"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

El lucrativo negocio de las tarjetas de crédito

Por Ellen Hodgson Brown, 15 de febrero de 2014

Dissident Voice

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El negocio de las tarjetas de crédito se ha convertido en una de las mayores fuentes de ingresos de la Industria bancaria, en gran parte debido a los lucrativos costes que se encuentran ocultos a nuestros ojos.

Usted paga el saldo de su tarjeta al final de cada mes, pensando en una ventaja al tener un período de gracia sin intereses, un crédito sin coste alguno. Incluso utiliza su tarjeta de crédito aunque hubiera podido pagar en efectivo, sólo con la esperanza de obtener algún tipo de beneficio. Pero se está llevando a engaño. Incluso aunque pague el saldo de la tarjeta al final de cada mes, su uso acarrea un enorme coste oculto a los usuarios porque ese coste se deduce de lo que recibe el comerciante, que se lo carga a usted en el coste de los productos.

Visa y MasterCard cargan alrededor del 2% del valor de todas las transacciones realizadas con sus tarjetas de crédito, American Express aún cobra más. Quizá le parezca que no es mucho, pero considere que para los saldos que se pagan al final de mes ( es decir, la mayoría de ellos), los bancos hacen un préstamo durante un promedio de 25 días (dependiendo del día en que se realizó la compra y el día que se hace efectivo el pago) y cargan un 2% o más en la compra. Un 2% de interés por 25 días da una rentabilidad del 33,5% anual, y quizás esta cantidad sea conservadora.

Las tasas fueron diseñadas en un principio para evitar la usura y unas leyes más justas en el préstamo. Visa y MasterCard son entidades independientes, creadas por los grandes bancos de Wall Street, y las entidades emisoras de tarjetas se embolsan alrededor del 80% de los ingresos. La rentabilidad anual no sólo ha de considerarse usura, sino que es el dinero de otra persona, generalmente del propio usuario. Así es como funciona este negocio…

El último fraude

El economista Hyman Minsky observó que cualquiera puede crear dinero, el truco consiste en que los demás lo acepten. Lo que hacen las compañías de las Tarjetas de Crédito es convertir su promesa de pago en un instrumento negociable que se acepte en el pago de la deuda. Un instrumento negociable es todo aquello que se firmó y que se convierte en dinero o pueda ser utilizado como dinero.

En virtud del Artículo 9 del Código Uniforme de Comercio de los Estados Unidos, cuando se firma el recibo de cargo que le presenta el comerciante cuando utiliza la tarjeta de crédito, lo que se crea es un “título negociable que da derecho al pago del dinero”. Este título negociable es depositado mediante una transacción electrónica en la cuenta corriente del comerciante, lo que le obliga a disponer de una cuenta especial por parte de aquellos que aceptan el crédito. La cuenta se incrementa en la cantidad señalada en el recibo, la que ha indicado el comerciante que cuesta el producto. El recibo del cargo que se ha realizado es enviado al banco con el que mantiene relación el establecimiento de adquisición, que luego agrupa todos los cargos y los envía a su propio banco. Su banco le manda una notificación con la cantidad correspondiente que se adeudará en su cuenta.

El efecto es que el recibo del cargo (un título negociable) se ha convertido en un activo, contra el crédito que se ha adelantado. El banco simplemente ha convertido en dinero el título. El ciclo del crédito es tan corto que este proceso puede ocurrir sin que de por medio haya dinero. Los débitos y los créditos se compensan mediante las idas y venidas entre las diferentes cuentas.

Timothy Madden es analista financiero canadiense que construyó modelos de software de las tarjetas de crédito, a principios de 1990. Estima que los pagos con las propias reservas del banco sólo son necesarias en torno al 2% del tiempo, y la cuota del 2% que se cobra a los comerciantes es suficiente para cubrir estas necesidades. Las reservas necesarias para respaldar los adelantos a corto plazo se integran en los propios pagos, sin tener que recurrir a otros medios.

En cuanto a los intereses, Madden dice:

En el interés es donde está toda la salsa, porque las operaciones se financian de hecho por el comprobante de pago que se firma en el momento de la compra al hacer uso de la tarjeta de crédito. Supongamos que las ventas brutas mensuales que se ejecutan a través de las tarjetas de crédito a nivel mundial sean normalmente de unos 300 mil millones de dólares, y el doble en las compras de Navidad. Las compañías de las tarjetas no tienen que preocuparse de dónde van a provenir los 300 mil millones de dólares adicionales, porque esa cantidad es proporcionada por los 300 mil millones de dólares de los propios recibos suscritos…

Esto también es así porque casi todos los banco del mundo tienen pendiente de amortizar el 100% de las cuentas de las tarjetas de crédito durante un período de 180 días. El diseño básico del sistema es que una vez puesto en marcha se autofinancia, lo que requiere de una inversión cero en de capitales por parte de los operadores. Las pérdidas no pueden ser asumidas por el patrimonio del operador, que no tiene ninguno. A principios de 1990, cuando me encontraba construyendo los modelos de software para las tarjetas de crédito, mis hojas de cálculo “volaban” debido a los errores al dividir por cero, al intentar equilibrar todo el conjunto”.

Un impuesto privado sobre las ventas

Todo esto nos aclara por qué el negocio de las tarjetas de crédito se ha convertido en el negocio más lucrativo de la Industria bancaria. En su momento, la Banca recogía depósitos y otorgaba préstamos. Pero en los últimos años, según la Reserva Federal. “los ingresos por tarjetas de crédito son casi siempre superiores a la rentabilidad del resto de actividades de la Banca comercial”.

En parte, esto se debe a que el interés que se cobra sobre la deuda de las tarjetas de crédito es más alto que en otros préstamos comerciales. Pero es por las comisiones por lo que los bancos hacen su dinero. Hay multas por retrasos en el pago, cuotas por exceder el límite de crédito, además de otras tasas muy lucrativas que se acumulan según el cliente pague su factura o no. El comerciante debe sustraer parte del precio de venta, pero los clientes tienen que pagar unos precios más altos.

La cuota del 2% que tienen que pagar los comerciantes equivale a un impuesto del 2% sobre las ventas, que sólo en los Estados Unidos es de unos 30 mil millones al año… El efecto sobre el comercio es más nefasto que cualquier otro impuesto sobre la venta o el impuesto sobre las transacciones financieras ( o tasa Tobin), ya que estos impuestos están diseñados para invertirlos en los servicios y las infraestructuras. Este impuesto privado sobre el comercio resta poder adquisitivo a la Economía.

El blogger financiero Yves Smith observa:

Cuando alguien saca a colación la tasa Tobin (pequeñas tasas en las transacciones financieras como una forma de desalentar la especulación), la Industria de Servicios Financieros entra en ira… Sin embargo, en medio de nosotros, tenemos una tasa Tobin que equivale a una parte muy alta de las ventas comerciales al por menor…

No pueden pensar en que los cargos que hacen Visa y Mastercharge en las transacciones de débito… tienen dos componentes: los honorarios que recibirían de participar en algún concurso y la prima que obtienen por el control que hacen del mercado sin competencia por el precio. En términos reales, su efecto sobre el comercio es peor que el impuesto Tobin”.

El impuesto Tobin está destinado a tener un efecto positivo que amortigüe la especulación. Un impuesto sobre las ventas al por menor tiene un efecto negativo en el comercio: se trata de un mecanismo que consume capital y crédito en cada paso del ciclo del crédito.

El lucrativo negocio de las tarjetas de crédito es un factor importante de la financiarización de la economía. Empresas como General Electric están abandonando la innovación en sus productos para convertirse en compañías de tarjetas de crédito, porque ahí es donde reside el dinero. La financiarización está matando la economía, la productividad, la innovación y el consumo.

Acabando con el monopolio

Estas tasas de interés tan exorbitantes son posibles porque el mercado está monopolizado por un pequeño número de compañías de tarjetas de crédito, y la entrada en el mercado es muy difícil. Para participar es necesario formar parte de una red, y la red requiere que todos los bancos participantes cobre unas tarifas preestablecidas.

Las normas varían de un país a otro. Una opción sería la de ofrecer unos servicios más baratos por el uso de las tarjetas de crédito a través de los Bancos de propiedad pública. En Costa Rica, el 80% de los depósitos se realizan a través de los cuatro bancos de propiedad pública, y todos ofrecen tarjetas de crédito y débito de Visa y MasterCard. Las empresas que optan por afiliarse a los dos grandes bancos públicos no pagan comisiones por las transacciones de ese banco y por las tarjetas de otros bancos se pagan unas pequeñas cuotas, lo suficiente para cubrir los costes.

Así es en Costa Rica, pero en Estados Unidos, las tasas por el uso de las tarjetas Visa y MasterCard están preestablecidas, y los bancos públicos tendrían que cobrar esa tasa para participar en el Sistema. No hay otra manera de recuperar esas tasas y usarlas en beneficio de la gente: devolviéndolas en forma de reducción de impuestos o con la mejora de los servicios públicos.

Los Gobiernos locales pagan altos precios por el uso de las tarjetas de crédito. De acuerdo con la Oficina de Tesorería, la Ciudad y el Condado de San Francisco pagan 4 millones de dólares al año sólo por las comisiones bancarias, y más de la mitad de esta cantidad se debe a las tasas de interés. Si el Gobierno pudiese recuperar estas cantidades a través de su propio banco, podría utilizar ese dinero en mejorar los servicios públicos sin subir los impuestos.

Si el Gobierno pudiese controlar ese dinero, podría autofinanciarse sin gravar más a los ciudadanos. Si existiese un sistema público alternativo, los megabancos no serían “demasiado grandes como para quebrar”. Habría que permitir que se extinguieran, en un proceso de evolución natural hacia un sistema más eficiente y sostenible.

Ellen Brown es abogada en Los Ángeles y autora de 11 libros. En Web of Debt: La verdad sobre nuestro sistema económico y cómo podemos liberarnos de él, donde muestra que el cártel de la Banca Privada ha usurpado el poder de crear dinero… Lea otros artículos de Ellen, o visite su página web.

Procedencia: http://dissidentvoice.org/2014/02/how-the-credit-card-gravy-train-is-running-over-you/

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