"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

La acidificación de los océanos (I)

Por Brita Belli. E – The Environmental Magazine , 13 de junio de 2012

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 Como siguen aumentando las emisiones, los océanos del mundo se están volviendo más corrosivos, amenazando los corales, los crustáceos y toda la red alimentaria de los océanos.

Restos de coral muerto en las Islas de las Perlas en Panamá. La acidificación de los océanos contribuye a la muerte de los corales © Davey Kline

Casi todos los días se puede encontrar a Bill Dewey calzado con unas botas altas hasta la cintura inspeccionando las almejas de Manila que cría en su granja de almejas en Washington, Chuckanut Shellfish. En virtud de un acuerdo con el Estado, Dewey posee 32 hectáreas de esteros. A diferencia de las granjas instaladas en tierra, sólo puede cosechar cuando la marea se retira, dejando en una distancia de más de un kilómetro y medio de marismas los moluscos al descubierto. Recoge las almejas con ayuda de una antigua máquina empleada en el cultivo de tulipanes que lleva a bordo de su barco, el Clamdango.

El trabajo que realiza en las marismas, a menudo llevando a su hijo y al perro, es el cumplimiento de un antiguo sueño de Dewey, un recolector de mariscos durante más de 30 años, siendo también director de comunicaciones de la empresa Taylor Shellfish Company. Entre las actividades que realiza Taylor, se encuentra el cultivo de ostras, almejas, mejillones y la almeja generosa, una almeja gigante de puede llegar a alcanzar los tres pies de largo, en un espacio de 1900 hectáreas en una zona de esteros. En total, en el conjunto de todo el Estado, hay unas 47.000 hectáreas de tierras oceánicas que tienen denominación especial y es así porque “Washington lidera dentro del país la producción de mariscos en piscifactorías. En otras parte del país, normalmente hay que arrendar la tierra al Estado. Los bancos son menos proclives a prestar dinero a las empresas que dependen del arriendo de tierras”.

El marisqueo comercial constituye una actividad que representa dos tercios de la mayor parte de la industria acuícola del país. Así lo indica el Servicio de Pesca de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que propone aumentar la producción de productos procedentes del mar, señalando que los estadounidenses consumen gran cantidad de pescados y mariscos, debiendo importar el 86% de los mismos, creando un déficit comercial que supera actualmente los 10, 4 mil millones de dólares, sólo superado por el petróleo en lo que se refiere a los recursos naturales. En el noroeste del Pacífico, la industria de los mariscos aporta 270 millones de dólares al año en el conjunto de la economía regional y emplea a más de 3200 personas. Y cuando el cultivo de la ostra falla en los criaderos y granjas del Noroeste, los efectos sobre la industria son devastadores.

Una historia de mariscos

Oyster recoge marisco en Willapa Bay, Washington
© Foto por David Kline

Durante siglos, los mariscadores han cultivado ostras en la Bahía Willapa de Washington, un gran estuario, poco profundo, separado del océano Pacífico por la Península de Long Beach. Las cálidas aguas de la bahía son especialmente adecuadas para el cultivo de ostras del Pacífico, que se identifican por su concha con estrías de color morado, y un interior de color blanco, con un solo músculo, en ocasiones de color oscuro, de acuerdo con la información de Fish and Wildlife Service de Estados Unidos. Las ostras se importaron desde Japón hasta la costa oeste de Estados Unidos, en 1903. “Puget Sound y las aguas de Washington son un poco más frías que las aguas de donde procede la ostra, en Japón”, dice Dewey. “Por lo tanto, no se reproducen muy bien aquí. A excepción de unas pocas áreas, de las cuales la bahía de Willapa es una de ellas. La reproducción natural no es muy fiable de un año a otro. El agua tiene que tener una temperatura de unos 72º F ( unos 22 º C) y permanecer durante tres semanas para que las ostras desoven”.

A partir de 2005, las ostras de esta bahía, que destaca por su paisaje natural, dejaron de reproducirse. Nunca más se han reproducido desde entonces. En 2006, las otras cultivadas del Pacífico hicieron lo mismo. En las salas de incubación, el desove se produce durante todo el año en los tanques de acondicionamiento donde se vigila la temperatura y los niveles de algas se controlan.

Tanto Mariscos Taylor como el vivero de Whiskey Creek en Tillamook, Oregon, fueron testigos de las mortandad de las larvas de ostras, algo imposible de explicar y que se prolongó durante años. En un principio se sospechaba de una bacteria conocida como Vibrio tubiashii, pero incluso después de instalar caros sistemas de filtración en Whiskey Creek, las larvas de las ostras siguieron muriendo. En 2008, Whiskey Creek, que por sí sola producía el 75% de todas las larvas de ostras utilizadas por los productores de ostras de la Costa Oeste, había perdido el 80% de las larvas de ostras. Mariscos Taylor había perdido el 60%. El agua de mar que se estaba bombeando en los criaderos era corrosivo. Las aguas profundas del océano suben a la superficie después de que los vientos del norte soplen en la costa de Washington, trayendo el aguda ácida a la superficie. Los mariscadores estaban experimentando impactos devastadores por la acidificación de los océanos ante de que los investigadores pudieran anticiparse. Con el apoyo de la senadora Maria Cantwell (D-WA), sensores de acidificación se instalaron en 2010 cerca de los criaderos de Washington. Esto combinado con el servicio combinado de Observación de los Océanos (IOOS), las boyas de medida de velocidad del viento instaladas por la NOAA, se realiza un seguimiento de la acidez del océano, y se pueden predecir las surgencias que provocan el aumento de la acidez, en tiempo real.

Marcos Wiegardt, co-propietario de Whiskey Creek, dijo: “ Poner una boya en el agua es como poner los faros en un coche”. Y añade Dewey: ” De repente pudimos ver las características de esta agua que nos llega a través de la tuberías. Y los resultados fueron reveladores. Vimos que los niveles de pH, que generalmente tienen un valor de 8,2 ahora habían bajado a 7,5. Esta diferencia para las ostras supone la vida o la muerte”.

El productor de marisco Bill Dewey © Bill Dewey / NOAA

 Cuando el agua acidificada entra en las salas de incubación produce la disolución de las conchas de las ostras, que están en su período crítico de formación. Las ostras y otros mariscos, como almejas y langostas, y una multitud de criaturas marinas, entre las que se encuentran el plancton y los corales, necesitan minerales como el carbonato de calcio para la formación de sus conchas y esqueletos. Normalmente el agua del océano está llena de minerales, pero como el dióxido de carbono (CO2) ha aumentado en todo el mundo, el océano está absorbiendo cantidades crecientes de CO2, produciendo la acidificación del océano, siendo menor la disponibilidad de estos minerales.

Muchos seres vivos que consumimos tienen estas conchas de carbonato cálcico y son muy sensibles a la acidificación”, dice Richard Feely, Ph.D., científico principal de la NOAA y de Pacific Marine Environmental Laboratory (PMEL). “Sólo una pequeña variación en el pH puede provocar la disolución de las conchas. Para muchas de estas especies, las fases de larvas y juveniles son mucho más sensibles que la fase adulta. Estamos descubriendo que pueden morir muy rápidamente, incluso con los cambios que estamos observando ahora mismo”.

Absorción de las  emisiones

Durante los últimos 100 años, los niveles de carbono en la atmósfera han aumentado un 30%, pasando a 393 partes por millón (ppm). Los océanos absorben un tercio del dióxido de carbono, aproximadamente 22 millones de toneladas por día, en un proceso que Feeley compara con la adición de carbono al agua para hacer un refresco. Una vez que entra en el agua, el dióxido de carbono reacciona con las moléculas de agua y forma ácido carbónico, que libera iones de hidrógeno, que a su vez se combinan con los iones de carbonato ( lo que necesitan los mariscos), de modo que no está disponible. Normalmente, el proceso por el cual los océanos absorben el exceso de CO2 es beneficioso para mantener el calentamiento global bajo control. “Con el tiempo, durante varios miles de años, el océano retendrá del 85 al 90% de todo el carbono que se libera”, dice Feely. “Creíamos que era algo positivo. Sin embargo, la acidificación se está produciendo de forma acelerada, y está acelerando un proceso de cambios profundos en el océano”.

 Un estudio publicado en marzo de 2012 encontró que la acidificación de los océanos podría estar aumentando con más rapidez de lo que lo hubiera ocurrido durante las cuatro mayores extinciones de los últimos 300 millones de años. El único período de tiempo que remotamente se parece a los cambios que se están produciendo hoy en día en los océanos, basándonos en los registros geológicos, fue hace 56 millones de años, cuando misteriosamente se duplicó la cantidad de carbono en la atmósfera, las temperaturas globales aumentaron alrededor de 6 grados y el pH de los océanos se redujo drásticamente, lo que aumentó la acidez de los océanos, causando una extinción masiva de los organismos marinos unicelulares. Es probable, conjeturan los investigadores, que también desaparecieran los organismos superiores como consecuencia de esto. Durante ese período de extinción, los niveles de pH en los océano cayó hasta un valor de 4,5. En los últimos 100 años, el pH del océano ha variado en 0,1 unidades, 10 veces más rápido que durante el período de extinción y podrían caer otras tres décimas a finales de este siglo, si las predicciones de Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático son correctas. Esta caída del pH, dice Feely, “aumentaría la acidez de los océanos entre un 100% hasta un 150%. Es un cambio dramático”.

Un coral sano al lado de otro decolorado y muerto © Bill Dewey

La mortandad que se está produciendo en las ostras es probable que sólo sea la primera señal de los significativos impactos que las emisiones de carbono están teniendo y tendrán si no las ponemos freno. Tomemos, por ejemplo, el pterópodo o mariposa de mar. Estos pequeños caracoles marinos que parecen alas, traslúcidos y de una gran belleza, son esenciales en la red alimenticia oceánica. La acidificación del océano supone una amenaza en la capacidad del pterópodo para formar sus frágiles conchas, poniendo en peligro a una gran variedad de peces de importancia comercial, ya que se encuentra este caracol dentro de su dieta. Entre ellos se encuentra el atún de aleta amarilla, el salmón, el arenque, así como mamíferos como las ballenas, las focas anilladas y las aves marinas. El científico Gretchen Hofmann, de la Universidad de California en Santa Bárbara, dijo de los pterópodos a la United Press Internacional: “ Estos animales no son carismáticos, pero tienen tanta importancia como los pingüinos o los osos polares. Son precursores de un cambio. Es posible que en el año 2050 no sean capaces ya de formar sus conchas. Si perdemos estos organismos, el impacto en la cadena alimenticia será catastrófico”.

El colapso de los corales

Los corales también se enfrentan a la amenaza directa de la acidificación del océano, que como hemos visto sustrae los iones de carbonato presentes en el agua del océano, obstaculizando su capacidad para formas sus esqueletos. Davey Kline, Ph.D., experto en la ecología de los arrecifes de coral de la Universidad de Queensland, Australia, comenzó a bucear en el Caribe en 1997 y dice que en aquellos tiempos “todavía tenía una gran belleza, y los arrecifes presentaban una amplia cobertura. Los corales más grandes se parecían a árboles gigantescos, formando una especie de bosque. Pero en los 10 años que llevo trabajando en el Caribe, he comprobado la desaparición de los corales. Y lo que antes tenía formas muy diversas, con estructuras tridimensionales, ahora se ha convertido en un lecho de algas marinas. Cuando los corales hayan desaparecido, la mayoría de los peces también lo harán y sólo quedará un montón de algas urticantes, muy desagradables”.

 


Davey Kline, Ph.D., experto en ecología de los arrecifes de coral de la Universidad de Queensland, Australia. © David Kline

 

http://axisoflogic.com/artman/publish/Article_64621.shtml

 

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