"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

La lógica que hay detrás de las políticas de austeridad en la zona Euro

Por John Milios, 5 de junio de 2015

Dissident Voice

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El nexo entre crisis económica y austeridad

1.1 La austeridad como ahorro de costes en la estrategia capitalista

Tras el estallido de la crisis económica mundial en el año 2008, políticas extremas de austeridad empezaron a aplicarse en muchas partes del mundo capitalista desarrollado, sobre todo en la Unión Europea y la zona Euro. Se ha criticado las políticas de austeridad por ser irracionales, al deteriorar aún más la crisis económica y crear un círculo vicioso entre la caída efectiva de la demanda, recesión y sobreendeudamiento. Sin embargo, estas críticas difícilmente pueden explicar por qué tales políticas irracionales persisten, a pesar de los fracasos (1).

En realidad, las crisis económicas se expresan no solamente por la ausencia de demanda, sino sobre todo por una reducción de la rentabilidad de la clase capitalista. La austeridad constituye una estrategia para aumentar las ganancias del Capital (2).

Las políticas de austeridad constituyen la piedra angular de las políticas neoliberales, funcionando como una estrategia para reducir los costes empresariales, reducir los costes de la mano de obra en el sector privado, aumentando los beneficios al reducirse el coste unitario. Se complementan economizando en el uso del capital material, y amparados por los cambios institucionales, que por un lado favorecen la movilidad del Capital y la competencia, y por otro fortalecen el poder de los directivos de las Empresas y los accionistas de la sociedad. En cuanto a la consolidación fiscal, las políticas de austeridad dan prioridad a recortes en los presupuestos sobre los ingresos, la reducción de los impuestos sobre el Capital y las rentas más altas, y reducción del Estado de Bienestar.

La austeridad como un proyecto de clase

Sin embargo, el verdadero coste para la clase capitalista es el nivel de vida de la mayoría de la clase trabajadora de la sociedad. Esto también se puede aplicar para el Estado de bienestar, cuyos servicios pueden ser considerados como una forma de salario social. Queda claro, por tanto, que la austeridad es sobre todo una política de clase: promueve los intereses del Capital contra los de los trabajadores, los jubilados, los desempleados y los grupos económicamente más vulnerables. A largo plazo, su objetivo es la creación de un mercado de trabajo con menos derechos y menos protección social, con bajos salarios y mayor flexibilidad, y ausencia de cualquier poder de negociación por parte de los asalariados.

La austeridad profundiza la recesión. Sin embargo, la recesión obliga a los empresarios, capitalistas o de la burguesía media, a reducir costes para continuar en el camino de la plusvalía absoluta, es decir, para tratar de consolidar sus márgenes de beneficio por medio de recortes salariales, intensificando los procesos laborales, infringiendo la normas y los derechos laborales, despidos masivos, etc (3). Desde el punto de vista de los intereses del gran Capital, la recesión da nacimiento a un proceso de destrucción creativa. Hay una redistribución de los ingresos y de poder en beneficio del Capital, concentrándose la riqueza en unas pocas manos, pues las pequeñas y medianas empresas están siendo liquidadas por las grandes empresas y los centros comerciales.

Esta estrategia tiene su propia lógica, que no es obvia a primera vista. Se percibe la crisis como una oportunidad para un cambio histórico en las correlaciones de fuerzas en beneficio del poder Capitalista, sometiendo a las sociedades europeas a las condiciones de funcionamiento sin trabas de los mercados financieros, tratando de que las consecuencias de la crisis capitalista recaigan sobre los hombros de los trabajadores.

Esta es la razón por la cual, en una situación en la que intensifican los antagonismos sociales, como ocurre hoy en día, un Gobierno que quiera estar al lado de los trabajadores y de una mayoría social, no quiera siquiera imaginar que tiene que sucumbir a las presiones para seguir aplicando las políticas de austeridad.

1.2 Austeridad y financiarización

El Neoliberalismo es una forma de mentalidad gobernada por el Capitalismo, es decir, una organización del poder del Capital por encima de la clase obrera y la mayoría social. Se basa por una parte en la austeridad, como ya se ha dicho anteriormente, y por otro en el papel crucial de los mercados financieros mundiales. La esfera financiera no es simplemente el reinado de la especulación, no se trata de un casino, sino que es mucho más: un mecanismo de supervisión.

En el análisis del Volumen 3 de El Capital, Karl Marx señala que el capital social está siendo ocupado por dos sujetos: el capitalista financiero y el capitalista como administrador. En el proceso de préstamo, el capitalista financiero se convierte en el destinatario y propietario de un valor, es decir, de una promesa escrita de pago por parte del capitalista administrador, el gerente.

En palabras del propio Marx: “En el proceso de producción, el capitalista administrador representa al capital en contra del salario de los trabajadores como propiedad de otro; y el capitalista financiero participa en la explotación del trabajo, representado por el capitalista administrador (4). Las contradicciones secundarias entre los gestores y los grandes inversores financieros son de menor importancia en comparación con la contradicción Capital-trabajo.

Toda Empresa ofrece dos caras: por una parte el aparato de producción per se, y por otro los mecanismos financieros, sus acciones y bonos, que se comercializan en los mercados financieros mundiales.

La generación de plusvalía se ha convertido en un campo de batalla donde ya se encuentran resistencias, lo cual quiere decir que el resultado final no puede darse por sentado. Las técnicas de gestión de riesgos, que funcionan del mismo modo que los mercados financieros desregulados, son un punto crítico en la gestión de la resistencia ofrecida por el trabajo, y por lo tanto para el mantenimiento y perpetuación de las políticas de austeridad.

Los mercados financieros generan una estructura para supervisar la eficacia de los capitales individuales, es decir, un tipo de supervisión del movimiento de capitales. La solicitud mayores ganancias ejerce presión sobre los capitales individuales (empresas) para una explotación más intensiva y más eficaz de la mano de obra, para una mayor rentabilidad. Esta presión se ejerce por muy diferentes canales.

Para dar un ejemplo, cuando una empresa depende de los mercados financieros para su financiación, cada sospecha de una disminución de su valor aumenta el coste de financiación, reduciendo su capacidad de financiación y produce una caída en el precio de sus acciones y bonos. Ante este clima, las fuerzas del trabajo, en el entorno politizado de la Empresa, se enfrentan al dilema de si aceptan los términos desfavorables que los empleadores les ofrecen, lo que implica una pérdida de su propia disposición de negociación, o se enfrentan a la posibilidad de perder el trabajo: aceptar las Leyes del Capital o vivir con inseguridad o desempleado.

Esta presión afecta a toda la organización del proceso de producción. Por lo tanto, presupone no sólo un aumento del despotismo de los directivos contra los trabajadores, sino también una flexibilización del mercado laboral y alto desempleo. Por lo tanto, la disciplina de mercado se concibe como sinónimo de disciplina de capital.

El esbozo teórico que he presentado anteriormente habla del fenómeno de la globalización capitalista y la financiarización como tecnologías complejas del poder, siendo el aspecto principal el de la organización de las relaciones de poder capitalistas. Es un tecnología de poder constituida por diferentes instituciones, procedimientos, análisis y reflexiones, cálculos, tácticas y patrones de integración que permiten el ejercicio de esta específica, aunque muy compleja, organización de la eficiencia de las relaciones de poder capitalistas a través del funcionamiento de los mercados financieros.

1.3 La Austeridad y la zona Euro

La mayoría de las personas de los países capitalistas se oponen a unos salarios reducidos y al empleo precario, a los recortes y degradación de los servicios públicos, a la disminución de las aportaciones del Estado en educación y asistencia sanitaria, en contra del debilitamiento de las Instituciones democráticas , y en contra de mayores medidas represivas. Esa mayoría concibe la crisis laboral ( es decir, desempleo, precariedad y trabajos mal pagados, etc) como una enfermedad social que debe ser abordada en sí misma, no como un efecto secundario del intento de recuperación de beneficios.

Por lo tanto, que continúen las medidas de austeridad es una cuestión de la relación de las fuerzas sociales. Como Karl Marx comentó sobre los límites de la jornada laboral: “El capitalista mantiene su derechos como comprador cuando intenta extender lo máximo que puede la jornada laboral, y extraer, cuando ello le sea posible, dos días laborales de uno sólo… Por otro lado… el trabajador mantiene su derecho como vendedor cuando lo que pretende es reducir la jornada laboral a una de duración normal definida. Por tanto, aquí hay una antinomia, derecho contra derecho, ambos intentando beneficiarse de la ley de intercambios por igual. Entre derechos iguales sólo la fuerza es decisiva” (5).

Más allá de ciertos límites, el sometimiento de todas las formas de vida social a un funcionamiento sin trabas de los mercados y el dictado de la rentabilidad, puede tratarse de un riesgo político para el establishment neoliberal, ya que puede desencadenar fácilmente estallidos sociales incontrolables. Franklin D. Roosevelt en su discurso en el Madison Square Garden de Nueva York, el 31 de octubre de 1936, presentó sus políticas del New Deal como un justo intermedio entre el dinero organizado y la mafia organizada. (6)

En la Eurozona, el riesgo político esta siendo minimizado, supuestamente, a través de la introducción de un marco institucional en el que las políticas de austeridad se ven como la única manera de hacer frente a la inestabilidad económica y financiera. En el entorno habitual de un Estado nación, una sola autoridad fiscal nacional es la que se encuentra detrás del Banco Central. Pero como sabemos que este no es el caso de la Eurozona: no existe una autoridad fiscal sólida detrás del Banco Central Europeo (BCE). Los Estados miembros emiten deuda en una moneda que no controlan, en términos de esa banca central ( no pueden imprimir euros o cualquier otro tipo de moneda, al menos durante un período de tiempo considerable).

Los Estados miembros no siempre tendrán la liquidez necesaria para pagar a los que dispongan de bonos y obligaciones del Estado. Por lo tanto, una mengua en el Estado de Bienestar es una condición previa para la solvencia financiera.

Las élites europeas gobernantes se están sometiendo voluntariamente a un elevado riesgo para llevar a cabo las políticas neoliberales. En otras palabras, han decidido sacar provecho de la crisis para neoliberalizar aún más la gobernabilidad del Estado. Los Estados miembro se enfrentan a un dilema: austeridad-recortes y privatizaciones o los riesgos asociados a su incumplimiento. En general, se trata de opciones proporcionales. Incluso en este último caso, los Estados miembro podrían aceptar un rescate, pero eso les llevaría de nuevo a austeridad-recortes y privatizaciones. Esta perspectiva conservadora califica de riesgo moral cualquier política que apoye a la clase trabajadora, que amplíe el espacio público, que sea compatible con el Estado de Bienestar y organice la sociedad más allá de lo establecido por los mercados.

En este marco, la cuestión estratégica para el neoliberalismo de la UE es la de definir el nivel de austeridad, manteniendo un equilibrio entre el riesgo político y el riesgo moral.

En términos generales, estos dos riesgos, el moral y el político, se mueven en direcciones opuestas debido a sus consecuencias sobre la coyuntura política. Cuando aumenta el riesgo moral, disminuye el riesgo político y viceversa. Por lo tanto, la tensión entre ambos riesgos se traduce en un adecuado equilibrio. Las autoridades independientes, inmunizadas contra cualquier control democrático, especialmente en temas relacionados con la Economía ( el mejor ejemplo es el de la independencia del BCE), disponen de unos mecanismos para detectar el equilibrio entre estos dos riesgos. Sin embargo, este mecanismo no deja de ser insuficiente. La lucha de clases siempre puede provocar acontecimientos imprevistos.

2. El caso griego: ¿Puede Syriza desafiar al neoliberalismo?

2.1. La brecha financiera del sector público griego

Después de cinco años de políticas de austeridad en Grecia y de la desfiguración del tradicional mapa político como solíamos conocerlo ( sobre todo por la ruptura del Partido Socialista (PASOK), que se ha mantenido en el poder durante más de veinte años en las últimas tres décadas), las elecciones del 25 de enero de 2015 dieron la victoria a la Izquierda. SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical), obtuve 149 escaños de los 300 del Parlamento griego, formando una coalición con ANEL (Griegos Independientes), un pequeño partido que está en contra de las políticas de austeridad, situado en el campo político conservador.

El mandato dado al Gobierno por el electorado es doble: a) debe parar las políticas de austeridad y b) asegurar un acuerdo con los prestamistas oficiales (La UE, el BCE y el FMI, lo que se llamaba la Troika, y ahora se conocen como las Instituciones), con la finalidad de cubrir las necesidades de financiación del sector público griego. La brecha financiera del sector público griego hace referencia principalmente a las responsabilidades contraídas en el marco de los programas de rescate de años anteriores.

El 20 de febrero de 2015, el Gobierno griego llegó a un acuerdo intermedio con los prestamistas, que incluye una prórroga de cuatro meses del “Acuerdo maestro de servicios de asistencia financiera” (MFFA), firmado por el anterior Gobierno, que se “sustenta en una serie de compromisos”. Al final de este período de transición, se firmará un nuevo acuerdo entre Grecia y las Instituciones, que según el programa del Gobierno incluiría un nuevo marco fiscal para los próximos 3-4 años y un nuevo plan nacional de reformas.

El acuerdo del 20 de febrero fue una tregua, pero una tregua que de ninguna manera se puede considerar un empate. Dado que las Instituciones son las que deciden si se han cumplido o no los compromisos por parte de Grecia, este acuerdo se sustenta sobre un terreno resbaladizo. Como cada decisión que se tome necesita la aprobación de las Instituciones, las cuotas programadas, tal como aparecen en el programa anterior, aún están pendientes, y por tanto sujetas a la evaluación positiva de las Instituciones.

El acuerdo del 20 de febrero no está del todo cerrado en lo que se refiere al aumento del riesgo moral, es decir, aquellos acuerdos que pueden beneficiar a los intereses del Estado de Bienestar y de los trabajadores. Sin embargo, el punto clave del acuerdo es que las Instituciones evaluarán, supervisarán y dirán si cada reforma en particular no crea problemas a las finanzas públicas y no pone en peligro el futuro del crecimiento económico y la estabilidad y el buen funcionamiento del sistema financiero. Esta evaluación, supone un serio impedimento para la ejecución de los programas públicos y las transformaciones sociales que Syriza desea hacer en primer lugar.

Si bien la cuestión de cómo el Gobierno va a ser capaz de satisfacer sus necesidades de financiación todavía no está resuelta, las declaraciones del BCE y del FMI son prueba elocuente de que siguen evaluando si las reformas prometidas se pueden interpretar como sustitutos de los compromisos del acuerdo anterior.

2.2. La prioridad del frente interno

El análisis anterior nos lleva a la conclusión de que existe una correlación internacional de fuerzas que no solamente restringen considerablemente la libertad de acción en las finanzas públicas, sino que también lo hacen en otras áreas. Sin embargo, el resultado de la negociación no estará determinado ni por movimientos tácticos ni por el frente externo, sino por el frente interno de la sociedad griega. La situación actual sólo deja al Gobierno como una única salida del corsé impuesto por la Europa neoliberal, la de dar un salto hacia adelante.

El salto hacia adelante se haría en base a los compromisos del programa de Syriza para redistribuir el poder y la riqueza a favor de los trabajadores, refundar el Estado de Bienestar, la Democracia y la participación colectiva en la toma de decisiones.

El salto hacia adelante del Gobierno debiera ser una reforma radical del Sistema Fiscal (de modo que el Capital y los sectores más ricos de la sociedad soportasen la carga apropiada) y la lucha contra la corrupción de las élites económicas de Grecia.

Una serie de cambios institucionales radicales son necesarios con urgencia, con el fin de construir una nueva base de las alianzas sociales con las clases subordinadas. Lo que hace falta es un memorando nacional contra los ricos para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora. El objetivo, tantas veces declarado por la Izquierda, es “que el Capital pague por la crisis”, por decirlo en pocas palabras.

Esta dinámica interna fortalecería la eficacia de las negociaciones con los prestamistas. Es un problema político. Puede salirse de la trampa neoliberal si el Gobierno griego deja claro que si se le obliga, con el fin de no incumplir el mandato conferido por el electorado, podría retrasar el pago de la deuda hasta que llegase a un acuerdo con las Instituciones (7). Con el fin de obtener éxito en esta dinámica interna, el Gobierno griego debe continuar con las propuestas del programa de Syriza: la protección de los intereses de una mayoría social frente a los intereses de la Oligarquía Capitalista.

Esta opción aparece a menudo en los discursos y declaraciones del Primer Ministro, Alexis Tsipras (8), pero no en la agenda del Ministro de Economía griego, Yanis Varoufakis. Poco después de las elecciones, dijo públicamente que el cumplimiento del 70% del Memorando sería algo bueno para Grecia. El Gobierno de Syriza no llegó al poder diciendo que apoyaba el 70% del Memorando. De haberlo prometido así, probablemente no formaría parte del Parlamento, ni jugaría el papel clave de hoy en día. Esto supone una redefinición del mandato de Syriza y del intento de cambiar las alianzas sociales que han apoyado una experiencia histórica de un Gobierno de Izquierdas en Grecia.

Un intento similar fue lo que pretendió Yanis Varoufakis en su declaración en el Vigésimo Foro de la Unión de Banqueros Griegos el 22 de abril de 2015: “En el año 2015, después de cinco años de una catastrófica recesión, casi todo el mundo se ha convertido en víctima, excepto algunas personas que se han beneficiado de esta crisis. La época en que un Gobierno de Izquierdas era por definición contrario a las iniciativas empresariales ha pasado. Si llega un momento en el que hay crecimiento, podremos empezar a hablar de nuevo sobre el conflicto entre Capital y Trabajo. Hoy estamos juntos” (9).

Además, es característico del Memorando que se diga que el crecimiento económico depende de las exportaciones y que cada aumento salarial se considera como una traba contra la competitividad. No importa lo errónea que sea esta perspectiva, sino que refleja el punto de vista de las Instituciones, y por desgracia, también el Ministerio de Economía de Grecia (10).

Lo que hemos indicado anteriormente es el punto de vista del Ministro de Economía (11). Una parte importante de los cuadros de Syriza entiende que la austeridad y los Memorandos son un error económico, en el sentido de que constituyen una receta para la recesión, y que son incapaces de impulsar el crecimiento.

En una sociedad donde se ha producido la pérdida del 25% de su PIB y el empobrecimiento de gran parte de la población, es sólo uno de los aspectos visibles la rápida intensificación de las desigualdades sociales; con una sociedad con un elevado desempleo, que es el complemento numérico de un grave deterioro de las condiciones de trabajo, con una sociedad con múltiples contradicciones y expectativas, la política del Gobierno de Syriza sólo puede avanzar si apoya con claridad los intereses de la mayoría trabajadora en su lucha contra el Capital. No hay espacio para una política que defienda con poca claridad todo griego o europeo. Este enfoque no tiene, ni representará, el punto de vista de la izquierda.

Nos enfrentamos a un reto histórico al que hay que responder sin titubeos y vacilaciones.

  • Del discurso en el Foro Internacional, 20 al 22 de mayo de 2015, en Lausana (Suiza): “Le troisième âge du capitalisme, sa physionomie socio-politique à l’orée du siècle XXIe. En mémoire d’Ernest Mandel (1923-1995). “Publicado en Spectrazine .

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1.- Para una crítica de estos enfoques ver: DP Sotiropoulos, J. Milios, S. Lapatsioras, “Redirigiendo hacia la racionalidad las respuestas irracionales europeas a la crisis. Una economía política de la zona euro y la necesidad de una alternativa progresista”, en A. Bitzenis, N. Karagiannis, J. Marangos (eds.) Europa en Crisis (Londres: Palgrave, 2015), p. 67-76. [ ]

2.- Karl Marx ha ilustrado con claridad este asunto. La crítica al enfoque consumista, según el cual la causa de la crisis es la ausencia de demanda efectiva, señala que es precisamente cuando el poder adquisitivo de los trabajadores alcanza un nivel relativamente alto, cuando estallan las crisis:

“Es una tautología pura decir que las crisis son provocadas por una falta de demanda efectiva o consumo efectivo. El sistema capitalista no reconoce ninguna forma de consumidor aparte de aquellos que pueden pagar, si excluimos el consumo de los pobres y los estafadores. El hecho de que las mercancías no se puedan vender no significa más que no se han encontrado compradores efectivos para ellas, consumidores (sin importar que las mercancías sean básicamente vendidas para satisfacer las necesidades del consumo productivo o individual). Si se hace el intento de dar a esta tautología la apariencia de una mayor profundidad, al afirmar que la clase trabajadora recibe una porción demasiado pequeña de su propio producto, y que el mal se remediaría si recibiera un porcentaje mayor, si sus salarios aumentaran, sólo necesitamos señalar que las crisis son siempre preparadas por un período en el que los salarios en general aumentan, y la clase trabajadora realmente recibe una cuota mayor de la parte del producto anual destinado al consumo. Desde el punto de vista de estos defensores del sentido común sensato y “sencillo” (¡!), estos períodos deberían evitar la crisis. Parece entonces que la producción capitalista conlleva determinadas condiciones independientemente de las buenas o malas intenciones de la gente, que permite la relativa prosperidad de la clase trabajadora sólo de forma temporal, y además es siempre el presagio de la crisis

El Capital, Tomo 2 (Londres: Penguin Classics, 1992), p. 486-87. Una crisis significa más bien una “falta de plusvalía”, no de demanda. [ ]

3.- El análisis de Marx muestra la capacidad de la clase Capitalista para reorganizar la producción, para modernizar los medios de producción y de economizar constantemente en Capital ( como una forma de salir de las crisis por acumulación excesiva), no es un aspecto técnico de la economía, sino el resultado de la relación social de fuerzas, anclada en la lucha de clases. La reestructuración de la empresa, sobre todo, significa la reestructuración de un conjunto de relaciones sociales y tiene como finalidad aumentar la tasa de explotación. Por lo tanto, es un proceso que supone por un lado, un poder cada vez mayor para la clase Capitalista sobre el proceso de producción en sí, y por otro, la desvalorización de todo el capital inadecuadamente valorizado ( reducción o liquidación de empresas) y así economizar en la utilización de Capital.

Dentro del sistema capitalista todos los métodos para aumentar la productividad social del trabajo se llevan a efecto a costa del trabajador individual; todos los medios para el desarrollo de la producción se someten a una inversión dialéctica para que se conviertan en medios de dominación y explotación de los productores; transforman al trabajador en un fragmento de hombre; lo degradan al nivel de un apéndice de la máquina…Sin embargo, todos los métodos para la producción de la plusvalía son, al mismo tiempo, métodos de acumulación, y cada extensión de la acumulación se convierte en un medio para el desarrollo de esos métodos. Se deduce, pues, que a medida que se acumula el capital, la situación del trabajador debe empeorar, sea su sueldo alto o bajo”.

El Capital, Tomo 1 (Londres: Penguin Classics, 1990), p. 799. [ ]

4.- El Capital, Tomo 3 (Londres: Penguin Classics, 1991), p. 504. [ ]

5.- El capital, volumen 1, p. 344. [ ]

6.- “Sabemos ahora que el Gobierno del dinero organizado es tan peligroso como el Gobierno de la mafia organizada”. Véase: “Discurso en el Madison Square Garden”, Franklin D. Roosevelt, 1936. [ ]

7.- El impacto de un eventual incremento de las tasas de interés de los bonos griegos sería insignificante, ya que de todos modos el país no puede pedir prestado en los mercados. Además, un retraso en el pago de la deuda no tendría como consecuencia un Grexit ( salida de Grecia de la zona Euro), ni siquiera sería considerado ese retraso como un incumplimiento. De hecho, el 1 de mayo de 2015, las tres principales agencias de calificación, Standard and Poors, Fitch y DBRS, anunciaron que no iban a considerar como un incumplimiento un retraso en los pagos por el Gobierno griego al FMI o el BCE. En concreto, Frank Gill, de Standard and Poors, declaró: “Si por la razón que fuera, Grecia no hiciese los pagos al FMI o al BCE, no se considerará un incumplimiento bajo nuestros criterios, porque es deuda oficial del sector. Si fuera considerado un incumpliendo supondría el abandono del FMI del “Programa de asistencia financiera” a Grecia, y supondría una reestructuración de la deuda soberana…” []

8.- En su discurso en el evento anual de The Economist en Atenas, Alexis Tsipras dijo: “El Memorando no fue sólo un error económico, un mal programa, un descuido, sino que fue una elección consciente para colocar el peso de la crisis económica … sobre las espaldas de los trabajadores, los pensionistas, la clase media, los autónomos y los pequeños empresarios… Eran conscientes de que lo que estaban haciendo, y a pesar de eso siguieron adelante. Es de un cinismo absoluto… Los únicos que no han sufrido por la crisis durante estos cinco años han sido los ricos”.

9.- Véase: http://anatopia.files.wordpress.com/2015/04/boit.pdf

10.- Grecia ha procedido a un ajuste económico sin precedentes, destinado a mejorar la consolidación presupuestaria por un lado, y por el otro para mejorar la competitividad de la economía… El cambio hacia un modelo de desarrollo con orientación hacia la exportación parece haber sido alcanzado en los años 2013 y 2014, cuando se registro un superávit en la cuenta corriente del 0,6 y el 0,9% del PIB, respectivamente. Véase: Ministerio de Economía, Programa Nacional de Reformas, abril de 2015.

11.- Hasta las elecciones del 25 de enero, Varoufakis no estaba afiliado a Syriza. Sin embargo, su nombramiento como Ministro de Economía por el Primer Ministro Tsipras, refleja un determinado conglomerado de fuerzas ideológicas y opiniones políticas dentro de Syriza.

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John Milios es profesor de Economía Política de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, y miembro del Comité Central de Syriza.

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Procedencia del artículo:

http://dissidentvoice.org/2015/06/the-class-logic-behind-austerity-policies-in-the-euro-area/#more-58665

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