"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Nuevos estudios demuestran que los transgénicos no son equivalentes sustancialmente a sus homólogos no transgénicos

Por la Dra. Eva Sirinathsinghji, 19 de febrero de 2014

ISIS

Jpazkual/Flickr

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Nuevos estudios documentan las diferenciales sustanciales entre el maíz y la soja transgénicos y sus homólogos no transgénicos, mostrando una regulación normativa muy permisiva que ha fracaso de forma estrepitosa en  la protección de la salud pública y la biodiversidad, dice la Dra. Eva Sirinathsinghji

Nuevos estudios realizados por científicos independientes de la Industria Biotecnológica están descubriendo que hay diferencias notables entre los transgénicos y sus homólogos no transgénicos. Esto supone el descrédito del principio de equivalencia sustancial que es el que ha facilitado la aprobación de los transgénicos, lo que implica una falta de protección para la salud pública y el medio ambiente [1] (véase [2] The Principle of Substantial equivalence is Unscientific and Arbitrary, ISIS news).

El principio de equivalencia sustancial

El concepto de equivalencia sustancial se introdujo por primera vez en 1993 por parte de la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE), una organización internacional de carácter económico y comercial, no un organismo de salud pública. Este principio establece que si se encuentra que un nuevo alimento es sustancialmente equivalente a un producto alimenticio ya existente, se puede tratar de la misma forma que el producto existente en materia de seguridad. De este concepto se han beneficiado los productos transgénicos, permitiéndoles eludir los requisitos reglamentarios que se aplicarían a los nuevos alimentos y productos, entre los que están incluidos los nuevos compuestos químicos, los productos farmacéuticos, los plaguicidas y aditivos alimentarios, todos los cuales requieren de una serie de pruebas toxicológicas y pueden estar sujetos a limitaciones legales sobre su consumo seguro y nivel de admisión.

Las Agencias de Regulación, como la FDA estadounidense (Administración de Alimentos y Medicamentos), la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos o el Ministerio de Salud y Bienestar de Japón, por lo general basan sus regulaciones de seguridad alimentaria de los transgénicos en el principio de equivalencia sustancial.

Hay buenas razones para pensar que los consumidores están desprotegidos por las políticas de regulación, entre otras cosas porque este principio está pensado para que sea lo más flexible y abierto en la interpretación para la aprobación de casi todos y cada uno de los productos transgénicos presentados. En la práctica, este principio permite la comparación de una línea de productos transgénicos con otra variedad existente de la misma especie, e incluso entre una entidad abstracta compuesta por ingredientes de varias especies. Esto significa que una variedad transgénica podría presentar las peores características de varias especies diferentes y todavía se seguiría considerando como sustancialmente equivalente (1,2). Los rasgos utilizados para las comparaciones se basan únicamente en la composición química bruta, sin tener en cuenta los diferentes niveles de hidratos de carbono, proteínas y azúcares. Este método no aborda cuestiones de seguridad. Irónicamente, para que los transgénicos puedan ser patentados, ya que se trata de algo nuevo, se exige que exista una diferencia o equivalencia no sustancial.

Evaluaciones independientes de la equivalencia sustancial han demostrado que esta práctica no sólo es insuficiente, sino poco fiable (3-5), y los nuevos estudios lo vienen a confirmar con claridad .

Estudios realizados en Egipto han mostrado que no hay equivalencia sustancial  y la toxicidad del maíz transgénico

En abril de 2013, una publicación egipcia dirigida por el profesor El-Sayed Shaltout de la Universidad de Alejandría, encontró que el maíz de Monsanto MON810 (Ajeeb-YG®), modificado para expresar el gen Bt (Bacillus thuringiensis) que produce el insecticida Cry1Ab, tenía un mayor contenido en proteínas totales, en grasas, fibra y sacáridos totales, y una disminución en el contenido de almidón en comparación con el maíz no transgénico Ajeeb. También se encontraron niveles anormales de ciertos aminoácidos, ácidos grasos y otros elementos (6). Estas diferencias en la composición dieron un indicio de la posible toxicidad del maíz transgénico, que ya fue revelado en estudios de alimentación en ratas macho, realizados con anterioridad por el mismo equipo: anomalías en varios órganos y tejidos (7,8). Las células del hígado muestran vacuolización y degeneración grasa. Los riñones tenían los vasos sanguíneos congestionados y dilatados los túbulos renales. Los testículos mostraron signos de necrosis y descamación de las células germinales que revisten los túbulos seminíferos. El bazo se encontraba congestionado por depleción linfocítica leve. El intestino delgado mostraba hiperplesia e hiperactivación de las glándulas secretoras de la mucosa, con necrosis de las vellosidades intestinales. Sin duda alguna, el maíz transgénico no es sustancialmente equivalente a su homólogo no modificado genéticamente.

Las sojas transgénica y no transgénica no son sustancialmente equivalentes

Un estudio más reciente dirigido por Thomas Bohn, del Centro Noruego para la Seguridad Biotecnológica (9), investigó con 31 lotes de semillas de soja de Iowa, pertenecientes a tres categorías: 1) soja transgénica tolerante al glifosato; 2) soja no modificada cultivada de forma convencional utilizando productos químicos; 3) soja ecológica no modificada genéticamente. Se analizaron en los tres grupos la presencia de contaminantes químicos ( organoclorados, organofosforados, piretroides, PCB, glifosato y AMPA, ácido aminometilfosfónico, el principal producto de degradación del glifosato, en base a la lista de pesticidas utilizados por los agricultores), así como su contenido nutricional. La comprobación de los niveles de pesticidas es muy importante ya que la evaluación de la equivalencia sustancial de la soja transgénica tolerante al glifosato no se hizo con anterioridad con los restos de herbicidas presentes en la cosecha, a pesar de que se sabe que el glifosato persiste en la planta, que altera el metabolismo y la bioquímica, y por lo tanto la composición química de los cultivos. Cualquier evaluación de su equivalencia sería irrelevante de no incluirse el glifosato.

Los resultados no pueden ser más claros. Como se muestra en la Figura 1 (N. del T.: para acceder a las ilustraciones que acompañan a este artículo es preciso estar registrado en el sitio web de ISIS), el glifosato y AMPA sólo estaban presentes en las muestras de soja transgénica y no en las variedades convencional y ecológica no modificadas genéticamente. En las muestras de soja transgénica, la concentración de AMPA (concentración media = 5,74 mg / kg) fue de promedio casi dos veces superior a la del glifosato (3,26 mg/Kg). Se detectaron otros herbicidas: FLUAZIFOPp-BUTIL, un herbicida selectivo, en una concentración de 0.02 mg/kg en una de las muestras soja transgénica; MALATION, en una concentración de 0.078 mg/kg en una de las muestras de soja convencional; dieldrín en la muestra de soja ecológica ecológica (0,002 mg/kg). No se detectaron otros residuos. Pruebas adicionales para los residuos de plaguicidas en las semillas de soja transgénica, soja convencional y soja ecológica, mostraron trazas de niveles de alfa-endosulfán, Trans-nonacloro y Trans-clordano, todos en una concentración muy cerca de los límites de detección (0,05 µg/kg), en todo tipo de soja. Dieldrín también fue encontrado en niveles muy bajos, en concentraciones de 0.51, 0.45 y 0.6 µg/kg en la soja transgénica, convencional y orgánica, respectivamente.

Los investigadores analizaron la composición química de las muestras de soja, incluyendo la composición del contenido de proteínas, grasas y azúcares, así como la presencia individual de aminoácidos, vitaminas, ácidos grasos y otros elementos. Mientras que la soja ecológica mostraba diferencias significativas con respecto a la soja transgénica, la soja convencional no modificada genéticamente presentaba los niveles mayores y menores de proteínas y grasas saturadas, además de diferencias significativas en los niveles totales y distintos cantidades de aminoácidos, vitaminas y minerales. Un análisis adicional estadístico multivariante de los resultados encontró sin excepción que cada muestra individual de soja podía ser caracterizada estadísticamente de su respectivo medio agrícola, incluso excluyendo los datos sobre los niveles de glifosato y AMPA. La soja ecológica era superior nutricionalmente a la soja convencional no transgénica y a la soja transgénica.

Perfiles tecnológicos para análisis de bioseguridad

Las tecnologías de obtención de perfiles, como la proteómica, permiten la medición y comparación de miles de componentes de las plantas, en este caso de las proteínas, sin conocer previamente su identidad. Este método está siendo utilizado actualmente por los científicos independientes para así proporcionar un perfil más completo, imparcial y global de la composición de los cultivos transgénicos para la evaluación de riesgos.

Un nuevo estudio realizado en Brasil por Agapito-Tenfen y sus colegas de la Universidad Federal de Santa Catarina, es un ejemplo de este tipo de análisis, que expresa el análisis completo de las proteínas del maíz transgénico MON810 en comparación con el maíz no modificado genéticamente, cultivados en dos condiciones ambientales diferentes. El análisis el proteoma foliar, mostró 32 proteínas expresadas diferencialmente ( de un promedio de 458 y 643 proteínas detectadas en cada una de las condiciones) entre el maíz transgénico y no transgénico, la mayoría de las cuales están involucradas en el metabolismo de los hidratos de carbono, la respuesta al estrés, así como el procesamiento de la información genética, tales como la modificación posterior a la traducción de las proteínas (10). Dieciséis proteínas se expresaron diferencialmente entre el maíz transgénico y no transgénico cultivados en los dos diferentes lugares (Campos Novos y Chapecó). En Campos Novos, el experimento detectó 8 proteínas que sólo aparecían en las muestras de maíz transgénico; las 8 restantes estaban ausentes en las muestras de maíz transgénico. En Chapecó, fueron 7 las proteínas detectadas únicamente en las plantas transgénicas; 2 proteínas mostraron diferencias cuantitativas en la expresión. Por ejemplo, el gliceraldehído deshidrogenasa-3fosfato (GAPDH) y la fructosa-bifosfato, ferredoxina-NAPD, se presentaban únicamente en las plantas transgénicas de Campos Novos, proteínas que están directamente relacionadas con el metabolismo energético. Cuando se trata del metabolismo de los carbohidratos, los datos resultan consistentes con los datos obtenidos en estudios previos que observaron un aumento de los niveles de azúcares en las plantas del maíz transgénico MON810, con un aumento de 14, 7 y 1,8 en los niveles de glucosa, fructosa y sacarosa, respectivamente (11). Las plantas de maíz pasan por muchas etapas en el desarrollo de sus hojas que se basan exclusivamente en el metabolismo de los hidratos de carbono. Además, se ha demostrado que la presencia de los promotores con altos niveles de expresión tiene un alto coste energético, por ejemplo, el promotor 35S del virus del mosaico de la coliflor (12,13), que los autores especulan que puede acarrear problemas a las plantas transgénicas.

Los genes de respuesta al estrés, por ejemplo, los relacionados con el metabolismo del glutatión (glioxilato 1 y IN2-1), peróxidos y proteínas relacionadas con la patogénesis se expresaron sólo en las plantas no modificadas genéticamente. También se descubrió que la 2-cisteína peroxirredoxina BAS1 (2-CP) está sobreexpreada en las plantas modificadas genéticamente, en ambos lugares. Las peroxidasas son de gran importancia en la eliminación de H2O2 resultante de la fosforilación oxidativa.

Cuatro proteínas de información genética se expresaron diferencialmente. Dos de ellas sólo estaban presentes en las plantas transgénicas de Campos Novos, la adenina fosforribosil transferasa (APT), y la subunidad de unión a ATP Clp, la proteasa dependiente de ATP CLPA (Clp-CIPA). La APT salvaguarda la adenina de las plantas, mientras que las proteasas Clp-CLPA ejercen la actividad de despliegue, ejerciendo un papel clave en la regulación de la disponibilidad de ciertas proteínas reguladoras de vida corta. Las proteínas chaperonina y S-adenosilmetionina sintetasa 1 mostraban un incremento en la regulación en las plantas no modificadas genéticamente. La S-adenosilmetionina sintetasa 1 está implicada en la transmetilación de proteínas, ácidos nucleicos, polisacáridos y ácidos grasos. Curiosamente, muchas de estas proteínas de información genética están directamente relacionadas con el control de la expresión génica.

Este estudio es el primero en su género que utiliza estas tecnologías para evaluar cómo el medio ambiente y el genotipo pueden influir en la composición de las plantas y destaca la disponibilidad de un análisis de rutina para las proteínas, las transcripciones y los metabolitos, que todavía no son requeridos por los Gobiernos para la aprobación de los transgénicos, como debiera hacerse.

Además, este estudio muestra el efecto de las condiciones ambientales sobre la composición de los cultivos. Los defensores de los transgénicos argumentan a menudo que otros factores, como las condiciones ambientales, así como las variedades híbridas, determinan la composición y la fisiología de la planta, pero la propia modificación genética puede influir en esas condiciones. De hecho, el medio ambiente causó variaciones en la composición de los cultivos, Pero, curiosamente, el perfil de la expresión de las proteínas del maíz transgénico estaba más afectado por el medio ambiente.

Para concluir, las numerosas diferencias mostradas entre las variedades de maíz transgénico y su homólogo no transgénico pueden afectar a la salud de los consumidores y a la biodiversidad, y expone con claridad que el principio de equivalencia sustancial es pseudociencia. En realidad, la modificación genética provoca cambios muy reales y sustanciales, imprevisibles e incontrolables en el genoma del huésped, incluyendo mutaciones y reordenamientos, así como nuevas transcripciones y nuevas proteínas. Además, ya se ha demostrado que los cultivos transgénicos y el glifosato pueden causas daño a la salud y el medio ambiente, según han revelado estudio independientes (véase el informe especial [14] Ban GMOs Now, ISIS ). Estos nuevos estudios lo vienen a confirman plenamente.

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Procedencia: http://www.i-sis.org.uk/Substantial_Non-Equivalence.php

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Clasificado en:Alimentación, Contaminación química, Ingeniería Genética, Transgénicos

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