"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Los pequeños agricultores son los que alimentan al mundo

Por Evaggelos Vallianatos, 18 de marzo de 2015

independentsciencenews.org

Hoy en día, la gran mayoría de las fincas del mundo son pequeñas fincas campesinas y se están tornando cada vez más pequeñas.

Actualmente las pequeñas fincas han sido relegadas a menos de un cuarto del total de la tierra agrícola mundial.

Estamos perdiendo rápidamente fincas y agricultores en muchos lugares, en tanto que las grandes fincas se tornan cada vez más grandes.

Las fincas campesinas e indígenas siguen siendo las mayores productoras de alimentos en el mundo.

En conjunto, las fincas pequeñas son más productivas que las grandes.

Las mujeres constituyen la mayoría del campesinado indígena y no indígena.

En mayo de 2014, la organización agraria internacional con sede en España, Grain, decía que los pequeños agricultores no sólo “alimentan al mundo con menos de una cuarta parte de toda la tierra agrícola mundial”, sino que también son los agricultores cuyas tierras son las más productivas. Por ejemplo, los pequeños agricultores y campesinos de nueve países europeos producen más que las grandes explotaciones agrícolas. La “productividad de las pequeñas explotaciones (de Europa) es por lo menos del doble que la de las grandes explotaciones”. Pero esto no es algo que se limite a Europa. Grain dice: “Si todas las explotaciones agrícolas de Kenia tuvieran la productividad de los pequeños agricultores, la producción agrícola de Kenia se duplicaría. En América Central y en Ucrania sería del triple. En Rusia, se multiplicaría por seis”.

La invasión Europea de los trópicos en el siglo XV, la industrialización de la agricultura en el siglo XIX y el triunfo de los regímenes comunistas en el siglo XX, resultó ser al catastrófico para las sociedades campesinas.

Todos estos acontecimientos rehicieron el mundo a imagen de Europa. Los colonizadores europeos llevaron consigo su agricultura mecanizada y su aversión por las tareas agrícolas. La clase dominante británica, por ejemplo, confiscó las tierras de los campesinos británicos e irlandeses, de modo que muchos de ellos tuvieron que emigrar a Australia o a América. Este robo de las tierras de los campesinos es lo que los historiadores llaman ahora Cercamiento.

Cuando los europeos conquistaron los trópicos, pusieron en práctica el sistema de los Cercamientos, confiscando sus tierras, gravando y esclavizando a los pueblos originarios, obligándoles a producir cultivos comerciales para la exportación.

El régimen comunista tuvo efectos igualmente devastadores sobre los campesinos de Rusia, Europa del Este, China y la sudeste asiático. Este régimen se prolongó durante casi todo el siglo XX.

Esto supuso una enorme violencia contra la vida de los campesinos y la cultura rural en forma de una Agricultura Industrializada. Su fracaso es algo más que el envenenamiento de nuestros alimentos y del agua potable, y la devastación ecológica que se extiende. La vida de los campesinos y de los pequeños agricultores está en manos de la Agricultura Industrial. Su fracaso es un fracaso moral y político.

Resistencia y lucha

A pesar de esta guerra contra ellos, los campesinos continúan resistiendo. Junto con las familias de agricultores ecológicos del mundo occidental, ofrecen la única esperanza para el cultivo de alimentos sin las consecuencias perjudiciales de la Agricultura Industrial.

A mediados de la década de 1970, pude comprobar la amarga realidad de los campesinos. En 1976 escribí mi primer libro sobre ellos. Lo llamé Miedo en el campo, porque sentía el miedo en un país como Colombia, donde he realizado algunas de mis investigaciones. Colombia en la década de 1970, como también en otros países, cercaba la tierra en una guerra contra los campesinos. América estaba al lado de los terratenientes.

En el libro que escribí ya decía que los pequeños agricultores son los que alimentan a la mayor parte de la población mundial. Esto sigue siendo válido hoy en día. De acuerdo con el Memorándum de Berlín sobre los medios de vida sostenibles para los pequeños agricultores, los campesinos “producen la mayor parte de los alimentos en los países en desarrollo, incluyendo el 70% de todo el mijo, tubérculos, frutas y verduras”. Expertos de Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Alemania y la India fueron los que redactaron este Memorándum de Berlín.

El mensaje a favor de los campesinos que aparecía en mi libro enfureció a la Fundación Charles Kettering, que había financiado mi investigación, que al igual que las Fundaciones Rockefeller y Ford estaban en el meollo de las asociaciones publico-privadas en favor de la financiación y el fomento de la industrialización de los trópicos.

Me negué a modificar el libro, al que la Fundación Kettering quería enterrar. Mi editor, Ballinger Publishing Company, advirtió a la Fundación Kettering de la publicidad negativa que suponía ocultar mi libro. Pero la Fundación, sin embargo, insistió en que poseía los derechos de autor. Y se los llevó.

Muchas cosas han sucedido desde la década de 1970. El Banco Mundial y la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos y fundaciones privadas han creado en los trópicos el equivalente a lo que han hecho las Universidades estadounidenses: estos institutos internacionales de investigación agrícola son el cerebro de la industrialización de la agricultura en todo el mundo.

Pero mi vida cambió. Miedo en el campo desafió mi metafísica griega con la realidad del mundo industrializado. Como resultado, ni la comunidad académica estadounidense ni el Gobierno me trataron de una forma justa. Mis colegas de varias Universidades no se sintieron cómodos con mi crítica de la Industrialización, sobre todo al arrojar luz sobre los terribles efectos ecológicos y antidemocráticos de la agricultura de grandes dimensiones. Se me bloqueó cualquier posibilidad de trabajar en el mundo académico. En la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), donde trabajé durante varios años, mi compromiso con las buenas prácticas científicas también me metió en problemas.

Un impulso a favor de la soberanía alimentaria

Pero mis problemas personales eran insignificantes en comparación con la violencia contra los campesinos. Sin embargo, muchos han sobrevivido. Recientemente, académicos de todo el mundo han puesto su interés en ellos. Estos científicos sociales publican sus investigaciones principalmente en la Revista de Estudios Campesinos, que ahora se edita en Holanda por un erudito llamado Saturnino Borras.

Esta revista es muy importante: supervisa y estudia la labor de las personas a las que más se desprecia, pero cuya labor es de las más importantes. Publica documentación científica, los saberes de los campesinos y hace notar su perseverancia, la de su agricultura y cultura ecológicas.

Durante las últimas dos décadas, colaboradores de la Revista de Estudios Campesinos y otros expertos en el medio rural, han estado hablando de los campesinos y del concepto de soberanía alimentaria. Es un eslogan, pero también un proceso, una lucha y un grito de guerra para reconocer toda la valía de los campesinos, así como su papel en el contexto histórico. Pero, sobre todo, la soberanía alimentaria es una inspiración tanto para los campesinos como para quienes los estudian. Algunos científicos van más allá: ven la soberanía alimentaria como una alternativa a la Economía de Mercado (Edelman et al 2014 ).

En un reciente número de la Revista de Estudios Campesinos (41, Nos. 5-6, Routledge, noviembre de 2014), algunos científicos explican por qué la soberanía alimentaria se ha puesto de moda, más aún, es indispensable para nuestra comprensión de los campesinos. De hecho, un movimiento campesino internacional, Vía Campesina, ha tomado la soberanía alimentaria como base de su agenda política y de su filosofía.

Incluso la ONU está empezando a tomar en serio a los campesinos. A finales de enero de 2015, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos emitió un proyecto de declaración sobre los derechos de los campesinos. La ONU declaraba: “Los campesinos y otras personas que trabajan en el medio rural tienen derecho a la soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a tener alimentos nutritivos y culturalmente apropiados, producidos a través de métodos socialmente justos y ecológicamente sostenibles. Esto implica el derecho de los pueblos a participar en la toma de decisiones y para decidir sus propios sistemas alimentarios y agrícolas”.

Puede parecer una hipérbole retórica, pero también puede reflejar un cambio sutil en el sistema internacional controlado por violentos terratenientes. La soberanía alimentaria, por una vez, tuvo su día en la Corte.

En el mundo académico, un experto ha captado la esencia del debate sobre la soberanía alimentaria, el holandés Jan Douwe van der Ploeg. Habla de un “impulso de la agricultura campesina y de la soberanía alimentaria”. Dice que, en esencia, los campesinos son los mejores agricultores del mundo. Su productividad agrícola, su ingenio y su capacidad de recuperación es tal que tienen la “capacidad de establecer y asegurar la soberanía alimentaria”.

En otras palabras, el potencial de los campesinos puede hacerles aumentar su poder. Producen, dice “la suficiente comida como para abastecer a la creciente población mundial”. Además, todos esos alimentos se producen de forma sostenible.

Ha llegado el momento de reconocer y premiar el talento y el duro trabajo de los campesinos. Y darles espacio para respirar.

La comunidad internacional debe ayudar a los campesinos frente a los Agricultura Industrializada que causa tanto daño en nuestra salud, en la Democracia y el medio ambiente. La comunidad internacional debe dejar de hablar de Revolución Verde, que no es otra cosa que la Industrialización de las zonas tropicales. En cambio, debe hablar de reforma agraria o cómo hacer que los campesinos sin tierra consigan lo que necesitan, más tierra para los que poco poseen.

Se debe apoyar a los campesinos y productores ecológicos.

Referencias:

Edelman et al. (2014) Introduction: Critical Perspectives on Food Sovereignty. Journal of Peasant Studies 41: 911-931.

Evaggelos Vallianatos is the author of several books, including “Poison Spring: The Secret History of Pollution and the EPA” (with McKay Jenkins, Bloomsbury Press, 2014).

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Procedencia del artículo:

http://www.independentsciencenews.org/environment/peasant-sovereignty/#more-1979

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Clasificado en:Alimentación, Alternativas Capitalismo, Derechos Humanos

3 comentarios »

  1. Y en un país como el mío (Colombia), con un conflicto armado que es casi eterno, recuperar el campo y sobre todo los pequeños campesinos es el pilar fundamental para traer la paz. Estupendo tu artículo.

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