"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

El ataque neoliberal a Naomi Klein y su libro Esto lo cambia todo

por John Bellamy Foster y Brett Clark

monthlyreview.org

Naomi_Klein

No hay dudas de que otra crisis nos sacará  a todos de nuevo a las calles y plazas, pillándonos  por sorpresa. La pregunta es qué harán en ese momento las fuerzas progresistas y la fuerza con que será considerado ese  movimiento . Porque en esos momentos en los que algo parece imposible y  de repente se hace posible, son raros y valiosos . Hay que aprovechar esas circunstancias. La próxima vez que se presente la ocasión, debe ser aprovechada no sólo para denunciar el mundo tal y como es y  no sólo para  construir efímeras estructuras en los espacios liberados . Debe ser el catalizador para  un mundo nuevo, en el que todos estemos más seguros. Las aspiraciones son muy elevadas, el tiempo escaso, como para conformarse con menos que esto

La portada del nuevo libro de Naomi Klein, Esto lo cambia todo, está diseñada para parecer un símbolo de protesta. Sólo el título en grandes letras mayúsculas, destacando la palabra changes. Tanto el nombre de la autora como el subtítulo no aparecen. Sólo cuando nos fijamos en el lomo del libro, o al darle la vuelta o al abrirlo por la primera página es cuando vemos que ha sido escrito por una de las más destacadas intelectuales y activistas de la Izquierda norteamericana y que el subtítulo reza El Capitalismo contra el clima (1). Lo que se pretende es expresar con claridad y en términos inequívocos que el cambio climático lo cambia, literalmente, todo en la sociedad de hoy. Amenaza con trastocar la mítica conquista humana de la naturaleza, poniendo en peligro la civilización actual y generando dudas sobre la supervivencia a largo plazo de la especie humana.

El origen de este círculo que se cierra no es el planeta, que actúa de acuerdo con las leyes naturales, sino más bien el sistema económico y social en el que vivimos, que trata los límites naturales como meros obstáculos a superar. Lo está haciendo ahora a escala planetaria, convirtiendo la tierra en un lugar donde cada vez se haga más difícil vivir. Por lo tanto, el cambio a que hace referencia Klein, lo que más le preocupa, no es el propio cambio climático, sino la transformación social radical que debe llevarse a cabo para poder afrontarlo. Nosotros debemos cambiar como especie las condiciones materiales de nuestra existencia o de lo contrario nos veremos obligados a unos cambios mucho más drásticos. Klein sostiene que es preciso un cambio del Sistema, no un cambio de clima, que es lo que propone el movimiento ecosocialista actualmente en Estados Unidos (2).

De esta manera Klein, cuyo libro No logo fue el comienzo de una nueva crítica generacional de la cultura de la mercancía, y que en La doctrina del shock se postuló quizás como la más destaca crítica norteamericana del desastre provocado por el capitalismo neoliberal, empleando la famosa metáfora de William Morris, cruzó el río de fuego para convertirse en una destacada crítica del Sistema Capitalista (3). De por medio está el cambio climático, demasiado tiempo hemos esperado para hacerle frente, y lo cierto es que va a ser necesaria una verdadera revolución ecológica si queremos afrontar el problema.

En la era del cambio climático, afirma Klein, el Sistema se basa en la constante acumulación de capital y en un crecimiento económico exponencial, algo que ya no es compatible con el bienestar humano y el progreso, e incluso con la propia supervivencia humana a largo plazo. Por tanto, necesitamos reconstruir la sociedad en base a unos pilares que nada tengan que ver con la interminable acumulación de riqueza como principal objetivo. La sociedad debe ser construida bajo otros principios, como la regeneración de la vida y de lo que ella llama un amor inexorable (4). Esta inversión en las relaciones sociales de producción debe comenzar de inmediato, con una batalla contra los combustibles fósiles y el omnipresente crecimiento económico, cuando ese crecimiento económico significa mayores emisiones de carbono, más desigualdad y más alienación de la humanidad.

Este cruce del río de fuego por parte de Klein ha dado lugar a una serie de ataques neoliberales a Esto lo cambio todo, a menudo también provenientes de la Izquierda. Estas críticas del establishment hacia su trabajo nos demuestra que son poco sinceras, y tienen poco que ver con un análisis riguroso del problema. Más bien parece que su objetivo es acomodar sus ideas a la corriente de opinión mayoritaria. Y si eso resultara imposible, el siguiente paso será el de excluir estas ideas del debate social. Sin embargo, su mensaje representa la creciente conciencia de que es necesario un cambio sustancial, y por esta razón no es fácil silenciarlas.

El climaterio global
El meollo central de Esto lo cambia todo es una premisa histórica: si el cambio climático se hubiese abordado con seriedad en la década de 1960, cuando los científicos hablaron por primera vez de este importante desafío, o incluso a finales de 1980 o principios de 1990, cuando James Hansen acudió al Congreso y advirtió en su célebre discurso de los problemas del calentamiento global, se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y se aprobó el Protocolo de Kioto, entonces, en ese caso, el problema podría haber sido abordado sin una completa reorganización del Sistema. En ese momento histórico, Klein sugiere que habría sido posible reducir las emisiones en torno a un 2% anual (5).

Hoy día, este tipo de soluciones ya no son concebibles, ni siquiera en teoría. Los números hablan por sí mismos: Se han emitido a la atmósfera más de 586.000 millones de toneladas métricas de carbono; para evitar que la temperatura medida mundial aumente en 2ºC, el límite máximo para no caer en un abismo climático, sería necesario no llegar al billón de toneladas métricas de emisiones acumuladas de carbono. Al ritmo actual de emisiones de carbono, se estima que llegaríamos al billón de toneladas métricas en menos de un cuarto de siglo, en torno al año 2039. Una vez alcanzado este punto, los científicos temen que aumenten las probabilidades de que se produzca una retroalimentación, con repercusiones tan amplias que ya no fuésemos capaces de controlar dónde se va a detener el termómetro. De seguir en la actual dinámica, ya no solamente nos veríamos abocados a un aumento de la temperatura media de 2º C, sino que podríamos llegar a los 4ºC, el punto en el que los ecosistemas planetarios se verían totalmente alterados y la civilización estaría en franco peligro. Es necesario, por tanto, una auténtica revolución ecológica que desate toda la potencia de una humanidad organizada y rebelde.

Lo que se necesita, en primer lugar, es dejar de quemar combustibles fósiles, acabando de una vez con un Régimen Energético que ha dominado desde el inicio de la Revolución Industrial. Unos simples cálculos aritméticos nos dicen que no hay forma de llegar a un nivel cero de emisiones, es decir, la interrupción completa de la quema de combustibles fósiles en las próximas décadas sin la aplicación de algún tipo de moratoria planificada en nuestro sistema económico, lo que requeriría de una mengua de las inversiones de Capital y una reducción en el consumo en los países más ricos del sistema mundial. No tenemos más remedio de echar el freno y llegar a un punto muerto en lo que respecta a las emisiones de carbono antes de caer por el abismo climático. Nunca antes en la historia de la humanidad el hombre se ha enfrentado a semejante desafío, y en una situación tan desalentadora.

Klein echa mano de un argumento de Kevin Anderson, del Centro Tyndall para el Cambio Climático de Gran Bretaña, que dice que los países ricos tendrán que reducir las emisiones de carbono de un 8% a un 10% al año. “El actual despilfarro colectivo de carbono continúa. Se ha dilapidado cualquier oportunidad para un cambio evolutivo cuando se nos ofreció el presupuesto anterior de un aumento de 2º C. Hoy, después de dos décadas de mentiras, el presupuesto de los 2ºC requiere de un cambio revolucionario en la hegemonía política y económica” , dice Anderson (7).

En lugar de hacer frente al cambio climático, cuando se convirtió en un problema crítico allá por la década de 1990, el mundo dio un giro hacia políticas neoliberales, en particular con la creación de la Organización Mundial de Comercio. El éxito de la campaña neoliberal para eliminar la mayoría de las restricciones sobre las maniobras capitalistas, y el efecto negativo que esto tuvo para poder abordar el desafío del cambio climático, afirma Klein que “ahora solamente unos cambios de transformación revolucionaria del sistema sean la única esperanza para evitar el caos climático (8).

Como resultado de todo ello, nos encontramos en una difícil situación y un tanto irónica. A dos décadas del aviso seguimos aumentando las emisiones cuando debiéramos de estar disminuyéndolas. Lo que hay que hacer para evitar un calentamiento catastrófico ya no entrá en conflicto sólo con el capitalismo desregulado que se abrió paso en la década de 1980. Ahora está en conflicto con un imperativo fundamental, que está en el meollo de nuestro modelo económico: crecer o morir…

Nuestra economía esta en guerra con muchas formas de vida en la tierra, incluyendo la vida humana. Para evitar el colapso climático se tiene que producir una reducción en la utilización de los recursos, pero nuestro sistema económico dice que para evitar el colapso es necesaria una expansión sin trabas… Sólo uno de estos imperativos puede ser modificado, y no se trata precisamente de la leyes de la naturaleza…

Debido a las décadas que hemos dilapidado, ahora es el momento del cambio ¿Es posible? Desde luego. ¿Es posible hacerlo sin desafiar la lógica fundamental del capitalismo desregulado? No. (9).

Al hablar de la lógica fundamental de capitalismo desregulado estamos hablando indirectamente de la lógica fundamental del capitalismo en sí: la acumulación de capital, que casi no se ve limitada en su ansia de acumulación, incluso en un entorno de fuerte regulación normativa. En su lugar, el Estado en una sociedad capitalista, libera las fuerzas para la acumulación de capital en nombre del sistema en su conjunto, racionalizando las relaciones de mercado con el fin de lograr una mayor expansión mundial a largo plazo. Como observó Paul Sweezy, hace casi tres cuatros de siglo en su Teoría del desarrollo capitalista: “Desde el punto de vista histórico, el control de la acumulación de capital no parece de momento entrar entre las preocupaciones del Estado; la legislación económica ha tenido como objetivo el de ocultar las contradicciones de clase, por lo que la acumulación, el objetivo normal del comportamiento capitalista, pudo seguir adelante sin problemas e ir acumulando de forma ininterrumpida (10)”.

Klein parece perder de vista este hecho fundamental que define el Capitalismo cuando habla del “consumo por el consumo”, sin darse cuenta del efecto de dependencia que señaló Galbraith: las condiciones en las que consumimos determinan estructuralmente las condiciones en las que producimos (11). Sin embargo, el reconocimiento de que la acumulación de Capital, o la obsesión por el crecimiento económico como propiedad que lo define, y no un mero atributo del sistema, subyace a lo largo de todo su discurso. El reconocimiento de esta propiedad sistémica llevó al gran economista conservador Joseph Schumpeter a declarar: “Un capitalismo estacionario sería un oximoron” (12).

capitalismo-y-socialismo-18-638De todo esto se desprende que ningún cambio tecnológico, promovido por ejemplo por el Instituto Breakthrough, va a impedir acabar con la realidad del cambio climático, sobre todo cuando las fuerzas impulsoras del sistema socioeconómico imperante miran sólo su propia autoexpansión. Unas meras mejoras en la eficiencia de las emisiones de carbono es algo nimio, sobre todo cuando sigue aumentando la producción, aumentando como consecuencia de ello la cantidad de dióxido de carbono emitido. La inevitable conclusión es que tenemos que reorganizar rápidamente la sociedad bajo otros principios distintos a los de avivar la locura del capitalismo con los combustibles fósiles.

Klein nos dice que este panorama no nos debe llevar a una situación de desesperación. Más bien, frente a esta dura realidad debiéramos definir un contexto estratégico para luchar contra el cambio climático. No es un problema principalmente tecnológico, a no ser que intentemos cuadrar el círculo: conciliar la acumulación capitalistas con el preservación del clima. Existen diferentes soluciones prácticas para combatir el cambio climático, soluciones que son consistentes con un mayor bienestar y un enriquecimiento de la comunidad humana. Podemos empezar rápidamente a implementar los cambios necesarios, tales como: una planificación democrática en todos los niveles de la sociedad; introducción de tecnologías energéticas sostenibles; mejora del transporte público; evitar el despilfarro económico y ecológico; desaceleración en la rueda de producción; redistribución de la riqueza y el poder; y sobre todo poner el mayor empeño en un desarrollo humano sostenible (13).

Hay muchos precedentes históricos: un programa de choque como en tiempos de guerra, donde las poblaciones se sacrificaron en aras del bien común. En Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial, los coches dejaron de circular por las calles. En Estados Unidos, la Industria del automóvil se reconvirtió en poco menos de medio año en un sistema de producción de tanques, aviones y otra maquinaria de guerra. El racionamiento creo un sistema más igualitario. De hecho, el propósito del racionamiento es el de compartir los sacrificios cuando los recursos son limitados, creándose un sentimiento de comunidad de bienes, de que todos estamos embarcados en la misma situación de emergencia. Aunque Klein no haga referencia a él, uno de los ejemplos históricos que más han inspirado ha sido el lema “Todos comen lo mismo”, de la Revolución cubana y seguido de forma solidaria por toda la sociedad. Además, la movilización en tiempos de guerra y el racionamiento, no son los únicos ejemplos históricos a los que podemos acudir. El New Deal en Estados Unidos centró su interés en la inversión pública y el bien público, orientado a la mejora del valor de uso en lugar del valor de cambio (14).

Los principales críticos de Esto lo cambio todo a menudo confunden deliberadamente el decrecimiento con las medidas de austeridad asociadas al Neoliberalismo. Sin embargo, la perspectiva de Klein, como hemos visto, es totalmente diferente, ya que se trata de la utilización racional de los recursos en unas condiciones de absoluta necesidad y del fomento de la igualdad y la vida en comunidad. Sin embargo, Klein podría sostener sus argumentos acudiendo a la teoría del monopolio del Capital y a la crítica de la enorme cantidad de residuos generados por nuestro sistema económico, de modo que sólo una mínima parte de la producción y del trabajo humano se dedican a las necesidades humanas reales, a diferencia de las necesidades generadas por el mercado. Como autora de No logo, Klein es consciente de la locura del marketing que caracteriza a la economía mercantilizada contemporánea. Sólo en Estados Unidos se gastan más de un billón de dólares al año en promoción de las ventas (15).

Un país rico como Estados Unidos no necesita en la actualidad, como se detalla en Esto lo cambio todo, abandonar las comodidades de la civilización, sino volver a un nivel de vida como el que existía en la década de 1970, tras dos décadas de lo que Galbraith denominó “la sociedad de la abundancia”. Supone la vuelta a menor producción per cápita (en términos de PIB), lo que es factible con una redistribución de la renta y de la riqueza, mediante una planificación social, disminución de las horas de trabajo y la satisfacción de las legítimas necesidades humanas ( medio ambiente sostenible, agua y aire limpios; alimentos, ropa y vivienda; atención médica de calidad; educación, transporte pública y una vida cultural en comunidad) de tal manera que la mayoría de las personas experimentarían una mejora sustancial en su vida cotidiana (16). Lo que Klein propone es una verdadera revolución ecológica y cultural. Todo lo que se requiere, ya que existen los medios tecnológicos necesarios, es el poder del pueblo: la movilización democrática de gran parte de las gentes.

Tales iniciativas, y Klein está convencida de ello, ya están surgiendo en el actual contexto de emergencia planetaria. Se puede ver en el movimiento socioambiental, que es enorme aunque difuso, que se extiende por todo el mundo, suponiendo la lucha de decenas de millones de personas de todo el mundo, lo que ella denomina (o más bien, al movimiento en sí mismo) Blockadia. Innumerables personas están situadas en primera línea de la lucha, enfrentándose al poder, exponiéndose a ser arrestados, oponiéndose a la Industria de los combustibles fósiles y al mismo Capitalismo. Pueblos indígenas de todo el mundo han asumido un papel de liderazgo en las luchas medioambientales, como el movimiento “Idle no More” de Canadá. Las luchas contra el Sistema con motivaciones ecológicas está en aumento en todos los continentes.

Están especialmente obligados a hacer frente al cambio climático los países ricos, que son los históricamente responsables de la mayoría de las emisiones de carbono a la atmósfera desde la Revolución Industrial y que actualmente son los que más carbono per capita siguen emitiendo. La desproporcionada responsabilidad de estos países con el cambio climático es aún mayor si tenemos en cuenta los bienes de consumo. Los países más pobres dependen en gran medida de la producción de bienes por las grandes multinacionales para la exportación, que son vendidos a los consumidores de los centros económicos del capitalismo mundial. Por lo tanto, las emisiones asociadas con esas exportaciones debieran ser asignadas a los países ricos importadores de esos productos, en lugar de a los países exportadores. Por otra parte, los países ricos disponen de más recursos para abordar el problema y lleva a cabo las medidas necesarias para la regeneración social sin comprometer el bienestar básico de sus habitantes. En estas sociedades, el problema ya no está en aumentar la riqueza per capita, sino más bien en la organización de una sociedad más racional, sostenible y justa. Klein evoca el espíritu de Seattle en 1999 y el de Occupy Wall Street de 2011, para creer que todavía existe un ápice para propiciar un cambio ecológico radical incluso en América del Norte, donde un número creciente de personas están dispuestas a unirse a un alianza mundial de los pueblos. Es esencial para la lucha, insiste, en que haya un reconocimiento explícito de la deuda ecológica y con el cambio climático tiene el Norte con los países del Sur (17).

La Izquierda tampoco está libre de crítica en la obra de Klein. Reconoce la existencia de una corriente crítica ecológica dentro del marxismo, y cita a Marx hablando de una “ruptura irreparable” que el Capitalismo ha provocado con “las leyes naturales de la vida”. Sin embargo, señala que las sociedades de tipo soviético también emiten grandes cantidades de carbono, y que economías como las de Bolivia y Venezuela dependen de la extracción de grandes cantidades de recursos naturales, sin perjuicio de que hayan iniciado amplias reformas de justicia social. También se cuestiona el apoyo dado por SYRIZA a la exploración de petróleo en el mar Egeo. Muchas personas de la Izquierda, y en particular de la llamada Izquierda liberal, con su predilección por las teorías keynesianas, siguen atados a la rueda de la producción, incluso en los países ricos, como único medio de avance social (18). Las críticas de Klein en este sentido son importantes, pero podrían haber sido más penetrantes de tener en cuenta la estructura imperialista de la economía mundial, que está específicamente diseñada para satisfacer las necesidades de los países más ricos y olvidar las de los países más pobres. Esto genera una trampa incluso en el Movimiento hacia el Socialismo, con profundas raíces ecológicas e indígenas, como en la actual Bolivia, pero no puede superar sus profundas contradicciones (19).

El proyecto inacabado de liberación requiere de un proceso de reconstrucción y de reinvención de la misma idea de lo colectivo, lo comunitario, los bienes comunes, lo civil y lo cívico, después de tantas décadas de ataques y negligencias (20)”, aconseja Klein. Para lograr este objetivo es necesario construir un gran movimiento de masas que genere un cambio revolucionario jamás visto: un reto que se pone de manifiesto en una de sus conclusiones: “Los años del salto: el tiempo preciso para conseguir lo imposible”. Quizás esto pueda parecer algo utópico, pero la respuesta es que el mundo se dirige hacia algo peor que una mera distopía: una interminable catástrofe climática, que amenaza la civilización y a un sinnúmero de especies, incluida la nuestra (21).

Esto_cambia_todo

Los críticos liberales como los guardianes

Ante los poderosos argumentos de Klein en Esto lo cambia todo, los peritos liberales se han apresurado a contrarrestar sus argumentos para que sus ideas entren menos en conflicto con el Sistema. Incluso cuando se aborda el tema de la catástrofe ecológica mundial, que pone en peligro a cientos de millones de personas, a las generaciones futuras, a la civilización y la propia especie humana, pero parece ser que hay una regla inviolable: el Capitalismo es algo intocable.

Como explica Noam Chomsky, la crítica liberal juega el papel vital de guardián del Sistema, que se define a sí misma como la izquierda racional de centro, y que marca los límites exteriores de toda crítica. Dado que la mayoría de la población de Estados Unidos, y del mundo en su conjunto, está en contra del Régimen capitalista, es crucial propagar la idea de que queda fuera de los límites cualquier posición que cuestione las bases del propio Sistema. Los medios de comunicación son sus voceros: “Hasta aquí y no más”. Ir más allá de los estrechos límites permitidos por el discurso liberal se considera como estar en otro mundo (22).

En el caso de esta influyente periodista y activista radical, autora de libros de éxito, los críticos liberales intentan remodelar su mensaje para hacerlo compatible con el Sistema. Le dan la oportunidad de permanecer dentro de la confraternidad liberal, claro, que sólo si accede a cumplir sus reglas. El objetivo no es solamente el de parar a Klein, sino también al movimiento que en su conjunto representa. Así que nos encontramos con muestras de simpatía, en las buenas intenciones que pretende alcanzar. Unido a todos esos elogios, se produce una sutil fusión de sus argumentos con la finalidad de atenuar las críticas al Sistema. Por ejemplo, es perfectamente admisible por razones liberales hacer una crítica al desastre del capitalismo neoliberal, como un Régimen político extremista. Pero en ningún momento se admite esa crítica al Capitalismo en general. Las críticas liberales a Esto lo cambia todo, en la medida en que sean positivas, se cuidan mucho de interpretarlas como una forma de adhesión a posiciones anteriores.

Sin embargo, esos mismos peritos liberales que aparentemente hablan con suavidad, no se privan de blandir un palo para usarlo en el caso de que se transgreda el principio de “Hasta aquí y no más”. Si resultase que los argumentos que Klein expone en Esto lo cambio todo fueran argumentos serios, y realmente se viese que el problema es el Capitalismo contra el clima, entonces dirán que está en otro planeta y que ha perdido su derecho a ser escuchada en los medios de comunicación y que ni siquiera es motivo de debate. El objetivo es transmitir la advertencia y recordar a todo el mundo las reglas con las que se puede jugar y las sanciones que se aplican en el caso de no estar conformes con las mismas. La pena por desviarse es la excomunión, y aplicada por todos los medios corporativos. Noam Chomsky puede ser considerado como uno de los intelectuales más prestigiosos de hoy en día, pero por lo general se le considera fuera de los límites y por tanto una persona non grata en lo que respecta a los medios estadounidenses.

Nada de esto es algo nuevo, por supuesto. Invitado a hablar en la Universidad de Oxford en 1883 con su gran amigo John Ruskin, William Morris, célebre artista de la Inglaterra victoriana, maestro artesano, y poeta, autor de El Paraíso terrenal, sorprendió al público cuando declaró públicamente que él era “una de esas personas que llaman socialistas”. Los guardianes del orden oficial ( los Podshaps de Nuestro amigo común de Dickens) inmediatamente se levantaron para denunciarle, sin escuchar las protestas de Ruskin, que dijo que si hubieran sabido de las intenciones de Morris no le habrían dejado hablar. Allí mismo le hicieron saber que no era bienvenido en Oxford, o en otros círculos del establishment. El historiador E.P. Thomson dijo: “Morris ha cruzado el río de fuego”. Acababa de empezar la campaña para intentar silenciarlo (23).

Klein, sin embargo, supone algunos problemas adicionales para los guardianes de hoy en día. Su oposición a la lógica del Capital en Esto lo cambio todo no está expresada en la línea tradicional de la izquierda, que se suele hacer en términos de explotación. Más bien deja claro que lo que le ha obligado a cruzar el río de fuego es la amenaza inminente para la supervivencia de la civilización y de la humanidad misma. Ve necesaria una rebelión contra el Capitalismo para crear una sociedad más sostenible en respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Se trata de una cuestión totalmente diferente a la que los liberales no pueden dar la espalda sin más, porque en su contra están la preocupación científica y la de la humanidad en su conjunto.

Para complicar aún más las cosas, Klein modifica el orden existente cuando declara en su libro que “la derecha tiene razón”. Lo que quiere decir es que la postura de la derecha política sobre el cambio climático está motivada en gran medida por un dilema del tipo uno u otro: Capitalismo o clima. Por lo tanto, los conservadores tratan de negar el cambio climático, incluso yendo en contra de las evidencias científicas, con tal de defender el capitalismo. En contraste, los ideólogos liberales están atrapados en el mismo dilema, pero se contradicen a sí mismos porque por una parte aceptan las pruebas científicas, pero por la otra quitan importancia a las implicaciones que todo ello tiene para la sociedad. Dicen que hay formas más fáciles, indoloras, con la aplicación de tecnologías aún no desarrolladas, gracias a la magia de los mercados y las regulaciones, permitiendo la toma de algunas medidas por parte de los Gobiernos pero sin afectar mucho a la economía capitalista. El lugar de aceptar el dilema lo uno u otro, Capitalismo o clima, los liberales lo convierten en una cuestión de Neoliberalismo o clima, insistiendo en que una mayor regulación, tales como las compensaciones por emisiones de carbono o el establecimiento de unos derechos de emisión, constituyen la solución, sin necesidad de hacer frente a la lógica fundamental del sistema económico y social.

En última instancia, es esta forma liberal de negación la que es más peligrosa, ya que niega la dimensión social del problema y bloquea las soluciones sociales necesarias. Por lo tanto, es este punto de vista liberal el principal objetivo del libro de Klein. En un sentido más amplio, los conservadores y los liberales pueden ser vistos como participantes en un baile en el que se dan la mano para bloquear cualquier solución que vaya en contra del Sistema. El baile de los conservadores: el coste de hacer frente al cambio climático es demasiado alto y amenaza al sistema capitalista. Por lo tanto, el problema que apunta la Ciencia debe ser negado. El baile de los liberales: lo que dice la ciencia es correcto, pero el problema se puede resolver mediante algunas reformas con coste prácticamente nulo y con la aprobación de nuevas medidas de regulación. Por lo tanto, el Sistema no supone ningún problema.

Es la constante exposición de esta farsa lo que hace tan peligrosa la crítica de Klein. Exige que se abran las puertas y que el margen de maniobra tanto política como social se amplíe enormemente. Lo que se necesita, para empezar, es un movimiento a favor de la Democracia, pero no sólo en la periferia del mundo capitalista, sino en el centro mismo del Sistema, donde la plutocracia mundial tiene su sede principal.

La tarea desde la perspectiva de la clase gobernante es ver la manera de contener o neutralizar las ideas de Klein y de todo el movimiento radical contra el cambio climático. Las ideas que representa van a ser objeto de debate en los medios corporativos sólo después de pasar un calvario, pero será bajo una perspectiva reformista liberal, que no amenace el Sistema basado en la acumulación de capital.

A Rob Nixon se le puede atribuir el mérito de presentar la estrategia liberal en una reseña al libro de Klein en The New York Times. Declara abiertamente que Klein ha escrito “el libro más trascendental y polémico desde La primera silenciosa” publicado en 1962 por Rachel Carson. Aplaude las críticas a los negacionistas del cambio climático, cómo la Industria ha corrompido el proceso político, retrasando cualquier tipo de acción en contra del cambio climático. Pero esta entradilla sólo es para contener su crítica. Dice que hay defecto muy importante en el libro: el subtítulo, El Capitalismo contra el clima. ¿Qué quiere decir este subtítulo?, dice desdeñosamente. Luego, presentándose como amigo y protector de Klein, Nixon dice a los lectores de The New York Times que se trata, simplemente, de un error, y que por lo tanto puede ser ignorado. “No debemos dejarnos confundir por semejante subtítulo, que dice parece más bien la proclama de un combate de boxeo. El contrincante de Klein es el Capitalismo neoliberal que ha creado las condiciones de esta situación extrema”, continúa diciendo. Es una sutil modificación de su argumento anterior, de modo que Klein aparece sólo como crítico del exceso capitalista, rechazando las particularidades del neoliberalismo, que no formarían parte de las propiedades fundamentales del Sistema. Su objetivo, nos dice, es el mismo que en su libro La doctrina del shock: darle la vuelta a la contrarrevolución neoliberal y devolvernos a la época dorada de un orden liberal más humanitario. El subtítulo se puede, por tanto, rechazar en su totalidad, pues hace que su trabajo pierde parte de su valor, dice. Deja claro ese principio del que antes hablábamos: Hasta aquí y nada más. Este ejemplo sirva para ilustrar la actitud de los guardianes, lo que le puede pasar a cualquier persona que transgreda dicho principio. Nixon, sin embargo, dice que el trabajo de “Klein es elegante y bastante pragmático como para rehuir el utópico derrumbamiento del capitalismo (24)”.

Dave Pruett en el Huffington Post también sigue el mismo paso, mostrando lo bien que ha comprendido la estrategia general expuesta por Nixon en The New York Times. Al mismo tiempo, muestra su disposición a tirar un poco más de las riendas. Dice que el libro de Klein es una obra maestra, como para que sea colocado al mismo nivel que La Primavera Silenciosa de Rachel Carson. Y la emprende de nuevo contra el subtítulo, Capitalismo contra el clima, que dice es algo incorrecto. Recurriendo a la clásica estrategia de la época de la Guerra Fría, Pruett insinúa que el subtítulo da pie “para acusar a Klein de apoyar un modelo de economía regulado por el Estado, al estilo soviético, algo ya desacreditado”. Por supuesto, cree que tal crítica quizás sea excesiva. La argumentación de Klein en Esto lo cambia todo no es más que una crítica contra “el capitalismo desenfrenado, es decir, el neoliberalismo”. Por otra parte, el verdadero culpable lo señala más concretamente: el extractivismo, o la explotación extrema de los recursos naturales no renovables. No obstante, Pruett, con esa estrategia clásica, tiene una consumada habilidad para que surja en la mente del lector una duda y planea una advertencia, junto con una amenaza dirigida contra la propia Klein. Si lo que Klein ha puesto en el subtítulo se toma en serio, es decir, si realmente estamos hablando del Capitalismo contra el clima, entonces ya es algo desacreditado por la suerte corrida por la Unión Soviética, a la cual se la había asociado.

Elisabeth Kolbert, en la reseña de libros de New York Review, rápidamente nos hace saber que no se va a deshacer en elogios hacia Klein, sino que va a intentar enterrarla. Sobre las referencias de Klein al manejo del decrecimiento y la necesidad de disminuir la huella ecológica de la humanidad, Kolbert dice que tales ideas no son vendibles, condenadas directamente por los principios del consumismo capitalista. Tales estrategias y acciones no van a atraer a los consumidores de hoy en día, incluso si se viesen en peligro en un futuro. Nada conseguirá que la gente renuncie a la “televisión, las visitas al supermercado o al auto personal”. A no ser que se les demuestre que las acciones para frenar el cambio climático tengan muy poca repercusión en su modo de vida. Todo lo que se les diga sobre el cambio climático les entrará por una oreja y les saldrá por la otra. Klein dice que ha escrito una fábula conveniente de poco valor real. Dice que el libro de Klein, Esto lo cambia todo, viola los axiomas aceptados por el Sistema, y que Kolbert atrofia para convertirlo en un argumento a favor de la austeridad extrema. Las críticas de Klein no deben tener cabida en la sociedad estadounidense “porque no tiene en cuenta lo que esto comportaría (una reducción de la economía de los bienes de consumo)”. Klein, dice, no ha contabilizado cuántos watios de energía eléctrica podría consumir cada persona bajo los planes que propone. Kolbert parece querer decir que los consumidores estadounidenses son capaces de imaginar el final de unas condiciones climáticas que permitieran la supervivencia humana, pero no la desaparición de un centro comercial de doscientos mil metros cuadrados (26).

David Ulin en Los Angeles Times destapa otra arma del arsenal liberal denunciando a Klein por su optimismo y fe en la humanidad. “Hay lugares en su libro en los que existe una desconexión entre su idealismo y su realismo, entre lo que ella cree que puede ocurrir y lo que ella reconoce como probable que suceda”. El análisis social, en opinión de Ulin, parece reducirse a prever los resultados más probables. Klein, parece ser, no pudo consultar con los jugadores de Las Vegas antes de presentar sus alternativas para salvar la humanidad. La inclinación de Klein hacia el idealismo, dice, “se hace evidente en sus sugerencias para mitigar las políticas a gran escala, lo cual es muy simplista, confiando en las nociones de imparcialidad… que la cultura empresarial no comparte”. Lamentablemente, Ulin no nos dice donde nos van a llevar los programas de justicia climática establecidos por la cultura corporativa de Exon o Walmart. Sin embargo, nos ofrece una pista que puede llevar a engaño, al final de su escrito, diciendo lo que él considera como el escenario más realista: “El planeta tienen la suficiente energía como para zarandearnos, quemarnos y deshacerse de nosotros por completo”. La Tierra seguirá sin nosotros (27).

Otros guardianes del liberalismo tocan todos los palillos, atacando no sólo las ideas radicales del libro de Klein, sino al libro en su conjunto, e incluso a la misma Klein. Michael Signer, en el Daily Beast, describe el libro de Klein como “un curioso manifiesto sin ideas”. No va a provocar ningún movimiento en contra de las emisiones de carbono, en parte porque Klein “rechaza el Capitalismo, los mecanismos del mercado, e incluso, aparentemente, el afán de enriquecimiento y el Gobierno Corporativo… Ofrece una historia convincente, pero tiene el efecto paradójico de que esta autora parezca una idiota”. Signer la representa como si fuera de otro planeta, negándola el derecho al debate por no ajustarse a los estrechos márgenes definidos por el Wall Street Journal por un lado, y The New York Times por el otro. “Para cualquier persona que cree en el Capitalismo y en el liderazgo político, el libro no le va a cambiar en absoluto (28).

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Mark Jaccard, un economista ortodoxo que escribe para la Revista Literaria de Canadá, declara que Esto lo cambio todo ignora los mecanismos en los que se basa el mercado que son un medio poderoso para reducir las emisiones de carbono. La principal prueba de esta afirmación es la firma de un proyecto de ley sobre el clima en California en 2006, que se supone era para reducir las emisiones de carbono, dejándolas para 2020 al mismo nivel que en 1990. Por desgracia, poco después de presentar este experimento en California, Los Angeles Times publicaba un artículo en el que se aseguraba que tal iniciativa sobre la reducción de emisiones en California no era más que un juego de trileros, puesto que la reducción de las emisiones no era más que unos números en el papel, cuando en realidad las emisiones estaban aumentando en los estados vecinos, a los que California compraba cada vez más energía. A esto hay que añadir que la iniciativa de California es una iniciativa de tipo capitalista, y que el verdadero problema no es de poner las emisiones de carbono al nivel de 1990, sino la de llegar a los niveles anteriores a 1760, es decir, que las emisiones tienen que reducirse a cero, y no sólo en California, sino en todo el mundo.

Jaccard acusa a Klein de llevar puestas “las anteojeras contra el capitalismo”, lo que le impide ver las dificultades reales que hace que ocuparse del cambio climático sea una tarea imponente. También incluiría su incapacidad para percibir el dilema fáustico asociado a los combustibles fósiles, que tantos beneficios han dado a la humanidad y que tanto pueden ofrecen a los más pobres del mundo. Este dilema, del que se muestra muy orgulloso de haber descubierto, no es culpa del capitalismo. De hecho, la economía capitalista, nos dice, está perfectamente equipada para resolver el problema del cambio climático y sólo unas políticas estatales equivocadas se interponen en el camino. Basándose en el argumento que ya dio Paul Krugman en The New York Times, Jaccard sugiere que “la reducción de los gases de efecto invernadero han demostrado no ser tan costosa como los negacionistas de la ciencia, a la derecha, y los activistas por el decrecimiento, a la izquierda, nos han querido hacer creer”. Krugman rechaza la idea que algunos sustentan de que el cambio climático no sea una amenaza para el Sistema simplemente por rechazar las evidencias científicas que lo sustentan. Rebate esta actitud tan despreocupada con argumentos que él considera más complejos, mediante regulaciones del mercado, y con muy poco coste. Tan convencido está de la relación armoniosa del capitalismo con el clima que hace oídos sordos a los argumentos de Klein y los enormes cambios que se requieren para frenar el cambio climático (30).

Will Boisvert, en nombre del Instituto Breakthrough, que se califica a sí mismo como postecologista, condena a Klein y a todo el movimiento ambiental en un artículo titulado deliberadamente “La Izquierda contra el cambio climático: Por qué los progresistas deben rechazar la fantasía pastoral de Klein y abrazar nuestro modelo de un planeta con gran cantidad de energía. Al parecer, no es la Industria la que está descontrolando el clima mediante las emisiones de dióxido de carbono, sino los ecologistas, al negarse a apoyar la cruzada tecnológica del Instituto Breakthrough para superar los limites que la naturaleza ha establecido a escala mundial. Como miembro de este Instituto, Bruno Latour, escribe un artículo para el citado Instituto, y dice que es necesario “ amar a los monstruos”, es decir a las creaciones tipo Frankenstein que aparece en la novela de Mary Shelley. La humanidad debe estar dispuesta a poner toda su confianza en las maravillosas respuestas tecnológicas, como la energía nuclear, el carbón limpio, la geoingeniería y la fractura hidráulica. Por su escepticismo a este tipo de tecnologías, la Izquierda ( y gran parte de la comunidad científica) han sido calificada de luditas. Así habla Boisvert en unos términos que deleitará a todo el sector empresarial:

Para hacer una contribución útil a Esto lo cambia todo, la Izquierda podría empezar por cambiarse a sí misma. Podría empezar con sus evaluaciones de riesgos y repensar su fóbica hostilidad a la energía nuclear. Podría abandonar esos caprichos de las insurrecciones populares y apoyar una política estatal sería y sistemática. Podría dejar de lado su glamurosa visión de la austeridad como si se tratase de unos ejercicios espirituales y colocar en su orden del día y en lugar prominente el Desarrollo. Podría aceptar que la Industria y la Tecnología nos distancian de la naturaleza y de este modo poder proteger la naturaleza contra las extracciones humanas. Y podría darse cuenta que, por miserable que le pueda parecer el Capitalismo, convertirlo en cabeza de turco no nos ahorrará los quebraderos de cabeza para conseguir un futuro sostenible (31).

Boisvert repite a aquí los argumentos de Erle Ellis, que en un artículo anterior para el Instituto Breakthrough afirmaba que el cambio climático no es una amenaza catastrófica, porque los “sistemas humanos se preparan para adaptarse y para prosperar en un ambiente más cálido, en un planeta con menos biodiversidad, algo que estamos logrando tan afanosamente”. Con estas mimbres, Boisvert se atreve a regañar a Klein y a todo aquél que piense como ella: negarse a celebrar la destrucción creativa que ejerce el capitalismo de toda la existencia (32).

Klein, por supuesto, no ignora todos estos ataques. Para quienes sólo acarician los valores del actual sistema, dice en su libro: “que cambie el clima de una manera caótica y desastrosa es más fácil de aceptar que la posibilidad de cambiar los presupuestos fundamentales del Capitalismo: la lógica del crecimiento y la obtención de beneficios económicos (33)”. De hecho, todos los ejemplos recogidos anteriormente inciden sobre lo mismo: que el capitalismo en el fin de la historia, y que la acumulación de carbono en la atmósfera desde la Revolución Industrial y la amenaza que ello representa para la vida, no cambia nada de esta visión de optimismo desmedido y de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

La última línea de defensa

No son sólo los liberales, sino también los socialistas, en algunos casos, los que han atacado a Esto lo cambio todo. Las críticas de los socialistas, aunque algo más compresivos en sus análisis, se inclinan por criticar el libro por no ser lo suficientemente explícito sobre la naturaleza de los cambios del Sistema, la totalidad de las transformaciones requeridas y la necesidad del Socialismo (34). Klein habla poco de la clase obrera, sin la cual los cambios revolucionarios que ella prevé son imposibles. Así que es necesario preguntarse: ¿En qué medida las transformaciones propuestas son un camino hacia el Socialismo, hacia una sociedad controlada por la asociación de productores? Tales preguntas siguen sin ser contestadas por el movimiento climático de la Izquierda y por la misma Klein.

En nuestra opinión resulta difícil criticar a Klein por sus silencios sobre estas cuestiones. Tiene como principal objetivo la de exponer claramente la urgente y estratégica necesidad de cambiar el Sistema, no el clima. Millones de personas, dice ella, están cruzando o ya han cruzado el río de fuego. El Capitalismo es ya una carga obsoleta, puesto que no es compatible con nuestra supervivencia como especie o para nuestro bienestar como seres humanos individuales. Por lo tanto, es necesario construir una sociedad nueva empleando toda la creatividad humana y toda la imaginación colectiva de que dispongamos. Debe ser un movimiento mundial el que brote exigiendo soluciones anticapitalistas y postcapitalistas. Klein se ve como la persona que con megáfono en mano grita a la gente esta urgente necesidad. La meta es la de fundir en uno solo todos los movimientos de la Izquierda en contra del Sistema, la lucha para hacer de la tierra un lugar habitable es la última línea de defensa de la humanidad, pero eso requiere que tomemos un actitud ofensiva, de forma colectiva, ampliando los límites y el espacio liberado. David Harvey describe la fusión de todos estos movimientos como una estrategia correvolucionaria (35).

¿Es compatible la visión presentada en Esto lo cambia todo con la posición clásica del Socialismo? Dado los profundos compromisos ecológicos que tenían pensadores como Marx, Engels y Morris, hay poco lugar para la duda, lo que no significa que los socialistas no tengan que hacer autocrítica, dado los últimos fracasos a la hora de llevar a cabo los valores ecológicos y los nuevos desafíos que caracterizan nuestra época. Con todo, la pregunta nos resulta extraña, puesto que el materialismo histórico no es un todo rígido, inamovible, sino más bien la lucha para hacer del mundo un lugar más justo y un desarrollo humano sostenible. Como Morris escribió en El sueño de John Ball:

Medité sobre todas estas cosas, y sobre cómo los hombres luchan y pierden la batalla, y que eso por lo que luchan ocurre a pesar de su derrota, y que cuando ocurre resulta ser otra cosa que la que querían decir, y que otros hombres tienen que luchar por lo que ello querían decir bajo otro nombre- mientras reflexionaba sobre todo esto, John Ball comenzó a hablar en voz baja otra vez, con esa voz suave y clara con la que finalizó”.

Esa voz clara y suave de Ball, cabecilla de la rebelión campesina en Inglaterra en el siglo XIV, proponía, según señala Morris, la confraternidad de la tierra, la intención de crear un movimiento del pueblo, algo que nadie podría detener (36).

Klein nos ofrece de nuevo la misma visión de la comunidad humana surgida en una época de cambios revolucionarios. “No hay dudas de que otra crisis nos llevará a todos de nuevo a las calles y plazas, pillando a todos por sorpresa. La pregunta es qué harán en ese momento las fuerzas progresistas, la fuerza con que ese movimiento será considerado. Porque en los momentos en los que algo parece imposible, de repente se hace posible lo que nos parecía extraño. Hay que aprovechar esas circunstancias. La próxima vez que se presente la ocasión, debe ser aprovecha no sólo para denunciar el mundo tal y como es y construir efímeras estructuras en los espacios liberados . Debe ser el catalizador para construir un mundo nuevo, en el que todos estemos más seguros. Las aspiraciones son muy elevadas, el tiempo escaso, como para conformarse con menos que esto (37)”.

El último objetivo no es simplemente “construir un mundo nuevo en el que todos estemos más seguros”, sino el de construir una mundo más justo y de una verdadera comunidad humana, la única base concebible para un desarrollo humano sostenible. La igualdad, como dijo Simón Bolívar, es la “ley de leyes”.

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John Bellamy Foster es editor de Monthly Review y profesor de sociología en la Universidad de Oregón; Brett Clark es profesor asociado de sociología en la Universidad de Utah y coautor de The Tragedy of the Commodity (Rutgers University Press, de próxima publicación).

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Notas:

  1. Naomi Klein, This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate (New York: Simon and Schuster, 2014), “‘A Feeling It’s Gonna Be Huge: Naomi Klein on People’s Climate Eve” (interview), Common Dreams, September 21, 2014, http://commondreams.org.
  2. On this, see Adam Morris, “The ‘System Change’ Doctrine,” Los Angeles Review of Books, October 21, 2014, http://lareviewofbooks.org; System Change Not Climate Change, http://systemchangenotclimatechange.org; Klein, This Changes Everything, 87­–89.
  3. William Morris, Collected Works (London: Longmans Green, 1914), vol. 22, 131–32; E.P. Thompson, William Morris: Romantic to Revolutionary (New York: Pantheon Books, 1976), 244; Naomi Klein, No Logo (New York: Picador, 2002), The Shock Doctrine (New York: Henry Holt, 2007).
  4. Klein, This Changes Everything, 342, 444­–47.
  5. Klein, This Changes Everything, 55.
  6. Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), Climate Change 2014: Synthesis Report, http://ipcc.ch; trillionthtonne.org, accessed January 3, 2015; “Carbon Budget Message of IPCC Report Reveals Daunting Challenge,” Huffington Post, October 4, 2013, http://huffingtonpost.com; Myles Allen, et. al., “The Exit Strategy,” Nature Reports Climate Change, April 30, 2009, http://nature.com, 56–58. It should be noted that the trillionth metric ton calculation is based on carbon, not carbon dioxide. Moreover, the 2039 estimate of the point at which the trillion metric ton will be reached, made by trillionthtonne.org (sponsored by scientists at Oxford University), should be regarded as quite optimistic under present, business-as-usual conditions, since less than three years ago, at the end of 2012, it was estimated that the trillion ton would be reached in 2043, or in thirty-one years. (See John Bellamy Foster and Brett Clark, “The Planetary Emergency,” Monthly Review 64, no. 7 [December 2012]: 2.) The gap, according to these estimates, is thus closing faster as time passes and nothing is done to reduce emissions.
  7. Klein, This Changes Everything, 13, 21, 56, 87; Kevin Anderson, “Why Carbon Prices Can’t Deliver the 2° Target,” August 15, 2013, http://kevinanderson.info.
  8. Klein, This Changes Everything, 19, 56. The fact that neoliberal globalization and the creation of the WTO had permanently derailed the movement associated with the Earth Summit in Rio in 1993, including the attempt to prevent climate change, was stressed by one of us more than a dozen years ago at the World Summit for Sustainable Development in Johannesburg 2002, when Klein was present. See John Bellamy Foster, “A Planetary Defeat: The Failure of Global Environmental Reform,” Monthly Review 54, no. 8 (January 2003): 1–9, originally based on several talks delivered in Johannesburg, August 2002.
  9. Klein, This Changes Everything, 21–24.
  10. Paul M. Sweezy, The Theory of Capitalist Development (New York: Oxford University Press, 1942), 349.
  11. Klein, This Changes Everything, 179; John Kenneth Galbraith, The Affluent Society (New York: New American Library, 1984), 121­–28. As the author of No Logo, Klein is of course aware of the contradictions of consumption under capitalist commodity production.
  12. Joseph A. Schumpeter, Essays (Cambridge: Addison-Wesley, 1951), 293.
  13. Klein, This Changes Everything, 57–58, 115, 479–80.
  14. Klein, This Changes Everything, 10, 16–17, 115–16, 454; Adolfo Gilly, “Inside the Cuban Revolution,” Monthly Review 16, no. 6 (October 1964): 69; John Bellamy Foster, “James Hansen and the Climate-Change Exit Strategy,” Monthly Review 64, no. 9 (February 2013): 13.
  15. “U,.S. Marketing Spending Exceeded $1 Trillion in 2005,” Metrics Business and Marketing Intelligence, June 26, 2006, http://metrics2.com; Michael Dawson, The Consumer Trap (Urbana: University of Illinois Press, 2005), 1.
  16. Klein, This Changes Everything, 91­–94.
  17. Klein, This Changes Everything, 381–82, 408–13.
  18. Klein, This Changes Everything, 176–87; “‘A Feeling It’s Gonna Be Huge.’”
  19. For historical materialist analyses of the extractivism problem in Bolivia and the difficult problem of overcoming it see Álvaro García Linera, Geopolitics of the Amazon, 2012, http://climateandcapitalism.com; Frederico Fuentes, “The Dangerous Myths of ‘Anti-Extractivism’,” May 19, 2014, http://climateandcapitalism.com. As the author of The Shock Doctrine, Klein is cognizant of imperialism but it does not enter in her analysis much here, partly because she is making a point of being balanced by criticizing the left as well as the right.
  20. Klein, This Changes Everything, 458–60.
  21. Klein, This Changes Everything, 43, 58–63.
  22. Manufacturing Consent: Noam Chomsky and the Media (New York: Black Rose Books, 1994), 58. On the “off limits” notion see Robert W. McChesney and John Bellamy Foster, “Capitalism: The Absurd System,” Monthly Review 62, no. 2 (June 2010): 2.
  23. Thompson, William Morris, 270–71; Morris, Collected Works, vol. 23, 172.
  24. Rob Nixon, “Naomi Klein’s ‘This Changes Everything,’New York Times, November 6, 2014, http://nytimes.com.
  25. Dave Pruett, “A Line in the Tar Sands: Naomi Klein on the Climate,” Huffington Post, November 26, 2014, http://huffingtonpost.com.
  26. Elizabeth Kolbert, “Can Climate Change Cure Capitalism?,” New York Review of Books, December 4, 2014, http://nybooks.com; Naomi Klein and Elizabeth Kolbert, “Can Climate Change Cure Capitalism?: An Exchange,” New York Review of Books, January 8, 2015, http:// nybooks.com.
  27. David L. Ulin, “In ‘This Changes Everything,’ Naomi Klein Sounds Climate Alarm,” Los Angeles Times, September 12, 2014, http://touch.latimes.com.
  28. Michael Signer, “Naomi Klein’s ‘This Changes Everything’ Will Change Nothing,” Daily Beast, November 17, 2014, http://thedailybeast.com.
  29. Mark Jaccard, “I Wish This Changed Everything,” Literary Review of Canada, November 2014, http://reviewcanada.ca; “Despite California Climate Law, Carbon Emissions May be a Shell Game,” Los Angeles Times, October 25, 2014, http://latimes.com.
  30. Mark Jaccard, “I Wish This Changed Everything”; Paul Krugman, “Errors and Emissions,” New York Times, September 8, 2014, http://nytimes.com.
  31. Will Boisvert, “The Left vs. the Climate: Why Progressives Should Reject Naomi Klein’s Pastoral Fantasy—and Embrace Our High-Energy Planet,” The Breakthrough, September 18, 2014, http://thebreakthrough.org; Bruno Latour, “Love Your Monsters,” The Breakthrough no. 2, Fall 2011, http://thebreakthrough. Klein herself situates the Breakthrough Institute within her criticism of the right, questioning its claim to progressive values. Klein, This Changes Everything, 57.
  32. Erle Ellis, “The Planet of No Return,” The Breakthrough no. 2, Fall 2011, http://thebreakthrough.org; Boisvert, “The Left vs. the Climate.”
  33. Klein, This Changes Everything, 89.
  34. See the important analysis in Richard Smith, “Climate Crisis, the Deindustrialization Imperative and the Jobs vs. Environment Dilemma,” Truthout, November 12, 2014, http://truth-out.org.
  35. David Harvey, The Engima of Capital (New York: Oxford University Press, 2010), 228­–35.
  36. William Morris, Three Works (London: Lawrence and Wishart, 1986).
  37. Klein, This Changes Everything, 466.
  38. Símon Bólivar, “Message to the Congress of Bolivia, May 25, 1826,” Selected Works, vol. 2 (New York: The Colonial Press, 1951), 603.

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Procedencia del artículo:

http://monthlyreview.org/2015/02/01/crossing-the-river-of-fire/

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2 comentarios

  1. Reblogueó esto en Ya,ya,yay comentado:
    La tapa del nuevo libro de Naomi Klein, Esto cambia todo, está diseñada para parecer un cartel de protesta. Consiste en el título con grandes caracteres en mayúscula, donde resalta la palabra cambia [N. del T.: esto sucede en la versión inglesa]. El nombre del autor y el subtítulo están ausentes. Solo cuando vemos el lomo del libro, lo damos vuelta, o abrimos para ver la página del título, es que vemos que está escrito por la intelectual de izquierda y activista climática más importante de Norteamérica, y que el subtítulo es El capitalismo contra el clima.[1] Todo lo cual significa claramente que se quiere transmitir en términos no ambiguos que el cambio del clima literalmente cambia todo para la sociedad de nuestros días. Amenaza con poner cabeza abajo la mítica conquista humana de la naturaleza, poniendo en peligro a la civilización del presente y arrojando dudas sobre la sobrevivencia a largo plazo del homo sapiens.

    El origen de este círculo que se cierra no es el planeta, que funciona de acuerdo a leyes naturales, sino el sistema económico y social en el que vivimos, que amenaza a los límites naturales como meras barreras a vencer. Ahora lo está haciendo en una escala planetaria, destruyendo en el proceso a la tierra como un lugar para la vivienda humana. Por lo tanto, el cambio en el que Klein está más preocupada, y hacia el que apunta su libro, no es el propio cambio climático, sino la transformación social radical que se debe realizar para combatirlo. Nosotros como especie cambiaremos radicalmente las condiciones materiales de nuestra existencia o ellas serán cambiadas mucho más drásticamente para nosotros. Klein aboga efectivamente por el “Cambiar el sistema, no el clima”, que es el nombre adoptado por el actual movimiento ecosocialista en los Estados Unidos.[2]

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