"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Sobre el pico en la producción de petróleo y el tecnodinamismo

Por Michael T. Klare, 9 de enero de 2014

Common Dreams

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El pico en la producción de petróleo no es algo parecido a una lata de gasolina vacía, sino a un paisaje devastado, como estos terrenos de Alberta donde se ha aplicado la fractura hidráulica. Imagen: Common Dreams

Una de las noticias de más relevancia del año 2013 ha sido la del “pico del petróleo”, es decir, que la producción de petróleo entraría en una fase de mayor producción comenzando a partir de ahí un declive irreversible, pero esta idea parece estar desacreditada debido a la extracción de petróleo y otros combustibles no convencionales en Estados Unidos.

Así que a medida que avanzaba el año, se oían elogios de este tipo: “Es seguro que hemos dejado atrás lo del pico del petróleo de una vez por todas gracias a las nuevas técnicas de producción de petróleo y de gas”, dijo Rob Wile, un periodista sobre temas de energía y economía de Bussines Insider. Otros comentarios similares han hecho los expertos, lo que hizo que en Time.com apareciese el siguiente titular: “El pico del petróleo ha muerto”.

Pero no tan deprisa. Tanto optimismo nos recuerda a aquella famosa frase de Mark Twain: “Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas”. El obituario del pico del petróleo quizás llega demasiado pronto, así que vamos a echar una mirada sobre esta afirmación. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), con sede en París y de la que forman parte los principales países industrializados, hace poco hizo este análisis y los resultados fueron inesperados. Aunque no viene a decirnos que el pico del petróleo ya está aquí, sí dejaron claro que afirmar que las reservas de petróleo presentes en las pizarras estadounidense van a hacer que fluya de forma continua es exagerado La explotación de las pizarras puede hacer que la aparición del pico del petróleo se retrase un año o poco más, y los expertos de la Agencia dijeron que el panorama a largo plazo “no ha cambiado con la extracción de petróleo de las pizarras”.

Recuerda la Agencia otro caso parecido, cuando se afirmó, sólo un año antes de que Estados Unidos superarse a Arabia Saudí como primer productor mundial de petróleo, “que el pico del petróleo estaba muerto”. En la edición de 2012 de su World Energy Outlook, la Agencia dijo que no solamente “Estados Unidos se convertiría en el primer productor mundial de petróleo”, alrededor del 2020, sino que con la producción también en las pizarras canadienses “América del Norte se convertiría en el mayor exportador neto de petróleo en torno a 2030”.

En este Informe de noviembre de 2012 se destacaban el uso de nuevas tecnologías de producción, especialmente la perforación horizontal y la fractura hidráulica para extraer petróleo y gas natural presente en la roca, que de otra forma sería inaccesible. También hacía mención del rápido aumento en la explotación de arenas bituminosas en Canadá, algo que antes se consideraba económicamente ruinoso. Con la extracción de estos combustibles no convencionales, el Informe decía que el pico del petróleo se retrasaba muchos años después de lo previsto.

Este Informe provocó un frenesí especulativo a nivel mundial, anunciando una nueva era de abundancia energética. La Arabia Americana fue el titular de algunos de estos elogios por parte de Wall Street Journal. Se anunciaba “un auge de la energía en Estados Unidos, impulsando la innovación tecnológica y la entrada de abundante capital privado”. A partir de entonces, los analistas energéticos estadounidenses empezaron a hablar con entusiasmo de la capacidad de extracción de las nuevas tecnologías, especialmente la fractura hidráulica, que permitía obtener gas y petróleo donde antes era inaccesible. “Estamos ante una verdadera revolución energética”, decía el Wall Street Journal.

arabia_americanaPero eso fue hace mucho tiempo. En la edición más reciente de Perspectivas Mundiales de la Energía, publicado el pasado mes de noviembre, las afirmaciones son más circunspectas. Es cierto que el petróleo de los esquistos y las arenas bituminosas, y otros combustibles no convencionales, entrarán en la oferta mundial en los próximos años, y las nuevas tecnologías ayudarán a prolongar la vida del petróleo. No obstante, no hay que olvidar que somos testigos del agotamiento de la mayores reservas de petróleo del mundo, por lo que el aumento de la extracción de combustibles por métodos no convencionales lo único que hace es equilibrar la disminución de la producción convencional. Bajo circunstancias ideales y con altos niveles de inversión, y de continuar el progreso tecnológico, con demanda y precios adecuados, podría evitarse un inminente pico en la producción de petróleo en todo el mundo, pero como señala el último informe, no hay garantía de que no vaya a ocurrir.

Avanzamos hacia el pico en la producción de petróleo

Antes de adentrarnos en la evaluación del Informe de la AIE, echemos un rápido vistazo a la teoría del cénit del petróleo.

Fue una idea desarrollada en la década de 1950 por el geólogo M. King Hubbert, que sostenía en su teoría sobre el cénit del petróleo que en cualquier campo petrolífero ( o país productor de petróleo) se producía una tasa de crecimiento en la producción en las fases iniciales, cuando se empieza a explotar el yacimiento. Más tarde, el crecimiento se ralentiza a medida que el combustible más accesible ha sido extraído y se recurre a depósitos menos productivos. Es el momento en el que se ha extraído aproximadamente la mitad del combustible, la producción alcanza un máximo, o pico, y luego comienza a disminuir. Los campos petrolíferos seguirán produciendo incluso después de alcanzar el máximo de producción, pero cada vez se requerirá de más esfuerzo para extraerlo y el gasto será mayor. Con el tiempo el coste de producción será superior a los ingresos procedentes de la venta y la extracción se dará por concluida.

Para Hubbert y sus seguidores, el auge y declive de los yacimientos de petróleo es una consecuencia inevitable de las fuerzas naturales: el petróleo se encuentra en depósitos subterráneos sometidos a presión y sale al realizar un orificio. Una vez que una parte significativa de los recursos se ha extraído, la presión disminuye y serán necesarios medios artificiales para mantener la presión y por tanto la producción. Tarde o temprano, el coste de los medios de producción harán que el negocio no sea rentable.

La teoría del pico del petróleo dice que lo que vale para un campo petrolífero también se puede aplicar a un conjunto de campos, o incluso a la producción mundial. Fue alrededor de 2005 cuando se alcanzó el pico en la producción diaria de petróleo, como ya habían predicho los seguidores de Hubbert, que murió en 1989. Las grandes compañías petroleras han tenido que aplicar tecnologías más avanzadas para mantener la producción, de modo que se alarga la vida útil de los yacimientos mediante el uso de lo que se llama “recuperación mejorada del petróleo” o EOR. También han utilizado nuevos métodos para explotar los campos petrolíferos que antes se consideraban inaccesibles, como el Ártico y aguas oceánicas profundas, lo que abre la posibilidad de un cénit del petróleo más alejado.

Con el desarrollo de estas nuevas tecnologías, “las compañías petroleras están tratando de superar su principal hándicap, el agotamiento en la obtención fácil de petróleo”, aquello que dijo Hubbet sobre la salida a presión del petróleo al hacer un orificio en el yacimiento, o que los yacimientos son propiedad de las compañías estatales de petróleo, incluidas Saudi Aramco, National Iranian Oil Company, y Kuwait National Petroleum Company, entre otras. Según la AIE, estas empresas estatales controlan cerca del 80% de las reservas de petróleo del mundo, dejando poco para la explotación por parte de compañías internacionales.

Para continuar con la producción en los yacimientos con las reservas ya muy limitadas o de difícil explotación, en su mayoría en América del Norte, en el Ártico o aguas adyacentes, “las empresas privadas han desarrollado técnicas para obtener el petróleo de difícil acceso”. En esto han tenido éxito: hay mayor afluencia de petróleo en el mercado y han alejado lo predicho por el pico del petróleo.

Los que dicen que “el pico del petróleo está muerto” tienen en cuenta sólo algunos factores. Al extenderse la vida útil de los yacimientos a través de la recuperación mejorada de petróleo, añadiendo nuevos yacimientos de petróleo, creen que la oferta mundial se puede ampliar de forma indefinida. Como resultado, según ellos, el mundo poseería una “oferta relativamente ilimitada” de petróleo y gas natural. Así, por ejemplo, describe la situación Barry Smitherman, de la Comisión de Ferrocarriles de Texas, que regula la Industria petrolera del Estado.

Pico tecnológico

Así que en lugar del pico del petróleo tenemos una nueva teoría que todavía no ha recibido nombre, pero que podría llamarse tecnodinamismo. Esta teoría sostiene que no habría un límite físico en la oferta mundial de petróleo, siempre y cuando la Industria de la Energía esté preparada para aplicar sus adelantos tecnológicos, para así encontrar nuevos yacimientos y seguir explotando los antiguos. Daniel Yegin es un claro defensor de este teoría, que ha resumido la situación de esta manera: “Los avances en la tecnología permite acceder a lo que antes no era accesible y convertir las reservas en recuperables. Como resultado, las estimaciones de la cantidad total de petróleo siguen creciendo”.

Desde esta perspectiva, la oferta mundial de petróleo sería ilimitada. Además del petróleo convencional, ese que sale a borbotones al perforar una bolsa, la AIE identifica otras seis fuentes potenciales de combustibles: líquidos de gas natural, arenas de alquitrán y petróleo extrapesado; kerógeno ( sólidos derivados del petróleo a partir de las pizarras que debe ser fundido para que sea utilizable), petróleo de pizarras, combustible líquido a partir del carbón (CTL) y gas licuado (GTL). Estos combustibles no convencionales pueden en teoría sumar varios billones de barriles de petróleo a la oferta mundial, alargando posiblemente la Edad del Petróleo unos cientos de años ( y en el camino, con el cambio climático en ciernes, dejando el planeta convertido en un desierto inhabitable).

Pero al igual que el pico del petróleo establecía limitaciones en la producción de petróleo, lo mismo ocurre con el tecnodinamismo. En esencia, es creer que el aumento de la demanda mundial de petróleo seguirá impulsando las inversiones, cada vez más costosas, financiando así las nuevas tecnologías necesarias para explotar los recursos existentes y los más difíciles de obtener. Como se sugiere en la edición de 2013 de World Energy Outlook de la AIE, esta creencia debe ser tratada como mucho escepticismo.

Esta teoría encuentra varios inconvenientes que pasamos a exponer:

1.- Aumento de los costes de la tecnología. Mientras que los costes de producción de un determinado producto disminuyen con el tiempo, según la ley de Hubbert las ganancias con el tiempo desaparecen, y la aplicación de tecnologías son cada vez más caras. En otras palabras, las empresas petroleras irán, de forma invariable, a obtener el petróleo más fácil, dejando el más inaccesible para después, y el más costoso de obtener. Por ejemplo, las arenas bituminosas de Canadá se comenzaron a explotar accediendo a los yacimientos más cercanos a la superficie. Una vez que estos se han agotado, las empresas se dirigen hacia las reservas situadas más profundamente, utilizando una tecnología más costosa. Del mismo modo, mucho de los depósitos de petróleo en las pizarras de Dakota del Norte ya se han agotado, lo que requiere un ritmo cada vez mayor en las perforaciones para mantener los niveles de producción. El Informe de la AIE señala que la explotación de nuevos yacimientos petrolíferos será cada vez más cara: 80 dólares el barril de petróleo obtenido por las técnicas EOR; 90 dólares el barril de petróleo extraído de las arenas bituminosas y el petróleo extrapesado; 100 dólares el barril o más si es de kerógeno y petróleo del Ártico y 110 dólares para los CTL y GTL. El mercado, sin embargo, no puede mantener un nivel de precios tan alto, poniendo el duda las inversiones realizadas.

2.- Creciente riesgo político y ambiental. Las reservas de más difícil acceso se encuentran en áreas problemáticas. Por ejemplo, se estima que un 13% de las reservas de petróleo se encuentran en el Ártico, junto con un 30% de gas natural todavía sin explotar. Los riesgos ambientales asociados a su explotación, en unas pésimas condiciones climáticas, serán cada vez más evidentes, con una mayor probabilidad de derrames catastróficos, lo que puede aumentar la oposición política a estas perforaciones. De hecho, han aumentado las protestas en Alaska y Rusia, con el incidente ocurrido en septiembre de 2013 con los activistas de Greenpeace, que intentaron escalar la plataforma petrolera rusa, una acción que llevó a la detención de los activistas. Del mismo modo, las operaciones de fractura hidráulica ha provocado numerosas protestas. En respuesta a estas protestas, las empresas petroleras se ven obligadas a adoptar medidas de protección más estrictas, aumentando los costes de producción.

3.- Reducción de la demanda en relación con el clima. El panorama tecnooptimista asume que la demanda de petróleo seguirá aumentando, lo que haría que los inversores aportaran los fondos adicionales para desarrollar las nuevas tecnologías. Sin embargo, como los efectos del cambio climático se están acelerando, quizás muchas organizaciones políticas traten de imponer un límite al consumo de petróleo, disminuyendo la demanda, desalentando a los inversores. Esto ya está ocurriendo en Estados Unidos, donde las nuevas normas de eficiencia de los combustibles de los vehículos exigen una reducción significativa de su consumo. Una disminución de la demanda haría disminuir los precios del petróleo, alejando a los inversores para financiar el desarrollo de nuevos proyectos.

La combinación de estos tres factores hace posible pensar en un pico tecnológico, no muy diferente al pico en la producción de petróleo previsto por M. King Hubbert. Este tecnopico es probable que ocurra cuando se hayan agotado los yacimientos más fáciles de extraer, cuando los opositores a la fractura hidráulica exijan normas más estrictas (y costosas) de regulación ambiental en las operaciones de perforación y la demanda mundial haya disminuido a un nivel suficiente como para no justificar costosas inversiones. En ese momento, la producción mundial de petróleo disminuirá, incluso si los suministros fuesen ilimitados y la tecnología capaz de extraer más petróleo cada año.

Una reconsideración del pico del petróleo

La teoría del pico del petróleo, [ N. del T.: Véase El crepúsculo de la era trágica del petróleo de Ramón Fernández Durán ] como originalmente fue concebida por Hubbert y sus seguidores, se rige en gran medida por las fuerzas naturales. Pero como ya hemos visto, estas pueden ser dominadas por la aplicación de una tecnología cada vez más sofisticada. Yacimientos que antes se consideraban inaccesibles ahora puede volver a explotarse, y una vez considerados agotados, al cabo del tiempo volver a extraerse el petróleo que quede. Esto parece algo inagotable.

¿Significa que la producción mundial de petróleo seguirá aumentando año tras año, sin llegar nunca a un pico? Esto parece algo improbable. Lo que parece probable es que va a haber una disminución progresiva en la producción en la próxima década o dos próximas décadas, con un aumento de los costes de producción y el cambio climático, con una oposición cada vez mayor a estas tecnologías. Con el tiempo, las fuerzas que tienden a reducir la oferta prevalecerán sobre aquellas que pretenden lo contrario, y se alcanzará un pico en la producción, incluso si sólo actuasen las fuerzas naturales.

Tal resultado se prevé en uno de los tres posibles escenarios energéticos expuestos por los expertos de la AIE en la última edición de Perspectiva Mundial de la Energía. El primero supone que no va a producirse ningún cambio en las políticas de los Gobiernos en los próximos 25 años, con una oferta mundial de petróleo aumentando de los 87 a los 110 millones de barriles por día en 2035; el segundo escenario supone un cierto esfuerzo por frenar las emisiones de carbono, con lo que la producción de petróleo sería de sólo 101 millones de barriles al día.

El tercer escenario, el Escenario 450, nos hace levantar las cejas. Se supone que habrá una campaña mundial para mantener las emisiones de gases de efecto invernadero por debajo de las 450 partes por millón, el nivel máximo que se puede permitir para evitar que las temperaturas medias globales suban más de 2 grados centígrados ( con los efectos catastróficos que eso tendría). Como resultado, se prevé un pico en la producción mundial de petróleo alrededor de 2020, quedándose en 91 millones de barriles por día, con un descenso a 78 millones de barriles en 2035.

Sería prematuro establecer que el Escenario 450 sea la hoja de ruta inmediata para la Humanidad, ya que se ve claramente que vamos hacia los dos primeros escenarios previstos por la AIE. Tenga en cuenta que muchos científicos creen que el aumento global de 2 grados sería suficiente para producir efectos climáticos catastróficos. Pero a medida que los efectos del cambio climático se acentúan, una cosa es segura: habrá un clamor general para que los Gobiernos actúen de forma más contundente, de modo que el Escenario 450 podría ir tomando forma. En este proceso, disminuirá la demanda mundial de petróleo, lo que eliminaría los incentivos para invertir en nuevos esquema de producción.

El resultado final: el pico de petróleo se mantiene en perspectiva, aunque no por las razones esgrimidas por Hubbert y sus seguidores. Con la desaparición gradual del petróleo fácil, las grandes empresas privadas se verán obligadas a explotar yacimientos cada vez más difíciles, aumentando el coste de la producción, desalentando las inversiones, en un momento en que el cambio climático y el activismo ambiental están en aumento.

Sobre el autor:

Michael T. Klare es profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College Es autor de “ The Race for What’s Left: The Global Scramble for the World’s Last Resources” (Metropolitan Books) y en edición de bolsillo (Picador).  Otros libros suyos: Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy and Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America’s Growing Dependence on Imported Petroleum.

Prodecencia: http://www.commondreams.org/view/2014/01/09-7

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Clasificado en:cambio climático, Régimen energético, Régimen político y económico

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