"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

¡Matemáticas en misa ya!

Reproducimos a continuación un artículo publicado el mes de diciembre de 2008 en Rebelión, sobre la enseñanza de la Religión en las escuelas públicas.

Rebelión, 12 de diciembre de 2008

religion_escuelas

Somos un grupo de docentes de todos los niveles educativos que estamos muy preocupados por el bajo nivel cultural en nuestra sociedad, los altos índices de fracaso escolar y la proliferación de telebasura.

Para salir de esta situación queremos traspasar los muros de las escuelas, los institutos y las universidades, llevando la cultura y la educación a ámbitos en los que hasta la fecha hemos estado ausentes, en los que nuestra dejadez ha privado a muchos ciudadanos del derecho universal a la cultura.

Como primer paso, queremos llegar a un acuerdo con las autoridades eclesiásticas para que nos cedan un diez por ciento del tiempo de las misas con el fin de que profesores especialistas en las distintas disciplinas puedan llegar más fácilmente a los creyentes mediante breves intervenciones didácticas.

Estamos estudiando cuál sería el momento idóneo para insertar en las misas contenidos científicos y culturales, tal vez inmediatamente después de la consagración o justo antes del padre nuestro.

Está claro que algunos feligreses podrían, con razón, objetar que ellos no tienen por qué aumentar sus conocimientos ni su cultura, ya que acuden a misa con el sólo fin de orar y escuchar la palabra de Dios.

Para solucionar este problema, y aunque pudiera parecer inconstitucional, a la entrada a la iglesia les haríamos rellenar un formulario para que manifestaran su preferencia por la religión o la cultura.

Una vez identificadas estas personas, podrían abandonar en el momento adecuado la nave principal de la iglesia y reunirse en las capillas laterales, la cripta o el salón parroquial. Con el fin de evitar agravios, estas personas podrían recibir durante ese rato charlas de carácter no cultural ni educativo pero muy relacionadas con los contenidos que se estén impartiendo en ese momento al resto de los fieles desde el altar.

Por ejemplo, los feligreses que no quieran repasar la tabla periódica, estudiarán los efectos perniciosos de los colorantes alimentarios, los que no quieran hacer ejercicios de educación física podrán ver un documental sobre la obesidad, y los que no quieran repasar los verbos irregulares ingleses podrían estudiar estadísticas sobre la importancia de hablar idiomas en el mundo moderno.

Los obispos nos han adelantado que no habría problema en computar el tiempo de cualquiera de estas actividades como tiempo equiparable al dedicado a escuchar la palabra de Dios, a la oración, a la contemplación, la penitencia o a la caridad y en ningún caso podrá discriminarse el acceso a la salvación eterna a los fieles en razón de sus preferencias religiosas o educativas.

Tampoco han puesto la más mínima objeción a la aparente contradicción derivada de que el contenido de las misas esté basado en la fe y las creencias, en contraste con la naturaleza científica y académica de los contenidos que habitualmente impartimos en las aulas.

En un primer momento, las clases se impartirían sólo durante las misas obligatorias de los domingos y fiestas de guardar, para más adelante extenderse a otros actos religiosos de asistencia no obligatoria como bautizos, bodas, comuniones, funerales, ejercicios espirituales, ordenaciones sacerdotales e incluso ceremonias de canonización o beatificación.

Pero, ¿de dónde saldría el dinero para pagar al profesorado que trabaje los domingos? Sin duda alguna de los donativos que los fieles depositan en los cepillos, del porcentaje de impuestos destinados al sostenimiento de la Iglesia Católica o, en general, de los presupuestos de la Iglesia.

Para garantizar la calidad de las enseñanzas impartidas, nuestra asociación gestionaría directamente el dinero aportado por la Iglesia y con él contrataría a profesores de sólida formación pedagógica y científica que se encargarían de impartir las clases durante las misas.

Naturalmente, dado el carácter eminentemente laico de las clases, no dudaríamos en despedir fulminantemente a aquellos profesores que no mantuvieran una coherencia laica entre su vida profesional y personal haciendo cosas como casarse por la iglesia, acudir a misa semanalmente o participar en cualquier tipo de actos religiosos.

Finalmente, llevaremos nuestras negociaciones hasta el mismo Vaticano, con cuyas autoridades firmaríamos un concordato que garantizara la continuidad de nuestra noble tarea docente en las iglesias durante los años venideros.

Entre tanto, puedes hacer llegar nuestra propuesta educativa a docentes, padres, alumnos, políticos, sindicalistas, medios de comunicación e incluso a las autoridades eclesiásticas. Tal vez así contribuyamos a que se entienda mejor lo que está ocurriendo en relación con la enseñanza de la religión en los centros sostenidos con dinero público.

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3 comentarios

  1. Una auténtica delicia disfrutar de tal ejercicio literario de sarcasmo. Como creyente, es una suerte de vez en cuando contar con una lectura que le recuerde a uno lo inculto que es en razón de su fe y creencias personales. Al igual que todos los creyentes, de cualquier religión, que existen y han existido sobre la faz de la tierra, me siento agradecido por haberme recordado nuestra inferioridad a nivel cultural. Todo el mundo sabe que todas las aportaciones al bien de humanidad han venido de parte del ateísmo, el agnosticismo y la indiferencia hacia la religión. Las personas creyentes jamás han aportado nada, dada su indiferencia cultural. No me extraña que la preocupación por el bajo nivel cultural en nuestra sociedad, los altos índices de fracaso escolar y la proliferación de telebasura les haya llevado ustedes a encontrar el factor clave de tal situación: la religión católica, y más concretamente la estupidez de la misa. Es evidente que casi todos los menores de este país acuden frecuentemente a misa y que todos se matriculan en clase de Religión. Y es evidente que son aquellos alumnos que no cursan esta abominable materia los que tienen un mayor nivel en todos los sentidos. Ahora bien, su propuesta de ocupar un 10% de la misa (algo exagerado en comparación con el 4%-6%, dependiendo de cursos y comunidades autónomas, con que cuenta la Religión en el horario escolar) con intervenciones didácticas de múltiples materias, mientras hay otras personas encargadas de los mismo pero en sentido contrario en los centros educativos, no me parece lo más eficiente. Sería mucho más práctico para todos retirar directamente la asignatura de Religión de la Escuela Pública. Eso ahorraría además el salario de todos los profesores de dicha materia, gente cuyo nivel cultural, profesional y humano es deplorable, no aportando más que ignorancia a los alumnos que, voluntariamente, se matriculan año tras año en sus clases (muy por encima del 50% en el global de nuestro país). A las familias que quieran que sus hijos reciban los conocimientos de esta materia (conocimientos, no adoctrinamiento, para eso está la catequesis), se les dirá que se busquen la vida, que es por su bien, que ellos viven engañados y que lo mejor para sus hijos es que no conozcan nada de la religión. Es sabido por todos que cuanta mayor ignorancia en cuanto a los asuntos religiosos y las religiones, más razonable, moderado y tolerante se vuelve el individuo ante tales cuestiones. Por ello, lo mejor sería optar por la desaparición de la religión e la escuela pública. Pero claro, como siempre, nuestro papis a la cola de Europa. Allí ya países como Hungría y la República Checa funcionan de esta manera. Y Francia, que estuvo a punto de caer hace unos años en el error de la asignatura Religión, cuando asesores del presidente socialista recomendaron la introducción de una materia sobre la Religión en los centros públicos. Consideraban, estúpidos ellos (seguramente adictos a la misa), que una formación integral, un conocimiento global sobre el mundo, no podía darse sin el estudio de la religión/es. Menos mal que, con la llegada de Hollande imperó la cordura. Sin embargo otros países no sólo insisten en su error, sino que han hecho de la Religión una asignatura obligatoria. Más o menos la mitad de los países de la Unión Europea son culpables de ello. Extrapolando las conclusiones del análisis que ustedes han realizado, podemos ver cómo en Finlandia el bajo nivel cultural y el fracaso escolar masivo imperan. Se debe, sin duda, a la obligatoriedad de los alumnos de cursar la asignatura de Religión. La situación más precaria de la asignatura de religión se da, curiosamente, entre los países del sur de Europa, con alguna excepción.
    En fin, como padre que paga los mismos impuestos que los miembros de esta asociación, tengo el perfecto derecho a que mi hijo reciba la formación académica que yo desee. Y en tal formación académica no puede faltar el estudio de la Religión o las religiones. Y ello independientemente de mis creencias personales. La asignatura no entra en las creencias personales (o no debería), de tal manera que yo (coincidiendo con las declaraciones de un diputado socialista francés) elegiría el estudio de la Religión para mis hijos incluso siendo ateo. El estudio del marxismo no me llevó a una adhesión personal a él, aún cuando mi profesor de Historia era claramente poco neutral en sus explicaciones… Lo mismo ha de ocurrir con esta materia que nos ocupa: el hecho de que haya profesores ciertamente, por ser suave, “mejorables”, no debe llevarnos a una postura contra la asignatura. Tampoco mis opciones y creencias personales deben entrar en esta discusión. Lo que hay que pensar es si el estudio de la Religión aporta algo al conocimiento global de las cosas y del mundo para un alumno, y si sirve para complementar el resto de saberes. El ser humano siempre se ha sentido fascinado por la Religión, que nunca ha estado al margen de cualquier discusión humana. En cualquier país, en cualquier momento. Lo que sí es necesario es repensar cómo debe ser la enseñanza de la Religión en la escuela, cuál debe ser el papel y status de sus docentes, etc, etc. En ello soy tan crítico, o más, que ustedes. Sin embrago, mucho me temo que detrás de esto se haya un intento más de arrinconar a los que no piensan ni creen lo que creo yo, porque molestan y son inferiores. Y porque este país estaría mejor sin ellos. Es decir, tolerancia absoluta y debate abierto. ¿Esto aportará algo a las generaciones venideras? ¿Es imposible que vivamos juntos, con nuestras diferencias de todo tipo? ¿Acaso, por ser creyente, tendré que pedir a todos mis amigos que recen el rosario o lean la Biblia? ¿No puede tener un ateo un amigo que va a misa? ¿No puede tener un creyente un amigo que critica a la Iglesia y no cree en Dios? ¿Qué mundo queremos construir? Es un camino peligroso el que posturas como la suya están abriendo. No son los primeros que lo han intentado. En el país de mi mujer, las personas que se descubrían cristianas no podían viajar, ir a la universidad, se les requisaban sus posesiones, y tenían menos derechos. Sin duda, un mundo mucho mejor. Para algunos. Vayan ustedes a ese país hoy y digan que el cristianismo no trae más que desgracias e incultura, y que el ateísmo es el salvador de los pueblos. Verán con que cara le responden, tras lo que han vivido.
    Les deseo lo peor en su propuesta, y lo mejor en lo personal.

    • Con lo bien que iba usted durante la primera parte de su discurso, incluso llegué a sentir un regodeo edificante,no sé si decir casi Religioso, para luego a mitad de párrafo darle la vuelta a la tortilla y acabando con esa ya conocida y caduca propuesta, que es lo que la mayoría seguimos sufriendo, sin que de nada valgan razones, tan bien expuestas por usted al principio. Ni siquiera creemos que se trate de una cuestión de Religión sí o Religión no en las escuelas, sino de poder: el hueco que la Iglesia Católica, y otras iglesias sean del signo que sean, quiere compartir junto al Estado, Instituciones y otros poderes. Bien es sabido, que Dios, el Estado y el Dinero son la misma cosa, y que entre ellos amasan favores.
      Un cordial saludo,
      Zenón

  2. fELICITACIONES, ESO ES “HACER” , “ACTUAR” , la ignorancia es consecuencia de muchas cosas, indolencia societal, voluntad politica, eogoismo etc etc. Un saludo y muy buena idea y acción

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