiciera lo que se le pidió, sino porque lo hizo y los modelos eran muy deficientes.

Por fin, después de años chantajeando a Grecia y exigiendo cada vez más medidas de austeridad, que ha llevado a una catastrófica situación económica, la Troika finalmente ha llevado al país al borde del impago.

Esta situación tiene algunas similitudes con la situación de impago de Argentina en el año 2001, aunque también hay algunas diferencias. En ambos países, las recesiones se convirtieron en depresiones como consecuencia de las políticas de austeridad, haciendo que cada vez la deuda fuera más insostenible. En ambos casos, para recibir las ayudas se exigían cambios en las políticas. Ambos países tenían unos acuerdos monetarios muy rígidos que les impedía la posibilidad de llevar a cabo políticas monetarias expansivas durante la recesión. En ambos países, el FMI se equivocó en sus previsiones de las consecuencias de las políticas impuestas: el desempleo y la pobreza se dispararon y el PIB se desplomó. De hecho, incluso hay una sorprendente similitud en la magnitud de la caída del PIB y el aumento de la tasa de desempleo.

En Argentina, el desempleo juvenil, en particular, se disparó y se mantuvo muy alto durante varios años. La falta de oportunidades supuso un enorme derroche del talento de millones de jóvenes. Con un desempleo juvenil en torno al 50% en Grecia, algo parecido está ocurriendo.

Los valores predeterminados son difíciles de predecir, Pero aún más lo es la austeridad. La buena noticia para Grecia, como ya demostró Argentina, es que puede haber vida después del impago de la deuda.

El camino seguido por Grecia hasta llegar a la quiebra nos recuerda una y otra vez importantes lecciones sobre la gestión de la deuda soberana, algo que ya debiéramos de haber aprendido de incidentes anteriores. La primera, es que no hay forma de pagar la deuda si no se produce una recuperación económica. Al mismo tiempo, no hay recuperación económica si no se produce una restauración de la sostenibilidad de la deuda.

Tanto en Argentina como en Grecia, para la restauración de la sostenibilidad de la deuda se requiere de una reestructuración en profundidad de la deuda soberana. Realizada esta reestructuración de la deuda, que debe ser profunda y oportuna, propiciaría una recuperación económica que permitiría acceder a los mercados internacionales de crédito, algo que se ha demostrado es una labor quijotesca. No se trata de una crítica hacia determinados países, sino a las deficiencias del marco en el que se están realizando las negociaciones.

En ambos casos, las Instituciones acreedoras hicieron creer que la recuperación podía conseguirse mediante ajustes estructurales. Bajo una intensa presión, se aceptaron programas que fueron impuestos y llevados a cabo, lo cual, obviamente, no ha funcionado. La concesión de fondos de rescate, fondos que en su mayoría han sido utilizados para pagar a los acreedores, a cambio de ajustes, han metido en una espiral a las economías, que se han debilitado cada vez más. En el caso de Argentina, después de años de sufrimiento, la gente salió a la calle.

En ambos casos, el Sistema bancario acabó en una restricción parcial de retirada de depósitos bancarios, que, en el caso de Argentina, desencadenó una crisis bancaria en toda regla y una posterior conversión de los depósitos en moneda extranjera a moneda nacional, lo que llevó a una reestructuración de los pasivos internos, con un alto coste para los pequeños ahorradores del país. En Grecia, las consecuencias aún están por verse.

La adquisición de deuda es un intercambio voluntario entre los acreedores y los deudores. Se hace en un contexto de incertidumbre: cuando el deudor se compromete a pagar una cierta cantidad de la deuda en el futuro, todo el mundo entiende que tal promesa depende de la capacidad del deudor para pagar. Este riesgo implica que los acreedores exijan unas mayores tasas de interés que si se presta bajo menos riesgos.

La reestructuración de la deuda es una parte necesaria de la relación entre prestamista y prestatario. Esto ha ocurrido cientos de veces, y seguirá ocurriendo. Del modo en que esto se resuelva determinará la cuantía de las pérdidas. La mala gestión de una crisis de deuda, tales como exigir políticas de austeridad en época de recesión, a pesar de que la teoría y las evidencias empíricas muestran que la austeridad en período de recesión sólo genera una recesión más profunda, conduce inevitablemente a grandes pérdidas y mayor sufrimiento.

Los que acuden como salvadores mediante rescates financieros ( como los bancos alemanes y franceses en el caso de Grecia), por lo general hablan de un riesgo moral para evitar la reestructuración de la deuda. Afirman que se producirían antecedes perversos; otros deudores podrían seguir el mismo ejemplo para no pagar los préstamos. Pero el argumento del riesgo moral es un cuento de hadas. Tanto Argentina como Grecia ya han pagado un precio muy alto por sus problemas de impago de la deuda. Ningún país se mostraría contento de seguir los mismos pasos.

La experiencia de Grecia también nos enseña lo que no debe ser una reestructuración de la deuda. Se hizo una reestructuración en el año 2012, pero se hizo mal. No sólo fue insuficiente para propiciar una recuperación económica, sino que también dio lugar a un cambio en la composición de la deuda, de acreedores privados a acreedores oficiales, lo que hace que las nuevas reestructuraciones sean más difíciles.

Hasta cierto punto, Grecia se enfrenta a una situación mucho más compleja que Argentina en el año 2001. El impago de Argentina estuvo acompañado de una devaluación de la moneda, lo que mejoró los niveles de competitividad del país, que junto con la reestructuración de la deuda, fue posible una recuperación económica sostenible. En el caso de Grecia, la salida de Grecia de la Zona Euro conllevaría la creación de una nueva moneda nacional. No es lo mismo devaluar una moneda que ya existe que una moneda que se crea en una situación de crisis. Esto añade más incertidumbre y aumenta la capacidad de la Troika para presionar al Gobierno de Tsipras.

Cuando una deuda es insostenible, es preciso comenzar de nuevo. Es un principio básico muy conocido. Hasta el momento, la Troika ha privado a Grecia de esta posibilidad. Y no puede comenzarse de nuevo con medidas de austeridad.

Este domingo, los ciudadanos griegos decidirán entre dos alternativas: austeridad y depresión sin fin, o la posibilidad de decidir su propio destino en un contexto de gran incertidumbre. Ninguna de las dos opciones es deseable. Ambas pueden llevar a una situación social aún peor. Pero mientras que con una hay esperanza, con la otra no.

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Joseph E. Stiglitz es profesor en la Universidad de Columbia. Su libro más reciente es The Price of Inequality: How Today’s Divided Society Endangers Our Future. Entre sus muchos otros libros: Globalization and Its Discontents, Free Fall: America, Free Markets, and the Sinking of the World Economy, y (siendo coautora Linda Bilmes) The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict. Recibió el Premio Nobel de Economía en 2001 por sus investigación sobre la información económica.

Martín Guzmán realiza una investigación postdoctoral en la Universidad de Columbia con el Profesor Joseph Stiglitz “Macroeconomic Efficiency and Stability” INET Research Group. También es copresidente del Grupo de Trabajo de la Reestructuración de la deuda soberana e impago, de la Universidad de Columbia.

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Procedencia del artículo:

http://www.commondreams.org/views/2015/07/01/hope-vs-depression-argentina-shows-greece-there-may-be-life-after-default

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