"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Ruinas modernas: una topografía de lucro

CLARA BLANCHAR, 7 oct 2012 EPS

Julia Schulz-Dornburg (1962): Ruinas modernas.Una topografía de lucro (2012)

Editorial Ambit

Ruinas modernas: topografía del lucro es un inventario fotográfico de la construcción especulativa en España. Se retratan parajes ocupados por urbanizaciones abandonadas…

Véase también: http://tochoocho.blogspot.com.es/2012/07/julia-schulz-dornburg-1962-ruinas.html

Cicatrices de ladrillo

Urbanizaciones abandonadas que son testigos mudos de la resaca de la fiesta inmobiliaria en España.Alrededor de un millón de viviendas nuevas sin vender dibujan una topografía del lucroAlrededor de un millón de viviendas nuevas sin vender dibujan una topografía del lucro

Hubo un tiempo en que en España se construyeron urbanizaciones pensadas para que los pilotos aparcaran la avioneta en su jardín, pistas de esquí junto a pueblos de 103 habitantes, urbanizaciones para 10.000 personas en pueblos de 2.000 almas. No hace tanto de eso: cuatro o cinco años, igual seis. Proyectos que se tramitaron y autorizaron en sucesivos despachos, que lograron financiación y se comenzaron a construir. Algunos casi se acabaron. Pero la burbuja inmobiliaria estalló y nunca nadie los ha habitado. La fotógrafa y arquitecta Julia Schulz-Dornburg (Múnich, 1962) ha recorrido España durante dos años para fotografiarlos. Un impresionante trabajo que ha recogido en un libro de título explícito: Ruinas modernas. Una topografía de lucro (editorial Àmbit). Todo empezó hace unos años, cuando se puso sobre la mesa el proyecto que prometía levantar 36 casinos en los Monegros.

“Me tenía intrigadísima el abismo entre la narrativa promocional y la realidad, entre un proyecto y su entorno, y comencé a investigar”. Folletos, foros en Internet, ferias inmobiliarias, prensa, protestas de ecologistas… hasta localizar más de cien urbanizaciones inacabadas. Con algunas topó por sorpresa durante los 10.000 kilómetros que recorrió. Ruinas modernas. En el libro solo aparecen 25 complejos, de Canarias a Asturias pasando por Castilla o Levante. “Las ruinas son lugares sugerentes: espacios entre lo que fue y lo que pudo haber sido, pero allí nunca pasó nada”. Además, cada cadáver “tiene muchas capas: la arquitectónica, económica, antropológica, sociológica, política…”. Descartó los proyectos faraónicos en los que apenas viven decenas de vecinos: “Me da pena por ellos, bastante tienen”.

Nadie tiene el catálogo completo de la borrachera en la que se metió España. Pero hay datos que indican su magnitud. El Observatorio de la Sostenibilidad ha constatado que entre 1987 y 2006 el consumo de suelo superó las 307.000 hectáreas: 44 hectáreas al día durante dos décadas. Un proceso “descontrolado de artificialización” que tuvo su “periodo más intenso entre 2000 y 2006”, justo cuando se tramitaron los planes que aparecen en el libro. En 2010, el Ministerio de Fomento cuantificaba el stock de viviendas nuevas por vender en 675.000, pero fuentes no oficiales elevan la cifra a dos millones. Otro dato significativo es que los activos tóxicos de constructores y promotores de los cuatro bancos nacionalizados (los candidatos a constituir el grueso del banco malo) suman 75.000 millones de euros.

“Probablemente, el mejor inventario de urbanizaciones abandonadas sea el trabajo de Julia”, apunta Francesc Muñoz, geógrafo de la Universidad de Barcelona y director de la colección a la que pertenece el trabajo

Palabra y paisaje de la editorial Àmbit. El experto acuñó el término “urbanalización”, que se refiere a la “banalización” de los centros urbanos de las ciudades turísticas (cortados todos por el mismo patrón, a base de franquicias de marcas internacionales). También firmó el estudio que reveló que en Cataluña, entre 1985 y 2005, se construyeron cinco casas cada hora. “El libro pone nombres y apellidos a una realidad que está pasando, y muestra algo insólito: un nuevo paisaje surgido en menos de diez años, que se extiende por todo el país y con el que nadie sabe qué hacer”.

Schulz-Dornburg ha dedicado dos años al proyecto. Dos agostos enteros y todos los fines de semana y puentes viajando. Con Javier Ventosa, su pareja, ejerciendo de chófer, asistente y maestro en el arte de distraer a los vigilantes de seguridad para que la fotógrafa pudiera colarse en las ruinas. Muchas veces las encontró saqueadas, sin grifos, tuberías, ventanas… Como arquitecta educada en Alemania, a Schulz-Dornburg le interesa mucho “el contexto”, y las urbanizaciones del libro simbolizan “la desconexión total”. “Hay paisaje y construcciones, pero ¿es urbanismo o qué es?”, pregunta. “Todas estas urbanizaciones tienen muchos responsables, ¿cómo pudieron pasar por tantas manos y que nadie lo parara?”.

Pese a los interrogantes y lo fácil de juzgar la absurda orgía de cemento, las imágenes, tomadas al amanecer, son amables. Poéticas. “Intentan seducir. Yo soy muy romántica y me lo he pasado bomba, no podía vivir dos años con el mal rollo de hacer fotos de denuncia, me habría deprimido”. La fotógrafa y su asistente tuvieron que vérselas con vigilantes aburridos, malhumorados y hasta chorizos. Como los que les persiguieron y les robaron un portátil del coche, que dejaron abierto.

Schulz-Dornburg ha estructurado su trabajo en cuatro bloques, que responden a tipologías de proyectos. Ensanches que dan continuidad a una trama urbana; planes urbanísticos faraónicos que doblan los asentamientos existentes; ciudades enteras asentadas al margen de los núcleos más próximos, y, por último, “universos de ocio, la ida de olla total”, como el complejo de aventuras Meseta Ski, en Villavieja del Cerro (Tordesillas, Valladolid); el Reino de Don Quijote (Ciudad Real), o la segunda fase de Marina d’Or: 141.000 habitantes previstos en los municipios de Oropesa (10.000 habitantes) y Cabanes (3.000).

Los bloques los introducen textos del geógrafo Oriol Nel·lo (“cada sociedad tiene el paisaje que le corresponde”), el filósofo Rafael Argullol (“nuestra democracia ha sido tan débil y tan poco vigilante”), el escritor Jordi Puntí (“un bestiario urbano de los años en que lo imposible no existía y la especulación hizo metástasis por todo el territorio”) y el arquitecto Pedro Azara (“las ciudades de vacaciones son presentadas como obras de ficción”).

De cada proyecto, la autora aporta además un plano que lo sitúa junto al municipio de referencia, una imagen aérea y una ficha técnica con la cronología del planeamiento, superficie y viviendas previstas, propietario o promotor y qué llevó a su estado actual. Lo más llamativo es la suntuosidad del nombre de las promociones y el eslogan con el que se vendían. “Monte Aledo Resort. Ocio, termalismo y una playa en plena montaña”.

“Campo de Vuelo Residential. ¿Qué piloto no ha soñado con aterrizar sobre la pista de su comunidad y guardar su avión en su propio jardín?”. Schulz-Dornburg hojea el libro, se detiene en montañas rebanadas como un queso tierno, hileras de chalés tomados por la maleza, calles con farolas que no iluminan nada, y reflexiona: “A veces piensas: ¿pero qué se han tomado? ¿Quién pudo hacer estos planos?”.

Del salto del papel al estallido de la burbuja habla también el presidente de la Unión de Arquitectos Urbanistas de España, Josep Maria Vilanova. “Borrar un proyecto en papel es fácil, pero esto… Habría que hacer un censo y ver caso por caso: reaprovechar o bien destruir y desurbanizar, porque la mayoría son inviables, aunque esperar que lo hagan los municipios es como pedir la luna”. Vilanova asegura que los mayores desaguisados se han permitido en comunidades autónomas donde los Ayuntamientos pueden planificar sin tener en cuenta una escala más general. “La libertad que se daba a municipios y promotores no tenía contrapeso” en comunidades como la valenciana o Murcia. Y de nuevo la responsabilidad: “Detrás de todo esto hay muchos culpables: técnicos, políticos, promotores, entidades financieras… Las complicidades fueron muchas”.

El presidente de los arquitectos advierte de que la realidad sobre la que ha puesto el foco Schulz-Dornburg “preocupa mucho a los arquitectos, un colectivo que, en general, ni ha participado, ni está de acuerdo con lo que ocurrió”. La autora no descarta revisitar los cadáveres dentro de unos años. Antes concluye que no aprendemos: “Tenemos sobre la mesa Eurovegas en Madrid y Barcelona World en Tarragona… Todo vale, donde sea”.

Procedencia: Ecologistas en Acción

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