"Ni la Ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho, y que no nos pase nada del otro mundo". Mentiras principales, Agustín García Calvo

Locura de la Ciencia

por Agustín García Calvo

Ediciones del Cagadero del Diablo

por http://bibliocdd.6te.net

 Y, si el Régimen está loco, tan enajenado de sentido común como en la entrega anterior os recordaba con algunas muestras, ¿cómo no va a estar loca la Ciencia que rige el Régimen (léase en los 2 sentidos) que nos da cuenta de la Realidad? Siempre, desde que hay un mundo que tiene que saberse, dar cuenta de sí mismo, toda Teología o Filosofía o Ciencia han estado necesariamente locas: no puede ser por menos, ya que tenían que encargarse, una tras otra de razonar la Fe que sostiene la Realidad (sin Fe no hay Realidad que valga; bien lo sabe nuestro Régimen, que cada día, por T.V. Y demás medios, se dedica a hacerles ver a las poblaciones que la R. es la R., no sea que se olviden y pase algo), y el empeño de razonar la Fe es una obsesión y un sinsentido.

La gente, con lo de sentido común que les queda por debajo de sus Personas, se ha venido siempre apercibiendo de eso, y murmurándolo a veces por lo bajo; pero ¿quién va a decir en voz alta “Es falso, es una locura esto que nos cuentan: el Rey está desnudo”, quién va a alzar la voz contra el Mago de la Tribu, los Curas de Almas, los Doctores de la Iglesia, ni menos en nuestros días contra la Ciencia que les suministran por vulgarización a todo trapo, cuando sabe que detrás del Mago, de los Curas, de los Científicos está, con todos su sables y cañones a punto, el Señor, Estado o Capital, dispuesto a defender la Fe por cualquier Medio, a eliminar descreídos por degüellos, fusilamientos, batallas, guerritas de una Fe con otra (para que no se descubra que son la misma) y cuando, peor todavía, cada quisque para el sustento de su propia Persona necesita la misma Fe?

De las locuras de las viejas Ciencias o Religiones, el mundo reposando en la concha de una tortuga que nada sobre las aguas de abajo, las llamas eternas del Infierno, las huríes que Alá les guarda a los fieles que mueran por la Idea Santa, ya os habréis reído a veces (es fácil, desde la Fe cierta que la Ciencia les proporciona), pues bueno, reíos ahora un poco de la que les toca y hoy domina (en buen consorcio, por lo demás, con los restos de magias y creencias que medran a su amparo), reíos, si podéis, de las últimas locuras de la Física o Ciencia de la Realidad más avanzada, la de los Quanta, que se empeña en casarse con la Relatividad General que el genio del pasado siglo nos legara; por ejemplo, el intento, viejo desde Demócrito y Epicuro por lo menos, de buscarle a este mundo, aparentemente tan desordenado, una ley o regularidad por remisión a los elementos mínimos, que por combinación darían en las vastas irregularidades y complejidad de la realidad palpable, mientras ellos tendrían estructuras y leyes simples y matemáticas, ha progresado hasta nuestros días en el sentido de trascender, de la observación más o menos indirecta de los elementos subatómicos, a la prosecución del cálculo más allá, hasta dar en tiritas o culebrillas que serían trillones y trillones de veces más pequeñas que un átomo de hidrógeno, inasequibles a toda observación (al cálculo no hay quien le ponga límites: para eso ha incluido lo de ’infinito’ en su aparato), pero que servirían para superar el dilema de pensar el elemento o como onda o como partícula, y así hallarían (es, al fin, de lo que se trata) el punto de conexión entre razón matemática y realidad física.

El intento se hunde en un abismo de locura; pero eso no quita que los vulgarizadores más

vendidos lo traduzcan en términos concebibles y reales, y les hagan tratar con esas culebrillas o, para el caso, con los agujeros negros del cielo como si fueran unas cosas, partes de la Realidad. “Pero es que” me dirá: alguno “fundándose en tales cálculos o teorías, se pueden preparar esperimentos y predecir los resultados”. Sí, señores: el criterio de veracidad es el éxito en la predicción; o sea aquello de los medievales de la verdad como ’adecuación a la cosa’; como si no supiéramos por acá que la Realidad es, en efecto, bastante congruente consigo misma; y, mientras los problemas se planteen dentro de la Realidad y de sus términos, son muy altas las probabilidades de éxito, lo mismo en Física que en Finanzas (el éxito es un premio de la FE): ahora, si la Física viene a dar en la locura de esplicar el Todo, de concebir (¿desde dónde?) la Realidad misma, ahí se le abre el abismo de la verdad sin fin.

Otro día contaré lo que está pasando con la luz.

 

 

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