"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Banco Mundial: ¿Una disminución de la pobreza en el mundo?

Por Adam W. Parsons, 17 de marzo de 2012

DissidentVoice

Evolución de la tasa de pobreza a nivel mundial, 1981-2008 (Banco Mundial)

Usted está perdonado si no ha oído últimamente las buenas noticias difundidas por el Banco Mundial: que el número de personas que viven en  una pobreza extrema ha disminuido en casi todas la regiones del mundo en desarrollo.

De acuerdo con las últimas estimaciones de la pobreza en el mundo, tanto el porcentaje de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día y de pobres se redujo entre 2005 y 2008, siendo la primera vez que se ha producido una reducción lineal desde que el Banco Mundial comenzó a hacer un seguimiento del nivel de pobreza. No sólo eso, sino que las estimaciones preliminares indican que la proporción de personas que viven en una pobreza extrema disminuyó entre 2008 y 2010, incluso a pesar de las crisis financieras mundiales y el aumento del precio de los alimentos. En el año 2010, parece que el índice de pobreza situada en 1,25 dólares por día se redujo a menos de la mitad de la tasa de 1990, lo que significa que las Naciones Unidas han cumplido con las metas del Milenio (ODM) para reducir la pobreza extrema a la mitad, lo que se ha conseguido, cinco años antes de lo previsto. Esto es un motivo de sentirnos alegres, ¿o no?.

Para responder a este pregunta, primero tenemos que entender por qué las estadísticas del Banco Mundial sobre la pobreza son tan importantes, y no solamente por indicar el número de personas pobres en el mundo. El Banco Mundial es el único organismo que ofrece cifras mundiales sobre la pobreza, y no es ningún secreto que a menudo se utilizan los datos para apoyar la idea de que la liberalización y la globalización están contribuyendo a reducir la pobreza en el mundo. En otras palabras, una reducción de la pobreza en el mundo sirve como excusa para defender las políticas neoliberales del Banco, favoreciendo el crecimiento económico y el libre mercado, haciendo caso omiso de la lucha contra la pobreza. Desde el año 2000, cuando se establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el Banco Mundial siempre ha pintado un panorama optimista de la situación de la pobreza en el mundo. Algunas personas podrían sugerir que se trata de una conspiración, pero simplemente se trata de una justificación ideológica del actual Régimen de Economía Global para su mantenimiento. En tanto que los Objetivos de Desarrollo del Milenio están presentes y la pobreza mundial tiene tendencia a bajar, entonces el Banco Mundial puede realizar una defensa permanente de las políticas neoliberales, siendo aquella su justificación.

Esta controversia sobre la forma de medir la pobreza en el mundo no es nada nuevo, alcanzando su mayor nivel de discrepancia en el año 2003, cuando los economistas, tanto de derechas como de izquierdas, desafiaron sobre la validez de los cálculos del Banco Mundial. Por un lado los defensores del libre mercado ( en particular Xavier Sala-i-Martin de la universidad de Colombia y Maxim Pinkovskiy de MIT) han argumentado que las estimaciones del Banco son exageradas, en cuyo caso los efectos de la globalización son aún más beneficiosas de lo que el Banco establece.

Por otro lado, economistas con un perfil que se acerca al Movimiento de Justicia Glogal ( en particular el economista y el filósofo Sanjay Reddy y Thomas Pogge) que argumentan que el Banco utiliza una metodología defectuosa de manera que sus estadísticas no son fiables y que posiblemente reduzcan hasta en un 40% el número de pobres. Aunque los principales economistas que trabajan para el Banco Mundial han contestado a estas críticas y modificado su metodología en estos años, muchas de las cuestiones están sin resolver y proyecta quizás una imagen distorsionada sobre la realidad de la pobreza en el mundo. Repasando algunos blogs y artículos críticos, merece la pena atender a algunas de las cuestiones que plantean.

Giro positivo según el Banco Mundial

Tomando las últimas cifras del Banco Mundial en su valor nominal, cabe preguntarse si se trata realmente de una buena noticia en la lucha mundial de la pobreza. Como admiten los autores del informe, el progreso se debe principalmente al rápido crecimiento económico de China. Si se excluye a China, el número de personas que viven en la pobreza extrema en los países en desarrollo es aproximadamente la misma en 2008 que en 1981, alrededor de 1,1 mil millones de personas. El África Subsahariana dice el informe que ha visto reducir la pobreza extrema por debajo de la mitad de la población, por primera vez, revirtiéndose el aumento observado desde 1981. Para situar estos datos en su contexto, el número de pobres en el África Subsahariana casi se duplicó, pasando de 205 millones en 1981 a 395 millones en 2005. La tasa de pobreza extrema en la región sigue siendo del 47, 5%, con mucho la tasa más alto del mundo.

También el Banco Mundial admite que sólo se ha producido un ligero descenso en el número de personas que viven por debajo de 2 dólares al día desde principios de los años 1980, siendo el número de personas que viven en esta situación de 2,47 mil millones de personas. Se produce un marcado agrupamiento en el nivel situado por encima de los 1,25 dólares al día, con millones de personas atrapadas en la trampa de la pobreza, incluso aunque no se clasifiquen como extremadamente pobres.

Esta es la realidad de la pobreza en el mundo según el Informe del Banco Mundial: casi una cuarta parte de la población de los países en desarrollo ( el 22%) no pueden satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia, mientras que poco menos de la mitad de la población (43%) está tratando de sobrevivir con menos de 2 dólares al día. No podemos juzgar que lo dicho por el Banco Mundial sea una caída para alegrarnos, ni siquiera unas “gotas de buenas noticias”, como titulaba “The Economist.

Muchos críticos han señalado que el umbral de pobreza marcado por el Banco, que de 1 dólar al día ha pasado a 1, 25 dólares al día, es escandalosamente bajo en todos los sentidos. Vivir con estos ingresos en Estados Unidos es algo impensable, pero de acuerdo con los ajustes de “paridad del poder adquisitivo” que utiliza el Banco Mundial, sobre la base de los diferentes precios de bienes y servicios de consumo en los diferentes países- ahí es donde debe situarse. Contrariamente a la percepción popular, la media de la pobreza mundial se basa en lo que se puede comprar con 1,25 dólares al día en Estados unidos, no en países como Etiopía o Perú.

Aunque no podamos hacer nada para evitar que el Banco Mundial sitúe este nivel de ingresos para definir la pobreza extrema, es esencial utilizar un línea de la pobreza extremadamente baja para así dar un giro positivo a sus estadísticas mundiales. Como podemos ver más arriba, con 2 dólares al día como indicador de la pobreza extrema, ése sería el número de pobres entre 1990 y 2005 ( de acuerdo con la actualización de los datos anteriormente publicados en 2008). Se puede observar que ese valor es arbitrario y muy bajo, y no es indicador fiable de que la vida esté mejorando para la mayoría de pobres del mundo.

Un cálculo erróneo de los pobres del mundo

Sin embargo, estableciendo la línea de la pobreza a un nivel más alto no sería suficiente para hacer los cálculos del Banco Mundial más precisos y significativos. La forma en que se mida la pobreza seguirá siendo un tema de controversia y se pondrá en duda la lucha contra la pobreza, a pesar de que este debate está ahora ausente de los medios de comunicación. Es blanco de las críticas el uso que hace el Banco Mundial de la “paridad del poder adquisitivo (PPA)”, que muchos economistas sostienen que es un método erróneo en la comparación de los hogares de todos los países y de las monedas. Como señalan Reddy y Pogge, estos ajustes exageran la capacidad de los pobres para hacer frente a sus necesidades básicas. La forma en la que el Banco Mundial cuenta el número de pobres subestima su número real, y los datos son poco fiables. Tampoco ayuda cuando el Banco Mundial vuelve a calcular la paridad del poder adquisitivo mediante el uso de un año como base de cálculo, realizando estragos en su cálculo de la pobreza. Por otra parte, el tener pocos ingresos sólo es un aspecto de la pobreza, y hay otros factores, como la desnutrición, el acceso a servicios de salud y el de poseer un entorno razonable de vida o unas condiciones de trabajo decentes, que no se contabilizan por el sólo hecho de establecer un determinado nivel de ingresos de tantos dólares por día.

Si nos acogemos a una definición más amplia de la pobreza, incluida la privación, exclusión social y otras formas como las adoptadas en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social en 1995, la situación de hoy puede ser mucho peor de lo que establece un índice monetario de la pobreza. Por ejemplo, si se utiliza la línea de la pobreza basándose en las necesidades y medios de cada país, como el intento de Social Watch de establecer un Índice de Capacidades Básicas, el número real de personas que viven en la pobreza podría representar a la mayoría de la población del mundo en desarrollo, y no sólo los mil millones de personas señaladas. Reddy y Pogge hacen mucho hincapié en la necesidad de una metodología alternativa, basada en un “enfoque de capacidades” para definir la pobreza, como un indicador de los recursos locales suficientes para satisfacer las necesidades humanas básicas. En la misma línea, el economista David Woodward ha propuesto una línea de la pobreza basada en los derechos, un conjunto de indicadores que reflejen los derechos económicos y sociales, tales como la salud, la alimentación y la educación, junto con un nivel mínimo acordado para cada indicar que se considere moralmente aceptable.

Estas mediciones alternativas pueden presentar un cuadro menos simplista de la pobreza que los establecidos por un umbral basado en una cuantía en dólares, siendo más realista y una mejor herramienta para el establecimiento de políticas.

Los objetivos mínimos de Desarrollo

También se puede cuestionar la buena noticia de que se ha alcanzado el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio mucho antes de la fecha límite de 2015. Sólo hace un par de años , los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de pobreza y hambre parecían estar retrocediendo, cuando el propio Banco Mundial estimó que 50 millones más de personas serían empujadas por debajo del umbral de la pobreza como resultado de la peor crisis económica desde la década de 1930 – lo que equivalía a casi 100 personas cada minuto en 2009, como informó Oxfam. El Banco Mundial dice que sus nuevas estimaciones de la pobreza extrema para el año 2010 son parciales, con muy pocos datos de algunas regiones donde la pobreza extrema es más frecuente, especialmente en el África Subsahariana. Como sabemos, se han alcanzado los Objetivos de Desarrollo del Milenio principalmente porque la pobreza se ha reducido en unos pocos países, principalmente en China, Vietnam y Brasil, en menor medida en la India. Muchos países están lejos de alcanzar estos Objetivos, sobre todo los situados en el África Subsahariana.

Pero incluso si los Objetivos de Desarrollo del Milenio se han alcanzado en la reducción de la pobreza ( nunca han tenido la intención de erradicar la pobreza extrema por completo, ni siquiera a la mitad, como argumenta Thomas Pogge), debemos preguntarnos si realmente se trata de un éxito. Al ritmo actual de progreso, el Banco Mundial admite que se está aún muy lejos de situar por debajo de los 1000 millones de personas en la pobreza absoluta en 2015, que es el equivalente de más de tres veces toda la población de Estados Unidos. Al establecerse la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio marcando el umbral de pobreza en 1,25 dólares al día, implicaría que sería moralmente aceptable vivir con este nivel de ingresos, siempre y cuando no se bajase de este nivel.

David Woodward, ha hecho ver en qué pésimas condiciones de vida se encontraría uno que tratase de vivir con la misma cantidad de dinero en un país como Gran Bretaña, lo que equivaldría a que 35 personas viviesen con el salario mínimo, sin otros ingresos de ningún tipo. En los países más pobres, donde hay que pagar la asistencia social o la atención médica y la educación, la realidad es que millones de personas se mantienen en unas condiciones de amenaza de la pobreza, incluso si se consiguen los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Mientras tanto, al menos 40.000 personas siguen muriendo cada día por causas relacionadas con la pobreza. ¿Son estos unos objetivos suficientemente ambiciosos y loables para la humanidad que hay que mantener y celebrar?

Hay otras muchas razones para cuestionar la eficacia de los datos que sobre la pobreza ofrece el Banco Mundial y las virtudes de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pues incluso un análisis superficial es suficiente para ver el giro político que se esconde detrás de la reducción mundial de la pobreza: el uso de las estadísticas para reforzar débiles argumentos tiene una larga historia, y estos datos sobre la pobreza en el mundo pueden ser considerados bajo un escrutinio similar, en particular de UN-Habitat y la polémica sobre los barrios pobres y los Objetivos de Desarrollo del Milenio sobre agua y saneamiento. Esto no significa negar la veracidad de las estadísticas sobre la pobreza, o del notable éxito para establecer un umbral de la pobreza en dólares por día, y de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU para elevar el perfil de la pobreza extrema. Las últimas noticias que dicen que 663 millones de personas han salido de la pobreza desde 1990 es un logro significativo y deber ser conmemorado. Sin embargo, para valorar adecuadamente la enorme extensión de la pobreza en todo el mundo, también habría que valorar esas mejoras en función de lo que podríamos conseguir hoy en día.

No importa lo que digan las estadísticas mundiales, el hecho es que cientos de millones de personas siguen atrapadas en un estado de privación extrema, muchos de ellos en condiciones de hacinamiento en barrios marginales e insoportables en todas las ciudades del Sur. Para estas personas, que aún constituyen la inmensa mayoría de la población mundial, las promesas lejanas de la globalización nada significan en su lucha diaria por sobrevivir. El problema no es la falta de recursos globales, como lo demuestran los miles de millones de dólares que se gastan en el rescate de las entidades financieras en todo el mundo, después de la crisis económica de 2008. Se requeriría sólo una fracción de los ingresos mundiales y de los activos para erradicar la pobreza extrema en poco tiempo si hubiese la voluntad política por parte de los Gobiernos para organizar la necesaria distribución del poder y de los recursos a los pobres del mundo. Ahí es donde radica el verdadero problema: la defensa y propagación continua de las políticas neoliberales que siguen preservando los intereses de los ricos, a expensas de un mayor intercambio que favoreciese el comienzo de un mundo más justo.

Adam W. Parsons es el editor de Compartir los Recursos del Mundo (STWR), una ONG que busca la justicia económica y social, en un mundo basado en la competencia. Pueden ponerse en contacto con él en: editor@stwr.net, o visite su sitio web.

http://dissidentvoice.org/2012/03/should-we-celebrate-a-decline-in-global-poverty/

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