"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

El problema de Turing

Por Romeo Vitelli

Providentia

Turing

Cuando robaron en la vivienda de Alan Turing el 23 de enero de 1952, el suceso no pareció revestir mucha importancia. Como escribiría más tarde Turing a un amigo:

Hace pocas horas que han entrado en mi casa y todavía estoy intentando comprobar qué es lo que falta. Afortunadamente tengo un seguro y pocas cosas han desaparecido que sean insustituibles. Pero todo esto no deja de preocuparme, ya que hace poco también fui objeto de otro robo en la Universidad. Voy precavido, esperando que un ladrillo caiga sobre mi cabeza u otro suceso desagradable e inesperado me suceda en cualquier lugar”.

Palabras proféticas. Cuando Turing denunció el robo en su vivienda a la policía, rápidamente empezó a sospechar de su joven amante, Arnold Murray, que pensaba estaba involucrado en aquel suceso. Había conocido a Murray a principios de ese mes y pasaron varias noches juntos en la casa de Turing. La acusación de Turing provocó inquietud en Murray y éste amenazó con revelar a la policía lo de su relación. En aquel momento la homosexualidad todavía era vista como un delito y Turing sabía lo que significaría si Arnold lo manifestaba. A pesar del riesgo, Turing le dijo que era el responsable del daño: Murray admitió que conocía al ladrón (al que le había hablado sobre esta casa), que quizás había decidido que la vivienda de Turing era un buen objetivo, y que probablemente no denunciase el robo. Aunque Turing olvidó el suceso lo suficiente como para reanudar su relación con Murray, sin embargo acudió a la policía con la información que había obtenido. A pesar de que hizo todo lo posible por ocultar la identidad de Murray y la naturaleza de su relación con él, se vio obligado a confesar la verdad. Su destino a partir de entonces se vio marcado por este asunto.

Los policías se asombraron de la naturalidad con la que Alan Turing admitió su homosexualidad. No dio importancia a su estilo de vida y dijo que una Comisión Real estaba estudiando su legalización ( no cual no era cierto). Según la Sección Once de la Enmienda del Derecho Penal de 1885, la conducta homosexual estaba tipificada como indecencia. Sólo se aplicaba a los varones ( todas las referencias a las lesbianas se habían quitado de la citada Ley, aunque las razones no estén muy claras). La Ley no hacia distinción entre actividades sexuales públicas y privadas, sin que se permitiese ninguna excepción. La legislación anterior a 1885 estaba inspirada en conceptos religiosos, calificando a la homosexualidad como un delito contra la naturaleza; las condenas de prisión por homosexualidad apenas terminaron en los tiempos de Alan Turing. Su estilo de vida poco convencional era un secreto a voces para aquellos que le conocían personalmente. El hecho de que Turing fracasase en ocultar su vida privada a los ojos de los demás significó que podía ser acusado y condenado.

El 27 de febrero Arnold Murray y Alan Turing acuden a juicio. Ante la insistencia de su hermano, John Turing, se declara culpable de la acusación formulada contra él. No era posible ningún otro veredicto, ya que la declaración que realiza ante la policía es utilizada como prueba durante el juicio. En muchos sentidos, la condena de Turing era la típica de la época: entre 1931 y 1952, los juicios por conducta homosexual aumentaron en un 500%, como reacción ante la creciente visibilidad de los homosexuales en la sociedad británica. A pesar de la importancia de Turing en los círculos científicos y gubernamentales, la consideración pública como homosexual de Alan Turing era la de considerarle un delincuente sexual, la peor consideración posible dentro de la educada sociedad británica. También tuvo repercusión emocional en la familia de Alan Turing: además de conocer su homosexualidad su hermano, también la supo su madre. Mientras que Ethel Turing lo apoyó, su hermano no dudó en decirle que consideraba la homosexualidad como algo repugnante y de mala reputación.

También fue apoyado por compañeros de Turing de Bletchley Park. Su mentor, Max Newman, y un compañero criptoanalista, Hugh Alexander, actuaron como testigos durante el juicio. Fue una posición valiente teniendo en cuenta la culpabilidad por asociación, siendo considerados también delincuentes aquellos que apoyasen a los condenados por delitos sexuales. Muchos de los amigos de Turing, también homosexuales, se vieron obligados a distanciarse por el temor de que sobre ellos recayesen sospechas. Otros sin embargo se mantuvieron junto a él, a pesar de la naturaleza de los cargos a los que se enfrentaba. Turing tenía ya sobre sí un largo comportamiento considerado escandaloso, lo que sus compañeros calificaban como típico de Turing. Los que lo evitaban con anterioridad tenían ahora más razones para hacerlo. Gracias a la presión ejercida por Newman y otros, Turing pudo mantener su relación con el Kings College de Cambridge, pero no se le renovó el contrato una vez hubo expirado. Turing se mantuvo activo como matemático durante todo el juicio, e incluso asistió a una importante conferencia el 21 de marzo.

El juicio de Regina contra Turing y Murray se celebró el 31 de marzo de 1952, siendo presidido por el juez J. Fraser Harrison. Se presentaron doce cargos contra ellos, centrados en los delitos de indecencia cometidos por Alan Turing y Arnold Murray. Aunque ambos se declararon culpables, el juez comentó la falta de remordimiento de Turing por sus acciones, pero diversos testimonios a su favor dieron lugar a una condena más indulgente. Las penas de prisión para los homosexuales eran ya menos frecuentes ( sólo 174 de los 746 hombres condenados por homosexualidad en 1951 fueron condenados a penas de prisión, por lo general de menos de seis meses de duración), optándose por otras medidas. Arnold Murray fue puesto en libertad condicional (Turing lo defendió durante el juicio); Alan Turing fue puesto en libertad condicional, pero con la condición de que se sometiese a un tratamiento médico cualificado en el Manchester Royal Infirmary.

El primer Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-1) apareció ese mismo año, clasificando a la homosexualidad como un trastorno mental. Aunque el Psicoanálisis había mostrado poco valor en el tratamiento de la homosexualidad, la Ciencia Médica empleó alternativas más radicales. La existencia de hormonas sexuales, los estrógenos y la testosterona, ya se conocía desde el siglo XIX, pero sólo fueron sintetizadas en la década de 1920, comenzando la terapia hormonal. A pesar de que la castración física había sido utilizada durante mucho tiempo en el caso de delincuentes sexuales que habían sido condenados (incluidos los homosexuales), el uso de la terapia hormonal para el tratamiento de las prácticas sexuales estaba en una etapa experimental. La castración química, un término que da lugar a confusión, mediante el uso de hormonas sexuales para controlar el comportamiento sexual fue llevada a cabo por primera vez por investigadores estadounidenses en 1940. Después de medir los niveles de testosterona y estrógenos en los homosexuales que eran condenados, los investigadores concluyeron que los homosexuales tenían una menor cantidad de hormonas masculinas que los heterosexuales ( aunque las cifras varías mucho en las muestras utilizadas). En el documento que apareció ese mismo año, los investigadores señalaban que “si se establecía una etiología biológica, entonces las posibilidades terapéuticas serían mucho más amplias que en la actualidad”. En otras palabras, la terapia hormonal podría proporcionar la tan buscada cura de la homosexualidad.

Sobre la base de estos resultados iniciales, el investigador S.J. Glass llevó a cabo investigaciones adicionales durante el tratamiento de once homosexuales utilizando hormonas masculinas, amablemente suministradas por las compañías farmacéuticas. Este tratamiento experimental fue obligatorio para mucho de los participantes en el estudio ( tres eran varones menores de edad) y los resultados, publicados en 1944, no pueden considerarse un éxito. Según Glass: “sólo en tres de los sujetos se observaron beneficios con esta terapia; en cinco de ellos aumentó el deseo homosexual. No supone por tanto una forma de tratar la homosexualidad masculina”. Al no mostrar ningún beneficio el uso de la testosterona, los investigadores concibieron la brillante idea de utilizar en su lugar hormonas femeninas. Un estudio de 1940 ya había demostrado que el tratamiento con estrógenos daba lugar una eliminación casi total de la libido. La castración física estaba aceptada en muchos estados de Estados Unidos ( hasta 1950, unos 50.000 delincuentes sexuales habían sido castrados según el registro), pero las leyes británicas prohibían el uso de la castración física con fines punitivos. Dada la existencia de un equivalente químico, las autoridades consideraron que esta opción era interesante para el tratamiento de los homosexuales condenados.

En un documento de 1949, F.L. Golla y sus colegas presentaron los resultados obtenidos en el estudio de trece homosexuales condenados, llegando a la conclusión de que “la libido podía ser eliminada en el plazo de un mes”, utilizando altas dosis de hormonas sexuales femeninas. Las autoridades consideraron que “dada la naturaleza no mutilante de este tratamiento y facilidad para su administración a los pacientes, consintieron que se emplease siempre que fuera posible en los casos de hombres con impulso sexual anormal e incontrolable”. Tanto políticos como periódicos ensalzaron el valor potencial de la terapia hormonal. Por otra parte, los críticos advirtieron de la existencia de muchas incógnitas en el tratamiento, con muchos factores de riesgos presentes. El control de los impulsos sexuales antinaturales mediante el empleo de tratamientos hormonales encajaba bastante bien con los avances realizados en otras áreas de la Psiquiatría. Teniendo en cuenta otros tratamientos experimentales como el condicionamiento aversivo, las lobotomías y la terapia electroconvulsiva, este tratamiento parecía relativamente benigno.

En el caso de Alan Turing, la administración de hormonas femeninas para controlar sus impulsos sexuales fue en realidad una decisión voluntaria. Cuando su abogado le explicó las diferentes opciones legales de que disponía (incluida la cárcel), Turing decidió que la administración de la medicación era la mejor manera de estar fuera de la cárcel y poder continuar sus investigaciones. Dada su condición de destacado matemático y miembro de la Orden del Imperio Británico ( que mantuvo a pesar de la condena), el caso estuvo muy presente en los medios de comunicación. Después de ser puesto en libertad condicional, los periódicos locales decían: “Lector de la Universidad puesto en libertad condicional: se someterá a tratamiento terapéutico”. Si a Turing le molestaba todo este revuelo es cosa que apenas comentaba con sus amigos. La libertad condicional le obligó a someterse al tratamiento durante un año. En una carta a un compañero matemático, Philip Hall, escribía:

Estoy obligado a tomar la terapia durante un año. Se supone que es para reducir mi impulso sexual mientras se emplea, volviendo a la normalidad después de que ese período haya terminado. Espero que sea cierto. Los psiquiatras pensaron que era inútil el empleo de cualquier otra terapia. El día en que se me administró no fue desagradable. Tuve una sensación muy agradable de irresponsabilidad después de volver, como cuando se vuelve de la escuela. El comportamiento de los celadores también fue bueno. También me puse muy contento al ver a mi cómplice de nuevo, aunque no confíe en él ni una pulgada”.

La condena también incluía la prohibición de viajar a otros países, incluyendo Estados Unidos (vileza moral era el motivo considerado para negarle la entrada). También se revocaron las medidas de seguridad hacia Turing una vez que terminó el trabajo criptográfico. Aunque Turing se tomó todo esto con mucha calma, estaba preocupado por los efectos secundarios de la medicación. Además de impotencia, que le habían asegurado era sólo temporal, comenzó a experimentar otros efectos secundarios: ginecomastia (hinchazón del pecho), cambios en el estado de ánimo y feminización general, como los síntomas más comunes en los hombres que toman suplementos de estrógenos. A pesar de las dificultades, Alan Turing continuó con su labor profesional ( e incluso tuvo un breve romance con un danés al que conoció un día de fiesta). A pesar de angustia por los diversos problemas derivados de la medicación, completo el año de libertad provisional sin incidentes.

A principios de 1953, parecía tener un brillante futuro. El período de administración del medicamento terminaba en abril, y la Universidad de Manchester votó a favor de crear un puesto de trabajo durante cinco años destinado para él. Su vida privada parecía estable y la homosexualidad más tolerada que nunca.

Su suicidio el 7 de junio de 1954 fue un shock para todos los que le conocían.

Se desconocen las circunstancias exactas de la muerte de Turing. Una limpiadora lo encontró en su casa el 8 de junio; la autopsia determinó que había muerto por envenenamiento con cianuro. Una manzana a medio comer se encontraba junto a su cuerpo, pero nunca se comprobó la presencia de cianuro. Dado que no apareció ninguna señal de advertencia ni nota sobre el suicidio, el motivo ha desconcertado tanto a amigos como a familiares. En la investigación que se llevó a cabo el 10 de junio, el juez de instrucción declaró: “Me veo obligado a concluir que se trata de un acto realizado deliberadamente. En una persona de su carácter nunca se puede saber qué procesos mentales se están dando”. Dictaminó por tanto que Alan Turing se había suicidado “en un momento en que se vio alterado su equilibrio mental”.

John Turing, que asistió a las pormenores de la investigación, no quiso impugnar el veredicto. La prensa publicó obituarios respetuosos con la vida y los logros de Turing y no se hizo ninguna mención a los sucesos de 1952. Ethel Turing, por el contrario, se negó a aceptar el veredicto de suicidio y sostuvo que la muerte de su hijo se había producido accidentalmente por un descuido en el manejo de sustancias químicas. Lo cual podría ser cierto teniendo en cuenta que Turing tenía la costumbre de realizar experimentos químicos en su casa y ya ella le había advertido sobre la posibilidad de un envenenamiento accidental. Muchos de sus trabajos de la Universidad estaban en desorden, y había reservado un tiempo en la máquina Mark II como era su costumbre.

Había redactado un nuevo testamento a principios de ese año; no había ningún signo de que quisiese acabar con su vida. El cuerpo de Alan Turing fue incinerado en el crematorio de Woking el 12 de junio. Su madre, su hermano y su amigo durante muchos años, Lyn Newman, asistieron a la ceremonia. Sus cenizas fueron esparcidas en los jardines, cerca de donde las cenizas de su padre habían sido esparcidas unos años antes. A pesar de que no esté marcado este lugar, en la ciudad de Manchester se han construido numerosos monumentos dedicados a Alan Turing, y también en los alrededores.

¿Qué razón podía tener Alan Turing para suicidarse? Los biógrafos han especulado que pudo haber sido por los persistentes problemas médicos relacionados con la medicación que le habían obligado a tomar. Sin embargo, no dio señales de que los efectos secundarios todavía permaneciesen en el momento de su muerte. También se especuló con la posibilidad de un chantaje o simplemente que fue tomando conciencia de cómo su homosexualidad era considerada por el Gobierno, al que había ayudado a ganar la Segunda Guerra Mundial. En 1950, las Agencias de Inteligencia de los Estados Unidos y el Reino Unido habían marcado a los homosexuales como una amenaza para su seguridad. Cuando se intensificó la Guerra fría, una bala perdida como Alan Turing ya parecía algo inaceptable e incluso su trabajo como consultor informal con las Agencias del Gobierno había finalizado. De todos modos, no asistió a la caza de brujas de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, en los que la purga de homosexuales se produjo en la mayoría de los Gobiernos occidentales. Teniendo en cuenta que gran parte de los trabajos que había hecho sobre criptoanálisis estaban todavía considerados como clasificados, las Agencias de Inteligencia no descuidaron del todo su relación con Turing por miedo a que pudiese ser contratado por Gobiernos extranjeros ( en particular por la Unión Soviética).

Es irónico que el hombre que innovó la investigación en Matemáticas e Inteligencia Artificial muriese cuando la era de las computadoras estaba comenzando. Ya existían algunas computadoras (incluyendo la Mark II de la Universidad de Manchester); Alan Turing estuvo a la vanguardia de los avances tecnológicos que se estaban produciendo. Muchos de los escritos de Turing en los que estaba trabajando en esos momentos fueron publicados póstumamente.

Su nombre sigue siendo una leyenda en los círculos científicos y ha recibido numerosos reconocimientos y homenajes por sus logros, que son demasiado numerosos como para mencionarlos aquí. En cuanto a su otro legado, una víctima de la histeria antigay de la época, hay pocas pruebas de que su muerte tuviese un impacto inmediato. A pesar de otros casos de relevancia y de la publicación de un Informe por el Gobierno recomendando la despenalización de la homosexualidad, ésta fue considerada delito en el Reino Unido hasta 1967 (hasta 1980 en Escocia y 1982 en Irlanda del Norte). Incluso tras la aprobación de la Ley de Delitos Sexuales de 1967, se mantuvieron ciertas prohibiciones sobre actos homosexuales, y no fue hasta 1994 cuando las últimas leyes que sirvieron para condenar tanto a Alan Turing como Oscar Wilde desaparecieron finalmente de los libros. Muchos otros países siguieron el ejemplo ( incluidos la mayoría de los países occidentales), aunque la homosexualidad sigue siendo delito en muchos países del mundo.

A parte de no ser considerado delito en muchos países, la homosexualidad dejó de clasificarse como trastorno mental en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastronos mentales en su revisión de 1973. Se catalogó la homosexualidad como trastorno egodistónico, a pesar de las fuertes críticas, hasta que finalmente desapareció en la versión de 1987 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

En cuanto al uso de la terapia hormonal en el tratamiento de los delincuentes sexuales, se sigue utilizando en los casos de parafilias (especialmente en casos de pedofilia). Como alternativa a la castración física, el tratamiento hormonal ha mostrado beneficios en la reducción de la reincidencia sexual, aunque su uso sigue siendo controvertido. Mientras que la terapia con estrógenos ya no se emplea en delincuentes sexuales, sí se han utilizado agentes antiandrógenos específicos, como ciproterona acetato (Androcur) y medroxiprogesterona acetato (Provera). Debido a las quejas por efectos secundarios adversos (daño en hígado y riñones), el leuprolide acetato (Lupron) se ha convertido en el medicamento más utilizado en los últimos años. Además de la supresión de la libido, los efectos secundarios que se han indicado son: aumento de peso, letargo, mareos, cambios en el estado de ánimo, y en casos extremos, pérdida de densidad ósea. A pesar de ser voluntario, el tratamiento hormonal por orden judicial es una práctica común en países de América del Norte y Europa, y es probable que esta práctica continúe en el futuro.

El 11 de septiembre de 2011, el Primer Ministro británico, Gordon Brown, emitió una disculpa pública a favor de Alan Turing por la terrible situación que había tenido que pasar al ser tratado como homosexual. La disculpa llegó después de un petición firmada por miles de personas. El activista gay Peter Tatchell dijo que una disculpa similar se tenía que hacer con los cerca de 100.000 hombres británicos que habían sufrido un trato similar: “Hacerlo sólo con Turing porque es famoso no es lo correcto”.

Alan Turing, sin duda, habría estado de acuerdo.

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Procedencia:

http://drvitelli.typepad.com/providentia/2011/04/the-turing-problem-part-3.html

http://drvitelli.typepad.com/providentia/2011/04/the-turing-problem-part-2.html

http://drvitelli.typepad.com/providentia/2011/04/the-turing-problem.html

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