"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Novedades en torno al Dr. Andrew Wakefield: la cuestión de las vacunas

Por Sylvie Simon, 9 de mayo de 2013

Votre Santé

wakefield

En un comunicado publicado el 17 de abril de 2013, el Dr. Andrew Wakefield sugirió la necesidad de un debate público sobre la vacuna triple vírica, el sarampión y el autismo. Desea aclarar algunos hechos importantes, sobre todo cuando hay una epidemia de sarampión que se extiende por todo Gales, con declaraciones falsas y desinformación propagada por los medios de comunicación.

En el Reino Unido durante este mes de abril he podido leer y escuchar declaraciones e informaciones sin sentido, muchas de ellas incómodas para algunas personas: “dos millones de niños son propensos a contraer el sarampión por no haber sido vacunados”; “las vacunas juegan un papel muy importante en la salud a largo plazo de las poblaciones”; “la mala ciencia puede dañar la salud ( claro, que en este caso, la mala ciencia es la practicada por el Dr. Wakefield); “los médicos desaprueban a las madres que se niegan a vacunar a sus hijos”; “un hombre es encontrado muerte en Swansea (mientras que los médicos creen que la causa de su muerte es incierta, otros dicen que debe ser responsabilidad de la epidemia de sarampión que se extiende por la región, por lo que más tarde los medios de comunicación aseguran que esta suposición es correcta, a pesar de no existir una corroboración de la causa)”; “no se pueden conseguir más dosis de la vacuna, hay muy pocas”.

Esta es la propuesta del Dr. Wakefield:

En 1998, después de un análisis de todos los estudios previos para la aprobación de la vacuna triple vírica y su seguridad, yo recomendé el uso de la vacuna monovalente contra el sarampión, preferiblemente frente a la SPR (triple vírica: sarampión, rubeola y parotiditis). En ese momento, en contra de las falsas afirmaciones de muchos comentaristas, entre ellos Richard Horton, editor de The Lancet, y el millonario Paul Offit, que debe su fortuna a las vacunas, las vacunas monovalentes estaban autorizadas en el Reino Unido y vendidas libremente al público británico. Cuando la administración de la vacuna triple vírica disminuyó a partir de febrero de 1998, se registró un aumento en la administración de la vacuna monovalente, un hecho que nunca ha sido reconocido por la prensa. A continuación, administramos varios miles de dosis de la vacuna contra el sarampión y los niños quedaron protegidos. Seis meses después, en septiembre de 1998, el Gobierno británico retiró la vacuna de importación de las vacunas monovalentes, impidiendo así a los padres otra elección, y los casos de sarampión se dispararon en el Reino Unido.

Cuando pregunté por qué la vacuna monovalente era considerada inadecuada para proteger a los niños contra el sarampión,  Elizabeth Miller de la Agencia de Protección de la salud dijo: […] si permitiéramos a los padres la opción de elegir las vacunas monovalentes, acabaríamos con el programa de la vacuna triple vírica (SPR) en los niños.

A pesar de la declaración de David Salisbury, Director de Inmunización en el Reino Unido, que afirma que “la vacuna SPR es el epítome de la seguridad de las vacunas”, esta vacuna no es segura. Dos de los tres ingredientes presentes en la vacuna de 1998 tuvieron que ser retirados por razones de seguridad, responsables de meningitis. Los funcionarios gubernamentales aprobaron estas peligrosas vacunas -Pluserix ® e Immravax ® – a pesar de las reservas existentes en Gran Bretaña, y a sabiendas de su riesgo, del que eran conscientes. Estos funcionarios pusieron por delante las ganancias por encima de la salud de los niños, y han tratado de ocultar su vergonzosa actuación.

La vacuna SPR puede producir autismo. La prueba está en que el Gobierno de los Estados Unidos ha pagado millones de dólares por perjuicios causado en niños con autismo, producido por daños cerebrales inducidos por la vacuna. El propio Gobierno tuvo que reconocer la legitimidad de las demandas presentadas por los padres. El 13 de diciembre de 2012, un tribunal concedió varios cientos de miles de dólares a Ryan Mojabi, cuyos padres demostraron que la vacuna triple vírica había causado “daño cerebral severo y debilitante en su hijo, diagnosticado con TEA (Trastorno Espectro Autista).

Ese mismo mes, el Gobierno sufrió una segunda importante derrota cuando la joven Emily Moller de Houston fue compensada como consecuencia de una lesión cerebral relacionado con la vacuna SPR, que una vez más resultó en autismo.

Otros casos también fueron ganados en tribunales italianos y estadounidenses ( incluidos los de Hannah Poling, Bayley Banks, Misty Hyatt, Kienan Freeman, Valentio Bocca y Julia Grimes), en los que se admitió que las vacunas habían causado daño cerebral y que estas lesiones condujeron a un diagnóstico de TEA. En todos los casos, la SPR fue el único denominador común.

Un debate público e independiente es la mejor oportunidad para aclarar diversos asuntos sobre este tema. Me ofrezco para una discusión seria con cualquier otra persona sobre la seguridad de la vacuna SPR, y el papel de la vacuna triple vírica en el desarrollo del autismo”.

Después de esta declaración, no obtuvo ninguna respuesta y es algo que no debiera sorprendernos. El Gobierno siempre suelta la misma perorata:: “En Francia, hasta la década de 1980, el número de muertes por sarampión fue de entre 15 y 30, según el Instituto de Salud (la vacunación contra el sarampión se incorporó en 1983). Después de la vacunación se registraron menos de 10 muertes al año en la década de 1990, y desde el año 2000 entre 0 y 2 muertes cada año”. Una gran victoria frente a las 15 a 30 muertes anteriores. Pero hay que indicar que el número de afectados por la vacuna supera con creces los casos de muerte por esta enfermedad.

Es el momento de refrescar la memoria, ya que la vacuna ha generado mucha propaganda y desinformación. Los primeros casos se producen en África, donde los niños mueren de hambre y falta de higiene, y en el caso de Francia, hasta la llegada de la vacuna, este hecho inquietaba muy poco al mundo médico.

Recordemos la gran disminución en los casos de sarampión entre 1906 y 1983 en todos los países desarrollados, por lo que antes del inicio de la campaña de vacunación ya se había producido una disminución de entre el 97% y el 99,5% en el número de muertes debidas a esta enfermedad. Sin embargo, ignorando este hecho, las autoridades sanitarias, influenciadas por las publicaciones denominadas científicas e independientes, pero patrocinadas por los Laboratorios, atribuyeron la mejora a la administración de la vacuna.

Hay que recordar también, que antes de la vacunación se consideraba al sarampión como enfermedad muy leve ( Le Concours médical, 1976 ; La Médecine praticienne, n° 664, avril 1977) e incluso necesaria por toda la profesión médica. ( Véase: http://www.spmsd.es/vacunas/sarampion.html y lo que dice la OMS: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs286/es/).

No es hasta que se inicia la vacunación cuando la enfermedad de repente se vuelve más común y peligrosa, con graves consecuencias, incluso fatales, se dice. ¿Por qué este cambio en la postura? Simplemente porque habían aparecido las vacunas y había que venderlas. Además se publicaron cifras alarmando a la gente, por lo que incluso los adultos fueron vacunados. Esta táctica se puede ver con claridad cuando en 1998 el Ministerio de Sanidad francés apoyó la vacunación masiva contra el sarampión, siguiendo los consejos de la OMS, que sabemos mantiene una estrecha relación con las Empresas Farmacéuticas.

Y por si fuera poco, también hay quien finge ignorar que en los Estados Unidos: “La mortalidad por sarampión se ha incrementado en un 25% desde el inicio de las campañas de vacunación contra el sarampión” (Medicina y Salud, 12 de enero de 1983) [http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=13267#.UY4F50nLLgo], con un aumento muy importante de sarampión después de la vacunación en los adolescentes, con riesgo de encefalitis post-vacunación y la aparición de interrupciones en los EEG (10% de los vacunados) o con patologías (4% de los vacunados)”, según un estudio realizado por el profesor Fournier de la Facultad de Lille.

Y en el año 2006, el CDC (Centro Control y Prevención de Enfermedades) confirmó que el 89% de los niños que habían contraído sarampión estaban vacunados. [http://www.vacunas.org/es/info-publico/novedades/115617-cdc-reporta-118-casos-de-sarampion-en-los-eeuu]

En Francia, en el año 2008, se registraron 566 casos, país donde se vacuna a la mayoría de los niños y se recomienda en las escuelas (Anuario Estadístico de Francia). En resumen, a pesar de haber más vacunados, los casos de sarampión se suceden con más frecuencia, lo que plantea una serie de interrogantes.

El profesor Levy-Bruhl del Instituto de Salud confirmó:”Cuando todo el mundo está vacunado, los que contraen la enfermedad tienen que estar necesariamente vacunados” (Hola, Doctor. TV5, 4 de febrero de 2009, emisión en la que también participó el Dr. Robert Cohen, que tuvo mucho cuidado en no señalar sus relaciones con la empresa Sanofi Pasteur).

Para cerrar todo tipo de discusión, es suficiente con conocer los resultados publicados en 1995 por SmithKleine Beecham, empresa fabricante de vacunas: “Los casos de sarampión fueron 18 veces más numerosos en los Estados Unidos en 1990 (27672 casos) que en 1983, a pesar de la vacunación rutinaria contra la enfermedad desde 1978. Se identificaron 18 brotes en la población escolar, en su mayoría vacunada ( 71% a 99,8%) y no menos del 77% de los casos observados lo fueron entre alumnos vacunados. Se ha producido por tanto un fracaso, con una transformación paradójica de la enfermedad del sarampión entre los vacunados” (Vaccin Action n°1 – p. 995).

En Francia, 20 años después de la introducción de la vacuna, la Industria Farmacéutica sigue sin atender a los hechos. Ya en 2004, el Instituto de Salud hizo sonar la alarma: “¿Quién tiene la culpa? Los padres que no vacunan a sus hijos”. De modo se continuó con la campaña del miedo: “El sarampión no es una enfermedad leve como mucho quieren hacernos creer. Todos los años miles de niños mueren por esta peste y por epidemias que están a punto de resurgir. Para protegerse a sí mismos, la única solución es la vacuna”. Pero incluso su argumento principal se relaciona con la temida enfermedad panencefalitis subaguda esclerosante PESS (1 para 100.000 habitantes) que de acuerdo con Arch. Intern. Med, 1994. Or, en 1934, los doctores A. Lemierre y P. Gabriel, observaron que : “En muchos casos de sarampión, desde hace dos años, sólo hemos observado en el hospital Claude Bernard, tanto en niños como en adultos, un caso de encefalitis relacionada con el sarampión”. Sin embargo, desde que inicia la campaña de vacunación se registraron 11 encefalitis y 12 PESS, pero los servicios de salud se han cuidado mucho de informarnos de esto.

Es cierto que en el caso de sarampión hay que evaluar los factores de riesgo con los beneficios, inclinándose hacia aquellos. La vacunación general parece trasladar los riesgos del sarampión en la edad adulta hacia los niños. Venimos observando que un virus que parecía no presentar muchos problemas hace unos años, ahora expone a la población a una epidemia en aumento.

En 1995, la revista Pediatrics informó que los niños cuyas madres nacieron después de 1963 tenían más probabilidades de contraer sarampión que los hijos de madres mayores y confirmaba el peligro de virus sin la protección de los anticuerpos maternos en niños y en personas mayores.

El Dr. Wakefield no insiste en estos datos para demostrar que una disminución en el vacunación contra el sarampión no cambia nada, al contrario, según las cifras aportadas por las autoridades sanitarias británicas, el número de casos de sarampión ha aumentado en Inglaterra y Gales entre 1996 y 2012, 112-2030 casos, mientras que el promedio nacional de niños de cinco años vacunados contra el sarampión era del 88% ( Le Monde.fr, 19 de abril de 2013).

Aquí los datos que muestran los efectos de ciertas vacunas.

Sylvie Simon

9 de mayo de 2013

Fuente: http://www.votresante.org/suite.php?dateedit=1368117602

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Clasificado en:Régimen sanitario, Vacunación

5 comentarios

  1. Una cosa muy simple: En Chile, la cobertura vacunal es altísima. Casi todos tenemos la vacuna contra el sarampión. Y coincidentemente, NADIE se enferma de sarampión. Te desafío a venir a mi país y buscar algún caso. No lo encontrarás, porque no tenemos casos autóctonos desde 1992.

    Es más: hace algo más de 30 años, por error se administró una dosis menor a la necesaria. Afortunadamente, la inmunidad de cohorte nos protegió. Pero en 2011 hubo algunos pocos casos de personas pertenecientes a esa generación que viajaron al extranjero y se contagiaron allá.

    ¿Qué mejor prueba de que la vacuna es efectiva? Y ojo, no tenemos tasas de autismo mayores que las de otros países del mundo.

    Y esto hablando sólo del sarampión. La rubéola, afortunadamente, casi tampoco se ve. ¿Tienes alguna idea del terrible daño que causa la rubéola en embarazadas?. En 1999, el 99% de las mujeres nos vacunamos. El resultado es que ha habido poquísimos casos; algunos en hombres (y después de eso hubo una campaña de vacunación también para los hombres), y un caso importado de Argentina. La parotiditis es escasísima también.

    Si no me crees, simple: ven a Chile. A ver cuántos casos encuentras.

    Saludos.

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