"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Las monjas, el mayordomo y el Papa

por Christopher Brauchli, 10 de junio de 2012

Common Dreams

 

 “ Cualquiera puede ser Papa, y la prueba de ello es que yo me he convertido en uno”.

Papa Juan XXIII en “Carta a un joven”

Es dos por tres. A pesar de lo que pudiera parecer hay cosas que pueden trastornar al Papa Benedicto XVI. Los abusos cometidos contra los niños no es una de esas cosas, La cuestión de las monjas y los comentarios de prensa sobre una guerra intestina en el Vaticano es una de ellas. La indiferencia de Benedicto XVI a las cuestiones de abusos sexuales el algo bien conocido. El cardenal Bernard Law sirve de ejemplo en este sentido.

El cardenal Law fue arzobispo de Boston desde 1984 a 2002. Durante su mandato, muchos sacerdotes bajo su supervisión tuvieron una conducta inapropiada con los niños. Aunque habló sobre los abusos, no tomó medias contra esta situación. En diciembre de 2002, presentó su renuncia al cargo de cardenal y tuvo que dejar la casa de 20 millones de dólares propiedad de la Iglesia en la que vivía humildemente, como corresponde a un hombre de su talla. La casa fue vendida para ayudar en el pago de las sentencias dictadas en contra de su diócesis, a causa de los abusos sexuales. Dos años más tarde, el Papa le nombró arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas más importantes de Roma, donde estuvo a cargo de la administración de la basílica. El arcipreste recibe un estipendio mensual de unos 4000 euros mensuales, una cantidad que le permite vivir caminar humildemente con su Dios, sin embargo, ha sabido apañárselas. Al enterarse de que un abogado de Boston, Mitchell Garabedian, estaba actuando en representación de más de 130 víctimas de abusos sexuales bajo la supervisión del cardenal Law, dijo: “El Vaticano, o bien no entiende el problema de los abusos sexuales del clero, o bien le tiene sin cuidado”. Nadie puede decir lo mismo de los recientes acontecimientos. Al Papa se le ve claramente preocupado. Uno de los problemas está relacionado con la Administración y el otro con las monjas.

En enero de 2012, se filtraron documentos a la prensa ( quizás por parte del mayordomo del Papa), en los que se divulgaban, entre otras cosas, las luchas por el poder para la gestión del Banco del Vaticano y la corrupción en la adjudicación de contratos, con un coste para el Vaticano de varios millones de euros. En respuesta a las filtraciones, el Papa Benedicto XVI se mostró lo suficientemente preocupado como para nombrar una comisión de cardenales que investigase las filtraciones, pero también culpó a los medios de comunicación por difundir el escándalo. Al final de la Audiencia General del pasado 31 de mayo dijo: “Sin embargo se han difundido diversas conjeturas, amplificadas por los medios de comunicación, conjeturas totalmente gratuitas, que van más de los hechos y que presentan una imagen totalmente distorsionada de la Santa Sede”. Y para perturbar aún más a Benedicto sobre la corrupción del Vaticano mostrada en los medios de comunicación, aparecen unas extravagantes monjas renegadas en los Estados Unidos.

En abril de 2012, el Vaticano anunció que había iniciado una ofensiva contra la Conferencia por el Liderazgo de las Mujeres Religiosas (LCWR), una organización de monjas que representa alrededor del 80% de las 57.000 monjas de los Estados Unidos. De acuerdo con el comunicado que fue emitido por la “Congregación para la Doctrina de la Fe” (CDF), después de una investigación de dos años, las monjas de la LCWR “han concentrado sus esfuerzos en servir a los pobres y marginados, mientras que se han mantenido prácticamente en silencio en los asuntos que la Iglesia considera los grandes males de la sociedad: el aborto y el matrimonio homosexual. Las monjas también contradicen las enseñanzas de la Iglesia, ya que nunca revocaron una declaración de 1977 que cuestiona el sacerdocio exclusivamente masculino”.

La investigación de esta Conferencia será dirigida por un grupo de hombres, al frente de los cuales se encuentra el arzobispo de Seatle, Peter Sartain, que pasará cinco años para reformar la Conferencia LCWR, revisando “sus planes y programas y su relación con otros grupos que el Vaticano considera sospechosos”. Los hombres que revisarán los estatutos de la congregación, examinarán a los portavoces y las publicaciones y abordarán las declaraciones públicas de la LWCR con las “que no están de acuerdo o con las posiciones que retan las posiciones de los obispos, auténticos maestros de la Iglesia en fe y moral”. Las monjas de la LWCR no son las únicas mujeres a las que los hombres de la CDF han puesto en el punto de mira. La hermana Margaret Farley, y lo que dicen sus escritos, es la otra.

 

 La hermana Farley fue presidenta de la Sociedad Teológica Católica de América y Profesora emérita de Ética cristiana en la Escuela de la Divinidad, en Yale. En 2006 escribió un libro sobre la sexualidad, que la oficina de la doctrina del Vaticano se decidió a leer en 2010, momento en el que mostró su desacuerdo, diciendo que el libro había sido “causa de confusión entre los fieles”. Fue algo muy molesto para los hombres de la CDF, que tardaron dos años en revisar el libro, no por su interés lascivo ( aunque The New York Times dice que tiene varios pasajes subidos de tono), sino por su deseo de ser exhaustivos. La conclusión de su estudio sobre el libro de Farley apareció en diciembre de 2011 y decía que “la hermana tenía una concepción defectuosa” de la teología católica. En marzo de 2012, Benedicto XVI aprobó el informe y el 4 de junio de 2012, se censuró formalmente el libro, señalando que “no es coherente con la teología católica auténtica”.

La hermana Margaret Farley, autora de un libro sobre ética sexual

 Uno puede estar seguro de que las monjas están agradecidas por la guía ilustrada que los hombres del Vaticano les ha dado. Lo cierto es que eran las evidencias que necesitaban para mantenerse en su empeño: el por qué las mujeres no pueden ejercer el sacerdocio.

Christopher Brauchli es columnista y un conocido abogado por su trabajo. Graduado por la Universidad de Harvard y por la Universidad de Colorado School of Law, donde formó parte del Consejo de Redacción de la Revista Rocky Mountain Law Review. Pueden visitar su página web: http://humanraceandothersports.com

http://www.commondreams.org/view/2012/06/10-1

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